Relatos:Crónicas Mágicas de Valencia - Capítulo 3

De Bestiario del Hypogripho
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Capítulo 3: Mortadelo anda suelto[editar]

Era un sábado a las ocho de la mañana... Yacía en mi cama, descansando con el dulce entretenimiento del ensueño. Las persianas estaban bajadas en mi dormitorio permitiendo que la oscuridad y el fresquito inundaran mi habitación.

Este descanso en el que yo me hallaba era más que merecido, pues había pasado una semana dura. Mi equipo de investigación y clasificación tuvo que reeditar 5.364 entradas sobre pociones debido a un pequeño cambio de definición lingüística académica de última hora... un verdadero asco que podríamos haber prevenido fácilmente estandarizando la estructura de los artículos, lo cual habría permitido realizar correcciones automatizadas con una IA.

Me despertó el timbre de mi puerta interrumpiendo un fascinante sueño en el cual yo comía y comía deliciosos sacapuntas hechos de tocino y rebozados, rellenos de miel y con caritas de perritos, sin parar. Sí, mis sueños son raros, pero ¿quién tiene sueños normales? Al menos la experiencia era agradable.

Desperté y, tras cagarme (verbalmente hablando) en los testigos de Jehová, el culto Carmesí, la orden de Dagon y todas las demás organizaciones religiosas insidiosas, esas que te visitan a domicilio por las mañanas interrumpiendo tu sueño para propagar sus insulsas ideas e intentar convertirte, decidí levantarme. Ya estaba sonando el noveno timbretazo cuando me desarropé de un tirón y con ganas de descuartizar a quién fuese quien interrumpía mi sueño.

Me dirigí en calzoncillos, legañoso y despeinado a la entrada cruzando varias puertas por el pasillo y el comedor. No sabía qué clase de trastornado estaba llamando tantas veces a mi puerta, pero yo sólo tenía ganas de arrancarle el hígado a mordiscos. Quizás debí haber pensado mejor antes de abrir la puerta sin mirar por la mirilla.
Abrí la puerta con una sonrisa psicópata y tics en el ojo izquierdo, y observé que quien llamaba no era un propagandista religioso ni un policía, tenía una extraña apariencia. Este engendro rompesueños y revientahuevos era un cruce entre el viejo del monopoly, un herrero y un fumigador. Casi se parecía al Señor de la RAE, ese personaje de un sketch de Jose Mota, pero con un toque más a Steampunk. Seguramente no sabréis de qué estoy hablando. Bueno, sólo decir que su aspecto era excesivamente formal y anticuado, a la vez de extraño y pintoresco.

- ¿Qué quiere? - Pregunté bruscamente y sin ni una pizca de buenos modales. El extraño sujeto me miró de arriba a abajo, y de abajo a arriba. Tras estar varios segundos en silencio con esa estúpida sonrisa que imitaba siniestramente mi forzada risa psicópata, me habló.

- ¡Buenos días morador de este habitáculo! Vengo a hacerle una interesantérrima oferta. ¿Sabe qué es un minigólem? - Dijo. Hablaba un poco raro, con palabras inventadas y una entonación de presentador del circo.

- Sh...sí. - Respondí arrastrando la ese y poniendo cara de oler a mierda. ¿De verdad habían interrumpido mi sueño para intentar venderme un cacharro que no quería? ¿Eso es legal en España?

- Pues no se preocupe, le explicaré qué es un minigólem. - Me contestó ignorando mi respuesta, el muy gilipollas.

- Sé qué es un minigólem. - Recalqué, por si acaso este sujeto estaba sordo o era disléxico. Aunque él probablemente sólo tenía ganas de molestarme con un producto que no iba a comprar, dándome todo tipo de detalles innecesarios de forma espectacular, detalles que yo no iba a escuchar.

- Un minigólem es, como su nombre indica, un gólem de tamaño reducido. Y eso es perfecto, pues al tener la estatura de una persona de baja estatura, podrá tenerlo en casa. - Me explicó el cansino, ¡como si yo no supiera qué es un minigólem!

Carraspeé. - No me interesa comprar un minigólem. - Respondí tajante con la voz alzada.

- ¿Le interesa tener un minigólem en casa? - Me preguntó a pesar de mi previa respuesta. Cerré mi puerta con ira. El siguió hablando.
- ¿Sí? ¿Desea adquirir un minigólem? ¡Perfecto! Pues ahora le explicaré la gran variedad de minigólems que hay. - Quedó claro. No estaba sordo, sólo era gilipollas. Siguió hablándome mientras yo lo miraba de reojo a través de la mirilla, él tenía sus siniestros y hundidos ojos fijados en la nada.
- Mire, tenemos minigólems de mimbre, de madera, de arcilla, de mármol, de granito, de cemento y hormigón, de ladrillos, de cerámica, de mica, de gresite para piscinas, de gneis, de..- Proseguía.

- Que, no, quiero, un, puto, minigólem. ¡Váyase a la mieeerda! - Le respondí ya desesperado y pausadamente desde detrás de la puerta para ver si al menos una pequeña porción consciente de él me oía desde su trance maniaco de vendedor ambulante tarado. O al menos, así conseguí desahogarme durante un rato.

- Lamentablemente ya no fabricamos gólems de caliza ni yeso, pues son muy poco resistentes y se desgastan en seguida. También tenemos minigólems de acero inoxidable, de bronce, de latón, de fundición gris, de acero damasquino, de mokume-gane, de..- Desgraciadamente este tarado proseguía con su fútil explicación.

Cerré los pestillos y me puse a ver el televisor a todo volumen. El vendedor aún seguía parloteando psicóticamente desde fuera, pegado a mi puerta cerrada.

- Sí sí. También tenemos minigólems de PVC, de arcilla polimérica, de caucho, de...- Yo oía en la lejanía. Y así seguía y seguía y seguía.

Decidí cerrar también los cerrojos secundarios de la puerta y llamar a la policía, pero esta no comunicaba. Colgué y decidí volver a la cama, pero ya no tenía sueño. El panorama comenzaba a preocuparme. Quizás este supuesto "vendedor" había escapado de algún hospital psiquiátrico en mi búsqueda, como el psicópata de la película "El Cabo del miedo". Decidí ignorar esta idea y ponerme el chándal, desayunar un buen vaso de leche con colacao aliñado con un sanísimo chorrito de ron, y ponerme a ver la televisión.

De vez en cuando miraba por la mirilla, y ahí seguía el vendedor tarado hablando sólo.

- ...efectivamente, mi empresa también fabrica mimigólems de fuego, de plasma y de neblina luminescente. Hay quienes los llama djinns, pero yo considero que esto es erróneo, pues un djinn es una entidad consciente y divina, mientras que un gólem es un fiel sirviente automático y carente de consciencia que cumplirá todas sus órdenes y facilitará su vida... (...) obviamente cada minigólem tiene un precio diferente según su dificultad de infusión y el material empleado, pero mi empresa le ofrece minigólems a un módico precio. Si encuentra uno más barato, le devolvemos el dinero...- Ahí estaba el tarado, no se callaría ni bajo del agua.

Por la mirilla también vi como los vecinos transeúntes miraban a este extraño sujeto cada vez que pasaban. De hecho, algún vecino se quedó ahí mirando o grabando con su teléfono móvil. Habían grupos de personas que pasaban por ahí y murmuraban a las espaldas del extraño vendedor maniático. Al vendedor no le importaba, él seguía hablando... y despedía un aura inquietante.

A las once de la mañana decidí volver a mirar por la mirilla. Ya no había nadie, el tarado se había ido... o eso era lo que yo creía. De repente apareció su careto a través de la lente y acercó su ojo al otro lado de la mirilla, pegándome un buen susto que hizo que me cayera de culo en el suelo. Este tarado se estaba escondiendo tras la puerta agachado.

- Y bien, ¿qué modelo decía que le interesaba encargar? - Preguntó. Yo me mantuve en silencio para ver si se iba de una puñetera vez, pero este seguía hablando. - ¿Hola? Sé que me está escuchando. Puedo ver tu corazón palpitando fuertemente a través de la puerta. - Prosiguió, ahora con una voz algo más rota y sombría. Estas palabras me inundaron de terror.

- ¡Qué te vayas a la puta mierda! ¡Que no quiero ningún puto minigólem! ¡Taráo! ¡Que eres un puto taráo! ¡Voy a llamar a la policía, hijo de puta! - Le grité desde detrás de la puerta, dentro del interior de la casa.

Ahora sí, con decisión y un gran cabreo, volví a llamar a la policía. Otra vez estaban comunicando los muy vagos. Finalmente, y mientras yo sufría una especie de brote psicótico, o quizás sólo era la desesperación, pillé un cetro mágico de mano del armario, y abrí la puerta decidido a propinar un fuerte garrotazo sobre el cráneo del vendedor con dicho cetro, si bien mi intención inicial era lanzarle un hechizo propulsor para eyectarlo fuera de la entrada de mi casa... Pero el vendedor ya se había marchado.

- ¡Al fin! ¡Joder! ¡Hostia! - Grité a pleno pulmón con la puerta abierta a la calle. Sencillamente yo ya no podía contener mi ira e impaciencia.

El vendedor tarado se había ido, pero tardé algo de tiempo en percatarme de que, a la vez de que el vendedor no estaba, no había nadie más por la calle. Parecía un barrio fantasma, pues ni coches pasaban. Ni si quiera las aves se oían.

Ahora que ya se había ido este sujeto insidioso, y tras revisar bien que no estuviera en ninguna esquina de la calle observándome en la distancia, decidí irme al interior de mi hogar a revisar también cada habitación e incluso en mis armarios y por debajo de mi cama. Una vez me aseguré de que ese sujeto realmente ya no estaba en mis alrededores, me preparé para hacer la compra.

Según lo planeado la tarde anterior, debía hacer la compra en una tienda de otro barrio alejado varias manzanas. La tienda cerraría pronto, sin embargo, a causa de la reciente y extraña experiencia, no deseaba salir de casa. Temía que ese tarado pudiera aparecer de repente y atacarme por la calle o colarse en mi hogar mientras yo no estaba.

Finalmente, y si bien no trago al calvo de Jeff Bezos, que no tiene ni un pelo de tonto, me resigné a hacer la compra por Amazon.
Compré chapamasca, chiles "lucero del alba", paubarán y fanta de trufas. El pedido llegaría a mi hogar en 8 horas, siendo traído por una lechuza.

Me levanté de mi silla del escritorio y me senté exhausto en el sillón para mirar la televisión y olvidarme un poco de lo sucedido por la mañana. Me descalcé, agarré el mando y encendí el televisor. Comencé a pasar canales, hasta que un programa de noticias me llamó la atención. Las noticias hablaban sobre el escape de un peligroso personaje del centro psiquiátrico de Picaña, un pueblo cercano a Valencia. Este individuo no tenía un sólo nombre, sino miles de nombres, miles de caras y miles de profesiones.

Se trataba de un paciente con un caso extremo de trastorno de personalidad múltiple, de hecho un nuevo tipo de trastorno mágico llamado "trastorno de personalidades infinitas", un poderoso mago cambiaformas enfermado que recibía el sobrenombre de "Mortadelo", como en los tebeos de Mortadelo y Filemón. Este personaje era causante de cinco quiebras del banco nacional español, del suicidio colectivo de una aldea completa en Alemania y del ascenso de Justin Bieber a la presidencia en Gran Bretaña, entre muchas otras desgracias. De hecho, en algunos países ya se intentó "ajusticiarlo" (ejecutarlo) en vano por sus crímenes contra la humanidad.

En las noticias también se mostró una diapositiva con diversas fotografías de las caras posibles que pudiera tener el peligroso mago, y una de esas imágenes me recordó a la cara del vendeminigólems trastornado que había interrumpido mi sueño esta madrugada... Era idéntica.

Me quedé pensativo a la vez que aterrorizado. Apagué el televisor estresado y volví a llamar a la policía para denunciar al tarado que me había acosado esta mañana. La línea seguía comunicando sin respuesta, y no estaba cortada, ya lo revisé.

- ¿Qué está sucediendo? - Me pregunté inquieto.

Concluí prepararme una relajante tila con manzanilla y valeriana a la cual también agregué varias gotas de láudano para apaciguar el horror que aplastaba mi pecho y adolecía mi cabeza.

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