Relatos:El Secreto del Hechizo

De Bestiario del Hypogripho
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Un ciclo se cumple. Una estrella termina.
Detrás de una cortina de humo, demonios sin forma discernible presencian el último día.
"Fue hermoso, ¿No? Ver a ese mundo extinguirse y desaparecer."

- Fue hermoso, ¿No? Ver a ese mundo extinguirse y desaparecer.

- No ha desaparecido. -Replicó el otro, más viejo.- Meramente sus componentes se han disuelto en el Caos.

- ¿Cómo es eso diferente? -Curioseó el demonio jóven.

- De sus fragmentos destrozados e inseguros, nuevos navegantes surgirán para tratar de otorgar al cosmos definición y sentido...

- Qué idiotas. ¿No se dan cuenta de que todo es ilusión y muerte?

- No los culpes, Zegor. Nuestras vidas son largas y privilegiadas. Ellos aparecen un día, son nuevos, ingenuos, despampanantes. Creen haberlo visto todo al primer destello de luz blanca. Creen que las cosas poseen límites y esencias... es sólo una consecuencia de su percepción limitada y lo espontáneo y seguro de su naturaleza. De lo contrario, no durarían ni un instante y sucumbirían a la locura.

"¡Qué ciegos son! No logro comprender cómo no se dan cuenta, del cambio, de la Nada."

- ¡Qué ciegos son! No logro comprender cómo no se dan cuenta, del cambio, de la Nada. Oblor, he tomado una decisión. Deseo bajar a uno de estos nuevos mundos y entretenerme con los Fugaces. ¿Quieres venir conmigo?

- He visto demasiados hechos ya de sus absurdas mentes como para que los Fugaces me sean de entretenimiento. Si deseas aprender, quédate en éste nexo, pues los movimientos del Cosmos son mucho más ilustrativos que las zizagueantes voluntades de sus efímeros habitantes.

- Yo iré de todos modos, pues busco ver de cerca algo que de lejos nunca podré apreciar, y es la volatilidad de los Insignificantes. Si no me acompañas, pues, te ruego que me aconsejes cómo hacer mi estadía más placentera.

- Siendo tu propósito verdaderamente el de observar, no te manifiestes. Las consecuencias serán tan graves que aplastarás de un sólo golpe todas sus convicciones y habrás destruido entonces aquello que deseas estudiar: Su fé en la estabilidad de su realidad y en los sentidos mundanos de sus miserables existencias. Pero deberías, para probar sus efectos caóticos, enredar un poco sus pensamientos. ¿Deseas que te de la clave de cómo hacerlo?

"El secreto del hechizo está en la sutilidad. Nuestras voluntades son muy fuertes, y nuestras mentes poderosas comparadas con las de los Fugaces. Si intentas imponer una idea, destruirás sus pensamientos completamente."

- Sí, por favor. Pocas cosas que pueda lograr suenan más interesantes que lo que estaría a mi alcance generar en otros con la mente de uno de esos Insignificantes firmemente en mi puño.

- Pues ya te estás equivocando... el secreto del hechizo está en la sutilidad. Nuestras voluntades son muy fuertes, y nuestras mentes poderosas comparadas con las de los Fugaces. Si intentas imponer una idea, destruirás sus pensamientos completamente; obtendrás desde rechazo a muerte. Si deseas influirlos, no puedes más que orientarlos sutilmente. Observa los visibles laberintos de sus ridículas motivaciones y trázales un camino llevándolos con ellas. Sólo un pequeño empujón: Déjalos crees que Ellos están eligiendo. Es la mejor manera. Ni siquiera se sentirá tu influencia, y podrás mirar libremente las consecuencias desatarse.

- Sin duda que tus palabras están llenas de experiencia. -Replicó Zegor con aparente reverencia.- Pero, ¿Acaso no estás insinuando, casi sin notarlo, otra manera? Imponiendo una tarea y causando rechazo, golpeándolos con una exigencia y logrando sólo que la aborrezcan, ¿No es también una manera magistral de dirigirlos lejos de aquello que uno, secretamente, desea impedir que crean o realicen? ¿No podemos mediante este método hacer que parece que demandamos lo que en verdad aborreceríamos, al menos en su consecuencia?

Un suspiro cuántico quebró los rudimentos del Éter, y Zegor cayó como un relámpago desde los nexos hacia la tangibilidad parcial de lo que llamamos "realidades".

- Mi juicio me indica que se trata de un curso peligroso, mi jóven consetuedinario. Pero haz según te parezca... no creo que descubras nada que yo ya no sepa.

- En eso pienso, y discúlpame por ello, fírmemente que te equivocas. Propongo demostrar lo contrario: Hay algo de éstos incriaturos que se te escapa... pues percibo en sus patrones las huellas de algo más que convicción e inseguridad.

- Si estás tan convencido, ve pues, y es de suponer que ya serán vistos por nosotros los resultados.

- Así habrá sido, Oblor. Adiós.

Un suspiro cuántico quebró los rudimentos del Éter, y Zegor cayó como un relámpago desde los nexos hacia la tangibilidad parcial de lo que llamamos "realidades".

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