Relatos:El Despertar del Dracocornio Esmeralda, parte 1

De Bestiario del Hypogripho

Este artículo tiene elementos que forman parte del Omniverso de Umaggar, lo Semifinito.   Este artículo tiene elementos estrechamente relacionados con la Biblioteca de Um.     Este artículo tiene elementos creados por NimoStar. Click para ver todos los artículos de este autor.  Este artículo carece de imágenes ilustrativas. Puedes ayudarlo consiguiendo una (o más) imágen/es apropiada/s e incorporándola/s.  Este artículo tiene una dificultad intraficcional mínima (magnitud 1). Debería resultar accesible para el público en general. 

El presente relato es recogido en una colección despreciada, tomando polvo en un rincón de la Biblioteca de Um.

El Dracocornio Esmeralda vivía una existencia humildemente humilde como un Dracocornio común y corriente[1]. Su humilde morada era una humilde casucha redónda en el pacífico plano de Leroquitonidnam.

Pero todo cambió cuando la nación del fuego atacó un pequeño ser golpeó su redonda puerta verde.[2]

- ¿Quién es? -Preguntó el Dracocornio Esmeralda mientras cocinaba unas mineroltalizas.
- ¡Soy yo, el Hiper!
- ¿El hiper quién?
- El Hiperbestiario.

En realidad el Dracocornio no escuchó a nadie responder a sus preguntas. Era como leer unas letras en su cabeza.
- Ya voy. -Respondió mientras dejaba sus guantes en el colgador de guantes. Cocinar con enormes garras de dracocornio no era tarea fácil.

Un libro se hallaba frente su puerta, colocado verticalmente.

"Hmm, me pregunto quién habrá dejado esto", se preguntó el dracocornio, preguntándose quién podría haber dejado ese libro frente a su puerta.

- Nadie me dejó, vine caminando yo solo. -Dijo el libro.
- ¿Cómo? No tienes piernas.
- No se necesitan piernas para caminar. Dejé que el camino me llevara. -Respondió el Hiperbestiario.
- Y el camino te llevó a mi casa...
- El camino me llevó a tí, ¡pedazo de soquete! Ahora, leéme.
Era muy impetuoso para ser solo un libro.

El Dracocornio lo levantó con cuidado y hojeó sus incontables páginas.
- Aquí... aquí no hay nada. Está todo en blanco.
- Hay y no hay. Usted me entiende. -Elaboró eclécticamente el Hiperbestiario.
- ¿Y qué debo hacer con esto?
- Escribirme.

El Dracocornio abrió los ojos muy ampliamente.
- Pero no sé escribir. De hecho, estaba fingiendo hace un momento saber leer.[3]
- Carece de importancia. -Descartó el dato el libro, mientras movía una página como si fuera un gesto con la mano.

Entonces el Dracocornio tomó una pluma seca y se puso a garabatear.
- Ay, ¡Así no! -Le espetó el Hiperbestiario, y se sacudió la tinta hasta quedar inmaculado de nuevo.
- ¿Entonces cómo?
- Hay que ir a la biblioteca; allí podrás aprender.
- No sé llegar a ese lugar... -Murmuró el Dracocornio, preocupado.
- No te preocupes. -Guiñó un inexistente ojo el libro.- El camino nos llevará.

Así comenzó la travesía más importante del Omniverso, con los altos más altos y los bajos más bajos, las izquierdas más zurdas y las derechas más diestras, los adelantamientos más avanzados y los atrasos más retrasados tardíos, y unos otros cuantos otros opuestos en dimensiones espaciotemporales que no tienen nombre.

Continuará...[4]

⚜️[editar]

  1. Nota: ¿Existen los Dracocornios comunes y corrientes? Investigar. (N. de A.)
  2. Este pequeño ser no era un enano, esta redonda puerta verde no era la redonda puerta verde de un agujero-hobbit, y los dracocornios no son hobbitses (¿Hobbits?). Dicho esto, este sí era el comienzo de una aventura. (N. de T.)
  3. Curiosa afirmación, ya que poco antes el relato afirma que el Hiperbestiario no se escucha, sino que era como si el Dracocornio lo "leyera en su cabeza". (N. de E.)
  4. ¿O continuó? Revisar gramática y tiempos verbales y narrador omnisciente o no. (N. de A.)