Zalech

De Bestiario del Hypogripho

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Erun Merkames (hoy mejor recordado como Zalech) era hijo de una adinerada familia que comerciaba en materiales raros y preciosos. Su padre Dyaero Merkames sin embargo siempre estaba en viajes de negocios y no tenía tiempo para ocuparse del niño; su jóven madre pasaba sus días indulgiendo en los lujos que le permitía su dinero y la ausencia de su esposo. Sin habilidades sociales, Erun optó por los libros y podía convencer a su madre e incluso a veces a su padre de conseguirle libros raros siempre y cuando así evitaran sus potenciales rabietas.

La disponibilidad de objetos debido al comercio de su progenitor lo inclinó hacia el estudio de la geología, la alquimia y la metalurgia; a la edad de 11 años ingresó a la academia privada de alquimistas de Fyron Primus, dos años antes de la edad normal. En verdad no fue sólo su habilidad lo que lo inclinó a esto, sino su propia ansiedad y sus padres pagando un interesante soborno a los admisores, ansiosos de deshacerse del "niño problema" cuyos experimentos resultaban a veces peligrosos y siempre un drenaje a sus finanzas. Sus padres, ahora más viejos, además ya habían tenido otro hijo a quien luego de su "fracaso" con Erun querían "criar bien" y le indulgían en toda clase de caprichos. Fue en el tercer año de la academia que Erun Merkames se comenzó a llamar definitivamente Zalech, un nombre que adoptó desde su lectura de un antiguo tomo que trataba de los padres de la alquimia; para él, el dejar de ser Erun también era una muestra de desprecio a sus progenitores quienes aparte de pagar su mensualidad de la Academia fingían que no existía.

Adoptando la leyenda[editar]

El "Zalech" era originalmente una figura legendaria que engañó a los dioses para otorgarle las sustancias ignífugas, es decir, de las que surgía el fuego; y en verdad es que con el tiempo el ex-Merkames se había obsesionado no sólo con esta figura sino con la del fuego en sí. Sin el fuego la verdadera alquimia de transmutación no sería posible, decía; el fuego era la escencia del tiempo y el gran transformador de todas las cosas. Sus calificaciones en la academia sufrían más y más ya que para Zalech eran superfluos los estudios astrológicos, la devoción a divinidades y hasta había desarrollado cierto desprecio por la mayoría de sus maestros, quienes se ocupaban de disciplinas "inútiles". No le iba mejor con sus compañeros, quienes lo consideraban un excéntrico peligroso; Zalech por lo tanto pasaba la mayoría del tiempo entre la biblioteca (que le había prohibido retirar libros por diversos daños químicos y explosivos en el pasado) y el taller personal que había montado anexo a sus habitaciones.

Traumas familiares[editar]

En el año anterior a terminar la academia, a la edad de 19 años, Zalech se enteró de que su padre había fallecido... con su madre con secuelas por su retomado alcoholismo y su hermano demasiado jóven para ocuparse de los negocios de la familia, él había sido llamado para tomar las riendas del negocio familiar. No había "peros" ni alternativa, ya que dejarían de pagar su mensualidad académica, y, a diferencia de otros estudiantes, nadie lo había tomado como aprendiz en modo de paga. Lleno más que nunca de resentimiento, a regañadientes Zalech dejó su lugar de estudios para nunca volver, sin haber obtenido su tan ansiado título que le permitiría practicar la alquimia con licencia en todas las islas del reino de Szaferisu... pero pronto descubriría que el acceso a las riquezas Merkames valían más que cualquier certificado. Era aún ignorado mayormente por su madre quien se ocupaba se su hermano menor, que daba señales de ser un elementalista de aire - cosa que había sido el colmo en atraer la mayor atención a él.

Laboratorios[editar]

Zalech dirigió todos los recursos y unos cuantos empleados a buscar y traerle información avanzada sobre métodos tabú en la alquimia. Montó dos laboratorios subterráneos en cuevas alejadas de la ciudad donde continuaría su investigación. Eligió sobrellevar todas las quejas y murmullos incluyendo de viejos amigos de su padre que decían que estaba malgastando la fortuna familiar; él estaba seguro de que ninguna cantidad de dinero valía más que los resultados que iba a conseguir.

Escabroso camino a los gólems[editar]

Investigó del perdido Imperio de los Unuuk, quienes supuestamente poseían una técnica para crear gólems, algo insospechado para los habitantes de estas alejadas islas y su decadente monarquía. Usando una combinación de resurrección de viejas técnicas, análisis de yacimientos arqueológicos y reconstrucción de textos fragmentarios, así como una buena medida de improvisación y prueba y error (algunas de estas pruebas con víctimas humanas que consiguió él mismo de entre los ingenuos, las mujeres que vendían su cuerpo y desposeidos atrayéndolos a su laboratorio en la cubierta de la noche como una figura enmascarada), determinó que era posible traspasar el alma de una persona a una matriz cristalina programable y colocarla para animar cuerpos artificiales, algunos de los cuales forjó de cobre, bronce y latón. Sin embargo las chispas se apagaban pronto... necesitaba un ánima con más potencia para hacer funcionar sus sirvientes robóticos. Un alma de elementalista... y ¡qué casualidad!

Resultaba que su hermano era una gran amenaza debido a su inminente capacidad legal para administrar los negocios, ya que pronto iba a cumplir 13 años, y su madre sin dudas lo favorecería, quitándole a Zalech todo lo que había trabajado todo este tiempo. Por lo tanto, era sencillo pensar en matar dos pájaros de un tiro. La decisión no fue fácil de tomar; una cosa era acabar con la "escoria sobrante de la sociedad", y otra con su propia sangre. Pero debido a que él hace tiempo ya no se consideraba un Merkames, eso hacía a las cosas algo más fáciles. Con una trampa y la excusa de que iba a mostrarle las instalaciones, como inventó "para que conozca todo cuando él las administre debido a mi mala predisposición para los negocios", convenció a su madre de dejar llevar su hermano menor a los laboratorios. Una vez allí, la figura con capa de Zalech activó las trampas y el autómata metálico que inmovilizara a su congénere mientras él administraba el sedante. El elementalismo de aire resultó más fuerte de lo que pensaba, pero no demasiado. Extraer el ánima para imbuirla en el cristal, y programar el cristal para que su voluntad se volviera dócil y siguiera sus órdenes, resultó toda una odisea. Sin embargo, además del primer Hombre Metálico completamente funcional, del proceso Zalech extrajo muchas notas sobre la posibilidad de separar al elementalismo de su portador... potencialmente colocándolo en otro huésped. La posibilidad le resultaba intrigante, pero como destruiría las ánimas que tan seguramente necesitaba para sus hombres de metal, no siguió esta línea de razonamiento. Ya con este sirviente podía deshacerse de sus empleados humanos y actuar por fuera de la ley. Jamás encontrarían las autoridades sus laboratorios... y si lo hacían, los hombres metálicos sin dudas podrían vencerlos. Así comenzaron a desaparecer uno a uno los pocos elementalistas de su ciudad natal de Tgeru. Pero el príncipe Lodar era un heredero más hábil que su senil antecesor, y pronto tomó acción respecto al asunto. Zalech, identificado y perseguido mucho antes de lo que estaba preparado para enfrentar, optó por darse a la fuga. Tuvo que asentarse cerca de los acantilados de Kuuenbu, en la lejana isla de Kenaru, desde donde atacaría elementalistas viajantes para continuar así creando su ejército de hombres metálicos, cuyos miembros funcionales aún podían contarse sólo con los dedos de una mano.

La chispa de la invención[editar]

Fue en su laboratorio de esta isla tras mucho tiempo de no conseguir nuevos "candidatos" en el albergue estratégicamente ubicado que cooptaría como su fuente, la maquinaria de la mente de Zalech se dirigió a otros temas que había explorado en su juventud. Teniendo ya algunos años más y envejecido prematuramente por la exposición a químicos, se preguntaba quién podría ser su sucesor. La reproducción biológica le repugnaba y su propia experiencia con su madre hacía que le repugnaran las mujeres en general; de hecho, todo el enorme mundo en el que vivía le resultaba atrasado y conservador, incapaz de ver la gloria de su progreso, y que tomaría siglos en cambiar incluso si lograba expandir su poder. Su investigación al fuego le había permitido ver sin embargo que podría existir una máquina que tenía potencial de conectarlo con otro tiempo, un tiempo donde la ciencia reinara y la superstición muriera. El trabajo con la "chispa" del alma de las personas le había revelado que cada alma tenía un análogo en otro tiempo con el cual tenía una "atracción" intertemporal; si esta chispa se convertía en una llama, las barreras del tiempo entre ellas se disolverían y un portal sería creado. Esta Máquina del Tiempo no era incondicionalmente exitosa sin embargo; esta Llama Dual que se acercaría a su análoga en otras coordenadas temporales era peligrosa. Pero "el mayor peligro era que el mundo siguiera en la oscuridad"... la llama fue colocada en Zalech por sus asistentes metálicos... por un instante "coincidiría" con el recién nacido análogo suyo en otro tiempo, ardiendo en un círculo que quebraría lo que se creía posible... las llamas ardieron y así fue que Zalech removió a Eliaz de su cuna y su tiempo, junto con todos los artefactos "del futuro" que pudiera encontrar a su alrededor, los cuales eran notables artilugios de una complejidad nunca antes vista... complejidad que podría ser analizada y reproducida, en su debido momento.

Aprendizaje del aprendiz[editar]

Por única vez, Zalech consideró a alguien su igual y digno; enseñó a Eliaz todo lo que sabía, incluyendo su origen en otro tiempo, y los artefactos que lo acompañaran, aunque no reveló que había sido arrancado de su legítima familia. Eliaz creció a ser un aprendiz formidable, no un alquimista sino un científico en su propio derecho... inclusive pudieron secuestrar y convertir en Hombres de Metal a otros dos elementalistas, pero su nuevo estudiante tenía otros planes. Seguro de que había superado a su maestro, comenzó a cuestionar el plan de éste de generar un ejército de hombres de metal... estas eran criaturas torpes, fuertes, sí, pero carecían de los formidables poderes que un resurgente elementalismo estaba obteniendo, y además, podrían ser manipulados. Eliaz reconoció en las notas sobre la posible extracción de los poderes elementales de víctimas vivas una nueva alternativa a la visión "imperfecta" de Zalech, pero sus ideas fueron rechazadas por el envejeciente alquimista de fuego. Siendo educado en el secuestro por su mentor, Eliaz era tan despiadado como su maestro; y, por lo tanto, no tuvo ningún reparo en acabar con él. Aprovechando cuando los Hombres de Metal estaban en una misión para secuestrar a uno de un grupo de elementalistas al cual estaban vigilando, Eliaz pudo inmovilizar al físicamente débil Zalech, sedarlo y finalmente a través de una serie de complejos procesos, colocar su escencia en un líquido bebible para obtener todo lo posible de sus conocimientos. Esto volvió todavía más retorcido y loco a Eliaz, quien ahora debía contener dentro de sí gran cantidad de conocimientos y experiencias excesivos para su edad, además del doble de la escencia intelectual humana, lo que terminó manifestándose en la forma de poderes psíquicos (parte de los cuales se manifestaban en la generación de recuerdos falsos que podían ser transferidos telepáticamente a través de vínculos mentales en sus ataques, como ocurrió con la esquizoide Oscurangel al punto que luego se reconocían como "hermanos"). Habiendo heredado el odio por los elementalistas naturales, sin embargo se propuso superarlos robando sus poderes y convirtiéndose él mismo así en el elementalista más poderoso.

Legado[editar]

Así, con la ayuda de la retroingeniería de su tecnología "del futuro" (que, sin él siquiera saberlo como Zalech no lo hacía, era en realidad tecnología perdida del distante pasado), Eliaz se convertiría en uno de los más formidables Enemigos de los Elementos, y Zalech, el alquimista de fuego que una vez se propuso "calentar al mundo a las llamas como se calienta una espada para darle forma con el martillo" sólo fue una nota al pie olvidada por muchas crónicas. Sin embargo, sin Zalech no habría habido Eliaz, ni la presencia de tecnología avanzada, ni hombres de metal, ni la transferencia de poderes... volviendo su presencia mucho más que un nombre enigmático; un motor de la historia, así como indudablemente un peligroso criminal en su propio derecho.

⚜️[editar]

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