Relatos:Antes que esclavos...

De Bestiario del Hypogripho
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CIUDAD CONTROL, FRAGMENTO DE TERRA FTSC-186
- Vamos, ¡Que el espíritu de 10122 viva en nosotros! ¡Por la revolución! - Rugió la voz agitadora, llevando una bandera sucia y raída que flameaba dramáticamente contra los últimos destellos de luz natural en el atardecer.
Las hordas de seres humanos, apenas nutridos, con equipo obsoleto, saltaban sobre los cadáveres de sus camaradas para asaltar las ciclopeas máquinas-pulpo, de cientos de metros de altura, que los calcinaban con rojos rayos laser en esa noche maldita.
Pero había demasiados humanos.
El Régimen de la Redención nunca se había preparado para tener que luchar directamente a muerte contra millones. Miles, sí, tal vez decenas de miles; pero no había suficientes baterías, suficientes suministros, como para que las Centinelas calcinaran a una gran parte de la población en apenas unas horas. Las fuentes de energía integradas se secaron, los cables fueron cortados, las superficies de pulido metal fueron chamuscadas y rotas por las balas y las llamas.
El Palacio del Megagobierno se hallaba vulnerable.
INTERIOR DEL PALACIO DEL MEGAGOBIERNO
REUNIÓN DE MÁXIMA EMERGENCIA DEL CÍRCULO CENTRAL
El recinto oscuro y ovalado alojaba unas figuras apropiadamente ovaladas y oscuras.
- Señores, me temo que no hay forma en la que podamos detener a esta marea humana. -Anunció el Primer Ministro a la asamblea de cultoinversionistas que se habían agolpado en la cámara-bunker.
- ¿Y las llamas atómicas? Ellos mueren aquí, nos reconstruimos en Etaria... -Propuso el Ministro de Exterminio.
- Me temo que los silos han sido abrumados también por las protestas. Muchos de los comandantes de misiles se unieron además a los insurrectos. - Aseveró el general Krodd.
- Sí, no hay esperanza. Seremos masacrados, así que mejor repartimos nuestras acciones para nuestros hijos en el exilio.
Sin embargo, la puerta ultrablindada se abrió. Todos temieron la muerte, que no perdona a nadie, por un instante. Sin embargo, no se trataba de eso, sino de la salvación...
Era el Ministro de Información y Espionaje, Cornelius Fudda. Un hombre lánguido y anteojudo con un traje muy fuera de moda, se había establecido a sí mismo como un genio.
- Caballeros, si me lo permiten: Nuestro análisis de redes ha encontrado un ente agitador principal entre la protesta. 
- Por favor, como si no lo hubiéramos intentado... - Objetó el primer ministro.
- Sé que los análisis anteriores habían sido fallidos, -Interrumpió Cornelius.- pero ésta no es una notabilidad inmediata. Verán, notamos que la misma persona ha estado promoviendo la revolución, bajo distintos nombres, durante los últimos 161 años, por lo menos. Nuestros registros no van más atrás debido a la Gran Purga de Registros, como sabrán.
- Es imposible, ningún hombre vive tanto salvo por Ur-Inmortales. -Masculló el Ministro de Secretos Oscuros que hacen Perder la Cordura.
- No imposible. Improbable ciertamente, seguramente un factor desconocido. Pero ya descartamos lo imposible muchas veces; por lo tanto lo improbable debe ser cierto. -Aseguró Fudda, acomodándose los anteojos.
- ¿Y qué hacemos con esto? -Permaneció escéptico el Primer Ministro.
- Tenemos una oportunidad única, la chance de capturar a esta persona, que creíamos legendaria... hacerla confesar por su conspiración y ejecutarla frente a todos para desmoralizarlos, antes de que sea tarde. -Propuso el Ministro de Información.
- Un curso intrigante. -Pensó el Ministro de Exterminio.- Una vez aplastada esta pequeña insurrección, podemos ganar unos años o al menos unos meses con los cuales liquidar al resto de excedente biótico...
- ¿Qué estamos esperando? -Se preguntó Krodd.- ¡Vamos, calibren los Atrapadores con el rostro de este hombre!
- Mujer. -Sonrió levemente Fudda.
CÁMARA DE EJECUCIÓN N°4423
SENTENCIA SUMARIA DE NI 43.176.150.287
- Sujeta, se le ha hallado culpable de insurrección, sedición, subversión, y el cargo más grave de todos, evasión de identidad. ¿Dará usted gloria al Estado Corporativo con su último aliento, o maldecirá y se convertirá en odiada por las generaciones?
El juez miró gravemente luego de pronunciar las ensayadas palabras, pronunciadas con ligeras variantes en los cargos muchas veces antes, con su voz amplificada por un biochip que la hacía más dramática. Cerca de doscientas cámaras de televisión miraban, junto con todos los ministros que habían asistido presencialmente.
La mujer, ordinaria en todo aspecto, parecía joven; estaba atrapada contra la pared de brazos y piernas. La farsa era evidente: No había habido juicio, solo sentencia. El odio podía verse en sus ojos, aunque ya anticipaba todo lo que iba a pasar. E incluso, lo que ella iba a hacer.
- Ejecútenme. -Dijo secamente.- Ya daré mi declaración más tarde.
Los ministros rieron un poco mientras otros se veían preocupados. La prisionera tenía un seco e inusual sentido del humor.
El Ministro de Exterminio dio la orden de bajar la icónica palanca, y el ácido cayó sobre la figura humana; precisamente calibrado para disolver la carne y preservar los huesos, que se añadirían como advertencia al Muro del Disenso.
Tan horrendo espectáculo duró por apenas unos segundos mientras toda la sangre y carne caía a un contenedor plástico a los pies de esa una-vez-mujer, junto con sus ropas convertidas en una baba indistinta. Huesos limpios se hallaban encadenados. Los televisores mostraron afuera una multitud en vilo, llorando amargamente a su abanderada, cuya calavera inmóvil pasó a llenar completamente la pantalla.
Y luego, ella habló.
- ¿Habéis terminado, cobardes?
El hecho era tan inesperado y sin precedentes que se hizo un silencio sepulcral. Nadie podía reaccionar de ninguna manera.
- Bien, veo que el esqueleto les comió la lengua. Pues sí, he sido una insurrecta, una subversiva y una sediciosa, ¿Y qué? Y cambié de identidades, por supuesto, muchas veces.
Mirar a ese esqueleto pronunciar algo que a todas luces sería imposible había dejado a todos absolutamente helados.
- Sí, -Continuó la calavera.- Ustedes me hubieran conocido como Boudica, Juana de Arco y Emma Goldman. Eso es, si no hubieran borrado todos los registros. Una vez fui Hipatia de Alejandría... 
El silencio, ya sepulcral, se profundizó hasta las catacumbas. Nadie sabía quienes eran esas personas. La muerta lo notó.
- ¡Pero suficiente! Estoy cansada de ser ejecutada, apedreada y quemada como bruja... ¿Saben que nunca fui destruida realmente? No, fui enviada aquí con una misión revolucionaria, pero la arruinan una, y otra, y otra vez. Si lo arruinan esta vez ya no habrá posibilidad. Sí, esto que hago es romper las reglas, ¿Y qué? -Se dijo, como para sí misma.- ¿Me dirán que ustedes no están en liga con un Ur-Demonio? Nivel más, nivel menos... -Pareció excusarse de alguna transgresión incomprensible.
- ¡DESTRÚYANLA! -Ordenó  el general Krodd, aprovechando el momento de disgresión. Los robosoldados alistaron sus armas.
- Oh, por favor... -Pronunció ella, como cansada. 
La esqueleto dislocó sus manos y pies uno a la vez, girando rápidamente alrededor del espacio en la pared, permaneciendo sujeta por una sola muñeca mientras esquivaba las balas de grueso calibre. Luego, por fuera del cepo, se volvió a colocar las manos y pies uno a uno, y con una pirueta saltó detrás de uno de los robosoldados, arrancando su brazo mientras los demás le disparaban en el pecho y la cabeza. El metal hecho pedazos se desintegró, pero el brazo-ametralladora estaba en manos de la criatura esquelética. En cuestión de instantes todos los ministros y especialmente el General eran cadáveres sangrando en el suelo. Los esclavos-camarógrafos captaron todo, como hipnotizados por la acción. Al perder los signos vitales que emitía el liderazgo, todos los robosoldados e incluso los Centinelas de afuera alegremente se autodestruyeron con multitud de microexplosiones, un mecanismo diseñado para negarle la tecnología e información al enemigo. Varios edificios gubernamentales comenzaron a similarmente implosionar y autodemolerse.
La esqueleto subió al techo para ver las multitudes fuera, conmocionadas. Por un instante, todo estuvo quieto. No sabían cómo reaccionar. La mujer que siempre habían amado era una clase de criatura sobrenatural por fuera de toda definición convencional de vida. Pero su voz seguía siendo la misma. Tomó una de las viejas banderas, abandonadas por la turba...
- ¡Liberación! -Gritó levantándola. Primero un niño, y luego toda la muchedumbre, estalló en vitores.

Véase también[editar]

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