Relatos:Diario de un Alma Perdida, Capítulo 1

De Bestiario del Hypogripho

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Diario de un Alma Perdida
Capítulo 1

¿Quién soy?

El 22 de Diciembre del año 1907 caminaba por un parque, dado que tengo por costumbre caminar por sectores aleatorios en busca de nuevas experiencias. Era la tarde de un Domingo y me encontraba apreciando las majestuosas calles alemanas, cuando al llegar a un parque, me encontré con un muchacho que lloraba desconsolado, luego de esto me acerqué con mucha curiosidad y descubrí que se trataba de alguien a quien tiempo atrás yo solía visitar con frecuencia, y al sentir mi presencia, volteó y clavó sobre mí unos ojos muy llenos de ira y des consolación, ojos que me hicieron divagar y recordar algunas vivencias de mi pasado, así que me acerqué con confianza y comencé a tratar de charlar con él:

—Hey, ¿qué pasa?… otra vez tienes esa mirada en tu rostro…
—… (No contesta)
—Ya veo. Tienes los ojos de alguien que sufre una terrible pérdida… casi podría ver cómo tu corazón se está desgarrando de a poco y te conviertes en alguien frío, ¿pero que cosa podría doler tanto como para ello?
—… (el joven no contesta)
—¿Acaso podrá ser que has perdido un ser querido?
—…
—¿Quizá la preciada y cálida compañía de una madre?

En ese instante, aquel joven puso su atención sobre mí y casi pude ver cómo me respondía que así fue sin mover los labios ni la cabeza, o sin siquiera hacer un movimiento corporal que lo confirmara, por lo que continué preguntando:

—¿Podría ser que le has perdido por falta de conocimiento por parte de su médico?

Ante esto, el joven se mostraba más interesado en el diálogo que yo intentaba entablar, por lo que pronto pasé a preguntarle:

—¿Puede tratarse acaso de un cáncer avanzado que marchitó su aliento de a poco?
—"¿Cómo sabes todo eso?"
—Oh, no… yo solo estoy adivinando…

Aquel joven, aún perplejo por mis comentarios, continuó la plática:

—"Dime, ¿quien eres?"
—Digamos que a lo largo de los años, sin que te dieras cuenta, hemos sido muy cercanos, y yo he cuidado de ti con gran fascinación.
—"¿Pero a qué te refieres?… yo no te he visto en toda mi vida…"
—Por supuesto que me conoces, pero es algo que no vas a entender con facilidad, por lo que no vale la pena discutirlo. Mejor dime; ¿fue ese judío que la veía con frecuencia?
—"¿Sabes algo? Me estás asustando. Tú sabes más de lo que dices saber, y no sé la razón por la que te me acercaste a abordarme en conversación, estoy comenzando a incomodarme, si no te vas, voy a acudir a la policía".
—No hay por qué alterarse, todo se trata de una gran casualidad, y mi intención es solamente ayudar. Eres libre de llamar a la policía si quieres, pero te darás cuenta cuando lleguen, que no fue necesario, además, me estás viendo a mí como el enemigo, cuando claramente fue un doctor incompetente quien dejó morir a tu madre… yo en su lugar, habría probado cambiando la frecuencia receptora de la célula cancerígena, dado que es la manera en la que estas roban los nutrientes al resto de las células, debilitando el resto de los órganos y fortaleciéndose y creciendo con la ayuda de los recursos que roban.

Ante el asombro del joven, continué explicándole un poco más del asunto:

—Verás, cada célula de tu cuerpo, trabaja con frecuencias muy parecidas a las de radio, llamando así a los cuerpos encargados de transportar los nutrientes para ser alimentadas de la forma correcta, pero a veces, aparece una célula maligna que es capaz de emitir dichas señales de manera cada vez más fuerte a medida que va creciendo, haciendo que el resto del cuerpo se vaya debilitando hasta que acaba con la vida de la persona. El truco es, cambiar esa señal de frecuencia para que la célula maligna sea la que muera de hambre…
—“¿Pero por qué nunca había escuchado del tema?”
—Es porque gobiernos egoístas, ajenos al nuestro, se han opuesto a que esto sea posible, porque significaría una pérdida considerable en el negocio de la medicina.
—"¿Estás hablando en serio?"
—Más de lo que crees. Hay países gobernados por tiranos que convierten a sus seguidores en animales… dime algo, ¿alguna vez le viste un interés real a ese médico en salvar a tu madre?
—"Quisiera pensar que sí…"
—No me respondiste, ¿lo tuvo o no lo tuvo?
—"Respóndeme algo primero, ¿eres doctor?"
—Desde luego, ¿cómo podría saber lo que te comparto si no lo fuese? ¿me respondes ahora?
—“Bueno, a decir verdad, nunca lo vi comprometerse del todo con mi madre…”
—¿Sabes por qué es?
—"No lo sé…"
—Es porque pertenece a una raza de salvajes a la que no le importa nada más hacer dinero y combatir en guerras sin sentido. Me atrevería a decir que esta gente, sí se les puede llamar así, no merecen otra cosa que ser exterminados para así hacer del mundo un lugar mejor, un mundo con menos guerras, un mundo que se preocupe por el otro y no solo se dedique a engordar a una minoría, porque son minoría, pero tienen la mayor parte del dinero existente en sus bolsillos, sueño con un mundo así, sin gente que cometa atrocidades en nombre de su país o religión, sin gente que vea de menos a los demás… dime tú, ¿no sueñas con lo mismo?
—"Pero soñar no es suficiente"
—Y es por eso que debemos de actuar cuando entra un sueño en nuestras mentes.
—"Sabes algo, deberías de ser político, je, je, je, tienes mucho poder de convencimiento".
—Oh, es porque lo soy—. Le dije con una sonrisa en el rostro. Posteriormente me despedí diciéndole:
—Deberías de volver con los tuyos, deben de estarse preguntando donde te encuentras. Hasta luego.
—"¡Oye! ¡Espera!, no me dijiste tu nombre".
—Es porque no necesitas saberlo, solo digamos que somos muy parecidos y que veo grandeza en ti, con solo un rato de platicar contigo, creo en que algún día serás un gran referente, y que purificarás este mundo de toda su impureza.
—"¿Ah, sí? ¿Y como haría eso?"
—Con el método que consideres necesario…— le dije mientras me alejaba de él, habiendo sembrado una semilla poderosa en su núcleo, que años después me complacería ver cómo germinaba.

Este soy yo, no necesitas saber mi nombre, pero he tenido muchos a lo largo del tiempo… mi existencia es sinónimo de poder y libertad de expresión, soy fiscal, doctor, psicólogo y muchas cosas más… cuando me lo permites, me convierto en tu amigo, aunque dicen que soy una mala influencia… yo pongo y quito gobernadores a placer, siempre y cuando pueda ganar algo de ello… ya conozco mi destino, pues hace tiempo dictaron sentencia a mi nombre… no tengo padre, y me dedico a hacer hijos con el fin de que todos nos beneficiemos. Hoy quiero contarte mi historia a través de páginas de mi diario para que conozcas mi propia perspectiva… poco a poco te irás dando cuenta de que no somos tan distintos tú y yo...

Continuará…

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