Relatos:Guerra al Tercer Cielo

De Bestiario del Hypogripho

Ícono de desambiguaciónNo confundir con la similarmente llamada, pero no directamente relacionada, Guerra por el Cuarto Cielo.

Imagen alegórica del Dragón.

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Recordar la devastación causada por el dragón es una forma de mantener la memoria viva.

Según las fragmentarias y pobremente incomprendidas y subunderestimadas escrituras sacras de los Pallenllabi, hay cuatro tipos básicos de espíritus.

  • El primer tipo (de topontología 0) son minúsculos, de forma humana y pequeño tamaño, como homúnculos, que viven en la tierra con las mujeres y los hombres;
  • El segundo tipo (de topontología 1) son los espíritus animales y vegetales, que viven en el Primer Cielo, y actúan como ideas platónicas y arquetipos de los animales que existen;
  • El tercer tipo (de topontología 2) son los espíritus de las rocas, de los ríos y de las montañas. Éstos son inmensos e inmóviles y les rodea un mar sin fin.
  • El cuarto tipo (de topontología 3) son los espíritus sublimes. No tienen forma, queman la vista de los mortales. Existen como columnas de llamas, como soles toroidales, como colecciones de pensamientos discordantes y sinfonías infinitas donde todas las notas tocan a la vez pero en precisa secuencia.

Contra éstos últimos fue que los Pallenllabi antiguos decidieron hacer la guerra.

Trasfondo[editar]

Desde el principio a su fin de su historia, la sociedad Pallenlabi fue centrada en la ciudad maravillosa de Pomeparón.

Los Pallenlabi desarrollaron sus ciencias en el orden más lógico: Primero la propulsión interplanetaria, luego las matemáticas cuando su gente se perdía en el inmenso espacio sin trayectoria, les prosiguió la geología cuando se dieron cuenta de que sus naves se estrellaban contra cuerpos rocosos. De ésta surgió la biología cuando se encontraron con formas de vida alienígenas en otros planetas. Y finalmente diseñaron la teología cuando se preguntaron qué clase de dioses enfermos habían creado a esos alienígenas.

Invadidos por el asco de los ecosistemas mugrosos y malolientes de mil mundos a su alcance, atacados por sus enfermedades y sus parásitos y sus plantas simbióticas come-cerebros, los Pallenlabi finalmente decidieron exterminar a los dioses.

Decisiones[editar]

Para ascender en la jerarquía topontológica fueron desarrollados ciertos artilugios notables. La más importante de éstas invenciones era la Escalera de Ascensión, una especie de portal instanciado que permitía plegar el espacio sobre sí mismo para volverlo más topontológicamente denso. De ahí se empezó a acceder a una serie de "cielos". Aunque no se lo crea, los Pallenlabi no estaban inicialmente radicalizados. Creían que la cantidad de mundos existentes era finita (no habían desarrollado la filosofía matemática) y que podían acabar con los arquetipos de las especies y ecosistemas que les disgustaban, uno a la vez. Sin embargo, en el mundo arquetípico de las plantas y animales se encontraron con infinidad de seres repugnantes más allá de toda su imaginación. Se dieron cuenta de que se arquetipaban no únicamente seres que existían, sino todos los que podían existir.

Luego de varios ensayos poco exitosos con lanzallamas y bombas atómicas, colectivamente se decidió generar escaleras de orden superior para alcanzar a los conceptos trascendentes detrás de la existencia misma.

Proceso[editar]

Como los Pallenlabi eran muy técnicamente aptos, tal cosa no les resultó un particular desafío tecnólogico. Tan solo tres días después tenían un portal capaz de ascender indefinidamente en cielos topontológicos siempre y cuando los construyeran en el escalafón precedente.

Tras encontrar el burdo y aburrido mundo de los conceptos abióticos, se lanzaron a la odisea de asaltar el mundo de los conceptos puros, donde se hallaban sus verdaderos enemigos.

Final[editar]

La Escalera, tras ser inaugurada, dio lugar a un ámbito completamente incomprensible donde el tiempo y el espacio habían cesado de tener sentido o contrasentido. Cuando de todos modos se decidió encender los lanzallamas para atacar a las formas conceptuales que allí interactuaban con el incoloro y húmedo[cita requerida] vacío, ocurrió algo que nadie podría haber predicho.

Un fenómeno de fuego blanco que ardía con arcoiris incineró la expedición, y bajó por la Escalera de Ascensión al mundo precedente; a partir de lo cual, como un rayo siguiendo el camino de menor resistencia, atravesó el próximo portal hacia abajo, pasando así hasta el primer cielo de las plantas y animales. Cortando allí nuevamente una trayectoria directa, pasó la última escalera al mundo de los mortales. Los colores danzaban alegremente con la música que ningún oído podía oír, las longitudes de onda se entrelazaban en espectros que no deberían ser visibles, y el blanco devoraba la materia y las almas. El fenómeno o cuasi-entidad fue bautizado retroactivamente como "El Dragón", aunque pocos vivieron para referirlo. La maravillosa ciudad de Pomeparón, donde se había construido aquella desde entonces infame primera Escalera como un monumento a la infinita posibilidad tanto como al deseo de destruirla, se convertía en un caldero blanco multicolor de vidrios iridiscentes que una vez fueron las siluetas agonizantes de personas.

Ese fue el fin del período clásico de los Pallenlabi. Escribieron la famosa Crónica de los días y del Día, que aquí citamos[cita requerida] para actuar como testigo silenciosa de su ascenso y su caída. Los Pallenlabi supervivientes nunca más inventaron nada (su nueva cultura codificó ésto en su memética, con condena de muerte por empapamiento a quien se atreviera a realizar invenciones), decomisionaron la última nave interplanetaria superviviente y se dedicaron al cultivo de papa. Por lo menos, así podían vivir una vida sin sorpresas (o eso creían).

Notas[editar]

Las notas son tan ficticias como los contenidos.

  • Aunque los Pallenlabi eran seres análogos a la humanidad en sapiencia, no eran humanos en sus aspectos biológicos o psíquicos.
    • Se piensa que los Pallenlabi no tenían efecto notable en la Cuasiley de la Otracción, aunque otros intérpretes piensan que la existencia de los cielos era un fenómeno otractivo. Hay quien llega más lejos y dice que toda su sociedad se basaba en una variante de la otractividad. Su historia fue en su enteridad un producto de sus miedos y expectativas, incluyendo su temor a los mundos asquerosos extraterrestres, su deseo de vengarse por la existencia, y su miedo-deseo (pulsión tanática) a que los dioses sublimes acabaran con ellos.

Fuentes[editar]

  • Mikupacha Gaitán, "Elementos mitológicos inestables, 101 a 106"

⚜️[editar]

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