Ocultoteca:El Libro de los Muertos

De Bestiario del Hypogripho

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Edición preparada por José María Blázquez Martínez y Federico Lara Peinado (introducción de José María Blázquez Martínez y traducción y notas de Federico Lara Peinado). Colección "Clásicos para una biblioteca contemporánea".

Introducción[editar]

La literatura egipcia de carácter funerario[editar]

El pueblo egipcio, a lo largo de su historia, estuvo profundamente preocupado por la idea de la muerte y por la vida de ultratumba. Ello originó una abundante literatura de carácter funerario, que hay que conocer, siquie­ra sea someramente, para valorar el Libro de los Muertos y encuadrarlo en su contexto exacto. Esta literatura funeraria, que ha llegado a nosotros, es numerosa y variada. A ella pertenecen por orden cronológico los Textos de las Pirámides, redactados aproximadamente entre los años 2500y 2300 a. C. Algunos investigadores, como E. Drioton, creen que la casi tota­lidad de los textos recogidos en las pirámides son anteriores a la primera Dinastía. Pertenecerían por lo menos a la época de la Dinastía de Buto, o sea, al cuarto milenio. Estos textos mencionan con frecuencia la presencia en el cielo de los reyes de Buto y de Nekhen. Hacen frecuentes alusiones a la época osírica, a los reyes hesitas y a los hechos de la historia anterior a la primera Dinastía.

Otros autores, por el contrario, bajan su cronología hasta los años de las D inastías III-V. Tales textos están grabados en las paredes de las pirámi­des de las Dinastías Vy VI. L os Textos de los Sarcófagos, que siguen a los anteriores, se escribieron entre los años 2300 y 2000 a. C. El Libro de los Muertos se fecha a partir del 1500 a. C., p ero m uchas p a rtes re­montan a los comienzos d el Im perio A ntiguo. No term ina con estos tex tos y con e l Libro de los M uertos la literatura fu n era ria egipcia. Se conservan otros libros con el mismo carácter, que son los siguientes; E l Libro de lo que hay en el Más A llá, el Libro de las Puertas, e l Libro de la Noche, e l Libro de los Caminos y e l L i­ bro de las Cavernas. D e las p rim era s dinastías egipcias no se conserva litera tura alguna de carácter funerario. Con e l últim o rey de la V D inastía, de nombre Unas, co­ mienzan las inscripciones a aparecer sobre ¡as habitaciones de las pirám ides. E stos textos están destinados exclusivam ente a l rey. A p a r tir d el p rim er interregno, también se inscribieron en ¡as p a red es internas de ¡os sarcófagos, añadiendo tradiciones ¡ocales, que y a no eran de carácter real. A estos se­ gundos textos se les llama, d el lugar donde están escritos, Textos de los Sarcófagos. Todos estos textos, con variaciones y añadidos fu ero n transm i­ tidos a l Im perio Nuevo y a las dinastías posteriores. A p a r tir de este momento fu ero n copiados en p a p iros y depositados en la s tumbas, ju n to con e l cadáver; de aq uí su denominación de Libro de los Muertos. No se trata d e un verdadero libro, con unidad interna, sino de una colección gra n d e de fórm u la s heterogéneas. No se transm itió el tex to con una escrupulosa ex acti­ tud, como hacían los escribas ju d ío s y cristianos con las Sagradas E scrituras, sino que evolucionó profundam ente desde las p rim era s inscripciones de los sarcófagos hasta su redacción en e l Im perio Nuevo. E llo no se debe, como su ­ g ie re S. M orenzx, a una deficiencia de los copistas, sino que obedece a causas profundas. Se trataba de un texto mítico, que carecía de sentido p a ra los lec­ tores, p a ra los que e l mito había p erd id o su significado y , p o r lo tanto, su importancia. En segundo lugar, los egipcios no tenían escrúpulos en alterar el texto. L os griegos y ¿os cristianos se atrevieron a m odificar ¡a interpretación de los textos, y los egipcios, p o r e l contrario, añadían glosas. E sta literatura fu n era ria estaba a disposición de todo e l mundo una vez que se produ jo una especie de dem ocratización de la doctrina sobre la muerte. Sin embargo, se ordenaba no hacer p ú blicas las fórm u la s mágicas a los profanos y estaba prohibida la transm isión directa de generación en g en e­ ración en e l interior de ¡as fam ilias. E n tiem pos de revueltas, estas fórm u la s m ágicas eran profanadas. L a litera tura fu n era ria era esencialmente una l i ­ teratura de carácter mágico. Por ello había que rodearla de misterio. L os egipcios, en ios tiem pos más antiguos, creían en una p erviven d a d el espíritu d el muerto en relación con el cuerpo. Sería una creencia en una vida ultraterrena, p a recid a a la de los babilonios, los fenicios, los etruscos, los ibe­ ros, y otros pueblos de la A ntigüedad. E sta creencia queda dem ostrada fá cilm en te p o r la presencia ju n to a los m uertos de los ajuares funerarios.

El Libro de los Muertos[editar]

Formación[editar]

Ya se han adelantado en páginas anteriores algunos datos sobre su formación, como que durante la XXVI Dinastía se publicó la edición defini­tiva del Libro de los Muertos, que data de principios del s.VI a. C. ,y que comprende textos de todas las épocas, principalmente de la etapa heracleopolitana y de las XI-XII Dinastías, es decir, de los años 2300 y 1700, que se conocen principalmente por los Textos de los Sarcófagos y por el Libro de los Dos Caminos, lo que explica que no es coherente, aunque, en frase de J. Pirenne[r 1], «es la expresión de una arqueología claramente centra­da sobre la idea de un monoteísmo panteísta».

Prestigio religioso[editar]

Estructura interna[editar]

L a división más lógica es la seguida por A. Moret y P. Barguet[r 2], que subdividen el Libro de los Muertos en cuatro secciones, precedidas de una síntesis.

  1. Capítulos 1-16.—Plegaria, viaje a la necrópolis, himnos al sol y a Osiris.
  2. Capítulos 17-63.— Transfiguración, triunfo, impotencia de los ene­

migos, p o d er sobre los enemigos. 3. C apítulos 6 4 -1 2 9 .— Transfiguración, p o d er de m anifestarse bajo fo rm a s diferentes, de utilizar la barca solar y de conocer ciertos m isterios. R etorno a la tumba. Juicio delante del tribunal de Osiris. 4. C apítulos 130-162.—G lorificación del difunto, p a ra leerse a lo largo del año y en determ inadas fiesta s, en e l culto fu n era rio, servicio de ofrendas, preservación de la momia por los amuletos. L os capítulos 163-190 (1 9 1 en la edición de P. B a rgu et) se p u eden considerar como suplem entarios. E l capítulo 175 desentona del conjunto. na del conjunto. J. V andier señala[r 3] acertadamente que «la m ayoría de los elem entos remontan a una alta antigüedad, p ero que se han m odificado según e l gu sto del momento; es decir, se han adaptado de una p a r te a la idea de compromiso a que habían llegado en esta época las dos religiones, solar y ostrica, dentro del cuadro un poco estrecho de las fórm u la s mágicas. E l ejem plo más claro de este estado de espíritu ¡o proporciona el capítu­lo XVII, que es un panegírico del sol, creador universal, bajo la form a de un monólogo del dios Atum. E sta obra dogmática, de carácter puramente solar, había sido conservada, p ero a los sacerdotes les parecía tan abstracta que se vieron en la obligación de comentarla. L as glosas, que están más desarrolla­ das que el texto, proporcionan la m áxima certeza de que los egipcios, incluso los que eran tenidos por sabios, habían perd id o totalmente la comprensión de la antigua doctrina».

Religión y magia[editar]

Desde el plano de la religión, el fenómeno más significativo y más extraño para la mentalidad moderna es la identificación del difunto con un dios.

Esta identificación, a la que se ha aludido en páginas anteriores, está bien expresada en e l Libro de los Muertos. Con anterioridad lo estaba en los


Simbología[editar]

Panteón[editar]

El juicio[editar]

L a idea más original del Libro de los M uertos referente a las creen­ cias fu n era rias egipcias es la d e l ju icio sobre las acciones del difunto en la ultratumba. N i en M esopotamia, ni en Israel, ni en Grecia, ni en Roma ex istió esta creencia. En M esopotamia, entre los semitas, tan sólo se conoce el descenso de la diosa Isthar a los infiernos, mito que tiene su equivalente en el «Descenso a l M undo Inferior de Inanna», entre los sumerios. E sta últim a versión data del segundo m ilenio a. C. L a versión sem ita no es anterior a l f i ­ n a l del segundo milenio a. C. 54. L a fin a lid a d en ambas versiones es totalmente diferente de la creencia egipcia. En Isra el tan sólo las corrientes apocalípticas ju días, de fin a les de la época helenística, adm itieron un ju icio

p a rticu la r y un ju icio u n iversal55. E stas creencias de la apocalíptica ju d ía pasaron a l C ristianism o, que adm ite un ju icio final del mundo (M t. 25, 5 1 -3 4 ) y un ju icio p a rticu la r después de la muerte (Le. 16, 19 ss.). San Pablo también afirm a tajantemente la existencia del ju icio pa rticu la r des­ p u és de la muerte, ju icio que desem peñó un p a p el m uy im portante en e l arte y en la religión cristiana de la E dad M edia y de siem pre. L a idea delju icio fin a l se encuentra también en e l Corán. A llah mismo será e l ju e z (22, 5 5 ) y hará ju sticia (1 6 , 112). Cada uno leerá en e l Libro sus p ropias obras (1 8 , 4 7 ). Se colocará una balanza. E l oído, la vista y la p i e l testificarán contra los enem igos de A llah (2 4 , 2 4 ; 4 1 ,1 9 ss.). N adie p o d rá defender a nadie (2, 117; 6, 69; 32, 3 ; 82, 1 9 )56. E s interesante esta concepción del Islam, donde aparecen la balanza y las p a rtes del cuerpo como acusadores, a l igu a l que en E gipto. L a balanza, como instrum ento de ju sticia , se encuentra en E gipto, en e l Cristianismo, en e l Islam, en la India, en el Tibet y en el Japón. Un viaje a la ultratumba de los difuntos atravesando grandes peligros, se documenta entre muchos pueblos, como entre los etruscos[r 4]. En las tumbas etruscas se representa a Hades; así, en la Tumba Golini, en Orvieto, de las últimas décadas del s. I V a. C., se p in tó a los difuntos de las fa milias L ecate y L einie banqueteando delante de H ades y P ersefona5fí; en la Tumba del Ogro, en Tarquinia, de la misma fech a, también se representa e l banquete en la ultratum ba59. En la cám ara fu n era ria m ás antigua y en la más reciente de esta tumba, y a del s. II a. C., se encuentran los dos soberanos del M undo Infernal, H ades y Proserpina. Delante de ellos está, de pie, Gerión, monstruo con tres cabezas y en otras habitaciones de la tumba se hallan A yax, e l alma de Tiresias, las sombras de los muertos, que evocaba e l adivino Tiresias, A gam enón y e l suplicio de Sísifo, que levanta una p ied ra que se cae conti­ nuam ente&0. E stas p in tu ra s son las m ás com pletas que se han conservado sobre la ultratum ba en G recia e Italia, aunque las p in tu ra s etruscas, son una versión griega del Hades. En esta tumba se representa por vez p rim era en la pin tu ra etrusca el demonio de la muerte, terrorífico de aspecto, de nom­ bre C arente. E n la Tumba de los escudos, del s. III, se vuelve a representar el banquete en la ultratumba de Velthur Velcha y de Larth Velcha[r 5] y en

Fórmulas para los vivos[editar]

Santuarios. Especulaciones teleológicas[editar]

Aspectos funerarios: momificación y entierro[editar]

Los egipcios tuvieron un especial cuidado del cadáver, y como la idea de vida ultraterrena f u e unida a la conservación del cuerpo, le momificaron. Ya en la III D inastía se m om ificó e l cadáver del rey D jeser. A l parecer, en esta época sólo se retiraban las visceras, que eran las que p rim ero se corrom pían y se las depositaba en cuatro recipientes y se las reemplazaba por bandas im ­ pregn a d a s de resina. D espués se embadurnaba todo el cuerpo de natrón, se

Otras escatologías orientales[editar]

Es importante, como pu nto de comparación con las creencias egipcias, co­nocer siquiera brevemente algunos datos sobre otras escatologías orientales.

E l p r im er poem a sobre la resurrección es la leyenda sum eria de Inanna, que describe el descenso de dicha diosa a los infiernos y la resurrección d e su amante D um uzi83. L a diosa tiene que atravesar siete puertas, a l igu a l que Ishtar después, y es despojada de todos sus vestidos y adornos84. L a idea de resurrección aparece también en los mitos ugariticos, como en e l de B a ’lu ,y quizá en e l de A gh a tu 85. E s im portante un tex to sumerio, como pu nto de comparación con ¡as creencias egipcias, p u es describe la bajada d el rey U r-nammu a l K ur (H a­ des). V isita el difunto p rim ero a los siete dioses infernales y les ofrece presentes. También a otros dos, uno de los cuales es e l escriba d el K ur. F i­ nalmente, llega a la mansión que le han asignado los sacerdotes d el Kur. A llí es acogido por diferentes muertos. Gilgamesh, ju e z d el infierno, le inicia en las leyes infernales. Oye las lamentaciones por su muerte y se acuerda de todo lo que ha dejado en la tierra y entona una larga lamentación. En la es­ cat ologia sum eria e l K u r era e l espacio vacio que separaba la corteza terrestre y el M ar p rim ord ia l^ . Había que atravesarlo en barca, conducida p o r e l «hombre de la barca», creencia que revive en Grecia. Isaías (1 4 , 9 -1 1 ) describe en el s. V III a. C. la llegada de un rey ba­ bilonio a los infiernos, e l seolju d ío :

«El seol abajo se agita p or tu causa, al topar con tu llegada, des­

pierta para ti a los espíritus de los m uertos, a todos los potentados de la tierra; hace levantarse de sus tronos a. todos los potentados de las naciones, todos ellos responden y le dicen: también tú te has abatido com o nosotros, a nosotros te has asemejado. Ha sido precipitada al

seol tu m agnificencia; el susurro de tus arpas».

E l rey ju d ío Saúl evocó d el seol e l alm a d el p rofeta Samuel (I Sam. 28, 1 3 -1 9 ): «¿Por qu é has turbado m i reposo evocándomeh> E l texto p o n e en boca de la pitonisa de E ndor (Ί Sam. 28, 1 3 ): «V eo un dios que se lanza de la tie r r a » ,y poco antes menciona a los evocadores de los m uertos[r 6].

A l seol le llam a la B iblia «la casa d el silencio» ("Sal. 1 7 ,1 1 5 , 17),

«la tierra d el olvido» (Sal. 88, 19), « e lp a ís sin retorno» (Job. 7, 9 -1 0 ; 2 0 ; 10, 2 1 ). No existían relaciones entre D ios y e l seol (Is. 38, 18 -22 ). L os esenios admitían una inm ortalidad de tipo platón ico (F lavio Jos. Bell. Iud. II, 8, 11) y e l fu eg o eterno, p ero y a e l Libro de la Sabiduría, en e l s. II a. C. (3 , 1 ss .), creía en la inm ortalidad de tipo griego. E n e l Poema de G ilgam esh88 e l héroe busca en vano la inm ortalidad. U tnapishtim es e l único humano que la ha conseguido. L a señora de la cerve­ za dice a G ilgam esh: «No hallarás la vida que persigu es. Cuando los dioses crearon a los hombres, la muerte destinaron a la humanidad, reteniendo la vida en sus manos». Sin embargo, e l protagon ista evoca a su amigo Enkidu, difunto a l fin a l d el poema. Se conserva una descripción asiría d el infierno, donde aparecen mons­ tru os m itad hombres, m itad anim ales89. E l m ito de N ergal y E reshk igal ex plica por qu é motivo tuvo N ergal que dividir e l p o d er y e l lecho de su herm ana90. E ste m ito f u e conocido de los egipcios, p u es una versión de é l se da en T ell el-A m arna, de época de A m e- n ofisIV (1 3 7 2 -1 3 5 4 a. C.). Sólo se conoce una descripción d e l infierno hitita. Se halla en e l m ito de T elepinu: « E lp ortero abrió las siete pu erta s, corrió los siete cerrojos. A ba­ jo , en la oscura tierra, hay calderos de bronce, cuyas tapaderas son de hierro y sus asas de estaño, lo que en ella entra no vuelve a salir, sino que m uere dentro; ¡que acojan e l rencor, la cólera, e l p eca d o y la ira d el dios de la tem pestad y que no vuelvanA>91 A q u í la presen cia de la s p u erta s recuerda los mitos de Inanna o de Ishtar. L a concepción d e l fu eg o es ajena a la m itolo­ g ía babilonia. Pero no aparece e l p eca d o r como objeto de castigo, sino e l mal, e l rencor, la cólera y la ira. L os hititas divinizaban a sus reyes difuntos, que «partían a la Casa de los C edros», rodeada de praderas, donde e l rey apacienta sus rebaños. E sta concepción, que difiere radicalmente d e las creencias d el Próxim o Oriente, es un preced en te de los Campos Elíseos. E n M esopotam ia hay escasa incidencia de la deificación de los reyes92. D e hecho, como se ha visto estas escatologías difieren d e la egipcia.

Valoración literaria del «Libro de los Muertos»[editar]

D ado e l carácter pragm ático que tuvo e l Libro de los M uertos, sus redactores nunca intentaron cuidar form alm en te e l estilo, como belleza litera -

ría, de los textos. E l conjunto de sus fórm u la s o capítulos estuvo siem pre arropado bajo un carácter m arcadamente alegórico. Todas la s ideas religio­ sas o en conexión con e l mundo de ultratumba, fu eron ex presadas p o r im ágenes y símbolos, coadyuvados con una serie de m agistrales viñetas ilus­ trativas, tendentes a clarificar lo conceptual de la s fórm u la s fun erarias. De hecho, se necesitaba estar iniciado por especialistas p a ra com prender la s cla­ ves d e las alegorías. P or ello la lectu ra de sus tex tos era de difícil com pren­ sión, comprensión que f u e haciéndose cada vez más ininteligible a l pa so d e las generaciones. Hay autores que apuntan, a ¡a vista d el sentido críptico d e las fórmulas d el Libro de los M uertos, en «la decidida voluntad de esconder e l sentido d el texto a los no iniciados»; sin embargo, algunas rúbricas de­ m uestran que el L ibro era abierto a todos ( a una clase social que dispusiera d e los medios económicos p a ra hacerse con un ejem plar) y que tan sólo el montante económico era la p rem isa necesaria p a ra hacerse con un ejem plar d el libro que precisaba todo difunto «para la salida a la luz d el día», A p esa r de que los escribas egipcios no tuvieron p resen te la valoración litera ria de lo escrito en e l Libro de los M uertos, esta obra se nos aparece hoy como una verdadera obra m aestra de la litera tura de todos los tiempos.

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El Libro de los Muertos[editar]

La presente edición[editar]

Índices[editar]

Nombres de divinidades[editar]

Nombres de personajes[editar]

Nombres de lugares[editar]

Referencias[editar]

Las Referencias aluden a las relaciones de un escrito con la "vida real".

  1. 37.
  2. 39.
  3. 40
  4. 57.
  5. 61.
  6. 87

Bibliografía[editar]

⚜️[editar]

   Artículo transcrito o recopilado por Jakeukalane
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