Relatos:Deep Shock - Capítulo 1

De Bestiario del Hypogripho

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Las pisadas producían eco más allá del piso principal. El departamento era rodeado por la sobria noche y las luces placenteras rebotaban en sus cristales: los anuncios dominaban las fachadas de los edificios por la cuadra, mostraban en sus pantallas androides y mujeres atractivas a quienes cruzaran por las calles: era el equivalente a ver celebridades.

Atraída como una mosca, colocó la mano en una de las grandes ventanas. Admiró unos pocos segundos la fantástica vista del orgulloso distrito central. Era más que hipnotizante ver aquellas maravillas de la ingeniería.

Después de navegar por esos segundos embobada, quitó la mano y volteó la vista, buscó la oficina que necesitaba encontrar. Pero no daba con ella; no obstante, encontró a alguien del personal de mantenimiento: salía con una mopa y un limpiavidrios en la mano derecha, congestionado. Al verlo, se acercó sin dudarlo, pues necesitaba una respuesta urgente.

—Buenas noches —se presentó, manteniéndose educada—. Disculpe la molestia, soy Nadine Powell, necesitó hablar con el señor Orman.
—Uh —confuso, su atención fue atraída por la presencia de alguien que parecía tener gran influencia en la agencia—, disculpe. Quería limpiar por acá y no me percaté de su presencia —dejó la mopa pegada a la pared, así no le iba a incomodar—. Bien ¿busca la
oficina del señor Orman?
—Por supuesto —contestó calmada, pero su gesto emitía pura formalidad—, lo he estado buscando por todo el departamento —desde que puso un pie en las refinadas baldosas del edificio, nadie del CPEA le informó acerca de Orman; había experimentado lo que era buscar una aguja en el pajar.
—Claro, claro —tartamudeó—. Continúe por la derecha desde esa pared cristalina —señaló con el dedo, apuntaba al pasillo que acababa de mencionar—. Después camine un poco y llegará a su oficina. Esperó que le haya servido —finalizó—.
—Estoy segura que con eso bastará —asentó la cabeza, sonriente, siguió su camino a la pared de cristal blanco.

Los focos blanquecinos la guiaban sin cesar, dignos de la infraestructura pulcra del CPEA: era medianoche, indicaba un reloj holográfico, el cual levitaba encima del cristal. Enamoraría a cualquier relojero ver eso; seguía viendo las puertas oficinistas con degradados en blanco, pasaban los nombres y se detuvo por la bocanada de suerte, era la oficina de Orman.

—Bien —observó a través del ventanal y encontró la silueta distorsionada de Orman; se tomó un momento para acomodar su traje, y tocó la puerta; el sonido del vidrio tuvo su efecto.

Orman tenía más de dos horas sentado e imperturbable; solo estaba acompañado del delicado soplo del aire acondicionado, su envidiable escritorio y el llamativo redactor holográfico, técnicamente: escribía en el aire, tanto sus documentos y archivos de los últimos casos ya investigados. Los últimos días no fueron los más fructíferos en su persona.

Extendió su mano a la espoleta que estaba debajo. Fue presionarla y bajó el degradado blanquecino de la puerta: cuando miró a Nadine a su espera, cerró el holograma de golpe y desganado. Oprimió el oscuro botón que tenía al frente; gracias al sofisticado sistema electrónico a disposición de los funcionarios. Abrió la puerta y Nadine pudo entrar.

—Has estado ocupado —destacó Nadine, intuyendo la carga de trabajo que Orman, como general arquetípico; debía enfrentarse—, esperé por mucho estar presente.
—Bienvenida a mi segunda casa —acomodó la silla, ver a Nadine solo significaba una cosa—, tome asiento por favor.
—Muy bien —apartó la silla del escritorio dándole el espacio requerido y se sentó—. Como usted sabrá, hemos perdido múltiples unidades por parte de nuestros distribuidores —colocó sus manos entrejuntadas encima del escritorio—. En el último mes han reportado robos y allanamientos furtivos en sus instalaciones, dicho esto, quiero pensar que revisó las imágenes enviadas con anterioridad, ¿no?
—Sí, las revisé al detalle —contestó sereno—. Las tiendas, vidrios rotos y depósitos vacíos, estuve media hora averiguando qué acciones podríamos tomar.
—Es mejor que se den prisa —dijo Nadine, cruzó las piernas e incrustó la mirada—. A pesar de no ser una gran pérdida económica, esto es inaceptable; contratamos sus servicios hace más de dos meses y no han parado los saqueos. Como directora ejecutiva, no he estado satisfecha con sus resultados.
—Entiendo su situación —contestó, no quería entrar en discusión—. No es nada agradable tener pérdidas en un negocio, nos esforzamos por llegar al grano y demostrar la razón de esta colaboración —quedó en silencio por un momento, para ajustar sus lentes.
—El tiempo corre, señor, y no podemos permitir en Sifersay pérdidas tan absurdas; por eso, decidimos darles un ultimátum —realizó una pausa—. Si no han logrado sacar, por lo menos, a alguien involucrado o la manera de recuperar a los androides perdidos al término de este mes, tengan por hecho que se cortará nuestra relación de trabajo con CPEA; sin excepciones —con la advertencia encima de la mesa, fue lo más parecido a tener la soga atada al cuello.
—Lo tendré grabado, señora Powell —relajado, abrió la pantalla holográfica y comenzó a teclear—. Y también, hace un rato, antes de su llegada; enviamos a una agente rumbo a la avenida Druinlam —allí aconteció el más reciente de los robos.
—¿Hmm?, ¿solo a uno?
—Es suficiente —dejó de teclear y giró la imagen, mostraba la información del arquetipo—, tal vez no pertenece a la nueva generación de los LS, YX o los GRK, pero le dimos la oportunidad de continuar gracias a su dedicación en el programa.
—¿De cuál generación estaríamos hablando?
—Lo tiene allí —indicó la pantalla—, es ella.
Nadine arqueó las cejas, sorprendida, la imagen le devolvió la sonrisa —, bien, confío en su palabra.

Lejos del edificio, en los túneles subterráneos de la estación Druinlam, el tren, con un poderoso zumbido a maquinaria, se fue a la siguiente estación por el túnel magnético. El campo gravitatorio producido por la energía magnética tanto del túnel y como del tren, permitía la levitación y una mayor velocidad punta en su servicio. Abandonó el lugar en un santiamén, los restos de diarios electrónicos, basura y hojas volaron por doquier.

La arquetipo se quitó el polvo de su suéter, azul marino, a su vez. Subió por las escaleras descuidadas: repletas de manchas, basura y restos de hojas, llegó al final y encontró el punto asignado por la CPEA. Vio a los drones de seguridad guiar el tráfico «Allí están» era el icónico club nocturno del distrito central: Ematronic.

Se detuvo en la acera, tocaba esperar el semáforo peatonal en verde. Aprovechó para recapitular la información suministrada antes de salir: eran las imágenes y los vídeos recortados que, por los pelos, pudieron rescatar de las cajas de seguridad. Los repasó y cerró el archivo. Delante pasó un camión publicitario debajo del poste, arriba tenía un anuncio holográfico de una mujer rubia y una androide de modelaje, las cuales invitaban a un club de la ciudad, en el aire se hallaban estáticos los globos de fiesta: enormes para una cantidad máxima de doscientos invitados en su estructura rojiza. No obstante, no le prestó mayor atención, su vista le pertenecía al semáforo.

Con luz verde, torció a la izquierda en la vía; llegó a la entrada sucia del club, a la vista de los drones. Reconocieron su asociación al departamento y le permitieron entrar, era, técnicamente, un segundo portero.

El establecimiento se mostraba espacioso: presumía de barras de energía babosa, como si fuera una lámpara de lava, en las esquinas del techo junto a los focos incrustados que otorgaban la poca iluminación por el descenso. Bajó por las escaleras al tiempo que tomaba el barandal frío, conectado a la pared: recubierta de arañazos, manchas y chicles pegados por debajo, confiaba en hallar al agente que le habían asignado.

Cada escalón le acercaba al frenesí musical del salón, serpentinas de energía colgaban del techo. Eso ya incitaba a bailar el resto de la madrugada. Lo primero que vio fue la explosión de euforia producto del DJ cibernético, que animaba a los demás a seguir bailando.

Comenzó a caminar entre las personas; observaba tranquila e indiferente el fantástico ambiente del burdel Ematronic: las luces oscuras de tonalidades negras y púrpuras entremezcladas rebosantes en los bailarines; y sobre todo, los androides. La primera pared era de cristal impregnado del ruido etéreo: localizó más de siete androides, todas eran bailarinas con atributos más que envidiables en cuanto estándares de belleza se habla. Una de ellas colgaba de la barra y llamaba la atención de múltiples clientes con los ojos más que pícaros encima de una androide idéntica a una modelo.

Otros jugaban en las máquinas, fuertes choques de los discos aéreos resonaban desde la mesa estática. Era muy similar al hockey de aire, luciendo extrañas prótesis metálicas en sus cabezas mientras disfrutaban el juego.

—Logré anotar —dijo uno de ellos.
—¿Jugamos a otra partida?
—Muy bien —reactivó la mesa y el disco salió disparado, ambos buscaban anotar por la rendija.

Los demás gritaban orgullosos, deleitando y dejándose llevar en lo más profundo de su ser. Casi no podían reconocerse por las luces; ni siquiera alzar la voz, la música no los hacía parar: y el disfrute por las androides, ni hablar.

Serina vio una imagen peculiar, en los cómodos muebles forrados de tela morada, como hotel ochentero: un chico de apariencia joven, de camisa negra y jeans azules; deleitaba la presencia de dos androides, ambas de cada lado. Ver eso le sacó un gesto confuso: apretaba el ceño, pero no reflejaba molestia ni incomodidad, sin embargo; no podía continuar mirando qué hacía cada persona dentro del establecimiento.

Pero al darse la vuelta, chocó sin querer a un tipo.

—¡Ten más cuidado! —exclamó enojado.

Indiferente, no hizo nada, continuó como si no existiera ninguno de los clientes; a su alrededor, los bailes se volvieron más locos. Ni siendo conocidos, la música y las androides lujuriosas sumado a la música, parecía poseerlos, era el equivalente a una tarde en Ibiza, pero en mayor escala, no era de sorprender. Se trataba de los principales clubes de la ciudad, el mañana no existía en aquellas horas.

Chocaba hombro a hombro con cada paso que daba, parecía no tener fin; enfocó la vista y se llevó de repente el brillo cegador del foco ubicado en la esquina, sin embargo, pudo al fin encontrar la puerta en las alocadas mareas de medianoche.

—Buenas noches —dijo el vigilante que tenía de frente—, qué locura, ¿no?
—Parecen poseídos —contestó la arquetipo—. Nunca me había topado con algo así.
—Y, por cierto, ¿usted es una androide? O eso parece.
—Sí, lo soy, pero no formo parte del club —quiso aclarar su afirmación, no era tiempo de malentendidos—. Iré al grano, busco al agente Harry Cooper, ¿lo ha visto?
—Por supuesto, está en los vestuarios —se colocó de lado, mostró educación al ceder el paso—, adelante.
—Gracias.

Recorrió varios metros en el pasillo. Encontraba salas privadas en ambas direcciones y focos de tonalidad morada demostraban elegancia nocturna, dándole una mezcla peculiar a su cabello negro. Entró a los vestuarios: tenían las cápsulas de los androides, cosméticos, espejos y colgadores de ropa. Unos cuantos pasos le bastaron para ver a quien buscaba.

—Uh, entonces trajeron a una androide —dijo el agente Cooper, se había enterado de la presencia cibernética por sus pasos—, permítame un segundo.

Antes debía revisarla, pulso el escáner de su muñequera y la luz pálida registró el código arquetípico, el rostro y sacó la información:

— Arquetipo LS700, Serina —presionó la muñequera y cerró la registradora—, esperé ansioso tu llegada.
—Un gusto —dijo Serina—. Me contactaron cuando estaba de guardia por el distrito, por eso tomé el subterráneo. Disculpe si tardé un poco más, agente Cooper.
—No hay problema. En fin, ¿sabe acerca de la situación actual, no?
—Claro, antes de venir repasé la información proveniente de mi superior: doce unidades
desaparecidas, tiendas desalojadas y la enorme interferencia.
—Eso ha sido todo un quebradero de cabeza —explayó tajante—; hace rato realicé una revisión perimetral, pero no di con los involucrados —se rascó la barba—, es como si fuesen fantasmas.
—Según la hipótesis que planteó, ellos robaron las unidades y huyeron hasta perderse por la avenida —Serina leyó la teoría que tenía Cooper en su interfaz, argumentaba que los involucrados tenían un punto de reunión en especial.
—En efecto, ahora necesitaré que inspeccione conmigo el lugar. Puedes usar lo que tengas para dar con ellos.
—De acuerdo —asentó la cabeza—, también, ¿qué le llevó hasta aquí? —dijo a la vez que abrió la puerta.
—Verás, de primeras parecía difusa la idea, era rebuscada incluso para mí —hizo una pausa y al tiempo, sacó algo del bolsillo izquierdo de su abrigo beige—, encontré esto —le entregó directo en sus manos, una pieza de Sborgpiel, el material con el cual se monta la piel a los androides.
—Esto pertenece a los nuevos GRK —dijo Serina, contemplando minuciosamente cada parte del trozo.
—Pero, con algo de imaginación —continuó Cooper—, llegué a esa conclusión: dada la
posibilidad de una fuga en cualquier vehículo carguero de la tienda, y transportarla hasta aquí. Considero este lugar como un punto de reunión: si fueras un delincuente, tiene poca luz, desenfadado y privacidad: el lugar perfecto para negociar —finalizó y se ajustó el cuello del abrigo.

La caminata comenzaba a ser monótona, no obstante, Cooper continuaba con todo el gusto del mundo.

—Por cierto —rompió el silencio—, las vestimentas y los bastidores tuvieron una gran inspiración por los diseñadores europeos —ese estilo nostálgico, podría llamarse un homenaje a los ochentas—. Me resulta más que irónico; estamos en 2031 y usan esos estilos, sin embargo, no está mal darle un toque retro a la vieja usanza.
—¿Y cómo sabe todo eso? ¿Ya estuvo por acá antaño?
—Nah, ya tengo una edad y responsabilidad más grande que el disfrute, ni siquiera de joven me atrevería.
—A todo esto —prosiguió Serina—, también reportaron el origen desconocido de la nula señal e interferencia —los robos se había caracterizado por la misteriosa interferencia que envolvía toda la zona.
—Claro, claro —estiró la espalda—, no sabemos con certeza de dónde proviene. Con otros puntos, ¿qué pudiste analizar del trozo que te di?
—Me da la impresión que fue arrancado —explico al mismo tiempo que giraba el trozo, tenía el Sborgpiel colgando en algunas extremos—, ahora que recuerdo las grabaciones, cabe la posibilidad de...un momento —sintió un leve chispazo encriptado, entró a la
interfaz e interceptó una creciente señal electromagnética propagándose.
—¿Qué sucede? —preguntó Cooper, se dio cuenta que Serina no le prestaba atención —¿Eh?, ¿me está escuchando?
—Discúlpeme, justo cuando hablaba acabo de interceptar una anomalía cerca de nosotros.
—¿Anomalía?
—Sígueme.

La pericia se adueñó de ella y activó la visión ultravioleta, esa modalidad otorgaba mayor sensibilidad a las ondas anormales repartidas por el perímetro. El rastreo se desplegó al siguiente pasillo, su cabeza vibraba producto de la ascendente intensidad sensorial, la franja de luz ubicada en la nuca se volvió intermitente. Detectó en una zona que, a simple vista, parecía ser puro blanco; pero la visión ultravioleta y la intensidad constante, mostraban lo contrario. Volvió a torcer a otra dirección y dio con el sitio.

—La interfaz indica que es por aquí —explicó—, prepárese, en caso de haber hostilidades allí dentro.
—De acuerdo.

Empujó la placa de hierro y esta retrocedió, para luego quedarse al lado, era un mecanismo de presión automática. Ambos procedieron en acceder con cautela a ese cuarto: era pequeño, repleto de cajas de componentes y estanterías con piezas anticuadas, no tenía luz propia y la poca que había procedía de dos monitores al fondo.

—La interferencia es más intensa por acá —detalló Serina, la interfaz se había vuelto un GPS—, esto no estaba registrado en los planos del club.
—Los monitores están defectuosos —mencionó Cooper, aunque no era descabellado pensar en el posible autosabotaje, podría impedir la obtención de información.

Requisó dos cajas, y miró el montón de piezas en perfectas condiciones de las nuevas series arquetípicas: Sborgpiel de calidad, protectores craneales, ojos y demás componentes.

—Bonita colección —dijo Cooper al tomar un componente—, ya tienen su tiempo.

Serina escaneó todos los objetos y dispositivos. En su mayoría eran pertenecientes a androides de servicios y operaciones especiales. A diferencia de Cooper, tomó la silla y se sentó a teclear; con la esperanza de encontrar la manera de quitar la avería y si tenían suerte, hallar datos almacenados.

—Quizás pueda...—siguió presionando las teclas, pero no dio resultado—, no...no me deja.
—Permíteme —dijo Serina, tocó el monitor y activó la interfaz, creando una conectividad instantánea en su sistema—. Está hecha un desastre —enfatizó Serina, tras ver el menú; era caótico ver los códigos esparcidos y desordenados—.

Indagó a fondo entre los códigos, no podía dejar pasar aquella oportunidad, descifró unos cuantos y eliminó otros, hasta ver un mensaje encriptado muy bien escondido. Lo abrió y leyó:

"Pagó encubierto de 1000 dimatios y deuda de 500, calle del Ematronic y callejón aleatorio".

Cooper por su parte, miró curioso una hojita amarilla debajo del teclado, la tomó y vio que decía: "1:00 am".

—Serina, mira esto —mostró la hora escrita en la hoja—. Y estamos encima de la hora —cuando ella escuchó su voz, desactivó la sincronización.
—También encontré algo similar, un mensaje encriptado, decía 1000 dimatios y una deuda de 500.
—Entonces, debemos estar cerca —se levantó de la silla.

Salieron del cuarto y este se cerró, no querían alertar a los vigilantes o también, algún involucrado cerca de ellos. Les tomó unos cuantos metros llegar a la salida de emergenciay, y al frente de esta, sacaron sus VG-41 de combate: una pistola desestabilizadora de cadencia rápida y liviana, perfecta para ser transportada en la ropa.

Cooper empujó con el hombro y los dos salieron al callejón exterior; los edificios producían la curiosa ilusión de estar amontonados, una vista preciosa que podría colapsarse sobre ellos. Las fachadas estaban cubiertas del reflejo de los azulejos, provenientes del festival luminoso. Serina era guiada por la interferencia y el crepitar de las ondas; de a poco aumentaba la intensidad e intuía que estaban por dar en el blanco.

Eran una mancha arrastrándose al son del silencio. El callejón era espacioso: conectaba con otras áreas junto a los tejados de las estructuras inferiores. La exaltación fue inmediata, la señal había llegado al pico y Serina preparó el arma. Debajo de ellos, enfocó la vista a través de las láminas de aluminio y localizó un vehículo carguero: era de color blanco con franjas negras, alrededor, unos seis individuos conversando.

—Allá están —musitó Serina, ordenó a Cooper mantenerse al margen y apagó la interfaz para no ser detectados.

La conversación corría con normalidad, uno de ellos terminó de montar la última cápsula y alguien de chaqueta roja le entregó un aparato a este.

—Este es el pago, gracias por otorgarnos un buen lugar para llevar a estos cachivaches —le dijo quién le entregó sus dimatios—, la próxima vez la prima aumentará sí continuas contribuyendo.
—No hay de qué —estrechó la mano—. Hablamos después.

Guardó el aparato y se alejó del vehículo, los demás empezaron a abordar el carguero. Sin embargo; un androide de Sborgpiel pálido sintió una extraña sensación. Serina desde arriba, miraba por primera vez; un androide al servicio de la negligencia en Dima... no, eran cuatro en total.

—Nos están observando —alertó el androide.
—¿Qué dices?

Activó la nueva eco localización de los GRK1200, permitía sacar información en las ondas y de esta manera, encontrar en los recónditos más difíciles de acceder o visualizar a su objetivo. Encontró la presencia de los dos agentes; con rapidez, sacó su arma y comenzó a disparar.

Serina y Cooper sorprendidos, se cubrieron con la poca cobertura que disponían, los proyectiles pasaron a nada de su integridad.

—¡¡Suban rápido!! —exclamó un androide.

Uno de ellos se subió con las unidades a recuperar, otros, en motos. El androide, que había descubierto la posición de Serina y Cooper, se montó adelante. quien le entregó el pago al funcionario del club, pisó el acelerador y salió directo a la vía pública; seguido de las dos motos.

—No podemos perderlos —dijo Serina, corrió por el desnivel y corrió a la vía pública, pero se detuvo; casi olvida a Cooper —, agente Cooper...¿ah? —observó que tenía bajo control al funcionario del club, tenía la rodilla sobre su espalda y forcejeaba con el.
—Ve por ellos —le ordenó, luchaba por neutralizar a su objetivo —. Yo me encargo de él.

Serina acató su orden y torció a la vía Druinlam; las farolas magnéticas estaban a pedir de boca en las calles, la iluminación era ideal y segura, te podías quedar dormido por lo cómoda y fácil que era conducir. La capital del placer se vestía de gala esa noche. Le acompañan la amalgama de estructuras dignas de ser lo último en ingeniería.

La LS700 perseguía a un vehículo flotante, saltó a esté, agarró firme el borde con ambas manos y sus piernas quedaron fijadas contra el baúl, al tiempo entró en la misma vía del carguero; observó a otro vehículo más rápido y con un movimiento casi felino. Saltó y sostuvo con fuerza el borde, junto al leve toque de su pierna con el suelo, proporcionándole el impulsó suficiente para subirse al techo del automóvil.

Subió la vista y ubicó las dos motos junto al vehículo principal, pero uno de los motorizados, apuntó rápido a Serina y disparó. Consiguió dañar un poco el Sborgpiel del antebrazo; ella se vio forzada a bajar y devolverse a su anterior posición, a diferencia del motorizado, mantenía la velocidad en caso de tenerla a tiro.

—Thc —colgó de una sola mano y examinó la parte dañada: el proyectil dejó fundido una precaria del Sborgpiel blanco; sin embargo, la carcasa del antebrazo consiguió minimizar los daños y soportar el impactó.

Tenía que darse prisa, en cualquier momento; podría perder a su objetivo si estos lograban contenerla y acceder a una vía privada. Analizó las pocas opciones que disponía y al mismo tiempo, usó la visión teórica: era una modalidad que formaba unos hologramas, creando una simulación de ella y su situación. La primera opción era arrancar un trozo del automóvil y usarlo para derribar a uno de los motorizados, de esa forma, obtendría la moto, por otra parte; subirse al techo y lanzarse directo a la moto, pero no era fiable.

Corría el riesgo de exponerse a fuego innecesario y podía lastrar el resto de la misión; la última opción consistía en asomarse y esperar la reacción del maleante, así podría disparar y obtener la moto. Eran quince metros entre ella y uno de los sujetos, que aumentaba la velocidad; decidió asomarse y llamar la atención de esté; se movió al borde izquierdo del automóvil. Asomó la cabeza, el disparó apenas la miró; vacío los cartuchos pero no consiguió asestar ningún intento.

Pero detonó la conmoción, el conductor del automóvil pavoroso, giro a otro canal a ponerse a salvo. Ella tuvo que hacer gala de pura agilidad; aprovechó esos milisegundos sin desperdició, sacó la VG-41 y le disparó a la cabeza. El sujeto perdió el equilibrio y se cayó de la tambaleante moto. Mientras los demás automóviles flotantes se apartaban, ella en el último suspiró; saltó a la motocicleta, que venía a su posición. Aceleró y se puso a la par del otro motociclista, esté la observó un instante y abrió fuego sin cesar, pero ella se protegió, con desacelerar de a poco, combinándose con los repentinos cambios de dirección. Era difícil apuntarle; no se iba a quedar atrás y devolvió la lluvia de proyectiles a su adversario.

Consiguió darle en la cabeza y el cuerpo, ahora inerte, terminó por desplomarse. Torció la moto y puso el húmero sobre el asfalto al girar, el carguero entró al túnel a la izquierda. Debía seguirle el ritmo, enderezó la moto y aceleró al tiempo que esquivó a dos automóviles, de derecha a izquierda.

El gran túnel, repleto de luces amarillentas rebosantes en sus ojos de plomo, conectaba a las principales calles de comercio, podías soñar con comprar todo a tu antojo y a un buen precio. Durante la persecución. Serina perseguía implacable su objetivo, ambos cruzaron la salida del túnel, cerca del segundo cruce de la vía. Uno de los androides asomó el cuerpo por una de las ventanillas

—Un GRK —dijo Serina, reconociendo el diseño de inmediato—.

Pero de repente. El androide volteó la mirada al frente.

—¡¡Gira, gira!! —gritó alguien dentro del carguero. Este colisionó contra un vehículo y terminó arrastrándose a un pequeño negocio.

El otro vehículo era más pequeño, pero iba a gran velocidad a donde estaba Serina. Con los reflejos al límite, inclinó la moto de lado y pasó por debajo. Saltaron chispas del monocasco, derivado del constante roce con el suelo; ella perdió la moto y comenzó a deslizarse, se percató del incidente junto a los cristales rotos esparcidos por el glamuroso bulevar. El carguero había atravesado las ventanas del negocio: parecía un restaurante, las sillas y las mesas estaban hechas un desorden; sin embargo, el personal se pudo cubrir con el mostrador y no habían clientes a la vista.

Serina tuvo algunos rasguños en el hombro, el asfalto le rasgó parte del suéter acompañado de arañazos. Cuando subió la mirada vió a los maleantes salir del carguero desesperados, dos por la puerta del conductor y el último usó la de carga.

—¡¡Vengan, rápido!! —les gritó, primero tenían que acabar con la LS700 antes de irse. Matarla les ahorraría un buen socavón, fueron a tomar algunas coberturas.

A diferencia de ellos. Serina entró a sus espaldas y neutralizó a uno de sus hombres de un golpe durísimo a la nuca.

—¡Está aquí adentro! —exclamó alarmante.

Un sujeto fue a darle con la cacha de su pistola, pero lo único que obtuvo fue la reacción agresiva de la LS700. Lo sujetó de ambas manos quitándole la JLGlick, después de conectarle un rodillazo al estómago, lo tiró contra la mesa y arremetió contra su cabeza de un golpe, dejándolo noqueado; su afiliado se acercó, apuntándole a ella a nada de disparar.

Pero en su defensa utilizó el cuerpo inerte a modo de escudo; se protegió de dos proyectiles y le disparó a la caja torácica, el sujeto lanzó un débil grito, antes de quedar convulsionado y malherido en el suelo. Otro más fue a atacarle, sin embargo, no tuvo tiempo a reaccionar al disparo a pura inmediatez de Serina.

Una mujer del personal asomó la vista encima del mostrador, mirando el resultado tanto del impacto, como de los cuerpos.

—¿Ustedes están bien? —les preguntó Serina de reojo, quería asegurar el lugar.
—S-sí —respondió conmocionada.
—Necesito evacuar la zona, deben salir de aquí.
—De acuerdo —le hizo señas a sus compañeros y los guio a la salida de emergencia, terminaron por abandonar el establecimiento.

Por otro lado. Serina se acercó al destrozado vehículo: las farolas estaban rotas, en los vidrios pulverizados y la carrocería torcida, sin señales de vida.

—Perdieron la vida en el impacto —explicó Serina, miró por las ventanas los cuerpos del conductor y del copiloto; no lograron sobrevivir al fuerte impacto.

Sostenía la VG-41 aún, despacio. Se fue acercando al carguero, a registrar su contenido y las supuestas unidades robadas; sorteó el pequeño trozo de metal torcido producto de la colisión, la puerta de carga estaba allí, en la acera, la abrió y como sí se tratará de una caja de sorpresas , salió el GRK a dispararle, sostenía un arma larga. Abrió fuego y le dio en el brazo; a punto de caerse, ella también disparó, hiriendo el pecho de gravedad.

—Tú...—dijo el GRK, convulsionado.

Ella lo ignoró, no quería desvelar su intención de conservarlo, la posibilidad de sacarle información y llevarlo al CPEA, pero; cuando estaba a punto de abrir la compuerta, escuchó un disparó detrás de ella.

—¿Ah? —resultó que el GRK se suicidó, con el fin de no dejarse atrapar, lo observó imperturbable —, mmm —pensó en llevarlo al equipo de reparación.

CPEA contaba con los diseños y sistema bio-tecno (el interior cibernético) de sus unidades, en el mejor de los casos.

Miró el depósito y dio con las ocho cápsulas, con sus respectivas unidades conservadas en frío. La interfaz se reactivó y resonó el crepitar de un comunicado.

—¿Cooper? —preguntó Serina, intuía que él iba a preguntar acerca del resultado final.
—Sí, soy yo, ¿estás bien?
—Tengo algunos rasguños y una herida en el antebrazo, pero aún en funcionamiento.
—Perfecto, escuché los disparos desde aquí.
—¿Qué hay del involucrado del burdel? ¿pudiste neutralizarlo?
—Claro, le cedí el resto a los miembros que fueron a mi posición ¿tienes las unidades?
—Sí, ahora mismo te estaré enviando las imágenes visualizadas, confirmarlo al equipo.
—Excelente, buen trabajo —le felicitó entusiasmado—, enseguida les avisó, también deberías quedarte en donde estás, así investigaremos más a fondo —sugirió.
—Eso pensaba hacer, pero en fin, nos veremos aquí,
señor Cooper.
—Enterado —finalizó la llamada.

Estando a solas junto al árbol suplantado en la acera, caminó al banquito ubicado debajo de este. Se sentó despreocupada y quedó sumergida en el bosque de edificios, esperando la llegada del CPEA; colocó una lectura pasajera y su sistema se encargó del auto análisis sistemático de sus heridas.

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