Relatos:Crónicas Mágicas de Valencia - Capítulo 9

De Bestiario del Hypogripho
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Capítulo 9: A año nuevo, problemas nuevos[editar]

El día de año nuevo era un día de renacimiento, de proyección, de comienzo, y de nuevos propósitos y nuevas expectativas. Habíamos sobrevivido a la terrorífica noche de Navidad, y eso merecía que el año comenzara fuerte. Pero a nosotros el año nuevo sólo nos trajo problemas nuevos.
La última horda de allanadores llegó a mi barrio. Un nuevo grupo que, desafortunadamente, resultaba ser indeseable, violento y territorial.

Los nuevos allegados se hacían llamar "Los garrotes", y básicamente eran nazis satánicos. Estas gentes, jóvenes adultos y adultos maduros con apariencia ruda, vestidos de pastores de cabra, con ramas de tomillo en la boca, bastones y extrañas camisas de tela dura con el logo de una cabeza de cabra con ojos de fuego y cuernos con forma de esvástica, se habían dedicado a vandalizar el barrio.

Estos nuevos allegados colonizaban casas por gusto y firmaban con sus motes de mierda, con pintura en espray, en todas las paredes de todas las calles del barrio... Los viejos allanadores y yo no podíamos aceptar la presencia de esta chusma. Y el día en el que estos desgraciados se salieron de la raya, varios de mis antiguos nuevos convecinos me visitaron.


Eran las diez y media de la mañana, y yo estaba en el hormigonado desván de mi casa fabricando una silla de tansio. ¡Asombroso material! El tansio, que venía preparado en polvo, al ser mezclado con agua se transformaba en una substancia vitrea altamente coherente pero también elástica. El tansio tras ser aplicado sobre barras de acero o madera, podía ser deformado tirando y moviendo dichas barras, y conservaba su forma. Este sencillo proceso de moldeado, que era similar al proceso de doblar estructuras impregnadas con agua jabonosa, producía esas formas geométricas denominadas "superficies mínimas", superficies curvadas que minimizaban el consumo de material. Tras media hora, el material terminaba de endurecerse por completo, dando como resultado el objeto moldeado, el cual era transparente, iridiscente y de elevada resistencia.

Yo me hallaba ahí mismo en el desván, fabricando una silla de tansio con una forma geométrica curva muy simple y empleando sólo alambres de acero como soporte de modelado, para substituir una de las sillas plegables que rompí.
De repente sonó el timbre. Dejé de hacer lo que estaba haciendo, y bajé dos pisos, dirigiéndome hacia mi entrada.
Miré por la mirilla y vi a un señor de prominente mostacho y vestido con un esmoquin verde y llevando un sombrerito de copa también verde. Este era un atuendo con colores similares al de Mr Green, el de los anuncios de casinos en línea, pero que recordaba más al atuendo del viejo del Monopoly.

Abrí la puerta extrañado por ese personaje.
- Hola, ¿qué quiere? - Pregunté desconfiado.

- ¡Oh! Buenos días mmm-caballero. - Saludó con una voz bastante grave y formal, como de cantante de ópera. - Mmme presentaría pero probablemente ya haya oído hablar de mí, pues soy una persona bastante importante e influyente entre los, mmm-prestatarios de hogares que moran por aquí. - Explicó.

- No tengo ni puñetera idea de quién eres. - Respondí.

- ¡Oh! ¡Vaya! Lamentable situación. En fin, no le puedo culpar de estar desconectado del mmmundo y carecer de los conocimientos más básicos e importantes. - Dijo. - Mire usted, me llaman mmm-"El Burgués verde". - Se presentó al fin, o al menos presentó su sobrenombre.

- Y... ¿Porqué ha acudido a mi casa? - Pregunté todavía confuso e impresionado.

- Mis sospechas no eran infundadas. Mmm-realmente estás desconectado de la realidad. Te lo explicaré: resulta que por los alrededores han llegado unos nuevos mmmoradores indeseados que debemos mmm-expulsar. Necesitamos la ayuda de toda la vecindad. - Explicó el pintoresco señor.
- En fin, mi tiempo de exposición ya ha mmm-terminado. La anciana le dará más detalles de la mmmisión. - Añadió.

- ¿Qué misión? ¿Qué moradores? ¿¡Pero que me estás contando!? - Intenté interrogar, pero no me dio ninguna respuesta más.

- A su tiempo lo sabrá, caballero. Mmme despido. Salutaciones. - Respondió y se dio media vuelta para irse.

Yo, aún con la cara achinada por la duda, cerré la puerta y proseguí con mi tarea de bricolaje...

- Locos, todos locos. - Musité mientras subía las escaleras.


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