Sueños:Pasillos de ilusiones

De Bestiario del Hypogripho
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Pretende registrar, de manera generalmente fideligna, un acontecimiento tal y como se presentó en el ámbito onírico. No conforma por sí mismo canon en los Omniversos del Bestiario.

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Primera parte[editar]

Soñé que estaba comiendo en un McDonald's con suelo de madera, paredes blancas, sillas y mesas de cima naranja, y ventanas que mostraban un exterior negro y vacuo. Estaba debatiendo con unas personas cuyos rasgos ahora no recuerdo, sobre la utilidad de diversos dispositivos ahora para mí desconocidos y entre los cuales se mencionaron "cronoportadores" y "metaportadores". Salí del edificio y me dirigí a la plataforma del exterior. Era una estación y esperaba al metro.

Más tarde me volví a realizar en un escenario diferente. Había quedado con unos colegas para hacer trabajos de la universidad. Y luego volví a realizarme en otro escenario, en clases. Mi existencia se mostraba cambio tras cambio como un interminable ciclo de comer, defecar, estudiar, dormir y viajar en el metro. Y parece que esa rutina no tendría fin... ni finalidad.

Cierto día, dentro del sueño, quedé con un colega en un hipermercado para hacer un trabajo de la universidad, pero este propuso hacerlo en un local alejado de toda estación de metro y también del pueblo que habito.

Para evitar que su plan me fastidiara, lo agarré con una mano y me teletransporté directamente a un Mc Donald's cercano empleando la técnica denominada Shunkan Idō, esa misma técnica de Son Goku.

Tras finalizar el trabajo, regresé al sombrío interior del hipermercado y observé detenidamente unas habitaciones mágicas desde fuera, en un pasillo o quizás una plataforma colgante. Todas las puertas estaban cerradas.

Segunda parte[editar]

Acompañaba a tres extraños sujetos. Uno era amarillo amarillo, el otro turquesa y el otro rojo. Me hallaba explorando un castillo junto a una playa y un aparcamiento en la búsqueda de un tesoro que no existía. Tras darme por vencido, entré al castillo, y aparecí nuevamente en el hipermercado.

Las puertas de los magos habían sido abiertas, y era posible visitarlas. Todas las habitaciones eran más grandes por dentro de lo que era físicamente posible. Algunas incluso poseían espacios nudosos, curvos y retorcidos... era una experiencia extraña explorarlos. El interior de la última habitación era de tamaño infinito.

Entré en esta última habitación durante un instante, y me vi en un mundo plano de losas que se extendían hasta allá donde la gris niebla no dejaba ver nada.

Regresé al "pasillo" del segundo piso del hipermercado, adyacente a estas salas mágicas, y me dirigí a una bocatería dentro del mismo hipermercado. Allá unos personajes que parecían haber sido sacados del GTA me contaron que muchos turistas que entraron en la última habitación mágica nunca regresaron, pues se adentraron demasiado y se perdieron entre las losas y la densa niebla.

Tras realizar un pequeño y delicioso almuerzo, y sufrir varias alucinaciones, regresé al exterior del hipermercado-castillo. Cabe destacar que dentro del hipermercado, el paisaje del exterior que vi era el de una densa y abarrotada ciudad o arcología, pero fuera era un páramo natural con colinas, precipicios y playa.

¿Extraño, verdad?

Resultó que los extraños tres sujetos coloridos que buscaban un tesoro inútilmente, ahora eran Bob Esponja, Calamardo y el Cangrejo, y habían desenterrado un hielo ancestral más negro que la noche, un hielo que se sublimaba formando extraños fragmentos negros de humo sólido flotantes en el aire.

Habían hecho algo que no deberían haber hecho, y la realidad comenzó a camuflarse tras las ilusiones y las alucinaciones. Los coches desaparecieron de la vista pero seguían estando donde deberían estar. Nuevos coches aparecieron donde no deberían estar, y al tocarlos mis manos podían atravesarlos tal espectros irreales.

Todo cambió. El cielo se volvió extraño, rojo. ¡No! Verde. ¡No! ¿Blanco? El sol desapareció y las estrellas ardían y vibraban en extraños colores que ahora me son difíciles de describir. Quizás esos colores no estaban ahí, realmente no existían...

Sea como sea, la realidad cambió y un pensamiento vino a mi cabeza "estamos condenados".

Tercera parte[editar]

Estaba nuevamente dentro del hipermercado, o del taumatorio, ¿no era un castillo? Bueno, da igual, dejémoslo en hipermercado.

Observé las habitaciones mágicas junto su "pasillo" en el segundo piso, que se conservaban igual que antes... Esto era lo único que no había cambiado.

Algunos de los últimos supervivientes de la humanidad se refugiaban en una bocatería hinchándose a bocatas y observando batallas de rap.

Yo decidí adentrarme en el hipermercado y explorar el nuevo paisaje alterado. Los pasillos, puertas y portales eran engañosos, ya que, aunque en un principio mostraban paisajes, cuando te adentrabas en ellos, el entorno se desvanecía y cambiaba a otro, o incluso podían llegar a ser trampas mortales, siendo en realidad ventanas abiertas del edificio. Si no tenías cuidado, te caerías en el vacío entre los edificios de la ciudad.
Algunas puertas y portales mostraban paisajes naturales, y otros mostraban escenas del pasado. Obviamente eran ilusiones falsas que te conducían a otra sala del hipermercado.

Conforme exploraba el hipermercado, encontraba a gente que perdida y desesperada buscaba la inexistente salida a este laberinto de ilusiones. Otra gente se mantenía agazapada en el suelo, enloquecida.

Tras pasar varias horas explorando las extrañas habitaciones, algunas con ilusiones ópticas en suelo y pared muy bien elaboradas, y tras casi caerme por una ventana pensando que era otro pasillo más, decidí regresar allá donde el resto de la humanidad se concentraba: la bocatería. La bocatería ahora tenía mucha más gente que la que recordaba. Ahí yacía comiendo bocatas y charlando con alguno que otro, pero en seguida el sabor del bocata me cansaba.

Volví a levantarme de la silla para explorar otros puestos de comida adyacentes. El primero estaba cerrado, pero conforme me acercaba, su telón de acero se desvanecía y mostraba el interior. Era un minibazar, sin dependiente, pues tras el mostrador sólo se hallaba una insondable oscuridad. La puerta junto al mostrador también desaparecía mostrando un pasillo extremadamente oscuro.

El único producto comestible que había en el bazar era la naranja confitada que, por cierto, detesto. Decidí ir al siguiente mostrador, una frutería abierta, pero cuando me acerqué, todas las frutas se pudrieron rápidamente y me invadió el sonido atronador de mil moscas sobrevolando. Me alejé rápidamente, pues el hedor agridulce acético pútrido que de allá emanaba era insoportable. Tras alejarme, la ilusión se recompuso, y tanto el sonido como el hedor se desvanecieron mostrando de nuevo frutas frescas y sanas.

Varias personas que comían bocatas desde fuera del local rieron tras observar mis reacciones a los distintos puestos de comida. "Ya lo hemos intentado nosotros también, si no, no estaríamos aquí zampando bocatas." dijo uno mientras masticaba esa masa almidonada. Al parecer no habían más salvoductos para entretenerse, salvo comer bocatas o perderse en las entrañas de ese extraño espacio de ilusiones.

"¿Alguien ha explorado ya ese pasillo oscuro?" Pregunté al grupo de comidistas de bocatas, refiriéndome al oscuro pasillo junto al bazar abandonado. "No... No ha habido huevos." Respondió uno de los masticadores.

Me acerqué brevemente al pasillo y regresé nuevamente a donde estaban los comidistas, pero estos habían desaparecido. De hecho era posible que nunca hubieran estado ahí. La bocatería también había desaparecido, ahora era un local que parecía haber estado arruinado desde hace años.

"¿Pero cuanto tiempo he estado atrapado en ese hipermercado? ¿O a caso siempre estuve atrapado dentro de una ilusión?" Decidí adentrarme en la insondable oscuridad del vacío pasillo del bazar, lentamente, poco a poco.

Fin del sueño.

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