Relatos:Profesor Póquer - El despertar de un supervillano

De Bestiario del Hypogripho

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Pasaron varios años desde que enseñaba historia en una escuela concertada católica de España, y varios años desde que me retiraron la licencia educativa por introducir a los niños en el maravilloso mundo de los juegos de apuestas. Pasaron pocos años, quizás meses, años o meses donde sólo veía el paisaje exterior a través de las rejas de mi prisión, pero tiempo que aproveché para enseñar a mis compañeros prisioneros las bondades de los juegos de apuestas. Mejoré la vida de muchos de estos presos, aportándoles nuevas formas de entretenimiento, y pronto gané la atención de algunos capos encarcelados que tenían experiencia laboral en el mundo de los casinos.

Tras salir de esa caja de hormigón y acero, y saborear de nuevo la libertad, tuve ciertos "encuentros" con altos cargos de La Garduña. Había leído sobre esta sociedad secreta criminal cuando estudiaba mi carrera, pero nunca habría creído que todavía existiera. La Garduña fue una sociedad secreta criminal o grupo de crimen organizado (podríamos llamarlo mafia) que habría operado en España y sus colonias desde mediados del siglo XV hasta el siglo XIX, pero al parecer todavía existía.

Como fuere, ahí estaba, reunido con varios capos de la Mafia hispano-italiana, varios empresarios de Iberdrola y varios funcionarios del PP. Ellos me ofrecían formar parte de esa sociedad, pues mis dotes para promover el juego habían llamado su atención. Me ofrecieron un cargo como jefe de un pequeño casino en las inmediaciones de Madrid, donde captaría a nuevos jugadores mientras ellos lavaban dinero. Yo acepté sin pensarlo, pues no contemplaba ninguna otra salida laboral a corto plazo y estaba arruinado. ¿Qué otra cosa podría hacer un profesor de primaria sin licencia y expresidiario?

Había vuelto, yo, el Profesor Póquer, estaba vestido nuevamente con un esmoquin formal verde y un bastón con empuñadura con forma de diamante. Estaba listo para la acción, pero, ¿cuál sería mi próxima acción? Lancé una moneda al aire y salió cara. Sí, debía promover el juego, pero quería buscar una nueva forma de hacerlo. Iba a construir un superarma, mi "rayo de la ludopatía" poéticamente hablando. Quizás había enloquecido un poco durante mi instancia en la prisión.

Pasé días, semanas, meses promoviendo el juego a visitantes curiosos del casino, visitantes a los que conseguía enganchar con suma facilidad gracias a mi gran carisma y elegancia. Pasé las noches investigando las diversas ciencias: ciencias de la mente como la neurología, psicología y la memética... pero también ciencias ocultas y arcanas sólo conocidas por pequeños grupos esotéricos y cultistas a los que adquirí acceso gracias al movimiento de hilos de la Garduña.

La memética era un campo que realmente me interesaba, los memes, ideas que se reproducían... Quizás esta podría ser la base de mi arma secreta en desarrollo. Por otro lado leí diversos documentos académicos, algunos rebatidos, que hablaban de cómo los diferentes sonidos, colores o frecuencias afectaban a nuestro estado de ánimo. Comencé a profundizar más seriamente en los estudios psicológicos sobre sonidos y colores. Al parecer algunos colores como el verde y el azul causaban una sensación de calma y tranquilidad. Colores, sonidos, patrones y memes... Comencé a estudiar ingeniería memética con la intención de incrementar mi capacidad de persuasión, así como para proseguir con la búsqueda del meme más virulento posible, ese meme que haría posible la construcción de mi rayo de la ludopatía.

Pasaron los años, y escalé de rango dentro de La Garduña. Mi pericia en los juegos de apuestas se volvió excesiva, me transformé en un jugador de póquer profesional durante el día. Y, gracias al dinero, los investigadores y los recursos recibidos por los altos mandos, mi proyecto cada vez estaba más cerca de la realidad.

Al margen de la ciencia oficial, me inicié en antiguos ritos arcanos y antediluvianos, ritos y rituales con extrañas drogas desquiciantes y cantares inarmónicos y bailes antinaturales que iban dedicados a dioses indescriptibles y retorcidos provenientes de las oscuras profundidades del cosmos y de otras esferas y otros mundos. Ofrecimos diversos sacrificios a los dioses, cada uno más brutal y grotesco que el anterior.

Finalmente, y tras dos décadas de apuestas, desarrollo técnico y ominosas noches rituales, lo conseguí. El "rayo de la ludopatía" había sido finalmente creado y era completamente funcional.

Este rayo no era realmente un rayo, sino un archivo de vídeo con una extraña frecuencia de sonidos que, combinado con los patrones subliminales que salpicaban la pantalla y el proceder del reportaje publicitario, era capaz de causar un intenso deseo por el juego en personas de todas edades que se exponían a dicho vídeo, y dicho deseo era transmitido. Los potenciales ludópatas temporalmente captados por el vídeo expresaban el deseo de invitar a más gente a ver dicho vídeo o a apostar y jugar con ellos. Incluso el propio sonido por sí sólo ya era capaz de causar ligeras sensaciones temporales de deseo por el juego.

El reportaje publicitario primero inundó los espacios publicitarios de algunos canales baratos. Luego se retransmitió en otros canales de pago de España. Y luego se comenzaron a crear versiones para Francia, Italia, etc. Esta llamada al juego no pasó inadvertida, pues a los pocos meses comenzaron a aparecer estudios estadísticos que observaban una enorme aparición de nuevos clientes de casinos y estudios científicos que alertaban de posibles brotes de ludopatía. Las conspiranoias en la red se hicieron consecuentes, señalando mi publirreportaje como un instrumento del mal, pero usuarios corruptos de la ciberpolicia e ingenieros meméticos pagados ayudaron en acallarlos y ridiculizarlos.

Después de un año existían versiones del publirreportaje en inglés, ruso, chino, japonés, coreano y muchos otros idiomas. El 10% de la población mundial se había adicionado al juego. La ONU expresó una gran preocupación por este evento anómalo, extraño y socialmente nocivo. Muchos países llegaron a prohibir el juego por completo, pero esto sólo sirvió para que las mafias del juego ganaran todavía más beneficios e influencia social bajo la clandestinidad.

Se iniciaron los estudios en busca de la fuente de adicción y encontraron que mi publirreportaje y sus versiones eran uno de los principales causantes. En España se inició la búsqueda de esa persona sin nombre, ahora denominada "supervillano", que había creado el publirreportaje. Buscaron y no me encontraron. Para ese entonces yo ya había comprado una pequeña isla de una micronación con 2 ciudadanos, y las construcciones de mi base de operaciones secretas habían comenzado conforme mis esbirros y fanáticos llegaban. Mi poder e influencia sólo iban en aumento.

Me llaman el Profesor Póquer, y este es mi despertar.

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