Torre Babab

De Bestiario del Hypogripho

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La Torre Babab es una construcción semi-legendaria en Habazir, concretamente en su sector Interminable. La torre está hecha de marfil blanco y resplandece bajo la iluminación despiadada de un Sol ausente entre arenas anaranjadas y tormentosas.

Mirar la Torre Babab puede causar daño en la retina por su inusitada blancura; a veces es como si la Torre misma estuviera hecha de las superficies fundidas de soles y lunas brillantes. Su altura es tal que no tiene igual, y se dice que sería visible desde cualquier punto de Habazir Interminable si no fuera por las dunas vertigionosas y traicioneras tormentas.

En el extrañamente fresco interior de la estructura, cuentan las leyendas que yacen tesoros más allá de la imaginación. Sin embargo estos tesoros no son joyas ni metales preciosos, sino uno de valor más elevado: El conocimiento.

Y es así que la Torre Babab es depósito de incontables manuscritos en formas de pergaminos y papiros, esperando desde tiempos inmemoriales ser leidos por ojos que disciernan. Entre ellos no hay un solo libro impreso, ya que todos fueron escritos por mano humana o inhumana - y se encuentran plenos de espíritu y voluntad. Las cantidades y cualidades de estos escritos no podrían ser sobreestimadas: Se cree que algunos provienen de antes que naciera el mundo, e incluso se rumorea que algunos fueron hechos por los mismos Ángeles.

Pero los deseos de los pobres manuscritos no son cumplidos; un sólo guardián, enorme y terrible, monopoliza la torre y todo lo que hay en su interior, incluyendo -según se cuenta- numerosos Inartefactos. Esta criatura, a la vez más y menos que persona, es increíblemente deforme, y tan melancólica como iracunda. Rey, sacerdota, y esclavo, no se sabe elegido por qué fuerza, es su deleite y su penancia eternamente subir y bajar las fatídicas y perfectas escalinatas, con solamente los reflejos distorsionados de su imponente y triste forma como compañía en los siglos y los siglos de los siglos.

Este guardián es conocido sólo como el Tirano de Babab. Aún si alguien cruzara las arenas -tal vez literalmente- interminables para hallar la críptica Torre, él se interpondría en el camino de los transgresores. De ojos pequeños y negros, contrastando con su portentoso cuerpo, el peso sólo del Tirano derrumbaría cualquier estructura construida por mortales. Pero no la Torre: Camina hacia arriba y hacia abajo de las espiraladas escaleras (que, según se cuenta, no sólo llegan arriba hasta los cielos, sino que se adentran en el interior de las arenas, muy por debajo de los limitados conocimientos de los hombres), chequeando que todos los libros esten en su lugar y todos los inartefactos debidamente clasificados.

A veces el Tirano cambia de ideas y se propone reclasificar todos los objetos y manucritos de la Torre - una tarea futil, no solo por su prodigiosa cantidad, sino porque él mismo modifica sus opiniones en el proceso. Esto lleva a que la supuesta cuidadosa clasificación sea poco más que una quimera de infinidad de diferentes ordenes contados a través de los milenios - el solo pensar en esto fue suficiente para que el mago Nyob Ibn Sifus se volviera loco, arrancara su cabello canoso de su cabeza y se convirtiera en polvo.

Curiosamente, el Tirano jamás opera los inartefactos, ni lee los manuscritos - su vanidad es tal que cree ya saberlo todo, y ni todo el material que acumula bajo su supervisión podría hacerlo conocer más ni menos de lo que está en su mente. Cuánto sabe o ignora el Tirano en realidad sólo puede suponerse un misterio, ya que no dirá más que lo absolutamente necesario para advertir a cualquier intruso que desee leer siquiera una letra.

La sola mirada del Tirano es suficiente para colocar a un hombre en llamas - llamas doradas que curiosamente no afectan a los manuscritos, y mucho menos a las paredes pulidas y perfectas de la colosal torre. Los golpes del guardían pueden enviar a alguien volando muchas decenas de betros. Su única debilidad, según parece, es su velocidad ponderosa - pero parece no importar, ya que está precisamente "donde tiene que estar", según sus palabras. De hecho, a pesar del tamaño prodigioso de la estructura, no se conoce de nadie que haya podido evitar al terrible Tirano de Babab. Algunos intentaron engañarlo con acertijos, otros aprovecharse de su soledad... todos fracasaron. Todos, excepto uno.

En una serie de cuentos legendarios compilados en Los Trecemil Tres Días, que muchos no dudan en tomar de referencia histórica, Ayn Labad Mustafa Al-Joorensin fue un joven afortunado y astuto, que se aprovechó de las tendencias obsesivas del Tirano (que conoció al entablar una breve pero simbólica conversación al desordenar y tirar multitud de manuscritos e inartefactos. En la confusión reinante, se lanzó por una ventana, contando con que un cierto torbellino de aire caliente, junto con el desliz en las empinadas laderas de la Torre, le diera la buoyancia suficiente para aterrizar vivo. Así lo hizo, y bajo su brazo se encontraba un enorme papiro lleno de secretos cuyo trazo de tinta latía como su propio corazón; este fue llamado el Manuscrito Alrensin. Sólo había un pequeño problema: El bandido había nacido y vivido en la pobreza, y no sabía leer. Tras retornar a Habazir Terminable mediante una serie de milagros, no hizo más que vender el pergamino para comprar una casa para él y sus nuevas cinco esposas. El comprador fue el Sultán de Namderah. El manuscrito sin embargo fue apropiado por el prometido de su hija, Amir Sul Nazir Manhdineurab, queriendo estudiarlo con el propósito de obtener la ignmortalidad, pero fue traicionado por su primera esposa y murió poco después, perdiéndose el trazo del escrito.

Por supuesto, muchas historias épicas se han escrito desde entonces, pero ninguna suficientemente verídica como para resultar creible por los sabios y estudiosos. Sólo se puede suponer que el obsesivo Tirano de Babab sigue rabiando en completa solitud, hirviendo como el desierto fuera de su torre fría, maldiciendo eternamente al ser que robó uno de sus insustituibles manuscritos y arruinó la clasificación perfecta para siempre - furfullando y mascullando contra un chico tramposo que, lo sepa el Tirano o no, hace milenios ha muerto.

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