Ocultoteca:Atrahasis (MSYA)

De Bestiario del Hypogripho
Logo Mitos sumerios y acadios.png

ATENCIÓN: Este artículo pertenece a la sección de la Ocultoteca.
Ver Mitos sumerios y acadios y Bibliografía.

Este artículo tiene contenido que finge ocurrir en nuestro "mundo real", pero es de hecho ficticio.     Este artículo se compone de contenidos transcritos o recopilados por Jakeukalane.  Este artículo carece de imágenes ilustrativas. Puedes ayudarlo consiguiendo una (o más) imágen/es apropiada/s e incorporándola/s.  Este artículo tiene bibliografía real que sustenta su contenido en todo o en parte.  Este artículo es de dificultad intraficcional negligible o nula (0). Debería ser apto para todo público. 

Entre las narraciones alusivas a la creación del hombre y al diluvio, temas del fondo cultural sumerio, una de ellas hacía motivar tales acontecimientos al excesivo trabajo de los dioses y a la culpa cometida por los hombres por molestar al dios Enlil. Tal relato, llegado gracias a diferentes recensiones babilónicas y asirias de distintas épocas, si bien todas ellas muy fragmentadas y con sensibles lagunas textuales. De sus casi 1.250 versos que hubo de tener, recogemos aquí las secuencias más importantes, a pesar de su reiteración temática, extraídas de tablillas del antiguo babilónico y de época neoasiria.

Cuando los dioses eran (como) los hombres[r 1],
asumían la fatiga, soportaban el trabajo[r 2].
La fatiga de los dioses era grande,
el trabajo era pesado, la penalidad era mucha.
Los grandes Anunnaki[r 3] querían
hacer soportar el trabajo a los siete[r 4] Igigi[r 5].
Anu[r 6], su padre, era el rey,
su consejero era el guerrero Enlil[r 7],
su chambelán era Ninurta[r 8],
y su alguacil[r 9] Ennugi[r 10].
Los dioses habían cogido (el cubilete en) sus manos,
habían echado suertes y repartido las partes[r 11].
Anu había subido al cielo[r 12],
(Enlil había recibido la tierra) para sus vasallos;
(el cerrojo), la fosa del mar,
(se los habían dado) a Enki[r 13], el príncipe.
(Después que Anu) hubiera subido al cielo
(y Enki) hubiera bajado al Apsu[r 14],

A continuación sigue pasaje mutilado. En otro fragmento se alude al gran trabajo que tenían que soportar los dioses al comienzo de los tiempos.

(...)
(...) embarcación del Apsu,
(...) bajó.
(...) Ea[r 15].
(...) excavaban el río,
(...) el Éufrates[r 16] detrás de ellos
(...) desde el abismo
(...) su (...) instituyeron.
(Durante diez años[r 17]) padecieron la fatiga,
(durante veinte años) padecieron la fatiga,
(durante treinta años) padecieron la fatiga,
(durante cuarenta años) padecieron la fatiga.

La narración queda interrumpida por la mutilación del fragmento. Cuando se reanuda, los dioses hablan quejándose de sus trabajos.

(...) todas las montañas,
(contaron los años) de fatiga.
(...) el gran pantano.
Contaron (los años) de fatiga.
Excesivo (...) para cuarenta años,
(...) soportaron el trabajo día y noche.
(Se quejaban) maldiciendo,
murmurando en (el trabajo de) excavación:
«Hagamos frente a nuestro (...), el chambelán,
puede que él nos alivie de nuestro duro trabajo.
(A Enlil) el consejero de los dioses, el héroe,
venid, vayámosle a perturbar en su morada».
(...) abrió su boca[r 18]
(y se dirigió a) los dioses, sus hermanos:
«(...) el chambelán de los tiempos antiguos,

Aquí se interrumpe el texto. En otro fragmento se alude a la intención de los dioses de sacudirse el yugo del trabajo.

«(...)
(...) matémos(le).
¡(...) rompamos el yugo!».
(...) abrió (su boca)
(y se dirigió a) los dioses, sus hermanos:
«(...) el chambelán de los tiempos antiguos
(...) Enlil señalará,

(...) señalará a otro.
(...)».

Finalizado este breve pasaje, debido a la rotura del fragmento, podemos averiguar que los dioses reclaman de sus dirigentes un cambio en su situación. Un cabecilla les instiga a recurrir a la violencia.

«(...)
al consejero de los dioses, el héroe,
venid, vayamos a perturbarle en su morada».
A Enlil, el consejero de los dioses, el héroe,
venid, vayamos a perturbarle en su morada.
Mientras tanto, proclamad la guerra,
unamos las hostilidades y la batalla».
Los dioses atendieron sus palabras,
metieron fuego a sus herramientas,
prendieron fuego a sus azadas,
e incendiaron sus cubos.
Se unieron unos a los otros y se dirigieron
a la puerta del santuario del héroe Enlil.
La noche estaba en la mitad de su camino,
el templo fue rodeado, pero el dios no lo sabía.
La noche estaba en la mitad de su camino,
el Ekur[r 19] fue rodeado, pero el dios no lo sabía.
Sin embargo, Kalkal[r 20] lo observó y se sintió perturbado.
Corrió el cerrojo y miró (afuera).
Kalkal despertó a (Nusku)[r 21],
y escucharon el ruido de (afuera).
Nusku despertó a su señor,
(le) hizo levantar de su lecho:
«Mi señor, (tu) templo está rodeado,
la batalla ha venido hasta (tu) misma (puerta).
Enlil, tu templo está rodeado,
la batalla ha venido hasta tu misma puerta».
Enlil (...) a su morada.
Enlil abrió su boca
y dijo a su visir Nusku:
«Nusku, atranca tu puerta
toma tus armas y ponte delante de mí».
Nusku atrancó su puerta,
tomó sus armas y se puso delante de Enlil.
Nusku abrió su boca
y dijo al héroe Enlil:
«Mi señor, tus hijos (te respetan)[r 22],
¿por qué temes a tus propios hijos?
Enlil, tus hijos (te respetan)
¿por qué temes a tus propios hijos?
Ordena que se haga descender aquí a Anu
y que Enki sea traído a tu presencia».
El dio la orden y se hizo descender a Anu,
Enki fue traído también a su presencia.
Anu, el rey del cielo, estaba presente,
el rey del Apsu, Enki, estaba delante.
Con los grandes Anunnaki presentes,
Enlil se puso en pie (...).
Enlil abrió su boca
y se dirigió a los grandes dioses:
«¿Es en mi contra lo que se está haciendo?
¿Debo empeñarme en hostilidades (...)
¡La batalla ha llegado hasta mi misma puerta!».
Anu abrió su boca
y respondió al héroe Enlil:
«La razón por la que los Igigi han rodeado tu puerta,
que Nusku salga y (...)
una orden (...)
a (tus) hijos (...)».
Enlil abrió su boca
y se dirigió a su (visir Nusku):
«Nusku, abre (tu puerta),
toma tus armas (...)
y en la asamblea de (Todos los dioses)
inclínate, levántate (y repite) nuestras (palabras):
«Anu, su padre,
su consejero, (el guerrero) Enlil,
su chambelán, Ninurta,
y su alguacil, Ennugi, me han enviado (para decir):
"¿Quién es (el instigador) de la batalla?
¿Quién es (el provocador) de las hostilidades?
(¿Quién) declaró la guerra
y (...) la batalla?"».

Siguen dos líneas prácticamente intraducibles.

(Nusku se marchó a la asamble de) todos los dioses
(...) y explicó:
«Anu, su padre,
su consejero, (el guerrero) Enlil,
su chambelán, Ninurta,
y su alguacil Ennugi, me han enviado (para decir):
"¿Quién es (el instigador) de la batalla?
¿Quién declaró la guerra
y (...) la batalla?"».

Nuevamente hay dos líneas de difícil traducción, dado su estado.

«Todos y cada uno de nuestros dioses habían declarado la guerra
nosotros (...) en la excavación.
El excesivo trabajo nos había agotado,
nuestro trabajo era pesado, mucha la penalidad,
ahora, todos y cada uno (de nuestros dioses)
han hablado en favor de (...) con Enlil».
Nusku tomó (sus armas) (...)
y marchó, él (...):
«Mi señor, al (...) a mí».

Siguen tres líneas en muy mal estado de conservación.

«(Todos y cada uno de nuestros dioses) han declarado la guerra
(...) nosotros (...) en la excavación.
(El trabajo) excesivo nos ha agotado,
nuestro trabajo (era pesado), mucha la penalidad.
Ahora, todos y cada uno de nuestros dioses
han hablado en favor de (...) con Enlil».
Cuando Enlil oyó este discurso,
sus lágrimas fluyeron.
Enlil (...) sus palabras
y dijo al guerrero Anu[r 23]:
«Único, noble, contigo el cielo
lleva tu autoridad, toma tu poder,
mientras lo Anunnaki están presentes ante ti,
convoca a un dios y llévale a la muerte[r 24]».
Anu abrió su boca
y habló a los dioses sus hermanos:
«¿De qué les estamos acusando?
Su trabajo era duro, mucha su penalidad.
(Cada día) (...)
(la lamentación era) considerable, (pudimos) oír el ruido».

Tras cuatro líneas en muy mal estado de conservación, finaliza este fragmento. El anverso de una copia asiria duplica, de hecho, la última parte del discurso del dios, recogido en la versión babilónica, que también incluimos. Sin embargo, se interpone un fragmento de otra recensión asiria en la que se ofrece el propósito de asesinar a un dios, a lo que sigue una visita ulterior de Nusku a los rebeldes.

«(...)
(Mientras los Anunnaki) estén presentes (ante ti),
y mientras Belet-ili[r 25], (la diosa del nacimiento) esté presente,
convoca a uno y haz(le morir)».
Anu abrió su boca para hablar, dirigiéndose (...):
«Nusku, abre tu puerta, (toma) tus armas (...),
inclínate en la asamble de los grandes dioses (...)
háblales (...):
«Anu, (tu padre) me ha enviado,
también tu consejero, (el guerrero Enlil),

Aquí finaliza el fragmento asirio. En otro texto babilonio se habla del propósito de crear al hombre para que liberase a los dioses de su trabajo.

Ea (abrió) su boca
y dijo a los dioses, (sus hermanos):
«¿De qué les estamos (acusando)?
Su trabajo era duro, (mucha la penalidad).
Cada día (ellos cavaban la tierra),
su lamento era considerable (...),
(pero quizá) haya (un remedio para sus males).
(Belet-ili, la diosa del nacimiento, está presente)
que ella cree un lullu[r 26]
para que lleve el yugo (...),
(para que el hombre asuma la) fatiga de los dioses».

En un nuevo fragmento asirio se retoma la idea de crear al hombre.

Mientras (Belet-ili, la diosa del nacimiento) está presente,
que la diosa del nacimiento cree descendencia[r 27],
y que el hombre soporte la fatiga de los dioses».
Convocaron y preguntaron a la diosa,
a la matrona de los dioses, la juiciosa Mami[r 28]:
«Eres tú, diosa del nacimiento, la que serás creadora de la humanidad.
Crea un lullu para que pueda soportar el yugo,
para que soporte el yugo de la tarea asignada por Enlil, para que el hombre asuma la fatiga de los dioses».
Nintu[r 29] abrió su boca
y respondió a los grandes dioses:
«No es a mí a quien pertenece este quehacer,
esta tarea es asunto de Enki.
Puesto que él puede purificarlo todo,
que me dé la arcilla[r 30] para que yo pueda hacerlo».
Enki abrió su boca
y dijo a los grandes dioses:
«En el primero, séptimo y decimoquinto día del mes
prepararé, como purificación, un baño;
que un dios sea degollado[r 31]
y que los otros dioses, sumergiéndose en él, puedan ser purificados[r 32].
Con la carne y la sangre del dios,
que Nintu mezcle arcilla,
a fin de que dios y hombre
puedan ser enteramente mezclados en la arcilla
y en el tiempo que ha de venir podamos oír el tambor[r 33].
Que se haga un espíritu[r 34] de la carne del dios.
Como ser viviente que él[r 35] revele al hombre por esta señal
y para que esto no se olvide él tuvo un espíritu».
«Sí» respondieron en la asamblea
los grandes Anunnaki, que administran los destinos.
En el primero, séptimo y decimoquinto día del mes
como purificación (Ea) preparó un baño.
A We-ila[r 36], que tenía personalidad[r 37],
(los dioses lo) asesinaron en su asamblea.
Con su carne y su sangre
Nintu mezcló arcilla.
Durante el resto (de los tiempos oyeron el tambor),
de la carne del dios (se hizo) un espíritu.
Como ser viviente, él reveló al hombre por esta señal
y para que no se olvidara él tuvo un espíritu.
Después que ella[r 38] hubo mezclado la arcilla
llamó a los grandes dioses, los Anunnaki.
Los grandes dioses Igigi
escupieron sobre la arcilla.
(Entonces) Mami abrió su boca
y dijo a los grandes dioses:
«Me ordenasteis una tarea: la he acabado.
Habéis degollado a un dios junto con su personalidad.
He puesto fin a vuestro pesado trabajo
y he impuesto vuestra fatiga al hombre.
Habéis transferido el llanto a la humanidad,
y para vosotros he soltado el yugo, os he establecido la libertad».
Cuando los dioses oyeron su discurso,
corrieron juntos y besaron sus pies (diciendo):
«Antiguamente solíamos llamarte Mami,
ahora, que tu nombre sea Belet-kala-ili[r 39]».
Entraron en la Casa del destino[r 40]
el príncipe Ea y la juiciosa Mami.
Tras reunirse con las diosas del nacimiento
y mientras éstas pisaban la arcilla y estuvieron en trance de parto
ella[r 41] no cesaba de recitar el encantamiento
que Ea, sentado ante ella, le iba indicando.
Después de que ella hubo terminado su encantamiento,
pellizcó catorce pedazos de arcilla.
Puso siete a la derecha
y los otros siete a la izquierda.
Colocó un ladrillo[r 42] entre ellos
(...) el cordón umbilical (...)

Una laguna interrumpe momentáneamente el texto. Tal laguna puede ser, en parte, completada por otra fuente asiria, que aquí incluimos.

(El príncipe) Ea habló
(...) él le iba indicando
(...) (ella) recitó el encantamiento.
Después que hubo recitado su encantamiento,
(ella) sacó (su mano) de su arcilla.
Pellizcó (catorce) trozos de arcilla,
puso siete a la derecha,
puso (siete) a la izquierda,
colocó un ladrillo entre ellos,
(...)l el cortador del cordón umbilical[r 43].
La juiciosa y docta,
la diosa del nacimiento había reunido siete parejas,
siete pertenecían al mundo masculino,
siete pertenecían al mundo femenino.
La diosa del nacimiento, creadora del destino,
cuando por parejas ellas[r 44] hubieron acabado de completarlas,
cuando por parejas acabaron de completarlas en su presencia,
Mami formuló entonces las normas para la raza humana.
En la casa de la mujer encinta (que por ello está) confinada,
que esté el ladrillo durante siete días,
para que Belet-ili, la juiciosa Mami, pueda ser honrada.
Que la matrona se alegre en la casa de la mujer (que está) confinada,
y cuando la mujer preñada dé a luz,
que la madre del bebé se desuna a sí misma.
El hombre a (la mujer joven),

El resto de este breve fragmento está destruido. Volvemos a reanudar el texto que habíamos interrumpido.

(...)
(...) sus senos,
(...) barba,
(...) la mejilla del hombre joven,
(...) capilla al aire libre y la calle,
(...) esposa y su esposo.
Las diosas del renacimiento estaban reunidas, y Nintu (se sentó) contando los meses.
(En el momento) fijado, el décimo mes fue convocado,
(y) el décimo mes llegó,
y el transcurrir del período abrió el vientre.
Con un radiante, regocijado rostro,
y cubierta la cabeza atendió el parto.
Ciñó sus lomos mientras pronunciaba la bendición,
se procuró un poco de comida y colocó el ladrillo:
«He creado, mis manos lo han hecho.
Que la matrona se regocije en la casa de la qadištu[r 45][r 46].
Donde la mujer preñada dé a luz
y la madre se desuna a sí misma,
que el ladrillo esté (allí) durante nueve días,
para que Nintu, la diosa del nacimiento, pueda ser honrada».
Mami proclama sin cesar su (...).
¡Alabad sin cesar a la diosa del nacimiento, alabad a Keš[r 47][r 48]
Cuando la (...) la cama esté preparada,
que la esposa y su esposo yazgan juntos.
Y cuando, para instituir el matrimonio, atiendan a Ištar[r 49][r 50] en la casa (del suegro)[r 51]
que haya regocijo durante nueve días,
(y que llamen a Ištar Išḫara[r 52][r 53]
(...) en el momento destinado.

Aquí se interrumpe el texto. Tras una laguna de unas veinte líneas vuelve a reanudarse, si bien en lamentable estado de conservación.

(...)
un hombre (...).
El hijo a (su) padre (...)

Falta una línea, totalmente perdida.

Se sentaron y (...)
él traía (...)
él vio y (...)
Enlil (...)
se hacían firmes (...).
Con punzones y espadas construyeron los altares,
construyeron los márgenes del gran canal.
Para alimento de los pueblos, para el sustento de (los dioses),

Nueva laguna en el texto de unas doce líneas.

(...) (Aún no habían pasado) doce siglos,
(cuando la tierra habitada se extendió) y las gentes se multiplicaron.
La (tierra de los hombres) bramaba (como un toro).
El dios se sintió perturbado con (su tumulto).
(Enlil oyó) su ruido
(y dijo a) los grandes dioses:
«El ruido de la humanidad (ha llegado a ser demasiado pesado para mí)[r 54]
(Con su alboroto) estoy privado de sueño
(...) que haya una plaga[r 55] (que los haga callar)».

Sigue una laguna de tres líneas.

Ahora (Atrahasis)[r 56]
informaba a su dios Enki.
Él habló (con su dios)
y su dios (habló) con él.
Atrahasis (abrió) su boca
y dijo a (su) señor:
«Mientras que (...)
¿Nos impondrán la enfermedad[r 57] (para siempre)?».
Enki abrió su boca
y respondió a su siervo:
«Los ancianos (...)
(...) consejo en la casa.
(Ordenad) que los heraldos (lo) proclamen,
y haced un gran ruido en la tierra.
No adoréis a vuestros dioses,
no recéis a vuestras diosas,
sino buscad la puerta de Namtar[r 58]
y traed a su presencia una (hogaza) cocida.
Puede que le sea agradable la ofrenda de harina tostada[r 59];
entonces se sentirá avergonzado por el regalo y será clemente».
Atrahasis recibió la orden y congregó a los ancianos en su puerta.
Atrahasis abrió su boca
y dijo a los ancianos:
«Ancianos, (...)
(...) consejo (en) la casa.
(Dad orden de que) los heraldos (lo) proclamen,
y haced un gran (ruido) en la tierra.
(No adoréis a) vuestros dioses,
(no) recéis a vuestras diosas,
(sino buscad) la puerta de (Namtar),
(y traed a su presencia (una hogaza cocida).
Puede que le sea agradable la ofrenda de harina tostada;
entonces se sentirá avergonzado por el regalo y será clemente».
Los ancianos escucharon atentamente (sus) palabras,
construyeron un tempo a Namtar en la ciudad.
Dieron la orden y (los heraldos) lo proclamaron,
hicieron un gran ruido (en la tierra);
(no) adoraron a sus dioses,
(no) rezaron a (sus diosas),
sino que buscaron (la puerta) de Namtar,
y (llevaron) a (su) presencia una (hogaza) cocida.
La ofrenda de harina tosada le agradó;
(se sintió avergonzado por el regalo y fue clemente.
(La plaga) les dejó.

Siguen tres líneas mutiladas.

Aún no había pasado doce siglos,

Aquí se interrumpe el relato de la primera tablilla, en la que Atrahasis, muy al final del relato, ha podido salvar a los hombres de una primera plaga. La segunda tablilla narra el segundo azote decretado contra la humanidad. Comenzamos con la primera columna.

Aún no habían pasado doce siglos,
cuando la tierra habitada se extendió y las gentes se multiplicaron.
La tierra de los hombres bramaba como un toro,
el dios se sintió perturbado con su tumulto.
Enlil oyó su ruido
y se dirigió a los grandes dioses:
«El ruido de la humanidad ha llegado a ser demasiado intenso para mí,
con su alboroto estoy privado del sueño.
Interrumpid las ayudas a los hombres,
que escasee la vida vegetal para (no poder) satisfacer su hambre.
Que Adad[r 60] contenga su lluvia,
y que, abajo, la inundación no surja de las aguas subterráneas[r 61],
que el viento sople y agoste la tierra,
que las nubes se condensen, pero que no descarguen un aguacero,
que los campos disminuyan sus cosechas,
que Nisaba[r 62] cierre su pecho[r 63],
que no haya (ningún tipo de) júbilo entre ellos,
(...) debe ser suprimido.
¿Puede no haber (...)?»

El final de la primera columna de esta tablilla está perdido. El comienzo de la segunda columna está tan incompleto que hace imposible su traducción. Cuando la narración se hace inteligible hallamos a Atrahasis aconsejando a los hombres.

(...) los ancianos,
(...) consejo (en la casa).
«(Dad orden de que) los heraldos (lo proclamen)
(y haced un gran) ruido en la tierra.
No adoréis a vuestros dioses,
no recéis a vuestras (diosas)
sino buscad (la puerta) de Adad,
y traed (a su presencia) una (hogaza) cocida.
Puede que le sea agradable (la ofrenda de harina tostada);
entonces se sentirá avergonzado (por el) regalo y será clemente.
Puede que envíe una neblina por la mañana
y puede que envíe furtivamente un rocío por la noche,
de forma que los campos darán furtivamente grano».
Construyeron un tempo a Adad en la ciudad.
Dieron la orden y los heraldos (lo) proclamaron
e hicieron un gran ruido por el país.
No adoraron a sus dioses,
(no) rezaron a sus diosas,
sino que (buscaron) la puerta (de Adad)
(y llevaron) a su presencia una (hogaza) cocida.
La ofrenda de harina tostada le agradó,
se sintió avergonzado por el regalo y fue clemente.
Por la mañana envió una neblina
y furtivamente envió un rocío por la noche.
(Los campos) dieron furtivamente grano:
(los hombres se alimentaron y el hambre) les abandonó.
(...) volvieron.

La columna queda interrumpida por rotura. Toda la tercera columna, que omitimos aquí, de esta tablilla está gravemente mutilada, pudiéndose adivinar, sin embargo, que Enlil, ante la pasividad de Adad, quiere castigar a los hombres con una inundación, a lo que seguirá una gran sequía, según la cuarta columna que recogemos a continuación.

Arriba (las lluvias cesaron en el cielo),
abajo, la inundación no (surgió) de las aguas subterráneas.
El seno de la tierra no produjo,
la vegetación no germinó (...).
No se veía a la gente (en el trabajo).
Los campos negros se volvieron blancos[r 64]
y la vasta llanura fue cubierta de sal.
Durante un año comieron plantas herbáceas[r 65],
el segundo año padecieron sarna.
(Cuando) llegó el tercer año
sus facciones (se alteraron) debido al hambre.
(Sus caras) estaban macilentas, como de malta[r 66]
(y vivían) al borde de la muerte.
(Sus) caras parecían verduzcas,
caminaban, encorvados todos, (por la calle).
Sus anchas espaldas (se habían vuelto estrechas)
sus largas piernas (se habían vuelto cortas)

El resto de la columna, tras unas pocas líneas incompletas, está totalmente destruido. La columna quinta, cuyo comienzo también está mutilado, recoge la actuación de Enki y Enlil.

«(...)
Todos nosotros, los grandes Anunnaki,
decidimos juntos una norma.
Anu y Adad guardarían las regiones superiores,
yo[r 67] guardaría la tierra más baja.
Adonde Enki marchó,
él soltó el yugo y estableció lal libertad,
distribuyó la abundancia para los pueblos,
estableció (...)»
Enlil (abrió) su boca
(y se dirigió) al visir Nusku:
«Que (me) traigan (...),
que los (envíen) a (mi) presencia».
(Le) llevaron (...)
y el guerrero (Enlil) se dirigió a ellos:
«(Todos nosotros), los grandes Anunnaki,
decidimos juntos una norma.
Anu y Adad guardarían las (regiones) superiores,
yo guardaría la tierra más baja.
Adonde (fuisteis) (...)»

Aquí se interrumpe esta columna, al tiempo que la siguiente, la sexta, de parecido contenido, nos narra la actuación de Adad y las palabras de Enki.

(...)
Adad (envió) su lluvia,
(...) llenó los campos,
(y) las nubes (?) cubrieron (...):
«(No) alimentes a sus pueblos,
(y no) les des raciones de grano, con las que los pueblos prosperen».
(El dios) se cansó de estar sentado;
(en) la asamblea de los dioses se burlaron de él.
(Enki) se cansó de estar sentado,
(en) la asamble de los dioses se burlaron de él.
(...) calumnia en su mano.

Tras dos líneas perdidas y otras dos incompletas la columna termina así.

(Decidimos) juntos (una norma).
Anu y Adad guardarían las regiones superiores,
yo guardaría la tierra más baja.
Adonde fuisteis soltasteis el yugo y establecisteis la libertad.
Distribuisteis la abundancia a los pueblos
(establecisteis) (...) del sol».

Después de dos líneas en muy mal estado el texto se interrumpe, pero tiene continuidad en la columna séptima.

«(Ella[r 68] impuso) vuestro trabajo (al hombre),
alzasteis un grito (por la humanidad),
degollasteis (a un dios) junto con su personalidad,
os sentasteis y (...),
(...) traer (...).
Determinasteis una (norma) (...),
que se vuelva a (...).
Obliguemos al príncipe Enki por un juramento».
Enki abrió su boca
y se dirigió a los dioses, (sus hermanos):
«¿Por qué me obligáis con un juramento (...)?
¿Soy yo quien tiene que poner las manos sobre mis propias gentes?
El diluvio que (me) estáis ordenando,
¿qué cosa es? Yo (no lo sé).
¿Tengo que dar origen a (un diluvio)?
Esa es tarea de (enlil).
Dejadle (...) escoger.
Que Shullat[r 69] y (Haniš[r 70]) vayan (delante),
que Errakal[r 71] rompa los postes de amarre[r 72],
que Ninurta marche y rompa los diques de la inundación, (...)»

Aquí finaliza la columna séptima. De la siguiente, con la que finaliza la segunda tablilla, son únicamente legibles cuatro líneas que no aportan nada significativo al relato. La tercera tablilla se inicia con un diálogo entre Enki y Atrahasis.

Atrahasis abrió su boca
y se dirigió a su señor:

Dado el estado del fragmento, se ignora la primera parte del diálogo entre Atrahasis y Enki.

Atrahasis abrió su boca y se dirigió a su señor:
«Hazme conocer el significado (del sueño[r 73])
(...) que yo pueda buscar su desenlace».
Enki abrió su boca
y respondió a su servidor:
«Tú dices: "¿Voy yo a intentarlo?"
Guarda (bien) las palabras que voy a decirte:
"¡Pared, óyeme!
¡Choza de cañas, escucha todas mis palabras[r 74]!
Destruye tu casa, construye un barco,
renuncia a los bienes terrenos y salva la vida.
El barco que tú construirás
(...) sea igual (en todas sus dimensiones[r 75])

Faltan tres líneas.

El tejado (lo cubrirás) como el Apsu,
a fin de que el sol no penetre en su interior,
que esté cubierto por arriba y por abajo,
que su aparejo sea sólido,
que el betún[r 76] sea espeso: ¡hazlo resistente!
Yo, cuando se acerque el momento, haré llover para ti
abundancia de pájaros y profusión de peces[r 77]"».
Abrió la clepsidra[r 78] y la llenó
de agua, la cual, para su séptima noche, le anunció el diluvio.
Atrahasis recibió estas instrucciones
(y después congregó a los ancianos en su puerta.
Atrahasis abrió su boca
y dijo a los ancianos:
«Mi dios (no está de acuerdo) con vuestro dios,
Enki y (Enlil) están enfadados el uno con el otro.
Ellos me han expulsado de (mi casa).
Como yo adoro a (Enki),
él me habló de esto.
Yo (no) puedo vivir en (vuestra compañía),
no puedo (poner mi pie en) la tierra de Enlil.
Con los dioses (...).
(Esto) es lo que me dijo (...)».

Faltan cuatro o cinco líneas al final de la primera columna. También está perdido el comienzo de la siguiente columna.

(...)
Los ancianos (...),
el carpintero (llevó su hacha),
el cestero (llevó su instrumento de piedra),
(el niño llevó) la brea,
el hombre pobre (llevó lo que se precisaba)[r 79],

Sigue una laguna de unas quince líneas tras las cuales, y a pesar del estado de los versos, se narra la carga de diferentes animales por el propio Atrahasis en el barco recién construido.

(...)
trayendo (...)
cualquier cosa que él (tenía) (...),
cualquier cosa que él tenía (...),
(animales) puros (...)
(animales) cebados (...)
(los) cogió (y subió a bordo),
a los alados (pájaros de) los cielos.
El ganado (?) (...)
las salvajes (criaturas) (...).
(...) él subió a bordo
(...) la luna desapareció.
(...) él invitó a su gente
(...) a un banquete.
(...) llevó a su familia[r 80] a bordo.
Después comieron y bebieron,
pero él entraba y salía: no podía sentarse, no podía agacharse,
porque su corazón estaba roto y vomitaba amargura.
El aspecto del tiempo cambió
Adad rugió en las nubes.
Tan pronto como oyó la voz de su dios
le trajeron el betún para que cerrase su puerta.
Después que hubo cerrado su puerta,
Adad rugió en las nubes.
Tan pronto como oyó la voz de su dios
le trajeron el betún para que cerrase su puerta.
Después que hubo cerrado su puerta,
Adad rugió en las nubes,
mientras él se levantaba, los vientos se volvieron salvajes.
Cortó el cable y dejó el barco a la deriva.

Faltan tres líneas perdidas por rotura. La columna tercera tiene también su comienzo perdido.

(Zu[r 81][r 82] con) sus garras (rasgó) los cielos.
(...) la tierra,
y estalló su ruido (como el agua en una marmita).
(...) el diluvio (comenzó),
su violencia vino sobre los pueblos (como una batalla).
Una persona (no) veía a la otra,
(no) se reconocían en medio de la destrucción.
(El diluvio) bramaba como un toro,
(como) un relincho de burro salvaje los vientos (aullaban).
La oscuridad (era densa), no había sol

Siguen cinco líneas en muy mal estado, lo que impide su traducción

Intentaba (...) de los dioses.
(Enki) estaba fuera de sí,
(viendo que) sus hijos eran derribados ante él.
Nintu, la gran señora,
tenía sus labios cubiertos de calenturas.
Los Anunnaki, los grandes dioses,
estaban sentados con sed y hambre.
La diosa los vio mientras lloraba,
la matrona de los dioses, la sabia Mami,
(habló): «Que el día se vuelva oscuro,
que se convierta en tinieblas de nuevo.
En la asamblea de los dioses
¿cómo yo, con ellos[r 83], ordené la destrucción total?
¡Enlil ya había tenido bastante llevando a cabo una orden infernal!
Al igual que ese Tiruru[r 84] él reveló una maldad abominable;
como resultado de mi propia elección
y para mal mío, yo he escuchado su ruido.
¡Mi progenie, separada de mí, se ha vuelto como moscas!
Y para mí, como la que vive en una casa de lamentación, mi llanto se ha extinguido.
¿Tendré que subir al cielo
como si fuera a vivir en una casa de tesoros?
¿Dónde ha ido el señor Anu,
cuyos divinos hijos obedecían su orden?
Aquel que no tuvo en cuenta nada, sino que trajo un diluvio
y condenó a los pueblos a la destrucción

Una línea perdida al final de la columna impide conocer el final del discurso de Mami. Al mismo tiempo, las primeras tres líneas de la columna cuarta están perdidas.

Nintu se lamentaba (...):
«¿Qué? ¿Han dado origen al mar (embravecido)?
¡Han llenado el río como una nube de libélulas!
¡Como una balsa ellos han llegado al límite,
como una balsa (...) han llegado a la orilla!
Yo he visto y llorado a causa de ellos;
he terminado mi lamentación por ellos»
Nintu se lamentó y derramó su emoción.
Los dioses lloraron con ella por la tierra,
ella estaba ahíta de aflicción y sedienta de cerveza.
Donde ella se sentó, ellos se sentaron llorando,
como ovejas llenaron el abrevadero.
Sus labios estaban febrilmente sedientos,
sufrieron calambres de hambre.
Durante siete días y siete noches[r 85]
vino la inundación, la tormenta, (el diluvio).
Donde (...)
era derribado (...)

Existe a continuación una laguna de unas veinticinco líneas perdidas. La columna quinta presenta sus primeras veintinueve líneas totalmente destruidas.

(...)
A los (cuatro) vientos (...)
él puso (...)
proveyendo alimento (...)

Falta una línea.

los dioses olieron el aroma,
y se reunieron (como moscas)
sobre la ofrenda[r 86].
(Después) que ellos hubieron comido la ofrenda,
Nintu se levantó para quejarse de todos ellos:
Ha venido Enlil a (oler) el incienso?
¿Ellos, que no reflexionaron, sino que trajeron el diluvio
y condenaron a los pueblos a la destrucción?
Vosotros decidisteis la destrucción total,
ahora sus rostros inmaculados se han vuelto oscuros».
Entonces ella se aproximó a las grandes "moscas"[r 87]
que Anu había hecho (?) y llevaba,
(y dijo): «¡Su pesar es mío! ¡Ahora determina mi destino!
Que me saque de esta desgracia y me alivie.
Verdaderamente (...)»

El final de la columna está perdido. La columna sexta continúa con la narración.

«En (...)
que (estas) "moscas" sean la piedra alrededor de mi cuello
para que yo pueda recordarlo (cada) día (y para siempre)».
(El guerrero Enlil) vio la vasija sagrada de las ofrendas
y estaba lleno de cólera entre los Igigi:
«Todos nosotros, los grandes Anunnaki,
decidimos juntos un juramento.
¿Dónde escapó la vida?
¿Cómo sobrevivió el hombre en medio de la destrucción?».
Anu abrió la boca
y se dirigió al guerrero Enlil:
«¿Quién sino Enki pudo hacer esto?
(...) yo no revelé la orden».
(Enki) abrió su boca
(y dijo) a los grandes dioses: «¡Yo lo hice (realmente) en tu presencia!
(Soy responsable) de salvar la vida (...)
(...) dioses (...)

Una laguna de cuatro líneas interrumpe las palabras de Enki.

Impón tu castigo (al culpable)
(y) cualquiera que desatienda tu orden
(...) la asamblea (...)

Nueva pérdida de unas doce líneas.

(...)
(...) pusieron
(pero yo he) aliviado mis sentimientos».
(Enlil) abrió su boca
y respondió al príncipe Enki:
«(Venid), convoco a Nintu, la diosa del nacimiento,
(tú) y ella, dirigíos a la asamblea».
(Enki) abrió su boca
y (se dirigió) a Nintu, la diosa del nacimiento:
«(Tú), diosa del nacimiento, creadora de destinos»

Con una laguna de unas cinco líneas finaliza la columna, impidiendo así conocer las palabras de Enki. De la séptima columna tan sólo se conservan seis líneas legibles, que recogemos.

«Además, que haya una tercera categoría entre las gentes,
(que haya) entre los pueblos mujeres que engendren y mujeres que no engendren,
que exista entre las gentes el demonio Pašittu[r 88]
para arrancar el bebé del regazo de aquella que lo dio a luz.
Establece mujere ugbabtu, mujeres entu y mujeres igistu[r 89],
y decláralas prohibidas y así frena el nacimiento de niños[r 90].

Un breve pasaje de la octava columna pondría fin a la narración babilónica a modo de epílogo.

(...)
«Que nosotros trajimos (el diluvio),
pero el hombre sobrevivió (a la destrucción).
Tú, el consejero de los (grandes) dioses,
por (tu) decreto yo hice que empezase la batalla,
por tu oración que los Igigi oigan
esta canción y exalten tu grandeza a otro.
Yo he cantado acerca del diluvio a todas las gentes. ¡Óyelo!

La recensión asiria de este mito, muy semejante en su exposición, y también incompleta, comienza con el reverso de una tablilla en la que se narra la intención de Enlil de castigar a la humanidad.

(Aún no habían pasado doce siglos)
cuando la tierra habitada se extendió (y las gentes se multiplicaron).
El dios se sintió perturbado (con) su ruido,
con su tumulto (el sueño) no acudía a él.
Enlil convocó su asamblea
y se dirigió a los dioses, sus hijos:
«El ruido de la humanidad ha llegado a ser demasiado pesado para mí,
me han perturbado (con) su ruido,
con su tumulto el sueño no acude a mí.
Ordenad que haya una plaga (que los haga callar),
que Namtar disminuya su ruido,
que el dolor, la enfermedad, la plaga y la peste
les arrasen como un tornado».
Ellos dieron la orden y hubo plaga,
Namtar disminuyó su ruido.
Dolor, enfermedad, plaga y peste
los arrasaron como un tornado.
El que discernía, Atrahasis, el hombre,
tenía atento el oído (a su señor) Ea.
Él habló con su dios,
(y) Ea habló con él.
Atrahasis abrió su boca para hablar
(y dijo a) Ea, su señor:
«Señor, la raza humana está gimiendo,
tu dolencia está consumiendo la tierra.
Ea, señor, la raza humana está gimiendo,
la dolencia de los dioses está consumiendo la tierra.
Puesto que nos creaste
¿Querrás alejar el dolor, la enfermedad, la plaga y la peste?».
(Ea abrió su boca para) hablar
y dijo a Atrahasis:
«(Da orden de que) los heraldos (lo proclamen)
y hagan un gran ruido en la tierra;
(No adoréis a vuestros dioses), no recéis a vuestras diosas,
(...) observad sus ritos,
(...) la ofrenda de comida hecha con sésamo,
(...) a su presencia,
(...) decid una bendición
(...) regalo (...) clemente».
(Enlil) convocó su asamblea
y se dirigió a los dioses, sus hijos:
«No (...) a ellos,
¡Las gentes no han disminuido, sino que se han hecho más numerosas que antes!
Me han perturbado (con) su ruido,
(con) su tumulto el sueño no acude a mí.
Interrumpid las ayudas para los habitantes,
que la vida vegetal sea insuficiente para sus estómagos,
que Adad haga que su lluvia escasee.
Abajo, que (la inundación) se obstruya y que las aguas no surjan del Abismo.
Que los campos disminuyan sus cosechas,
que Nisaba cierre su pecho,
que los campos negros se vuelvan blancos,
que la vasta llanura produzca sal,
que el vientre de la tierra se rebele,
que los vegetales no germinen, (que) no crezcan cereales,
que la peste caiga sobre los pueblos,
que el vientre se constriña y no dé a luz a ningún niño[r 91]».
Ellos interrumpieron los suministros para los pueblos,
los vegetales fueron insuficientes para sus estómagos,
Adad hizo que su lluvia escaseara.
Abajo (la inundación) se obstruyó y las aguas no surgieron del Abismo,
los campos disminuyeron sus cosechas,
Nisaba cerró su pecho,
los campos negros se volvieron blancos,
la vasta llanura produjo sal,
el vientre de la tierra se rebeló,
los vegetales no germinaron, no crecieron cereales,
la peste cayó sobre los pueblos
de forma que el vientre se constriñó y no dio a luz a ningún niño.

Aquí finaliza el reverso. En la siguiente columna del reverso leemos la continuación del castigo impuesta a la humanidad.

El cerrojo, (la barrera del mar),
(Ea lo guardó junto con sus plantas),
(Adad) en lo alto (hizo que la lluvia escaseara),
abajo, (la inundación) se obstruyó (y las aguas no surgieron del Abismo),
los campos disminuyeron (sus cosechas),
Nisaba (cerró su pecho),
(los campos negros se volvieron blancos),
(la vasta llanura) produjo sal,
(el vientre de la tierra se rebeló),
(los vegetales) no germinaron, no (crecieron) cereales.
La peste cayó sobre los pueblos
de forma que el vientre se constriñera y no diera a luz a ningún niño.

Faltan dos líneas por rotura.

(Cuando llegó el segundo año)
(padecieron) la sarna,
(cuando) llegó (el tercer año)
(las facciones de las gentes) se distorsionaron (por el hambre),
(cuando llegó el cuarto año)
sus (largas) piernas se acortaron,
(sus anchos hombros) se estrecharon.
(Caminaban encorvados) por la calle.
(Cuando llegó el quinto año)
la hija veía la (entrada) de la madre[r 92],
(pero la madre no) abría la puerta (a la hija).
La hija vigila [los platillos (en la venta) de la madre],
la madre vigila [los platillos (en la venta) de la hija[r 93]].
(Cuando llegó el sexto año)
(sirvieron a) la hija como cena,
sirvieron (al hijo como alimento)[r 94].
(...) estaban llenos (...).
Una (casa) consumía a la otra,
sus (caras) se oscurecieron (como malta seca).
(Las gentes) vivían (al borde) de la muerte.
El que discernía, Atrahasis, el hombre
tenía atento el oído (a su señor), Ea.
(Él habló) con su dios,
(y Ea habló con él[r 95].
(Buscó) la puerta de su dios,
colocó su cama mirando al río.
La corriente estaba tranquila;.

En este punto finaliza el reverso de la quinta columna. La siguiente columna repite parte de lo ya expuesto. Otro fragmento asirio repite, en su primer reverso, nuevamente la causa desencadenante del castigo a la humanidad.

(Enlil abrió su boca para hablar)
y se dirigió a (...):
«(El ruido de la humanidad) ha llegado a ser demasiado intenso para mí),
con su alboroto (estoy privado de sueño).
Ordena que (Anu y Adad) guarden (las regiones superiores),
que Sin[r 96] y Nergal[r 97] guarden (la tierra media),
que el cerrojo, la barrera (del mar),
Ea lo guarde junto con (sus plantas)».
Dio la orden y Anu y (Adad) guardaron (las regiones superiores),
Sin y Nergal guardaron la tierra (media),
el cerrojo, la barrera del mar,
Ea lo guardó junto con (sus) plantas.
Ahora Atrahasis, (cuyo dios era Ea),
lloraba cada día (...).
Solía traer ofrendas (...).
Cuando el río (...) estaba tranquilo,
la noche estaba serena (...)

A partir de aquí, el fragmento asirio está en muy mal estado de conservación. Omitimos, sin embargo, los versos legibles de tal fragmento por su escaso interés. La narración continúa en su segunda columna del reverso..

«(Ordené que) Anu y Adad guardaran (las regiones superiores),
(que Sin y Nergal) guardaran la tierra media,
(que el cerrojo), la barrera del mar,
la guardaras junto con tus plantas.
(¡Pero tú derramastre) abundancia para las gentes!».
(...) el ancho mar
repitió (el mensaje de) Enlil a Ea:
«(Ordené) que Anu y Adad guardaran las regiones superiores,
(que Sin y Nergal) guardaran la tierra media,
(que el cerrojo), la barrera del mar,
la guardaras junto con tus plantas.
(¡Pero tú) derramastre abundancia para las gentes!».
(Ea) abrió su (boca) para hablar
y (se dirigió al) mensajero:
«(...), ordenaste y Anu y Adad guardaron las regiones superiores,
(Sin y Nergal) guardaron la tierra media,
(el cerrojo, la barrera del mar,
lo guardé junto con mis plantas.
Cuando (...) escapó de mi
(...) una miríada de peces, una miríada (...)
(...) reuní y desapareció,
y rompieron la mitad (del cerrojo).
(Después que) hube matado a los guardianes del mar
caí (...) sobre ellos y los castigué.
(Después de que) les hube castigado (lo repetí) e impuse un castigo».
(...) tomó el mensaje
(...) el ancho mar,
(marchó) y repitió
(el mensaje de) Ea a Enlil:
«(...) diste la orden y Anu y Adad guardaron las regiones superiores,
(Sin y) Nergal guardaron la tierra media,
(el cerrojo), la barrera del mar,
la guardé junto con mis plantas.
Cuando (...) escapó de mí,
(...) una miríada de peces, una miríada (...)
(...) reuní y desapareció,
y rompieron la mitad (del cerrojo).
(Después de que) hube matado a los guardianes del mar,
caí (...) sobre ellos y les castigué.
Después de que les hube castigado
lo repetí e impuse un castigo».
Enlil abrió su boca para hablar
y se dirigió a la asamblea de todos los dioses:
«Vegamos, todos nosotros, y hagamos un juramento para traer un diluvio».
Anu juró primero,
Enlil juró, sus hijos juraron con él.

Aquí finaliza el fragmento. Otro fragmento, también asirio, recoge parte del mito, con las instrucciones que Ea indirectamente da a Atrahasis.

«Ea, señor, (oí) tu llegada,
noté pasos como los (tuyos)».
(Atrahasis) hizo una reverencia, se postró, se levantó (...),
abrió (su boca) y dijo:
«(Señor), oí tu llegada,
(noté) pasos como los tuyos.
(Ea, señor), oí tu llegada,
(noté) pasos como los tuyos.
(...) como siete años,
(...) ha hecho al sediento débil,
(...) he visto tu rostro,
(...) dime tus (...)».
(Ea) abrió su boca para hablar
(y se dirigió a) la choza de cañas:
«(...). ¡Choza de cañas! ¡Choza de cañas!
(...) préstame atención!».

El anverso del breve fragmento finaliza en este punto. Su reverso narra el desarrollo del diluvio.

(...)
(...) puso (...).
Entró y cerró (el barco).
El viento (se presentó) y trajo la (tormenta).
Adad cabalgó en los cuatro vientos[r 98], (sus) mulos:
el viento del Sur, el viento del Norte, el viento del Este, el viento del Oeste.
La tormenta, el temporal, la tempestad soplaron para él,
el viento infernal (...) los vientos se levantaron.
El viento del Sur (...) se levantó a su lado,
el viento del Oeste sopló a su lado

Sigue un verso incompleto.

(...) la carroza de los dioses (...)
barre a su paso, mata, azota (...).
Ninurta marchó e (hizo que) los diques (se desbordaran),
Errakal arrancó (las estacas de amarre),
(Zu rasgó) los cielos con sus garras,
(...) la tierra como una marmita, él difundió su consejo.
(...) el diluvio surgió,
su poder vino (sobre) los pueblos (como una orden de batalla)

La parte última de esta columna se halla incompleta, siendo sólo comprensible una parte mínima de líneas.

(...) el ruido del diluvio
(...) hizo que los (dioses) temblaran.
(...) sus hijos eran derribados por su propia orden,
(...) pasó su emoción.

Un nuevo y breve fragmento da algunos detalles sobre la construcción del barco por Atrahasis.

«(...)
(...) explicaré
(...) (un diluvio) apresará a todos los pueblos juntos
(...) antes de que el diluvio surja
(...) todo lo que hay (...)
(...) construye un gran barco.
Que su estructura sea (...) completamente de cañas[r 99]
(...) que sea un barco maqurqurrum[r 100], con el nombre
"El Salvador de Vida"[r 101].
(...)téchalo con una fuerte cobertura.
(En el barco que) tú construirás,
(mete) (...), criaturas salvajes de la estepa, pájaros de los cielos[r 102]»

La rotura del fragmento impide su conclusión. Por otro fragmento, también asirio, conocemos detalles complementarios.

(...) que (...)
(...) como el cielo de (...).
que (la capa de brea) sea fuerte encima y debajo,
(...) calafatea el (barco).
(Observa) el tiempo señalado del cual te informaré.
Entra en (el barco) y cierra la puerta.
Mete en él tus cebadas, tus bienes, tus pertenencias,
(tu mujer), tu familia, tus parientes y los trabajadores diestros,
(Las criaturas) de la estepa, todas las criaturas salvajes
de la estepa que comen hierba
las enviaré a ti y esperarán en tu puerta».
Atrahasis abrió su boca para hablar
y respondió a Ea, (su) señor:
«Nunca he construido un barco (...).
Haz el dibujo en la tierra
para que pueda ver (el dibujo) y construir el barco».
Ea hizo (el dibujo) en la tierra.
«(...) mi señor, lo que tú ordenaste (...)».

Debido a rotura, aquí finaliza este fragmento. Gracias a estas versiones, todas incompletas, se ha podido delinear en gran medida la primera parte de la Epopeya de Atrahasis, de la que desconocemos, hoy por hoy[r 103], su final[b 1].

Referencias[editar]

Las Referencias aluden a las relaciones de un artículo con la "vida real".
  1. La primera línea, Enuma ilu awilum, daba nombre a esta composición conocida por diferentes versiones, todas ellas llegadas de modo fragmentario. Destaca la copiada por el escriba Ellit-Aya, coetáneo del Ammisaduqa (1646-1626 a.n.e.). Algunos autores leen el nombre del escriba como Ku-Aya (H. Cazelles).
  2. Las representaciones mesopotámicas suelen simbolizar este esfuerzo, tanto de los dioses como de los reyees, mediante el cesto o la espuerta con la que transportaban los ladrillos o la tierra. El mito alude aquí a los orígenes de la creación, anterior a la presencia del hombre en la tierra.
  3. Aquí designan a los dioses principales que acompañaban a Anu en el cielo. Más tarde, los Anunnaki fueron repartidos por la tierra y los Infiernos, donde actuaron en calidad de jueces de los difuntos.
  4. Seguimos a R. Labat. En cambio, para W. G. Lambert y A. R. Millard el número siete ha de aplicarse a los Anunnaki y no a los Igigi.
  5. Apelativo de los dioses del cielo, contrapuestos a los Anunnaki.
  6. Dios absoluto de la cosmogonía súmero-acadia y rey del cielo en la tríada que formaba con Enlil y Enki (Ea). Fue el padre de los dioses y el organizador del mundo. Se le veneraba especialmente en Uruk.
  7. Importante divinidad del panteón sumerio. Dios de la atmósfera, «rey del diluvio» y «señor de los destinos» era el ejecutante de las órdenes de Anu, su padre. Poco a poco fue suplantando el papel de dios absoluto. En este mito él es quien lleva la iniciativa de destruir a la humanidad.
  8. Dios de las crecidas y «huracán de Enlil»· Fue considerado también dios de la guerra y de la caza.
  9. En el original, gallu, «demonio», término que no conviene al contexto.
  10. Dios de los diques y fosos y más específicamente «inspector de canales». Dicha divinidad estaba a las órdenes de Anu y de Enlil.
  11. Alusión al reparto del cosmos efectuado tras la organización del caos inicial que según este mito se hizo a suertes.
  12. Esto es, a Anu le había correspondido el cielo. Por lo dicho poco después a Enlil le correspondió la tierra y a Enki el vasto océano fundamental.
  13. «Señor de la tierra». Los acadios le dieron el nombre de Ea, «Casa del Agua». Fue dios del agua dulce y del Océano, en cuyas profundidades tuvo su morada. Dios de la inteligencia y del saber fue muy venerado en Eridu. A él la humanidad le debió su salvación del diluvio.
  14. El Apsu era el abismo de las aguas, lugar de residencia y dominio de Enki.
  15. Con este nombre los semitas conocieron al dios sumerio Enki. Su nombre equivale a «Casa del Agua», lo que define su carácter y atribuciones.
  16. Uno de los grandes ríos de Mesopotamia, de 2.700 km de longitud y que desmpeño un gran papel en la historia de la zona.
  17. Restitución por W. G. Lambert y A. R. Millard.
  18. El estado del texto impide conocer el nombre de la divinidad que habla a los otros dioses.
  19. «Casa montaña», nombre dado al templo del dios Enlil, en Nippur.
  20. Portero del templo Ekur, donde recibía culto el dios Enlil.
  21. Divinidad hipóstasis del dios del fuego. Se le consideró como el ministro y mensajero de los dioses, especialmente de Enlil, y por ello, intermediario entre los cielos y la tierra. Le fue tributado culto en el Ekur de Nippur.
  22. Restitución propuesta por R. Labat.
  23. Anu y otros dioses son calificados en el mito como «guerreros» (quradu). De hecho, Anu, era una divinidad tranquila, especie de deus otiosus, que estaba al frente del panteón.
  24. Se le pide la muerte de un dios para, a partir de él, crear la humanidad y así traspasar a ésta las fatigas de los dioses.
  25. «Soberana de los dioses», «Señora de los dioses». Era una designación de la diosa Mami o Mamma, en cuanto diosa del nacimiento. También se aplicó tal título a otras muchas diosas.
  26. Palabra que significa «estúpido», «tonto», «salvaje» y, por extensión, «primer hombre». Cf. Enuma eliš, VI, 6. Con esta palabra se definió al hombre primigenio.
  27. Traducción posible.
  28. Era la diosa madre. Entre otros atributos tenía el de marcar el destino de los recién nacidos.
  29. «Señora que da a luz», nombre sumerio con el que se designaba también a la diosa madre. Esta advocación fue adorada especialmente en Adab.
  30. En las culturas antiguas (y primitivas actuales) era muy común la creencia de que el hombre había sido formado a partir de la arcilla. Cf. Génesis, 2, 7.
  31. La creación del hombre a partir de un dios muerto ad hoc tenía por finalidad reconocer, de hecho, la categoría excepcional del ser humano frente a los otros seres de la creación.
  32. Esto es, queden justificados los dioses en el juicio seguido contra ellos por haber dado muerte a un dios. También podría interpretarse considerando que quedaban limpios del intento de sublevación y protesta contra Enlil.
  33. El tambor era un instrumento sagrado, tratado incluso como divinidad y tocado en los momentos de dificultad, grandes acontecimientos o ceremonias religiosas. Aquí Enki probablemente indica que será el hombre quien en lo sucesivo toque el tambor para los dioses, ya exentos de fatigas y obligaciones.
  34. En el original, etemmu, «espectro». Con este término se desginaba aquello que sobrevivía al hombre después de su muerte.
  35. Esto es, gracias al etemmu el hombre nunca sería olvidado, ni siquiera tras la descomposición de su cuerpo. Tal espectro era lo que definía al hombre frente a las otras criaturas.
  36. Divinidad prácticamente desconocida y de muy probable origen semita. En el Enuma eliš su papel de víctima está asumido por Qingu.
  37. En el original, temu. W. G. Lambert y A. R. Millard, a quienes seguimos, traducen tal palabra como «personalidad». De hecho, tal palabra acadia significa «inteligencia, razón». R. Labat la traduce con este último valor.
  38. Mami.
  39. Es decir, «Soberana-de-todos-los-dioses».
  40. En el Apsu, residencia de Enki (Ea), lugar donde se fijaban los destinos.
  41. Nuevamente Mami.
  42. Probablemente se trata de una figura de arcilla de significado ritualista.
  43. Debido a la rotura de la línea, podemos interpretar tanto el instrumento como la persona encargada de cortar el cordón umbilical. Creemos que se trata del dios Ea, presente en este acto.
  44. Las diosas comadronas.
  45. Una determinada clase de sacerdotisas, encargadas de la protitución sagrada.
  46. Qadishtu o qadištu.
  47. Kesh o Keš
  48. Las copias presentan diferentes lecturas. Seguimos a W. G. Lambert y a A. R. Millard. Se pide alabanzas a la ciudad de Keš, (ciudad no identificada todavía) por ser lugar de culto de la diosa del parto Ninhursag.
  49. Ishtar o Ištar.
  50. Gran diosa acadia del amor y de la guerra. Fue una de las divinidades más relevantes del panteón mesopotámico, siendo la versión de la Inanna sumeria.
  51. Retitución de W. G. Lambert y A. R. Millard.
  52. Ištar Išḫara
  53. Išḫara o Išḫarra era el nombre dado a Ištar en su configuración como diosa del amor.
  54. En el Enuma eliš, I, 37-40, son los dioses los que no dejaban dormir a Apsu, por lo que decidió tal divinidad su destrucción.
  55. Enlil decide castigar a la humanidad por su alboroto y griterío con una plaga, consistente en una enfermedad eterna.
  56. «El sumamente sabio». Este epíteto se aplicó en otros textos a diferentes personajes y animales. En este mito es la persona designada por Ea (Enki) para ser salvada del diluvio. Viene a ser una especie de Ziusudra o Utnapishtim.
  57. En el original mu-ur-su, «enfermedad». Este castigo era la «plaga» a la que Enlil quiso someter a la humanidad.
  58. Dios de la peste y criatura infernal, procreada por Ereškigal e hijo de Enlil. Actuaba como ministro y mensajero de dicha diosa, llevando la muerte y la destrucción. Venía a se run demonio del Destino.
  59. En el original, ma-as-ha-tum, «harina tostada». W. G. Lambert y A. R. Millard traducen como «comida hecha con sésamo».
  60. Dios del tiempo meteorológico, especialmente de la lluvia. Fue el encargado de desencadenar el diluvio.
  61. Esto es, que la inundación no salga de su cauce. Al no salir las aguas de sus cauces las tierras se volverían estériles.
  62. Diosa sumeria de los cereales.
  63. Esto es, que no permita nacer cereales.
  64. Se volvieron blancos a causa del salitre, citado en la línea siguiente. Las tierras mesopotámicas, privadas del adecuado riego, se volvían estériles a causa del alto índice de salinidad.
  65. Esto es, al igual que los animales las gentes hubieron de comer forraje.
  66. En el original, ki-ma bu-uq-li, «como de malta». Se trata de un símil entre las caras macilentas de los hombres y el color verde del malta o cebada sin preparar..
  67. Está hablando, probablemente, Enlil.
  68. Mami.
  69. Un heraldo del dios Adad.
  70. Otro heraldo del dios Adad. Ambos anunciaban las tormentas y el mal tiempo.
  71. Un segundo nombre de Nergal, el dios de los Infiernos, en cuanto titular de la destrucción y de la guerra.
  72. Esto es, arrancaba o rompía los postes de los diques que contenían las aguas para así facilitar la inundación o expulsión de las mismas.
  73. Los sueños fueron considerados como revelaciones divinas o uno de los medios de contactar los dioses con los hombres. Su interpretación, la oniromancia, estuvo muy difundida en Mesopotamia.
  74. Cf. con el pasaje de la tablilla XI del oema de Gilgameš, de idéntico sentido. Es un subterfugio usado por Enki para no transgredir los planes divinos que habían decretado la destrucción de la humanidad.
  75. Según esta referencia, el barco habría de tener la forma de un cubo perfecto. Cf. el Poema de Gilgameš, XI, 30 y el Génesis, 6, 15.
  76. El betún era utilizado para calafatear los barcos y también en la construcción de casas y caminos.
  77. Cf. con el Poema de Gilgameš, XI, 44.
  78. En el original, ip-te ma-al-ta-ak-ta, «abrió el reloj de agua». El maltaku sumerio era una especie de clepsidra o reloj de agua conocido luego también en toda Mesopotamia y Egipto, empleado para medir las horas especialmente de la noche. Este aparato no era muy preciso, entre otras razones por los problemas técnicos que presentaba y por la dispar división horaria del día y de la noche.
  79. Aquí debe entenderse el hombre no cualificado que realiza labores de peón.
  80. Tras hacer subir al barco a los seres vivos y otras pertenencias, Atrahasis recoge a su familia, que no queda especificada en cuanto a sus componentes. Cf. con el Poema de Gilgameš, XI, 84-85 y con el Génesis, 8, 18, 7, 13.
  81. Se ha teorizado que Zu es una lectura incorrecta debido a una confusión con el símbolo de AN/dingir, pero en la actualidad también se acepta que podía leerse Zu.
  82. Lectura propuesta por W. G. Lambert y A. R. Millard. Zu, divinidad maléfica y sujeto de un importante mito, funciona como elemento desencadenante de la tempestad y del diluvio.
  83. Con Enlil y las otras divinidades que aceptaron el plan de exterminar a la humanidad.
  84. Nombre de un demonio del que apenas sabemos nada.
  85. El número fijado aquí de días y noches que duró el diluvio es metafórico. Cf. Génesis, 8, 1-2.
  86. Cf. con el Poema de Gilgameš, XI, 161.
  87. En el original, zu-be-e (de zu-ub-bu), «moscas». Aquí se trata de las cuentas o piedras preciosas de un collar, que adoptan forma de «moscas». Cf. con el Poema de Gilgameš, XI, 163-164.
  88. Demonio encargado de arrebatar a los recién nacidos.
  89. Los tres nombres aluden a otras tantas categorías de sacerdotisas. La entu era una gran sacerdotisa.
  90. Dada su vinculación religiosa, esta clase de sacerdotisas, si bien dedicadas a la prostitución sagrada, no podían engendrar hijos.
  91. La esterilidad de la tierra es correlativa con la de la humanidad.
  92. Esto es, la hija deseaba llegar junto a su madre, pero la madre no le abría su puerta.
  93. La carestía llegó a extremos insospechados, hasta el punto de que los componentes familiares se vigilaban entre sí en lo relacionado con la alimentación.
  94. Estamos ante casos de canibalismo.
  95. En el original la frase está escrita afirmativamente, pero antes de secarse la tablilla parece ser que se corrigió con una negación.
  96. Dios luna, hijo de Enlil y padre de Šamaš y de Ištar.
  97. «Potencia de la Gran Mansión». Era el nombre de un dios, en principio celeste, pero que tras su matrimonio con la reina de los Infiernos, Ereškigal, llegó a ser titular de tal región. Cf. el mito de Nergal y Ereškigal.
  98. Se trata de cuatro vientos creados por Anu para determinar los espacios superiores, coincidentes con los puntos cardinales, que pasaron luego a ser auxiliares a Adad, el dios del tiempo meteorológico.
  99. En el original, qa-ne-e (de qanu), «cañas». La carencia de madera y de otras materias primas en Mesopotamia queda evidenciada en esta apreciación.
  100. Término derivado del sumerio ma-gur-gur con el que se designaba a una nave procesional, vinculada a las ceremonias religiosas.
  101. Esto es, na-si-rat na-pish-tim.
  102. El fragmento en cuestión es conocido bajo la denominación de «fragmento Hilprecht».
  103. Esto está escrito en 1984.

Bibliografía[editar]

La Bibliografía se compone de recursos informativos que existen en la "vida real".
  1. Lara Peinado, F (1984): Mitos sumerios y acadios Este icono indica que el enlace anterior es un archivo PDF.Este icono dirige a una versión archivada en Internet Archive del enlace inmediatamente anterior.. Editora Nacional, Madrid, pp. 307-342 (156-176).

⚜️[editar]

 Avatar Jakeukalane.png  Artículo transcrito por Jakeukalane
Por favor, consulta rigurosamente la bibliografía antes de cambiar o añadir algo a las transcripciones.
Icon libro 1.png