Relatos:Más Allá del Muro (Primera Parte): Las Fauces de la Oscuridad

De Bestiario del Hypogripho
Uul a través de los scanners de la Planonave K-19 del Instituto.

Este artículo tiene elementos que forman parte del Omniverso de Umaggar, lo Semifinito.   Este artículo tiene elementos que forman parte del multiverso de la Metásfera Khur.   Este artículo tiene elementos que forman parte de la Sfera de Uul, el Muro Ciego.   Este artículo tiene elementos relativos al IAEAF (Instituto Avanzado para el Estudio de Anomalías Fractalizadas).   Este artículo tiene elementos creados por NimoStar.   Este artículo está ilustrado con imágenes de NimoStar, ninguna otra persona. ningún autor adicional y nadie más.  

La planonave dejó de ulular y aterrizó suavemente sobre la superficie lítica. De su interior emergió una joven ataviada completamente de blanco, con algo que estaba entre una túnica y una bata de laboratorio. Quizás el blanco hubiese sido resplandeciente, de no ser por la casi absoluta oscuridad: Este era Uul, el Muro Ciego, un plano cerrado donde ni siquiera la luz del Metasol de Khur podía penetrar.

Ayna era una investigadora junior del Instituto Avanzado para el Estudio de Anomalías Fractalizadas, y la Metásfera Khur era un ocasional objeto de estudio de este: Infinitas Sferas dentro de un glomo rotatorio, cada una de ellas un mundo. Excepto que el mundo de Uul era hueco, y sólamente se conocía su interior, que ella ahora transitaba por primera vez.

- Interesante. -Se dijo a sí misma, mirando la infinita e impenetrable negrura. Eso era lo único que podía ser interesante, por el momento. Sin embargo, había leído de Uul en las bibliotecas del Instituto, y nadie iba a viajar allí sin una forma de ver. Por lo menos, no ningún investigador que dependiera de poder ver. Y ciertamente ella no iba a hacer a ciegas su tésis para convertirse en una Investigadora completa. Se colocó por lo tanto aquello que había traido específicamente para la ocasión: Un Amplificador Visual. Esta maravilla de la tecnología del Instituto cubría sus ojos reemplazándolos con una interfase sensor-cerebro, que registraba hasta el más mínimo fotón y lo usaba para generar una simulación computarizada del ambiente. Asimismo incluía para buena medida una serie de lasers y lámparas automáticas, que Ayna activó sin reservas. Después de todo, no era como si las criaturas ciegas de Uul lo fueran a notar: La vida en el plano no había evolucionado el inútil sentido de la vista.

Un mundo nuevo se iluminó frente a los "ojos" de Ayna: Uno de oscuras formaciones cristalomagnéticas, cubos sobre cubos, obeliscos y espirales de cuarzo negro que emitían minúsculos rayos al rozar con el fino polvo que los vientos electrostáticos soplaban. Por supuesto, ella estaba también equipada con un filtrador de aire; aunque la atmósfera de Uul era respirable, no podía uno arriesgarse a inhalar sus impurezas.

Caminó optimista a través de la superficie buscando una cueva, sin tener mucho mayor plan. - Se rieron de mí y ahora verán... el consejo académico no me quiso asignar un explorador... "mundo aburrido", dijeron... Yo conoceré lo que hay en el interior de este plano y nada va a impedírmelo. ¿Por qué se sabe algo de la parte interminable de todas las sferas excepto de esta? Sí, dicen que me comerá un escorpiosaurio, como al investigador anterior de Uul... pero no me importa... además, ellos y su "borrado retroactivo" saben de cosas peores que la muerte... - Hablar sola es un signo de aislamiento social. -Le respondió el ordenador de la interfase neural. - ¡Silencio, máquina!

Ayna encontró la entrada de una cueva con la asistencia del programa, un sugerente rombo sobre la ladera de una colina lítica, tal y como había detectado la planonave en su aproximación. A partir de ingresar, sin embargo, no tendría conocimientos previos. Las cavernas de Uul eran un gran ambiente inexplorado. Pero eso no la iba a detener: Después de todo, esa era su razón de estar allí.

Era curioso como todo en Uul parecía estar hecho con esa mezcla desconcertante de la estocástica y la precisión matemática. Los peldaños que bajaban desde la entrada a la cueva eran tan precisos que casi podrían haber sido unas escaleras del Plano del Instituto. Seguramente por estas cosas los criptohistoriadores insistían en una gran y perdida civilización; pero la explicación de formaciones cristalinas y fenómenos magnéticos bastaba para reconocer la repetitiva regularidad. Cien peldaños. Doscientos peldaños. Mil peldaños. El cuerpo de Ayna, como el de todos los investigadores, estaba aumentado (y vigilado) por nanobots del Instituto. Moverse no le cansaba, y su sistema biotecnológico mejorado reparaba cualquier herida rápidamente, incluyendo las microscópicas lesiones en músculos y huesos que podía generar la sobreexigencia. Incluso la túnica blanca se limpiaba permanentemente a sí misma, manteniéndose siempre inmaculada; aunque las criaturas de Uul no fueran a apreciar eso. Como los escara-abajos que se acababan de intentar prender a su mano que debió apoyar sobre una gruta. Yuck. Ayna se sacudió y siguió adelante. O abajo. Donde sea.

Los nanobots informaron que estaba fuera de la telemetría del Instituto. Bien. Las capas y capas de formaciones cristalomagnéticas, cientos de betros sobre su cabeza, finalmente fueron demasiado para los sistemas de vigilancia y comunicación a tiempo real. Lo malo: Si moría ahora, nadie vendría a recuperarla. Lo bueno: Ahora podía pensar cosas no autorizadas sin que nadie se enterara.

Como que quizás ese era el verdadero motivo por el que el Instituto desalentaba la exploración del interior de Uul (lo cual, técnicamente, era más cerca del exterior, porque todo el plano era como una enorme geoda de la que sólo se conocía la cara de adentro). Por otro lado, alguien con una clave TND podría conocer lo que ella arriesgaba su vida por averiguar en un instante. Aunque la clave TND era demasiado importante para eso. Sólamente se utilizaba para cosas que eran imposibles de conocer de otro modo, como los secretos del Omniverso. O quizás, en lugar de conocerlos, se usaba para ocultarlos. O ambas cosas simultáneamente. En cualquier caso, entendía la restricción: Si estuviera en su poder, la usaría para verle la ropa interior a la Decana. Aunque probablemente esa zorra holográfica ni siquiera tenía interior, como un polígono renderizado visto desde adentro. ¡Pero era tan bonita! Y lo sabía todo, o al menos estaba tan cerca de lo que eso era posible. Sin decir nada: Sólo pontificaba y pontificaba de Umaggar. Ayna no sabía si amarla u odiarla más.

Mala idea pensar de eso mientras caminaba sobre territorio desconocido. Una mala pisada, y la investigadora junior resbaló y cayó al vacío. Roca contra roca. Piedra dura y carne blanda. Cayó golpeando contra los lados de la oscuridad, rotos los reflectores por un golpe. Su traje se infló automáticamente para amortiguar, pero aún así, una vez llegó al suelo, tenía varios huesos rotos y tosió sangre. La anestesia no se hizo esperar, puesto que el dolor era insoportable. En unos pocos minutos se arregló, una combinación de las técnicas de relocación de articulaciones que había aprendido, la ayuda del traje para reaalizarlas, y los nánobots. Pensar que antes de entrar al Instituto, esa caída hubiera resultado sin dudas mortal. Fue una fortuna que no hubiera perdido mucho plasma, puesto que el suministro en su mochila era limitado, y los nanobots no podían crear materia. Esto no se vería bien en el debriefing cuando los Botrradores registraran los logs de sus instrumentos. "Pero no importa" -Ayna se aseguró a sí misma- "Si consigo un descubrimiento, un tropiezo no será nada en comparación". Se incorporó aún un poco desorientada por las contusiones, mientras sus sinapsis se regeneraban en base a los respaldos automáticos de datos. Por su parte, el tejido sintético-celular de las lámparas ya estaba haciendo que se enciendan de nuevo.

- Cómo me gustaría una criptobebida ahora...

Su divagación fue interrumpida por la vista de dónde se encontraba. Este lugar no era como antes: Techos altos. Agua que caía en gotas. Charcos donde diminutos artrópodos devoraban colonias macrobacteriales. Los sensores, aún si osfuscados por el electromagnetismo, mostraban signos vitales que no correspondían a ningún animal conocido. Ayna tomó una muestra de los artrópodos, otra de las colonias bacteriales y los colocó en uno de los tubos de su mochila para análisis futuro. Pero todo eso era pequeño comparado con lo que había venido a descrubrir. Sin embargo "descubrió" otra cosa, grande en tamaño: Heces de Escorpiosaurio Azul. Esos cristales finos y blancos no podían significar nada bueno. La investigadora tembló un momento ante la perspectiva de que las advertencias de los demás pudieran llevar algo de razón. Se apuró a moverse, yendo más y más profundo. Ya había descendido más de un kilóbetro. No podía volverse atrás con las manos vacías.

Pasajes. Pasajes. Cuevas y pasajes. Se bifurcaban, se dividían y se unían. Se agradaban y se achicaban; muchos demasiado pequeños para ella. Hexágonos, rombos y cuadrados. No se iba a perder ya que tenía el mapeo espacial automático registrando todo y proyectando un mapa 3D en su visión de dónde había pasado, pero esto era casi como navegar Umaggar. Su cerebro se estaba saturando de tanta información. Pero no podía parar a reflexionar, los rugidos de Escorpiosauros Azules poblando cada mal giro. Garras filosas de escorpión con potentes electroimanes. Cuatro patas de rinoceronte con pesadas púas magnéticas; y cuatro de araña con redes metálicas que daban choques eléctricos. Una terrible cola curva para inyectar un potente veneno corrosivo. Y mandíbulas poderosas con cientos de dientes platinados capaces de perforar los materiales más resistentes. Rodeado de un campo electromagnético con el potencial de alcanzar niveles que interfieran con la comunicación interna necesaria en la nanotecnología. Todo eso envuelto en un paquete letal de dos a cinco toneladas de impenetrable exoesqueleto y músculos; un depredador nato sin competencia: Eso era un escorpiosaurio. Ni siquiera sus mejoras del Instituto le permitirían a sobrevivir un ataque... comenzó a verse partir a la mitad entre las garras de la despiadada bestia. Para sacar la imagen de su cabeza, empezó a imaginarse un brindis con la Decana en un restaurant gologosiano celebrando su éxito, los anteojos de su "amada" reflejando las luces doradas y un plato lleno de caliente comida traida de los planos más exóticos. Una mera fantasía, pero una que la ayudaría a continuar. Pasajes fríos y calientes. Su traje tenía que estar todo el tiempo cambiando de forma y de refrigeración a calefacción según lo que ordenaba a través de los nanobots y la interfase mente-máquina. La mayoría era casi automático, pero igualmente resultaba extenuante. Más de una vez pasaba por una larga serie sólo para encontrarse frente a una laguna de hierro fundido, o un río de este material. Algunos decían que allí vivían los misteriosos Uulpos, pero sus sensores no eran lo suficientemente avanzados para escanear el interior de metal fundido. Su equipamiento, aunque impresionante desde la perspectiva de razas mortales, era más bien de los peores entre todos los investigadores. Después de todo, debía aprobar su tésis para aumentar al rango de investigadora completa...

Un lago gélido subterráneo. Era increible la posibilidad de Uul de combinar frío y calor, debido a las bajas propiedades conductoras de este de sus materiales, y por supuesto la carencia de luz solar. Ayna caminó por la superficie congelada, observando las formas oscuras que se movían por debajo, y registrando sus signos vitales. De niña estaba maravillada por estos lagos y encontrar uno renovó su optimismo en su misión. Las siluetas de grandes peces, en comparación a los sonidos de escorpiosaurios, eran prácticamente amistosas. Además, Ayna sabía que los escorpiosaurios eran muy pesados para caminar sobre superficies congeladas, por lo que allí estaba segura. Se sentó, sintiendo cómo la calefacción de la túnica compensaba el frío del lago en su interior, mientras mantenía el exterior a temperatura ambiente para no derretir el hielo. Se permitió tomar muestras de este, que probablemente tuvieran información valiosa sobre la microbiótica de ese ecosistema. Inclusive recogió parte del agua, fundiendo el hielo con un laser de su sistema visual, para futuro análisis molecular. Luego de descansar su mente de este modo, la investigadora junior se sintió más lista para continuar su travesía con la consciencia más tranquila. Ese cambio de ambientes era una señal de que las teorías que había estado barajando podían ser ciertas después de todo...

La superficie entera de Uul era en la práctica un gran desierto frío, con contadas lagunas congeladas y consistentes temperaturas bajo cero. A pesar de su considerable área, ninguna civilización la habitaba, sólo animales de curiosas características. Según las tésis de Ijddibrak, el desarrollo civilizatorio era más probable en las especies terrestres con fuentes constantes de agua líquida. Esto en la superficie resultaba claramente imposible. Pero la presencia de hierro fundido y lagos superficialmente congelados en los mismos complejos subterráneos sugería que el hierro podría ser de algún modo movilizado para fundir el agua, dando acceso a la capa inferior tal y como ella había hecho con sus lasers. Y eran las civilizaciones las que daban información sobre las partes exteriores, interminables, de las Sferas de Khur, las cuales el Instituto hallaba topológicamente intrigantes. En otras palabras, si Ayna podía encontrar una civilización subterránea, la cual había ahora comprobado con mayores probabilidades *teóricas* de existir, entonces podría saber qué había más allá del Muro.

Ayna caminó incansablemente pasadizos y salones innombrables. Casi literalmente incansablemente; la batería atómica en su mochila podía alimentar a los nanobots por décadas, que a su vez pasarían energía a sus células mientras pudiera respirar. Llevaba también en cápsulas de criptobiosis colonias de bacterias, hongos y algas unicelulares diseñadas, capaces de convertir la materia prima del plano en grumos comestibles, aunque algo sosos y no de precisamente el mejor sabor o contextura. Para eso estaba preparada, sin embargo; el vasto subterráneo de Uul era enorme e inexplorado. Incluso si había civilización, podría tomar meses encontrar los indicios. Ella lo sabía. Lo que no había tomado en cuenta era la presión psicológica de ser una presa, algo para lo que nada -ni siquiera la cultura opresiva del Instituto- la había preparado. Sentía contínuamente Golpes. Más golpes. Montones de pesadas patas caminando. Detrás de las paredes. En túneles adyacentes. Pensando y pensando, se dió cuenta de que había cometido un grave error. Los escorpiosaurios usan electropercepción. Ella sabía desde el comienzo que, en Uul, el camuflaje óptico del que normalmente son capaces las túnicas Idil serían inútiles. Lo que no había tomado en cuenta es que su complemento de equipos seguramente no sólo la hacía rastreable por escorpiosaurios, sino que la hacía parecer una presa mucho más grande y jugosa de lo que realmente era. Aún peor, podían percibirla como una amenaza. Apagar los sistemas era una opción casi tan riesgosa como dejarlos encendidos. No sólo quedaría ciega, sino que quitar la estabilización de temperatura podía ser básicamente suicida. Ahora la perseguían -estaba segura- al menos dos escorpiosaurios, esperando el momento para atacar, la intersección correcta de los túneles. Instintivamente comenzó a correr, esperando que las menos ágiles criaturas quedaran atrás. No parecía ser el caso; inclusive pequeños fragmentos comenzaron a caer del techo producto de la invisible estampida en un nivel superior. Buscó otra táctica... navegación térmica. Encontrar otro lago de hielo, que los escorpiosaurios no podrían cruzar. Usó los sensores en máxima potencia, sabiendo que incrementar el uso de energía era un riesgo de por sí, jugando todo a esta carta. Los nanobots trabajaban a toda potencia mientras ella exigía el máximo de su cuerpo. Finalmente, un respiro de los terribles tambores que eran las garras de escorpiosaurio golpeando los techos desde el otro lado: Una laguna glacial. Ayna se deslizó rápidamente a ella, esperando que fuera lo suficientemente profunda, buscando su centro. Los peces se acercaban desde abajo, curiosos a esa forma de presión. Pero los golpes no pararon. Desde la parte superior se oía a la criatura directamente sobre ella. Entonces, una titánica garra azul oscura atravesó la piedra. La jóven investigadora cerró los ojos anticipando su seguro final. El techo comenzó a deshacerse como una tela que ya no soporta la fuerza que se le imprime. En apenas instante, el escorpiosaurio cayó como un contundente trozo de metal; Ayna dió un salto, y la enorme masa azulada quebró el hielo cayendo a las aguas gélidas debajo, generando un considerable salpicón de frías aguas abisales, evaporándose en una fina niebla cuando tomaba contacto con la túnica autocalentada. El estado de choque sólo se hizo más grande cuando del hoyo emergió un píscido de proporciones insospechadas, engullendo de un bocado al hundido escorpiosaurio y volviendo a las profundidades en un sólo sublime movimiento.

- Bien. Al menos el lago era "suficientemente profundo" -Pronunció Ayna tumbada y boquiabierta, sin salir de la estupefacción. Esa podría haber sido ella con la misma facilidad. Quizás en Uul no había lugar seguro. Y por eso mismo, volver era tan peligroso como proseguir. Había presenciado a un *escorpiosaurio*, considerado el depredador máximo de todo ese plano -posiblemente, de todo el multiverso- ser devorado en un instante por alguna absurda criatura desconocida para la ciencia, ¿QUé otros misterios aguardarían en las profundidades de ese mundo? Ayna no los imaginaba. Pero no tendría que hacerlo: Ahora estaba más decidida que nunca de llegar al fondo de la cuestión. Literalmente.

*FIN DE LA PARTE 1*

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