Sueños:Capítulos entregados para una lectura inconclusa

De Bestiario del Hypogripho
Logo Sueños Mirror Strict.png Notificación: Este artículo forma parte del espacio de nombres de Sueños.
Pretende registrar, de manera generalmente fideligna, un acontecimiento tal y como se presentó en el ámbito onírico. No conforma por sí mismo canon en los Omniversos del Bestiario.
Hay un silencio que nos va a devorar.
Hay un silencio que nos va a destruir.
Y cada día, cada noche, crece más este silencio.
Es el silencio de las personas que no se pueden escuchar.
Es el silencio de los que no son capaces de hablarse.
Es el silencio de quienes no dan una respuesta.

Es el silencio del nudo en la garganta,
Por no poder expresarnos como los niños.
¿Cuántas personas escuchan este silencio? ¿Cuántos salen a la luz y lo oyen entre los murmullos? ¿Cuántos buscan la señal saliendo del ruido?  Y, ¿a cuántos les importa, el quebrar el dominio de este silencio?
¿Uno entre cien? ¿Uno de mil? 
... ¿O a uno de millones?

— "El dominio del Silencio y quién lo desafía", dedicado a Mauricio Jorge Yattah.
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Este artículo tiene contenido que finge ocurrir en nuestro "mundo real", pero es de hecho ficticio.     Este artículo tiene elementos originales creados por NimoStar. Click para ver todos los artículos de este autor.  Este artículo está ilustrado con imágenes de NimoStar, ninguna otra persona, ningún autor adicional y nadie más. 

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(Los diálogos de este sueño son aproximados y faltan cosas. No recuerdo todo.)

Esto sucede en otra provincia. Esto ocurre en otro país. En un viaje que no ocurrió. En un tiempo que es paralelo a todas las posibilidades.
Y sin embargo, incluso en esta realidad alternativa, me acababa de pelear con Ana Laura hacía poco.
Hay algo de mi lado. Hay "alguien", ¿Un asistente? ¿Un amigo? ¿Una especie de consejero, un robot, un espíritu, o Dios? Yo le hablo y me responde, pero es como si no tuviera presencia física.

Dudo en si ir a hablarle a Ana en su habitación. Ambos estamos en el mismo edificio, el mismo hotel (¿no es el mundo entero el hotel común de la humanidad, en cierto modo? ¿No compartimos todos esto, la misma insignificante casa en medio del infinito vacío del espacio? ¿No es este nuestro hogar, esta era; no hemos nacido al mismo tiempo, entre todas las épocas interminables de la Historia y la eternidad? Puntos en el mismo punto)...

Me acerco e intento oir si está ahí. Es en medio de la noche y no quiero hacer un escándalo al resto de personas del hotel. Parace que sí está, así que le hablo y toco la puerta a ver si me contesta o sale a verme o no. Quisiera que esta opción fuera posible en la realidad; como lo hubiera sido por miles de años antes de que existan los teléfonos o los emails.

Sorprendentemente quizás, Ana contesta y abre la puerta. Su rostro sigue sin embarego, mayormente oculto por el barbijo y la sombra. Me hace pasar pero no encendemos la luz, ya que aunque yo pagaba una habitación individual, ella la comparte con al menos otras tres personas. Me pregunta qué quiero y qué hago ahí. Mi respuesta es sencilla de que quiero hablar. Nos sentamos a la orilla de la cama grande. Un velador de rayos dorados apenas permite que se insinúen las formas, la arquitectura distante. Todo está en la penumbra.

— Nemo, no podemos seguir. -Alega Ana.- Tenemos que ocuparnos cada uno de nuestras cosas. Vos tenés que ocuparte de tus cosas; conseguir una casa, un trabajo estable, terminar tu carrera...

— Ya sé. -La interrumpo.- ¿Pero eso es realmente una contradicción? Todo eso tiene más chances de pasar, si podemos hacer algo juntos. Este era nuestro viaje. Sé que fallé. Pero podríamos estudiar juntos. Podemos ayudarnos el uno al otro.

— Escuché cosas malas de vos, como que robaste computadoras de la facultad. -Me contesta.

— Ridículo. -Le contesto.- Con la cantidad de computadoras que tengo, ¿Pensás que quiero tener más? (en la realidad, regalé una computadora hace un par de semanas). Además, esas computadoras son terriblemente malas...

— ¿Las del cyber? No, esas están buenas.

— Las de la biblioteca. -Aclaro.- Nunca fui al cyber de adentro. Pero debo admitir que hay algo que sí robé. -Le digo.

— ¿Que es qué?

Lentamente y sin darme cuenta voy poniendo mis manos alrededor de ella. La acaricio de a poco en la espalda y la cintura, como lo hacía al despedirnos, cuando arreglábamos la próxima vez que nos veríamos, cuando empezábamos a salir.

— Robé, sí, de la biblioteca; un solo libro, que era imposible conseguir. El favorito de Eugenia. -Menciono con cierta nostalgia.- Se lo regalé a ella.
(Esto no ocurrió en la realidad. Me pregunto la función onírica, ¿Demostrar que haría lo necesario por alguien que amo?)

— ¿Seguro?

— ¿Cómo podría no estar seguro?

— Hay un libro que quiero que leamos. -Me dice ella.- Tengo las fotocopias.

Yo me miro con el espíritu incorpóreo mientras ella se da vuelta y se va a buscarlo, espíritu que Ana parece ignorar. No hay consejo, como si el fantasma se encogiera de hombros. En los momentos mientras Ana busca los papeles recuerdo las oscuridades cambiantes de otros años, los pasillos marmolados del Colegio, las altas garitas de madera de otros hoteles, otros sueños y otros avatares.
Pero hay que regresar a ese presente, que para mí no es un sueño. El libro, sus copias, está colocado en una serie de folios A4. Tenemos que encender un reflector, pero no queremos quedarnos ciegos ni despertar a nadie más, así que el reflector mira al suelo. Es el que compré en Chacarita. Parpadea, se apaga por momentos. Lo necesitamos para reconocer los capítulos, los cuales apenas alcanzamos a leer mientras desparramamos los folios en el piso de madera. Ana quiere que los repartamos.

— Bueno, ¿Querías que estudiemos? -Me pregunta retóricamente.- Pienso que leer de acá te va a servir para entender mejor. Es mi autor favorito.

— Tu favorito... -Digo como ensimismado, mientras levanto uno de los muchos, limpios folios, y miro el plástico reflejar los resplandores mortecinos de la débil lámpara. El libro original debía ser extremadamente largo, para ocupar tantas páginas de copia, tantos interminables capítulos.

— Vos lees estos capítulos -me dice dándome algunos, como la mitad.- y yo los otros. Después cuando termines podemos hablarlo.

El libro es alguno de teoría psicofilosófica, escrito por una de las "famosas luminarias" de principios de siglo XX. Alguien como Bertrand Russell o Jung, pero más existencialista que positivista o analítico. Una mezcla de Kierkegaard y la Escuela de Frankfurt. Casi pensaría que íbamos a empezar a leerlos en ese momento, incluso. Pero por cosas externas no pudo ser...

Las personas empezaron a levantarse, a pesar de que hablábamos muy moderadamente. De todos modos no dicen nada. Se mueven como sombras alrededor de la habitación, ocupados en sus cosas. Aún es la madrugada y este lugar no tiene ventanas al exterior. Pero es de esperarse, al igual que en mis experiencias, que las habitaciones compartidas de distantes hosteles vacacionales tengan este tipo de actividad, impredecible y caótica. Solo espero que nadie se queje pareciéndoles inapropiado que mime a Ana. Ciertamente y por suerte, a ella no parece importarle.

El mundo es inmenso y está lleno de peligros.
El mundo es minúsculo y está lleno de encierros.
Pero una relación entre dos no tiene que ser el mundo. Tiene que ser más allá del mundo, contra el mundo, un oasis en el mundo, la antítesis de ese mundo.
En esa relación no quiero que haya peligros, ni encierros. Solo la voluntad de dos personas de hacer algo el uno con el otro.

— Llevá tus capítulos, lo leemos cada uno después. -Me propone.- Después nos juntamos a hablarlo, cuando termines...

Pero aún no estoy en paz:
— ¿Me prometés que será así? -Le pregunto todavía preocupado.- Porque en serio lo voy a leer. Voy a aprender todo. Pero no quiero hacerlo y que luego igual no me hables. Que pasen las semanas y que no nos contactemos. Que pasen los meses y las materias y que no contestes. Y que transcurran los años, nos casemos con alguien, nos volvamos viejos, tenerte en frente y que todavía no me respondas; y morirnos sin haberlo hablado nunca, y que todos mis esfuerzos hayan sido en vano.

— Voy a contestar. Vamos a hablar. Tranqui. -Me dice ella.- Vos leelo, nada más, y avisame.

— Está bien. Te aviso.

Mis manos la sueltan lentamente, trazando la trayectoria del adiós alrededor de ella. Sus ojos miran silentes los míos por unos instantes, el resplandor de la lámpara reflejado en sus pupilas negras como una pequeña vela. La despido. El calor de su figura abandona la superficie de mi piel, pero ya ha entrado y continúa dentro mío. Me voy con el espíritu, guardando los folios en la mochila. Las tenues luces se apagan de a poco, mis pasos se alejan y no conozco el día de mañana, pero sé que hay un mañana.

 * * *

Si tan solo tuviera una despedida como esa. Si tan solo supiera qué tengo que hacer. Si no se encontrara todo tan frío y lleno de huesos, en este mundo en el que se inventó la luz blanca, y el odio, y la palabra que hiere el corazón y corta los futuros. Si tan solo estuviera conmigo el espíritu.

Levantarme y darme cuenta de la ficción, levantarme y darme cuenta de la verdad, es como sentir la propia sangre ya hecha una laguna gélida. Extraña línea de tiempo, en el que la realidad está más lejos que el sueño, en la que uno es más uno mismo cuando duerme, y en la que ese mundo, ese otro mundo, es más el mundo de uno; el mundo que conoció cuando estaba vivo.

⚜️[editar]

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19/03/2022 Aprox. 01:XX hs