Relatos:Crónicas Mágicas de Valencia - Capítulo 4

De Bestiario del Hypogripho
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Capítulo 4: Los payasos de la tele[editar]

Los días se sucedieron, y otros hechos misteriosos tras el escape del Mortadelo provocaron, finalmente, que el presidente de la Comunidad Valenciana declarara la alerta roja en toda la provincia.

Durante esos días también fui entrevistado por la guardia civil, la policía e incluso las fuerzas de defensa contra las artes oscuras. ¿La razón? Todas las personas de mi barrio, salvo yo, desaparecieron tras el día de la visita del vendeminigolems, presuntamente una de las personalidades del Mortadelo. El vendeminigolems tarado que me visitó era el principal sospechoso, pero tampoco se fiaban de mí a falta de cualquier otro testigo... Yo también podría ser el Mortadelo de igual forma.
Fuere como fuere, me dejaron libre al cuarto día. Creo que concluyeron echarme un hechizo de observación para comprobar que yo no hiciera nada raro... Espero que mis hipotéticos y distantes guardianes disfruten del paisaje cada vez que yo vaya al aseo a defecar con ganas.

Bueno, paranoias a parte y siguiendo el hilo del asunto. La universidad en la que yo trabajaba categorizando pociones, cerró tras el informe de alerta roja, y ahora me paso los días aburrido en mi casa y dando algún paseo de vez en cuando. Por suerte cobro una especie de pensión temporal (bastante menor al salario estándar, cabe destacar) hasta que finalice el estado de alerta, lo cual se traducen en más vacaciones y mal pagadas para mí. Además, hoy ha sucedido algo nuevo...


El día comenzó como cualquier otro. Ahí me hallaba, somnoliento, circumspecto, nefelibato y taciturno... en resumidas cuentas: empanáo como si se me hubiera fundido el cerebro. Pero muy empanado, en serio.
Todas mis mañanas eran un combate campal contra el frío precipitante y las secuestradoras mantas de mi cama, y hoy no sería la excepción. Me hallaba empanado observando la etiqueta de unas de mis salsas favoritas del Mercadona mientras mascaba pipas, sentado sobre mi cama y en calzoncillos a las 10:23 de la mañana. La etiqueta decía así:

"Almidón de maíz, zumo de arándanos concentrado, sal, azúcar, vinagre de vino, pimienta, aceites de hierbas aromáticas (clavo y lavanda), aceite de oliva, capsaicina, corrector de acidez E-noséqué, corrector osmótico E-nosécuantos, conservante E-algo y E-otromás, extracto de mandrágora, extracto de nuez de cola. 
Alérgenos (!): puede contener trazas de frutos secos, cristales orgónicos, marisco y belladona."

Tras desempanarme un poco, volver a empanarme, mirarme al espejo, y contemplar la pared media hora, concluí tomarme un café aguado con media cucharadita de polvos de hadas, eso siempre me energiza en gran cuantía.
Ya era noviembre, y ya habían pasado dos semanas desde que el Mortadelo escapó del centro psiquiátrico de Picaña y me visitó el vendedor tarado. Dos días después de ese evento, se denunció la desaparición del vecindario de mi barrio.

Tras malgastar medio día, me puse a ver el debate electoral. Este debate fue especialmente estresante con Santiago Abascal presente e impositivo, y sus contrincantes estaban pusilánimes como siempre. A este paso, no me extrañaría que VOX acabara aliándose con el PME, Partido de los Mortífagos de España.
Por otro lado Ciudadanos estaba en las últimas, el cambiar de alianzas cada dos por tres les había pasado fractura, y su representante hizo el siguiente comunicado:

"- Las losas nos proporcionan los nutrientes."


Yo, sinceramente, no comprendí muy bien el mensaje. A decir verdad, Alberto Rivera tenía muy mala cara, parecía desnutrido, e incluso hechizado por alguna bruja o chamán.

Y ya está, dejé de ver el debate y apagué el televisor porque empezó a aburrirme, y probablemente no oiría nada satisfactorio, trascendente ni interesante. Más bien, me estaba enervando, sacándome de mi estado apacible original, en parte también por culpa de la cafeína. Yo necesitaba relajarme, no sufrir más ansiedad, y quizás comprar nuevos ansiolíticos de la farmacia o el herbolario.
Me asomé por la puerta de mi casa para ver si veía algo interesante, y no vi nada, sólo una planta rodante. Volví a entrar a mi casa y a sentarme en el sillón, con mala cara de pereza y aburrimiento. Comencé a pensar en quizás realizar un viaje, unas pequeñas vacaciones por así decirlo. Pero hacerlo en soledad carecía de gracia y emoción. Quizás debía visitar a mi "amigo" el cazaunicornios, el que me llama "Joto", Venancio, proponerle tomarnos unos días de vacaciones por Burgos y Euskadi, ahí haciendo compañía a las vacas e hinchándome a bombones de morcilla y guindillas ibarra. No era mal plan.

En realidad yo ya me estaba aburriendo demasiado, y cada mis ideas para distraerme iban a peor.

Volví a encender el televisor, otra vez puse el debate electoral, aunque me hacía poca gracia. De pronto el programa del televisor fue interrumpido por un anuncio de venta, en él aparecía una especie de vendedora de mercadillo gitano fusionada con un vendedor de top manta:

"- ¡Vendemos minigolems! Sí, sí, ¡minigolems!
Mingolem bueno, bonito, barato. ¡Triple bien para tí!
Tenemo minigolem de arcilla, de PVC, de bronce, de tu cara bonita.
¡Ay mi arma! ¡Que me loz quitan de las mano!"

Luego, en otra escena del anuncio, apareció un hombre vestido con bata de laboratorio que tenía una cara parecida a la de la vendedora previa... y tenía una cara muy parecida a la del vendedor de minigolems que me visitó hace casi dos semanas. Sonaba su voz en español sobre una voz en inglés, que probablemente estaba inventado ya que no paraba de pronunciar "bejaindemusgo":

"- Nuestra empresa es pionera en la fabricación de minigolems. Ahora, además de nuestros minigolems resistentes y ornamentales, también tenemos minigolems biodegradables de turba compactada, de vermiculita, y de mezcla de arcilla con feldespato de amonio. Son muy fértiles y pueden ser empleados a modo de maceteros o minijardines vivientes. Si aprovecha esta oferta y llama ahora, podrá adquirir un minigolem de mezcla de substrato completamente gratis junto a su pedido. No deje pasar esta oferta, y llame ahora al número que aparece en pantalla:"

El anuncio también fue interrumpido, ahora por una noticia de última hora desde un canal intrusivo de emergencias.

"- Información de última hora. El peligroso sujeto conocido como "el Mortadelo" ha secuestrado el centro de emisoras nacional y propagado un anuncio de venta de minigolems por todos los canales de Mediaset España. La guardia civil con la ayuda de la policía ha conseguido penetrar en el edificio, pero "el Mortadelo" ha desaparecido en extrañas circunstancias junto a todos los trabajadores. (...)
- Esta no es la única aparición de "el Mortadelo", pues supuestamente ha sido avistado previamente en diversos lugares de España bajo el personaje de un vendedor de minigolems insidioso, y puede haber causado la desaparición de las personas del barrio San Marcelino en la ciudad de Valencia. Se ruega, en caso de avistarlo, llamar inmediatamente a la policía. Aquí les mostramos una imagen del sospechoso.
- La junta de defensa contra las artes oscuras ha ordenado el despliegue de escuadrones de brujas voladoras y magos de incógnito en todas las ciudades para su búsqueda y captura."

Tras acabar el teleinformativo de emergencias, todos los canales de Mediaset estaban en Stand-By.

Apagué el televisor, estupefacto.

- ¿¡Pero esto qué es!? - Me pregunté horrorizado.

Estuve horas sin encender el televisor, pero, nuevamente el aburrimiento se hacía atroz. Pensé en salir a la calle para visitar algún parque... pero la verdad fuera de mi casa no me sentía seguro. Encendí el computador y carecía de conexión a internet, probablemente por la misma razón por la cual estaba en Stand-By. Seguramente había sido cortado de forma intencional por parte de las fuerzas del orden mientras ellos hacían lo que estuvieran haciendo para protegernos o yo qué sé ya.

Volví a asomarme por la calle. Nada. Ni peatones ni coches. Tan sólo veía en el cielo alguna que otra agente especial de la brigada de las "brujas voladoras", con su uniforme policial púrpura, sentada sobre su característica escoba voladora de fibra de carbono. Regresé al interior de mi casa.

El aburrimiento se hizo tan atroz que decidí encender, otra vez más, el televisor. Todos los canales estaban, todavía, en Stand-by, salvo uno. Puse ese canal, parecía que estaban haciendo un programa sobre payasos o algo. Los colores se veían bastante desaturados y el sonido sonaba como a radio vieja.

- ¡Cómo están ustedes! - Exclamó el payaso del televisor, el cual me recordaba vagamente a Krusty el payaso, un personaje de los Simpsons. Este era calvo y presentaba tres extrañas pelucas o pelambreras con forma de cono y de color turquesa, dos a los extremos de su calvicie, y otro más sobre lo que sería su coronilla.
- ¡Soy el payaso Klavario! ¡Y he venido a clavaros un clavo! - Exclamó, y dio una fuerte y sonora bocanada de aire. El payaso gritaba a toda voz, saturando el sonido del televisor de forma insoportable, y no paraba de hablar sin parpadear ni una sola vez. Sus ojos rojos pareciera que fueran a salirse de sus órbitas. Las venas de su cuello se marcaban en exceso. Era siniestro... pero la verdad me hacia algo de gracia, para ser sinceros. Quizás me hacía gracia a causa de mi mal estado mental, por el exceso de ansiedad, la incertidumbre o el imsomnio. No lo sé.

En la siguiente escena el payaso Klavario se encontraba junto a un grupo de monjes calvos en el Tíbet que intentaban meditar en paz. Él se dedicaba a lanzar tartas una y otra vez sobre las calvas de los pobres monjes que meditaban inmóviles con los ojos cerrados. A uno incluso le lanzó una bombilla incandescente típica con toda la mano abierta. - A calvario de calvos, a bombilla buen bombillazo. - Dijo. Me descojoné.
Las tartas se acumulaban sobre el suelo, la vestimenta y las cabezas de los pobres monjes. Así continuó durante un cuarto de hora, era hipnótico.

Uno de los monjes ya se hallaba enterrado bajo una montaña de tartas estrelladas cuando de pronto la escena cambió. Ahora aparecieron tres payasos.
-Hola caballereses, soy el payasyaso siniéstrare.- Dijo el primer payaso, con una voz perversa e inquietante, y con cara arquetípica de pervertido mientras movía los dedos como si toquetearan senos. La pintura de su cara era completamente verde y esbozaba una sonrisa extremadamente amplia y acalambrada, con ojos tan abiertos que parecieran que fueran a saltar para comenzar a colgar. El payaso sacó su lengua y comenzó a relamerse mientras veía a la cámara (o a los videntes tras el televisor) insinuando un fuerte deseo lujurioso.

-¡Y yo soy el puto payaso psicótico, hostias!- Gritó el segundo payaso a toda voz mientras se liaba a puñetazos con el aire y despúes abollaba uno de los muebles de metal tras él a patadas. Sus venas se marcaban por todo su descomunal y musculoso cuerpo, y su respiración era pesada. Toda su piel estaba enrojecida por la ira, como si se hubiera quemado tal guiri borracho al sol. Este llevaba una máscara muerta de payaso... el tipo de máscara que llevaría un atracador de bancos o un psicópata.

-Y yo zoy el payacito ludópata.- Dijo el tercer payaso con voz de gallo borracho. Este parecía un payaso normal y corriente, pero con un aspecto horrible, como si viviera en la calle bajo cartones. -¿Sabéis cuál es mi juego favorito?- Prosiguió el payaso ludópata. -Pues mi juego favorito es la ruleta rusa. Aunque no lo juego mucho porque es muy peligroso para la integridad física, como el Monopoly.- Explicó. Tras eso sonó una poderosa risa enlatada. Yo también reí. Me hizo gracia el chiste.

No sabía cómo, pero tras tantas noticias terribles y sucesos extraños, me sentía altamente risueño y desinhibido gracias a este programa, el único que retransmitía por televisión... Llegué a pensar que esto no era normal, pues no lo era, pero ignoré el pensamiento. Quizás no debí ignorar ese pensamiento...

-Decidme niños: ¿Mejoraría nuestra vida si tomáramos todas las decisiones tirando un dado?- Preguntó el payaso ludópata. -Ciertamente sería un método rápido de decisión...- Prosiguió y sacó unos dados mientras se tambaleaba sobre el escenario. -Veamos, ¿jugamos a la ruleta rusa?- Dijo, y lanzó dos dados. La cámara enfocó los dados, salió dos 6, luego la cámara volvió a enfocar al payaso.

-¡Oh! ¡Dos seis!- Exclamó el payaso con cara de sorpresa mientras miraba fijamente los dados y se llevaba las manos a la cara para exagerar todavía más su expresión. -Pues juguemos a la ruleta rusa.- Dijo, y se llevo una pistola la boca. Apretó el gatillo.

Realmente no quiero describir que sucedió. Tras apretar el gatillo, la cabeza del payaso estalló con el atronador disparo, y fragmentos rojizos impregnaron la pared del tétrico escenario. Después, la imagen comenzó a fallar, y pronto apareció la cara original de aquel a quien llamaban "el Mortadelo". Miraba fijamente a la cámara o a quienes veían el televisor. Miraba fijamente con la cabeza inclinada y una extremadamente estirada sonrisa.
Tras esto, el televisor estalló.

Me quedé a cuadros. ¿Porqué no obedecí a la razón y la lógica, esos pequeños pensamientos que gritaban que el hecho de que todos los canales no funcionaran salvo ese no era normal?

Sólo una frase vino a mis labios, escupida con ansiedad: - ¡Lexatín, Lexatín! - Y tan pronto como exclamé estas dos palabras, salí escopeteado al armario del baño, en busca de los ansiados ansiolíticos.

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