Relatos:Crónicas Mágicas de Valencia - Capítulo 7

De Bestiario del Hypogripho
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Capítulo 7: Siniestro cuento de navidad[editar]

Érase una vez un desgraciado "yo" que en paz vivir quería,
pero que las condiciones su deseo no favorecerían.
Se aburría mucho y quedaba con su amigo Venancio de distinta ideología,
probó la carne de unicornio, y las depotricaciones de su amigo resistía.

Pero esto no era lo peor, pues un día él llegó.
El vendeminigolems tarado, Mortadelo después, que cosas quiso vender;
y del desgraciado "yo", un portazo en la cara recibió.
Pero ahí se quedó, hablando y hablando sólo, como un desquiciado.

Al vecindario se lo llevó el Mortadelo
y mi barrio invadido fue a causa de ello,
por allanadores de toda religión, ideología y tenor,
que circulos en las casas dibujaron de negro color.

Con Venancio quedé para comer pistachos,
yo quería jugar mahjong, mas a la brisca los apostamos.
Unos feriantes a colonizar llegaron,
y Venanció lo presintió, el racista murmuró "gitanos".

Luego un día me dio la brasa una adivina
que me quería leer las cartas la muy cansina.
Le dije "no nononó nonönonòno",
pero mi negación se la pasó por el papo.

Los vecinos desaparecidos todavía no han regresado,
pues el Mortadelo supuestamente los ha secuestrado.
Me hallo, pues, de presuntos "okupas" rodeado.
Y pues a ellos he visitado, y para cenar en piña hemos quedado.

En la noche de nochebuena,
tras el mensaje del rey Pepe no haber escuchado,
las ventanas y puertas cerramos,
las chimeneas tapiamos.

Las rejillas de ventilación bloqueamos,
pues una criatura ancestral sobre cervimuertos montado,
con pequeñas estatuillas tribales vivientes acompañado,
podría penetrar en nuestro hogar este año.

La tradición mandaba pues, asegurar la casa,
y esta tradición no se daba sólo en nuestra región.
Todo el mundo la poseía, desde China hasta la India.
Y si no la acatabas, a tu casa llegaría un ser fuera de la creación.

El extraño ser humanoide por la chimenea se deslizaría, su cuerpo aplasta y por las rejillas reptaría,
o por la ranura de las cartas se colgaría. Su cuerpo disloca y deforma en horribles formas.
Los huesos se rompen y se rehacen, crujen y resuenan,
y al ver su rostro destrozado el horror induce y demente quedarías.

Si a tu casa decide ir y consigue entrar, y has sido bueno, quizás te regale algo...
Una cabeza de cordero mutilada, un ojo en ámbar conservado,
carne y entrañas humanas deshuesadas, una muñeca de trapo,
unas bayas emborrachacabras o vainas del diablo...

Si has sido malo y en las manos de sus pequeños secuaces has caído, desapareces sin dejar rastro...
Quizás en una mancha de sangre, ceniza y jabón te ha transformado;
sin piel, sin carne, sin entrañas, sin huesos que hayan quedado;
o con dientes, pelos y uñas de pistas avisando.

Pero difícil es que algo deje el ser,
todo aprovecha y todo usa para regalos hacer,
macabros regalos salidos de pesadillas,
que jamás de nuevo tranquilo dejarán dormirte en la camita.

Es poco probable que te visite, pero por si a caso sucede, nos encerramos y todo sellamos.
Rodeados de todos, y con la suerte los tequíferos céntimos del tahúr encantados.
La nochebuena es para estar con la familia y los amigos, agrupados, vigilantes y armados.
Y en reclamo de protección a los dioses, algunos un pequeño abeto han quemado.

Los druidistas del coloquio agarrados a un eguzkilore duermen,
los sintoistas durante la noche onomaris fabrican,
las wiccans círculos de protección dibujan...
Yo la tripa me rasco a dos manos, me trae sin cuidado.

¡Quemad madera en la chimenea! Así nada entrará, y lo que entre arderá.
¡Colgad cebollas y ajos recién cortados, fermentados con pis de gato!
La criatura de navidad odia los espíritus amónicos y sulfurados,
y al olerlos huirá el muy miserable y desgraciado.

Y pues queremos sobrevivir a esta nochebuena, y ver otra nochevieja.
A los dioses protección imploramos...
Finalmente, a otra nochebuena se sobrevivió,
y pues este siniestro cuento de Navidad por ahora terminó.

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