Sigammia

De Bestiario del Hypogripho
Saúl I "El Innombrable" en su forma oculta.

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Sigammia (contracción de Sigma-Gamma, las iniciales del nombre con el que lo llamaban los antiguos: StarGate) es un reino que ocupó el lugar donde se cree alguna vez estuvo la Atlántida. Es gobernada por el rey Saúl I, quién ascendió como parte de una nueva dinastía tras el fracaso de la casa Alfa Onsi.

En la superficie, Sigammia disfruta de libertad y prosperidad, con sus nobles más pudientes dándose todos los lujos y un sector importante de la población aplaudiendo. Sin embargo, una mirada profunda revela un imperio de ruinas, construido sobre lo poco que queda de antiguos restos y vendiendo las últimas joyas para mantener los que seguramente serán los últimos años de un estilo de vida decadente.

Tabú de Nombre[editar]

El Rey Saúl I instauró con su ascenso una particular normativa. Se le menciona ahora como parte de la casa de los Innombrables, pues su nombre dinástico se considera (al modo de los emperadores chinos) prohibido para la gente común. Se cree que tan sólo mencionar el nombre hace que la desgracia caiga instantáneamente sobre quien rompe este tabú, a menos de que realice de manera inmediata ciertos rituales tésticos para aliviarla. Se desconoce qué clase de hechicería causa esto, pero se considera a Saúl I un teurgo poderoso capaz de hacer pactos con demonios lo suficientemente avanzados como para que el reclamo de nombrar o escribir la Casa Real de sus antepasados no pueda ser tomado a la ligera. Como resultado, muchos campesinos ni siquiera conocen estrictamente este nombre, aunque se escuchan rumores de que se trata de una palabra capicúa.

Geografía y gobierno[editar]

Sigammia es un territorio periférico, de extensión considerable pero mayormente geográficamente desértico. El desierto se extiende de norte a sur y como resultado tiene climas helados tanto como cálidos, la constante siendo la falta de lluvias. Estas zonas están escasamente pobladas y desarrolan singulares subculturas, donde cada una es liderada por noble local que pretende ser el paragón hereditario de lo que representa su región. Sin embargo en el centro y alrededor de la capital hay un río encantado que baña unas praderas muy fértiles, sin dudas existiendo sólo por causas tecnomágicas remanentes de los Grandes Trabajos de los atlántidos. La cultura también tiene más influencia atlántida, y los habitantes de la capital desprecian a los nobles de las áreas desérticas e incluso a sus habitantes, considerándolos barbáricos y poco civilizados. Cada región desértica tiene una o dos casas nobles en equilibrios más o menos estables, pero la zona central tiene decenas, todas ellas en una eterna y frenética lucha por el poder. Estas intrincadas intrigas políticas se deben no sólo a la mayor riqueza del centro, sino a que también es donde se encuentran los puentes que atraviesan el río encantado y conectan a Sigammia con los grandes imperios del Norte y el Este. Todas las demás fronteras de Sigammia dan al Mar de Lágrimas, a los Hielos del Fin del Mundo, u a regiones aún más periféricas consideradas barbáricas por incluso la más rancia nobleza, y como tales (deliberadamente) desconocidas o no reconocidas.

Paisaje y gente[editar]

Los principales pueblos y sobre todo la capital han visto en el reciente período mucha construcción de nuevos palacios con las últimas modas. Sin embargo, estos no están hechos para resistir asaltos como los castillos de antaño, y ni siquiera el paso del tiempo, sino que son una muestra del poder que ha adquirido la Nobleza los últimos años. Las rebeliones campesinas fueron aplastadas e incluso muchos de ellos hoy rinden pleitesía al Rey Saúl, ya que una vez él fue un popular señor de los feudos más periféricos, quien aprovechó sus buenas conexiones con los imperios circundantes como para que los principales reconozcan como legítimo su reclamo a la Corona.

A pesar de estas medidas autolegitimadoras, por fuera de los centros de las ciudades, la decadencia de Sigammia se hace más aparente. Ruinas de la civilización caida se encuentran por todas partes. Piezas de tecnomagia perdida cuyos secretos son ahora desconocidos para los habitantes se pudren abandonadas a la intemperie.

Fin de la Ilustración[editar]

Muchos conocimientos se perdieron o fueron erradicados, pues Saúl I descontinuó la enseñanza de artes antiguas en las escuelas imperiales. Algunos opositores dicen que esto se debe a que temía que nuevos pretendientes obtuvieran poderes similares a los suyos - Saúl es extremadamente ilustrado, y es hecho conocido que leyó todas las obras de los sabios antiguos, incluyendo algunos de los cuales no hay copias extantes, como Zocratius el Mudo. Otros son más extremos, y promulgan en secreto la tésis de que Saúl I no es completamente humano sino en todo o en parte pertenece a una anciana raza de hombres lagartos, la cuál una vez gobernó la Atlántida, y que el abandono de las Escuelas Imperiales es para impedir que nuevos sabios investiguen sobre este tema. Sin embargo, más allá de estas teorías de la conspiración que murmuran viejos brujos e intelectuales deshauciados, puede que haya una explicación más mundana acorde a la Era de los Innombrables: Las escuelas simplemente fueron abandonadas para que su presupuesto sea gastado en alhajas y lujos a los cuales la dinastía de Saúl y sus asociados son adictos, compradas de los imperios exteriores de los cuales depende para apoyo político y estratégico.

Poderío Militar (o falta de este)[editar]

Bajo la nueva estretegia de reinado, los ya vapuleados y corruptos cuerpos de caballeros fueron disminuídos aún más. Saúl tenía sus propias milicias campesinas, que hacían uso de poderes ocultos para dominar las mentes y corazones, como la Cofradía Gammica del Tabú o CGT, de su lado. Estos le ayudaban a mantener el orden interno, aunque fuera mediante el uso de la baja hechicería, la adivinación y la intimidación de sus adversarios. La era de los caballeros había terminado, y la mayoría de ellos envejecía sin pena ni gloria en sus castillos devastados. Ni siquiera las fronteras eran fuertemente vigiladas, pues se convirtió en la nueva doctrina que los extranjeros eran bienvenidos, en especial si eran nobles o dignatarios. De hecho, eran más bienvenidos que la población campesina y artesana local, a quienes los milicianos oscuros de la Cofradía tenían siempre en la mira.

Relaciones con otros reinos[editar]

Ya que Saúl estaba vendiendo las reliquias de Sigammia a los reinos circundantes, estos tenían poco interés en atacar un espacio que ya les ofrecía todo lo que podrían obtener a un precio muy bajo. Por lo tanto, sus verdaderos intereses se encontraban en mantener a Los Innombrables en el poder, lo cual hacían alentando la ilusión de que esta era de "paz y prosperidad", concertando con las otras casas nobles y asegurándose de que se mantuvieran entretenidos a sus habitantes.

Metales y Finanzas[editar]

En la política monetaria, Saúl I astutamente decretó que una moneda de plata de Sigammia debía ser tomada como de igual valor que una moneda de oro de los grandes imperios. La plata había sido siempre la moneda local debido a la ausencia de minas de oro, y el Oro por lo tanto un bien codiciado por los poderosos que sólo lo podían adquirir de los mercaderes extranjeros. Naturalmente este Decreto Real ocasionó una gran expansión de las riquezas de las Casas Nobles, quienes tenían muchas monedas de plata de Sigammia y deseaban los lujos que normalmente por su condición de periferia en los juegos políticos imperiales les eran negadas. Así fue que se inauguro la era del "Oro Dulce", pues venía del otro lado del Río Encantado, el cual (en contraste al poco productivo para el comercio Mar de Lágrimas), era de agua dulce. En el reverso, para los campesinos fue de poca o nula importancia positiva, debido a que no poseían metálico en primer lugar; es más, sus pocas monedas de plata eran apropiadas sin verguenza por los nobles locales, ansiosos por canjear su aburrido color y bajo valor mundial por las "doradas" monedas imperiales. Cuando no eran canjeadas o usadas para comprar bienes de lujo, las monedas se usaban para grandes préstamos y empeños, lo que aceleraba la ya frenética expansión del comercio en desmedro de las producciones locales y la economía de pequeña y mediana escala. En este ámbito de veloces transacciones muchos fueron timados por magos desempleados, que realizaban encantamientos sobre las monedas para transmutar la apariencia de sus metales. Más de uno canjeó todas sus monedas argenteas por el "Oro Imperial", sólo para amanecer con una pila de cenizas en su cofre.

Repercusiones internas[editar]

De los imperios del norte provinieron entonces las iniciativas de los Circos Andantes. Los artistas de Sigammia eran entrenados e imitaban a sus pares norteños, de manera imperfecta pero efectiva, para distraer a la población y mantener la popularidad de Saúl. Con ellos volvían los novedosos Fuegos de Artificio e innovaciones en la pólvora, no siendo esta utilizada para la fabricación de armas sino en el entretenimiento. Asimismo, como mucha de la producción de variedades de especias locales estaba siendo vendida a los nobles de los imperios del Norte junto con las reliquias, algo más debía sustituir el consumo de los artesanos y campesinos. Así se construyeron rápidamente, muchas veces por mercaderes aprovechados, grandes cantidades de molinos harineros. La mayoría estaban mal hechos ya que el dinero que la Casa de los Innombrables asignaba era en su lugar gastado en lujos para los señores feudales. Aún así los molinos produjeron suficiente harina de pan para mantener calmada a una población empobrecida pero entretenida por los circos.

El Camino de Ascensión[editar]

A pesar del cierre de muchas ramas de investigación en las Escuelas Imperiales y los ataques a los gremios de tecnomagos, hubo un área de las artes arcanas en la cuál Saúl I mostró un excepcional interés. Se dice que en un feudo remoto, el Rey empezó a hablar con los nobles sobre la presencia de un Portal atlántido, el cuál podría ser reactivado con los sortilegios correspondientes. Este Portal tendría el poder de remontar las personas al Plano Etéreo, luego al Plano Astral, y en sólo segundos podrían reaparecer en el Plano Material en cualquier lugar del mundo, inclusive en las misteriosas tierras del Oriente. Muchos nobles tomaron esto a broma, y se convirtió en un murmullo recurrente en las cortes, donde sólo la idea de un Rey hablando del plano etérico era considerada graciosa y excéntrica. Por otra parte, unos pocos selectos alegaron presenciar la confirmación de la teoría de la ascendencia de extirpe reptiliana del enigmático gobernante. En cualquier caso, aunque Saúl continuó pagando por investigaciones sobre los Portales Atlántidos, en colaboración con Sabios del Norte, se bajó considerablemente el perfil del proyecto. Si esto ocurrió para evitar burlas, o para evitar que la verdad salga a la luz, es motivo de especulación.

Conclusión y profecías[editar]

Sigammia es una tierra de contrastes, al mismo tiempo siendo un lugar donde los ricos abiertamente muestran sus gastos voluptuosos, mientras su infraestructura cae en el olvido. La mayoría de los adivinos y astrólogos, optimistas (como mandatan los Decretos Reales) piensan que la época del "Oro Dulce" durará para siempre, que los Puentes son una fuente sin límites de innovaciones (sin que se necesite hacer propias), que seguir lo que los Emperadores del Norte recomiendan es un camino seguro a ser poderosos y ricos como ellos, y que aún más si se logra activar el Portal, Sigammia podrá tomar su lugar preordenado entre los grandes imperios del mundo. Se abriría así otro capítulo en la era de paz y prosperidad del reino. Otros auguradores, más cínicos y menores en número, aseguran que los augurios son sombríos: se acabarán las reliquias para vender, que el oro es una ilusión pues depende de encantamientos que no pueden mantenerse por siempre, y que Saúl está empeñando el futuro del reino, gobernando como un títere para los grandes poderes conquistadores. Los segundos son poco escuchados y hasta abuchoneados en público, pues no se puede permitir que tales sentimientos negativos arruinen la felicidad del pueblo - o eso dice la Cofradía, y todos o bien están de acuerdo o prefieren cuidarse de objetar. Después de todo, el oro es bueno, los campesinos están entretenidos, y el pan sigue fluyendo de los molinos, así que, ¿Cómo podría salir mal?

Fuentes[editar]

Las fuentes se componen de referentes bibliográficos ficticios.

Véase también[editar]

⚜️[editar]

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Hta 06/10/2017, 02:49 hs