Sueños:Cervezas bermejas

De Bestiario del Hypogripho
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Pretende registrar, de manera generalmente fideligna, un acontecimiento tal y como se presentó en el ámbito onírico. No conforma por sí mismo canon en los Omniversos del Bestiario.
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Parte 1[editar]

"Beba cervezas bermejas, las cervezas que más desea." Recuerdo ese eslogan. Estaba muy popularizado en aquella pequeña isla de Canarias que visité. Recuerdo estar bebiendo esa dulce y roja cerveza sentado en una de las mesas puestas en la calle frente a un bar, bajo la sombra de una palmera, el sonido de los niños jugando por la calle, algún coche pasando y los demás comensales del bar charlando sobre diferentes temas políticos.

Alrededor de mí podía contemplar el panorama. Los pequeños apartamentos contiguos y adyacentes, las calles semipeatonales pavimentadas con púrpura arenisca, las palmeras llenas de dátiles.

La calma terminó cuando de pronto vi surgir una extraña criatura detrás de los edificios de una de las calles laterales. Era una especie de toro bravo negro gigantesco, con el tamaño de un tractor, con muchos ojos emergiendo de su cuerpo, y múltiples tentáculos surgiendo de su cola y sus cuernos entre otras partes de su cuerpo. La criatura embestía, aplastaba y devoraba a todas las personas a su paso empleando sus extraños tentáculos envainados, succionaba la sangre con sus tentáculos, y masticaba la carne con su monstruosa mandíbula de dientes incisivos y con otras bocas que emergían de su piel.

A pesar de su presencia y la gente muriendo alrededor, las personas estaban muy tranquilas e ignoraban a la criatura incluso si estaban siendo devoradas por esta, como si esa criatura no estuviera realmente ahí o esas personas estuvieran lobotomizadas. La monstruosa bestia estaba cada vez más cerca, eché inútilmente a correr, pero pronto me alcanzó, y mi vista se nubló al negro mientras veía el cielo y los edificios voltear.

Parte 2[editar]

Este fue uno de mis trabajos más difíciles y perturbadores que he tenido en mi vida. Aún puedo oir esa música siniestra y esa voz repitiendo ese estúpido eslogan. <<Beba cervezas bermejas, las cervezas que más deseas.>>

Me destinaron el ocho de abril de 2013 a esa pequeña y aislada isla de Canarias. En esa isla todos los extraños habitantes consumían ese veneno rojo y sangriento. Me destinaron para inspeccionar la empresa de cervezas bermejas, pues se sospechaba que en su producción no se cumplían los estándares sanitarios requeridos, en especial a lo referido a sus ingredientes. Dado que la fórmula era secreta, me vi obligado a infiltrarme como un empleado novato nuevo en la fábrica de su producción.

Los primeros días de trabajo no fueron nada extraños. Pasaba el día revisando la calidad de las latas de aluminio, arreglando máquinas defectuosas, o mezclando los distintos ingredientes desconocidos y sin nombres para fabricar la base a fermentar de la cerveza. Uno de los ingredientes que llamó mi atención era un extraño polvo blanco-rojizo-marrón. Al principio pensé que eran cochinillas de nopales machacadas y deshidratadas, un colorante típico. Pero, tras mirar a los lados y probar un poco con el fin de asegurarme, un potente sabor salado y metálico invadió mi boca. Sabía a sangre.

Un día, mientras recorría los pasillos de esa fábrica, oí pequeños murmuros salientes de la puerta de una de las habitaciones. Abrí un poco la puerta y ojeé el contenido de la sala, para descubrir una congregación de cultistas, cultistas drogados por un extraño vapor. Estos danzaban alrededor de un cilindro de vidrio que contenía una especie de criatura cyborg. De pronto, uno de los cultistas se giró hacia la puerta y vio mi ojo.

Huí de allí despavorido y, sin darme cuenta, choque contra una puerta de una sala de producción a la que yo no estaba autorizado a entrar. Rompí la puerta y caí al suelo. Allí observé una gran cantidad de cilindros de vidrio conteniendo seres humanos en desarrollo muy parecidos a mí en apariencia... ¡eran clones de mí!

Uno de los cilindros de pronto se vació. Una gran tubería de vidrio absorbió el clon que dicho cilindro contenía, y tras un ruido mecánico y húmedo, vi como una substancia blanco-rojizo-marrón era transportada por otra tubería, quizás hacia la sala de liofilizado.

Esa empresa estaba elaborando cervezas de carne humana, cervezas de mi carne, de las carnes de mis clones.

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