Las Doce Cazas

De Bestiario del Hypogripho
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Las 12 Cazas (no llamadas las doce cacerías porque los cazaballeros analogan "caza" con "casa") es una controversial leyenda heroica y mito deogónico de Illoria, parte de algunas tradiciones Panentidistas. Relata las aventuras de cuatro notables cazaballeros para rescatar a Pabahur, compañero de todos y hermano menor del líder Azabahur.

Para recuperarlo tuvieron que matar a 12 monstruos legendarios en sus guaridas, cada uno de ellos con un fragmento del mapa que llevaría al lugar donde se encontraba su camarada luego de ser abducido por la diosa Tazabana, Reina de las Bestias.

Comienzos[editar]

Érase una vez un grupo de cazaballeros, todos unidos en su corazón por inseparables lazos de amistad. Eran nómades viajando por los valles y los lagos para encontrar grandes presas y darse a un festín, compartiendo siempre con los aldeanos de los pueblos que los hospedaban. Esta era su forma de pagar por su hospitalidad (y el tiempo que pasaban con sus mujeres, si fuera el caso...), y en el transcurso de sus aventuras acuñaron mucha fama.

Los Cazaballeros[editar]

Azabahur con Cortatroncos ataca al Senecttamal.
Azabahur con Cortatroncos venciendo al Senecttamal. Nótese que esta visión del Senecttamal no muestra sus características de sapo por estar influida por las leyendas de Escorpiosauros Negros.

"Cazaballero" es una profesión de la etnia de los Rucales, quienes tienen una tradición de cazadores andantes que destrozan las bestias que aterrorizan poblaciones y las devoran si fuera posible. Por supuesto, sus servicios suelen tener un precio. Este grupo en particular es considerado el paradigma de la cazaballerosidad.

Azabahur: El líder del grupo, lleva una armadura de cuero color bordó y es excelente con su machete, llamado Cortatroncos. Nunca teme al peligro y está dispuesto a darlo todo por sus amigos; especialmente por su hermano menor Pabahur.

Unijan: Un hombre alto y más pálido, con una túnica azul. Astuto y callado, caza colocando complicadas trampas de hierro. En cuerpo a cuerpo prefiere las cadenas.

Renko: Un ballestero de baja estatura, flacucho pero de fuertes dientes y diestras manos, que usa pólvora explosiva en sus proyectiles. Aunque la mayor parte del tiempo es un bromista, no es conveniente hacerlo enojar porque su temperamento es tan volátil como sus preparados.

Kabezán: Un fornido y quemado cazaballero siempre listo para saltar a la acción, y sin embargo prudente. Lleva vestimentas oscuras y raídas para camuflarse con los entornos y prefiere la oscuridad. Su manejo del arco y flecha son legendarios.

Pabahur: El cazaballero más joven y el aprendiz del grupo, sin embargo también quizás el que muestra más potencial. Aunque parece torpe y tímido, sus ataques con el hacha son críticos, y puede trepar árboles y subir muros sin dificultad, cayendo contra sus enemigos desde las alturas. Hermano menor de Azabahur.

El Secuestro[editar]

La diosa Tazabana oyó de este grupo y, ya que se había quedado viuda hace poco (su esposo, Yutrán, había ido a las Guerras del Quinto Cielo y nunca regresó), decidió que el más joven de ellos sería su próximo consorte. El rumor se esparció de sus guardias, los Maestros del Alce, a los Mensajeros del Ciervo y luego a la población. Los cazaballeros se aprestaron a la confrontación, ya que jamás permitirían que los separasen. Sin embargo, no contaron con que la diosa se presentara a ellos bajo la forma de una damisela indefensa cubierta sólo por una caperuza azul. En cuanto hubo notado cuál sería su objetivo, lo arrebató y se dió a vuelo por los cielos. Kabezán, conocido por ser un morocho y fornido arquero, le lanzó una flecha; esta no perforó su carne, pero atravesó su morral; la flecha se llenó de una serie de pergaminos. De tal modo la encontraron clavada en el que sería conocido como el Árbol de la Fortuna en la Montaña Tambón.

Desciframiento[editar]

Los pergaminos estaban dañados pero tras llevarlos a un ilustre y anciano anticuario llamado Pazún Rukal (los cazaballeros no sabían leer) que vivía en las afueras de un pueblo que habían frecuentado antes. Éste les dijo que contenía una parte del misterio sobre cómo llegar a Toromille, el palacio de Tazabana en el Tercer Cielo. Sin embargo, se detallaba que para conseguir el secreto completo necesitarían las doce tablillas de oro, cada una de ellas custodiadas por una bestia legendaria sirviendo a Tazabana, en una catacumba creadas especialmente para este propósito. Para lograr obtenerlas deberían inhabilitar, burlar o matar a las bestias, una tarea considerada imposible para cualquier mortal. Esto no intimidó a los cazaballeros, que harían cualquier cosa por estar reunidos otra vez. En cada ocasión que volvían al anticuario con una de las tablas, este les daba una instrucción nueva.

Primera Caza[editar]

Su primer objetivo fue la espeluznante Mandrácora, una especie de dragona hecha de plantas carnívoras. La Mandrácora era venenosa y tenía una boca pegajosa y un interior imposible de escapar, según se reputaba. Además era difícil dañarla debido a su fisiología descentralizada. Por si fuera poco, la mandrácora podía volar y así atacar a sus enemigos con un aliento de polen adormecedor antes de bajar y devorarlos. Su guarida era conocida como Nogak'jashión, un templo abandonado y lleno de hiedra, en medio de la Selva Cajunna. Tras ver que las flechas y cadenas hacían casi nulo efecto, Azabahur cargó en contra de toda recomendación de sus camaradas; y sus ataques de machete resultaron sorprendentemente efectivos. La mandrácora voló y comenzó a usar su polen somnífero, pero Kabezán lanzó una flecha con una cuerda, de la cual Azabahur trepó para dar los golpes mortales. Resulta que el cuerpo de la mandrácora estaba hecho de una especie de un licor de azucar dulce y milagroso, por la cual la llevaron al pueblo más cercano (parte de los Topocotes, una tribu tropical sin ropas) y celebraron con tres días con la más ruidosa fanfarria.

Segunda Caza[editar]

El viejo anticuario Pazún los dirigió luego a un hoyo en las nieves eternas de Unahian, que daba a Ilhon, un templo perdido hecho completamente de hielo tallado con inscripciones más antiguas que la humanidad. Allí los esperaba el terrible Comecocos, una criatura tentaculada antigua que se hallaba durmiente por eones incontables desde que el clima cambió y los cocos de los que se alimentaba se extinguieron. Furioso contra aquellos que habían interrumpido su sueño, el Comecocos confundió los cráneos humanos con su comida/bebida favorita. La agilidad de este animal nunca había sido igualada y su camuflaje era casi perfecto: No solamente podía imitar el color de donde se encontraba, sino también su textura, modo del cual montó numerosas emboscadas, algunas de las cuales resultaron casi mortales (Renko y Cabezán todavía tienen marcas de las ventosas). Aunque en este transcurso el Comecocos perdió dos tentáculos a los machetazos de Azabahur, con horror observaron que le volvían a crecer. Unijan se propuso acabar con la amenaza de una vez por todas, tendiendo trampas que inmovilizaban los tentáculos en lugar de cortarlos e inyectándole venenos y anestesias que había confeccionado de los restos de la Mandrácora. El Comecocos estaba vencido para siempre. El cuerpo de este monstruo fue considerado una delicadeza por los nativos de Hunahuan, que en las fiestas subsecuentes ofrecieron a los cazaballeros quedarse para siempre. Sin embargo, ellos tenían otras cosas que hacer luego de disfrutar de la cálida hospitalidad de sus acompañados iglúes entre esas nieves perdidas.

Tercera Caza[editar]

Kokotal la Serpiente Impoluta habitaba en lo profundo del monte Kikehua, en las Islas Hualala. Una criatura de vivas plumas blancas, rojas y anaranjadas, se calentaba a la luz de la lava de este volcán antiguo pero aún activo. En el borde del precipicio se hallaba la tercera tableta, que si caía al magma sería destruida para siempre. Este desafío no sólo era una tarea de fuerza sino también una de balance... y para sorpresa de los cazaballeros, Kokotal no sólamente exhalaba llamas de sus orificios nasales, sino que también cavaba a las profundidades de la Tierra, provocando terremotos. Sus plumas eran irrompibles, pero Renko eventualmente encontró su momento: Atacando arriba con un potente explosivo, un enorme desprendimiento de rocas atrapó a la serpiente, haciéndola caer y fundiéndola en el magma de abajo. No pudieron recuperar el cuerpo, pero los alegres habitantes Hualalenses de todos modos les agradecieron por acabar los terremotos y erupciones; esto fue una celebración y varias ofertas de matrimonio de las princesas locales. Sin embargo, este no era el momento de detenerse...

Cuarta Caza[editar]

Para la cuarta caza los intrépidos héroes debían llegar al monte más alto de Apelmazal, donde se encontraba el legendario Stegobuho. Con una cola espinosa, placas óseas en la espalda y piel cubierta de escamas, esta criatura tenía la visión más penetrante y hacía su nido en el Espiral del Tiempo en la cima de la montaña, un templo construido de piedra caliza por una civilización hace mucho olvidada. Los cazaballeros estimaron mal la hora de su llegada, ya que cada capa de nubes encobría una cima cada vez más distante. Cuando llegaron era de noche y esta oscuridad sólo podía ayudar al nocturno Stegobuho. Ni siquiera Kabezán podía acertarle entre las sombras, hasta que el propio Stegobuho le dio un coletazo terrible en los ojos. Kabezán sobrevivió pero quedó cegado... sólo en esta condición notó que podía escuchar el sonido siseante de la bestia al volar, y así le acertó un disparo mortal. Además de esta herida, los habitantes locales se enardecieron contra ellos ya que consideraban al Stegobuho como un dios protector contra los RDTI (Roedores de Tamaño Inusual), así que fueron perseguidos por la multitud hasta forzarlos a abandonar sus tierras. Desalentados pero portando la tablilla de oro, regresaron con el viejo Pazún Rukal para la próxima misión, quien parecía extrañamente jovial.

Quinta Caza[editar]

En los pantanos pestilentes de Car'map, se encontraba el epónimo santuario abandonado de Car'map'Zún, una misteriosa construcción de metal negro donde había corrido mucha sangre antigua. En él vivía el odiado Senecttamal, un megasapo arácnido de cinco ojos que había sobrevivido por más de mil años a través de las energías malignas del santuario maldito. Los cazaballeros habían oído de la peligrosa tela del megasapo; lo que no sabían era que esta era completamente invisible. Se encontraron atrapados en ella sin ninguna advertencia, sin dudas también distraidos por los olores fétidos del pantano y las sanguijuelas que los cubrían hasta la cintura. El Senecctamal se acercó a ellos listo para darse un festin con sus vitales cuerpos. Sin embargo Cortatroncos, el machete de Azabahur, milagrosamente cayó de su funda, cortando la tela pegajosa y liberando a su dueño, quien separó a sus camaradas y juntos destrozaron al megasapo a puro músculo, ya que luego de caer Cortatroncos se hundió en el pantano y el resto de sus armas estaban oxidadas. Pasaron el resto de la tarde buscando a Cortatroncos y sacándose las sanguijuelas en el disco oscuro mientras alejaban a los malos espíritus para recobrar la tablilla. Al notar que no había poblaciones locales, se retiraron algo abatidos.

Sexta Caza[editar]

El anciano anticuario los envió a la isla de Pégrun, donde estaba la miserable Jutunkún. Esta estrella de mar cubierta de densos vellos tenía un par de brazos especiales de prodigiosa fuerza con los cuales se balanceaba de palmeras y se lanzaba contra sus adversarios. Al comienzo los cazaballeros no sabían como combatirla, pero tras trastabillar muchas veces Azabahur pudo cortarla en muchos trozos. Basta imaginar el horror que sintieron cuando instantes después cada uno de esos trozos regeneraba una Jutunkún completa, lista para la batalla. Como con el emparentado Comecocos, la estrella (pun unintended) del combate fue Unijan, quien preparó un pozo lleno de estacas; cuando las estrellas se lanzaron a ellos como carnada, cayeron en el pozo que habían armado a su alrededor, que los cazaballeros habían llenado de las sanguijuelas de Car'map. Derrotadas las insistentes estrellas, se llevaron la tablilla y festejaron en una isla aledaña intercambiando vidrios de colores por los tesoros de los nativos.

Séptima Caza[editar]

Teniendo ya la mitad de las tablillas, los cazaballeros se regodeaban en su éxito, pero Pazún les aseguró que lo peor estaba por venir. En una meseta árida se hallaba el misterioso Cabrodonte, una criatura con cuernos capaces de atravesar a un hombre blindado de un sólo ataque. "pan comido" dijo Azabahur, y antes de que cantara el próximo gallo estaba atravesado por un cuerno del terrible Cabrodonte. Sus amigos se enardecieron tanto al ver este cruento espectáculo que Kabezán, quien no había podido acertar flechas antes en su situación de ceguera, usó los gritos de su camarada como sistema de ecolocación activa y le dió directamente a un ojo de la terrible bestia. Luego llevaron a su líder al chamán más cercano, quien dijo que le devolvería la vida pero le costaría a uno de ellos su alma. Estuvieron todos de acuerdo que el mismo alma de Azabahur sería un buen pago, excepto él que estaba inconsciente y si no lo salvaban iba a morir de todos modos. Acordada la transacción, este intrépido cazaballero fue sanado. Una vez consciente, no consideraron propio notificarle de una pequeñez como su presuntivo desalmamiento...

Octava Caza[editar]

Esta caza los llevaría al bosque Kulutufré, donde las nieblas escondían ejemplares insospechados de... insectoides. Tras admirar los altos árboles y los soberbios lagos, los cazaballeros enfilaron hasta la Laguna Trufunkún donde los esperaba el Huillakalate. Este era un moscón asesino que atacaba con aguijones lanzables a distancia y tenía enjambres de sirvientes chupasangre. Curados de espanto por las sanguijuelas, nuestros héroes pensaron que algunos insectos no podrían ser la gran cosa... se equivocaron. Cubiertos por veritables mantas de moscas-chupasangre asesinas, moverse tenía poco efecto; solamente pudieron huir, pero eso tampoco funcionaba. Renko tuvo la idea de tirarse en la nieve cerca de una cima y revolcarse para quitarlos, y eso finalmente no sólo funcionó sino que aliviaba el ardor de las picaduras. Todos lo imitaron y no sólo eso, sino que la nieve impedía que los insectos los vieran para atacarlos nuevamente. Razonando que debían ver en base a calor, Unijan dijo que todos se cubrieran de nieve. Así pudieron aproximarse finalmente al Huillakalate sin ser detectados por este o sus sirvientes, y a cuchillazos lo despedazaron; la tabla de oro estaba en su interior. Los nativos de esta región eran muy hostiles y los trataron como extranjeros indeseables,además de que su idioma era cerrado e incomprensible. Luego de bañarse en los lagos, los cazaballeros continuaron con su misión.

Novena Caza[editar]

El próximo objetivo era un gusano gigantesco, el Yaijalud, que se consideraba fuente de una especia que hacía desarrollar poderes psíquicos. Pazún les había dicho que la sierpe había resultado invulnerable a todo armamento, pero ya se habían enfrentado al Kokotal y vencido... ¿Podría esto ser más difícil? Como resulta, sí. Este animal era tan grande que en sus fauces cabían edificios. El calor insoportable del desierto no era todo, sino que también su adversario se ocultaba enterrándose entre la arena. Kabezán podía sentir su presencia, ¿pero de qué servía cuando sus flechas no atravesarían las dunas? De hecho, Unijan fue devorado de un solo bocado. Luego Renko. Y poco después Kabezán inclusive. Solo quedando Azabahur, decidió hacer su último intento... sin embargo, su mismo cortatroncos no pudo penetrar la superficie indestructible de la sierpe, y resultó devorado también. Para su sorpresa, se encontró vivo al interior de la sierpe, junto con diversos pueblerinos en diversos estados de (falta de) salud que les explicaron que el sistema digestivo del Yaijalud tardaba siglos por lo que morirían de hambre o incluso de vejez antes de ser digeridos. Adentro también estaba la tablilla de oro junto con diversas cosas de metales nobles resistentes a la corrosión gástrica. Sin resignarse, los cazaballeros detonaron las cargas explosivas de Renko inclusive propulsando a Cortatroncos hacia arriba, el cual se clavó en la más blanda parte del sistema digestivo sierperil. La cortaron de este modo desde el interior al exterior y matándola, permitiendo a los pueblerinos escapar. Uno de ellos resultó ser un profeta místico, que se arrancó sus propios ojos para dárselos a Kabezán, a quien identificó como el Rey Futuro.

Décima Caza[editar]

El anciano anticuario recibió la tableta con pura sorpresa de que hubieran sobrevivido. Su próxima tarea, en cualquier caso les aseguró, no sería más fácil. En las misteriosas Arboledas Marchitas habitaba el Emnospíritu, la criatura más maligna que jamás hubiera existido. Hecho de las almas vengativas de mujeres y niños asesinados en la guerra, este ser era completamente invisible y podía mover objetos con su mente, que utilizaba para toda clase de asesinatos. Cuando llegaron, resultó que las Arboledas Marchitas eran más que simplemente eso, ya que también eran pueblos y granjas desiertas, sólo habitadas por una insistente presencia maligna. Los cuchillos de las cocinas y carnicerías levitaron para asaltarlos. El fuego de las estufas se encendió de modo espectral y generó incendios azules a su alrededor. Las campanas de las iglesias chamuscadas tocaban solas frente al cielo marrón. Las llamas los rodeaban, y los cuchillos ahora también en llamas se alzaban contra ellos, pero no había señal del enemigo y se encontraban aislados de toda escapatoria. Fue en buen momento que Kabezán recuperara la vista, puesto que notó que sus nuevos ojos de profeta le permitían ver cosas invisibles al resto de los mortales. Primero una compuerta casi onírica en el suelo, luego una catacumba perdida, luego el camino a un templo secreto de roble seco en un monte a las afueras de la ciudad. Ahí estaba (Kabezán lo veía claramente) una figura vagamente humanoide hecha de miles de parches resplandecientes que cambiaban de colores. Su flecha lo atravesó sin hacerle daño. Aunque hasta los utensilios de limpieza los combatieran, notaron que aquí el fuego no era utilizado. Sólo había una explicación: En ese lugar había alguna reliquia inflamable que mantenía a tales espíritus en este mundo. Kabezán dirigió a Renko a usar sus tretas incendiarias, y pronto fue incinerado un contenedor de ánimas del cual escaparon rayos y centellas visibles incluso para los ojos mortales: El Emnospíritu había sido desanclado de la tierra de los vivos. Entre las cenizas del templo, también encontraron la tablilla dorada.

Undécima Caza[editar]

Atónito de que hubieran podido salir airosos de esa misión, Pazún les dió la anteúltima que les faltaba: El inevitable Levitatán. Esta anguila eléctrica voladora con dientes de titanio y mirada petrificante medía 50 pies de largo; era capaz de moverse a la velocidad del rayo, y custodiaba un cubo flotante impenetrable llamado Z̷͖̀z̷͍̓x̷̟̀a̴̫͌z̴̧͗x̸̪͝b̴̪͊ö̸̻́v̵̹͂x̴̬̒c̷'̶̤̓x̷͎̐r̶, creado por dioses muertos de más allá de las estrellas. Este constructo sellado aún así contenía en su interior un laberinto enorme con no una sino cuatro piezas rotas y malditas de tabla, defendidas por trampas de toda índole que se reputaban incomprensibles para la mente humana. El cubo levitaba ominosamente sobre el lejano océano prohibido de Yuztzunejabb al borde del mundo; en una eterna noche, cubierto de permanentes tormentas negras con truenos ensordecedores, en mares agitados y tenebrosos llenos de rocas filosas y traicioneras, sobre torbellinos abisales, atiborrados de calamares mutantes extraterrestres y cachalotes poseidos por demonios, azotado por tifones, atravesado por corrientes traicioneras, infestado de tiburones zombi gigantes, frecuentado por navios fantasma de piratas esqueleto cuyos miembros habían sido en vida los más peligrosos asesinos seriales de la historia. Tras oir la dramática descripción acompañada de exagerados gestos, Azabahur simplemente respondió: "Bueno".

La semana siguiente los cazaballeros regresaron aún empapados de agua salada, pero con grandes sonrisas en sus rostros. Traían aceite de cachalote, la cabeza todavía animada de un tiburón zombi, la espina del Levitatán que supusieron que el anticuario podría vender (aún con marcas de sus mordiscos), un festín de calamares, un loro pirata esqueleto que habían amistado en el camino, y las piezas de la tabla dorada colgando de sus cinturas. Pazún casi pregunta "Cómo..." pero sólo salió de su boca un susurro y tomó los fragmentos en silencio.

Duodécima Caza[editar]

La Bidra según los grabados de Agavón; frente a ella, el altar con la última tableta. A sus lados, las inscripciones del acertijo. Detrás de ella, las puertas al Haberbaffen.

La Bidra era descrita sencillamente como la más poderosa de todos los monstruos. Guardaba Flgor, las puertas al Haberbaffen, una dimensión habitada exclusivamente por aberraciones. Delante de ella, en un altar muy austero, se encontraba la última tableta.

—Héroesss. Vean el muro infranqueable, la sssilenciadora de los vicoriosssoss—Siseó una de las dos cabezas de la Bidra, como una torre roja alzándose hacia el techo de la caverna. Sus palabras sibilaban sacando su larga lengua bífida. Sus ojos eran como reflectores amarillos, atravesando los humos del inframundo. Cada centímetro de su cuerpo irradiaba poder, como si estuviera hecha de materia celeste y no de carne.- Respondan mi as...ssertijo. Ssi asssiertan la tableta será suya; pero sssi fallan, ssserán exiliados para ssiempre al Haberbaffen. ¿Estaiss listosss?

Una dimensión llena de presas para su caza no sonaba tan mal, pero Azabahur aún quería recuperar a su hermano. Y ni siquiera él era tan tonto como para pretender derrotar un enemigo de esa magnitud por medio de la fuerza.

—Sí. —...Muy bien. -La cabeza izquierda de la Bidra casi parecía sonreir. Estaba segura de que el acertijo era perfecto.- El assertijo esstá essscrito en la ssuperficie de la caverna detrasss ssuyo.

— No sabemos leer. —Afirmó Azabahur

— ¿Qué dicesss? —La cabeza parecía ofendida por esta revelación. Unos analfabetos llegando por primera vez ante el máximo ser viviente. Inconcebible.

— ¿No puedes decirnos el acertijo? —Invitó descaradamente el líder cazaballero.

De hecho, el deber de la Bidra era entendido por esta como una obligación ineludible:

—Ssólo... porque debo. Ssserá un plasser verlosss exiliadoss. —Agregó casi entre dientes, y los faros sobrenaturales que tenía por ojos se pusieron en rojo.- Essste es el asssertijo: Una de nosotrasss ssiempre dissse la verdad. La otra de nosssotras ssiempre miente. No puedesss hasser ninguna pregunta. Di cual y jussstifica cómo sssabess con total sssertezza. La Bidra lo demanda de vosssotrosss. -La otra cabeza asintió en silencio.

Unijan se empezó a reír en voz alta. Su risa hizo un eco grotesco en las cavernas de alrededor.

—¿QUÉ ESSS TAN GRASSSIOSSSO?

Unijan dio un paso adelante y explicó:

— ¡Monstruo! Te crees tan astuto por dar un acertijo supuestamente imposible, puesto que en la versión original se tiene por lo menos una pregunta, y de otro modo "no se puede" saber. Pero has olvidado que este acertijo sólamente funciona si es contado por una entidad que NO es una de las dos cabezas. Al unir el narrador del acertijo con una de las entidades a evaluar, ya diste la respuesta por anticipado. Si fueras la cabeza que miente, todo tu ofrecimiento hubiera sido mentira para empezar, y en ese caso dar el acertijo no tendría ningún sentido; más aún, afirmaste que la Bidra lo demanda, por lo que si no fueras la cabeza que dice la verdad, tendrías que haber mentido sobre demandarlo cuando lo estabas demandando, lo cual sería una contradicción performativa lógicamente paradójica y por lo tanto imposible en un esquema coherente. Por lo tanto, tú eres la cabeza que dice la verdad y tu callada compañera miente. Ahora danos la tableta.

La cabeza de la bidra se puso a pensar, profundamente preocupada. El mortal tenía razón y sin embargo, ¿Cómo podía un iletrado tener tanta lógica? Desde el principio, el acertijo no estaba hecho para que lo transmitiera oralmente, en realidad se suponía que se quedara en silencio. Pero había pasado tantos milenios sin visitas que no había podido evitarlo. El analfabetismo de sus "invitados" lo había hecho todavía peor.

— ¡Idiota, lo arruinaste! -Le gritó la cabeza derecha rompiendo su silencio con una voz más aguda y cómica. Los cazaballeros no pudieron evitar reír al escucharla.

— ¡Eso es mentira y lo sabes! ¡Cállate cabeza mentirosa!

— Oh, ¿entonces debería decir que NO lo arruinaste?

— ¡SILENCIO!

— ¡OBLÍGAME! Las dos cabezas comenzaron a pelearse, y en la resultante confusión los héroes tomaron la tableta.

— ¡No escaparán, malditos! —Dijo la cabeza que siempre miente.

— Pero nos dijiste... - YO no les dije nada, ¡Mueran!

La bidra se abalanzó hacia adelante, pero Renko cubrió el suelo de un agente espeso que la hizo tropezar y caer.

— ¡Inútiles! —Reclamó la voz aguda mientras se deslizaba en la roca. —Me levantaré, siempre me levantaré, los perseguiré hasta la superficie, jamás me detendré, devastaré sus pueblos y aldeas, quemaré sus civilizaciones, aniquilaré su patética especie, ¡nada en este mundo puede vencerme![n 1]

— Oh, no estaba pensando en este mundo... -Murmuró Renko con un rencor diabólico. La Bidra se deslizaba aceitosamente directo a Flgor. Golpeó y las colosales puertas se abrieron con un golpe seco. Horrores indescriptibles extendían brazos deformes desde el otro lado.

— No, no, no, ¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO! —Rugieron patéticamente ambas cabezas de la criatura al unísono, mientras toda ella era absorbida por el torbellino de formas incomprensibles. Y tal como Flgor se había abierto, se cerró.

Traición[editar]

Cuando finalmente el anciano anticuario Pazún Rukal tuvo las doce tablillas (parecía en estado de choque al oir el relato de la Bidra), ocurrió algo que ningún cazaballero esperaba. El hombre les dijo que iba a ejecutar el ritual para generar el puente hacia Toromille, pero en su lugar lo vieron metamorfosearse frente a sus ojos. El anciano monologó ante el horror de los cazaballeros que había estado esperando este momento: Hacia varios años, Azabahur había tomado ventaja de su hija Gya luego de emborracharla en la fogata de celebración de su caza, haciéndolo frente a todo el pueblo. Luego de eso, su prometido la había dejado, y ningún hombre deseaba cazarse con ella, quien se deprimió hasta prácticamente quedar catatónica. Esta era la venganza de su padre por tal vejación y sus consecuencias. De hecho, nunca había necesitado las doce tabletas de oro, todas las instrucciones para llegar al palacio estaban en los pergaminos originales. Las doce tabletas eran para matarlos en el intento y ejecutar la Transformación de la Bestia Suprema si eso no funcionaba, bestia que se consideraba absolutamente "invencible" ya que además de la fuerza de su naturaleza tendría la inteligencia de un hombre. Azabahur quiso disculparse diciendo que para él sólo había sido un momento divertido sin mala intención, pero el viejo ya estaba más allá: Se había convertido en un enorme lobo-gorila negro, conocido como "Fenrir Kong", rompiendo toda su tienda en el proceso. Tenía cerca de 20 pies de altura y era puro músculo y oscuros cabellos, aunque también mucho de este pelaje estaba canoso: La transformación no había alterado su edad. Según la leyenda, Fenrirkong crecería y crecería hasta que su peso partiera por la mitad la Tierra. Derrotarlo rápidamente era imperativo... pero no parecía ser nada sencillo.

Esta batalla fue la más difícil que jamás tuvieron los cazaballeros. La potencia de Fenrirkong podía destrozar paredes de un solo golpe, y los cazaballeros no podían más que ocultarse tras endebles muros frente a su poder, velocidad y reflejos superiores. Aunque estaban seguros de que un buen asalto podría acabar con él, su enemigo simplemente atacaba demasiado rápido en todas las direcciones como para dejarlos pasar a la ofensiva, tumbando construcciones a diatra y siniestra (literalmente). Pero una de estas paredes fue la habitación de su hija, que, sacudida por el golpe y subierta de escombros, reconoció a su padre y le rogó que parara. Esto hizo que Fenrirkong, viendo que su hija reaccionaba tras años sin querer hablar, se detuviera... distracción que los cazaballeros aprovecharon para lanzar un asalto combinado y asestarle un golpe mortal[n 2].

Como forma de buscar redención por sus actos, Azabahur ofreció casarse con Gya en caso de que pudiera regresar de Toromille, propuesta que ella aceptó (tampoco tenía otras opciones)... y a cambio de que ella leyera los papeles que mostraban la forma de llegar. Así lo hizo.

El camino al Tercer Cielo[editar]

La manera de llegar resultó, según la damisela les describiera: encontrar una Gema de Control, usada para darle órdenes a un hipogrifo gris, que los llevaría a las Escaleras del Cielo, y tras vencer a los osos nublares del primer cielo, subirían el espiral místico que sólo puede percibir alguien con visión del mundo espiritual. En el segundo cielo se enfrentarían a los querubines y sus flechas de corazonita, para luego embarcarse en el Botunheim, una nave celestial que los llevaría a los palacios de los dioses. Al resultarles sospechosos tantos pasos, cuestionaron a Gya extra-intimidantemente para asegurarse de que no estaba haciendo lo mismo que su padre de enviarlos en misiones sólo con la expectativa de que murieran. Ella respondió que ya quisiera pero desgraciadamente ya no le quedaba nada (inclusive su casa eran ruinas) así que su única esperanza era que regresaran para al menos tener un prospectivo esposo. Entendiendo su lógica, emprendieron el viaje.

Toromille, el último destino[editar]

Toromille, castillo en amarillo, sobre las nubes del Tercer Cielo
Toromille en los grabados de Agavón, nótese que está franqueado por dos armas que representan su Guardia Divina, y los cuernos de ciervo sobre su entrada.

Luego de muchas peripecias, finalmente estaban frente a las puertas del palacio de Tazabana. Sorprendentemente, los guardias ciervohombre semidivinos dijeron que los estaban esperando y los dejaron pasar. Todo estaba hecho de material celeste, nubes y luz, y tenía un lujo exquisito. No había techos, y animales cuasiespectrales corrían libremente a través de las paredes (en ocasión flotaban), esperando ser cazados. Se abrieron las puertas de la sala del trono y allí estaban los señores del lugar: En una silla, la diosa Tazabana en finas vestiduras e irradiando belleza y confianza. En otra, con ropas igualmente extravagantes, el extrañado Pabahur.

— ¡Hermano! ¡Finalmente volverás con nosotros! -Exclamó Azabahur abriendo los brazos y acercándose. Los guardias le cerraron el paso con alabardas.

— ¿Por qué? -Respondió su menor sin incorporarse de su lugar.- Siempre me tratan como inferior, especialmente tú, y teniendo otra vida me he dado cuenta de que estaba harto de vivir en tu sombra.

— ¿¡¡¡Qué!!!? Nosotros... yo... te tratamos bien... eras nuestro aprendiz... algunas burlas... normal...

— No podría volver a esa situación. Lo siento. -Dijo moviendo la cabeza de lado a lado lentamente.— Además, ahora soy el Dios de la Caza. Y tirarme desde las nubes con mi hacha es más divertido.

— ¿¿¡¡¡QUÉ!!!!?? —Ahora eran los cuatro cazaballeros restantes los que estaban indignados. Por algún motivo sacaron sus armas instintivamente.

— ¡Nosotros vencimos a las doce bestias! —Objetó Unijan.

— Pusimos nuestro pellejo en la línea incontables veces por este niñato malagradecido, ¿y a él lo hacen dios por no haber hecho nada? -Agregó enardecido Renko, como dirigiéndose a la sala entera.

— ¡Perdí la vista y ahora tengo los ojos de un tipo que ni conozco que estaba en el interior de un gusano gigante! -Aportó Kabezán.- ¡Ni siquiera son mi color natural!

— Calma. -Habló por primera vez Tazabana.

— ¡Qué nos calmemos...!

— Ustedes también pueden ser dioses de la caza. Y mis consortes. Sus logros no han pasado desapercibidos... -Habló con una voz calma y sensual y les hizo el gesto de que se acercaran. Los cuatro cazaballeros dieron pasos adelante, dispuestos a realizar su destino. Pero la expresión de Tazabana cambió y su mirada se dirigió a Azabahur:

— Tú no. No tienes alma, no puedes ser un dios, y además no puedes ser mi consorte porque ya tienes una prometida.

— ¿Y si vuelvo a dejarla y ella acepta... un momento, ¿¡Cómo es eso de que no tengo alma!? -Cayó en cuenta sorprendido.

Sus tres camaradas tomaron posiciones apologéticas y se empujaron unos a otros para hablar. Finalmente, Renko cedió:

— Bueno, es que esa vez que te travesó el Cabrodonte, no tuvimos más opción (sic) que darle tu alma al chamán a cambio de recuperar tu vida...

— Pero, ¿¡Cómo es que nadie me dijo esto!?

— No pensamos que importaría. -Se encogió de hombros Unijan. [n 3]

En un instante, la diosa Tazabana chasqueó los dedos y Azabahur se encontró de nuevo en la Tierra con su ""amada"".

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Uniján con sus cadenas.
Uniján en su Apoteosis, acercándose al trono de Tazabana para tomar su lugar como su consorte (uno de cuatro), mientras sigue prevenido con sus cadenas frente a los guardias en caso de que sea una trampa.

A través de la duración del largo viaje celestial, bandidos, maleantes y otros ladrones como cobradores de impuesto y sacerdotes ya habían robado las tabletas de oro y otras antiguedades de entre las ruinas. Lo cual era una desgracias, porque por primera vez, el cazaballero las necesitaba. Gya y Azabahur se casaron; Azabahur se dio cuenta de que sin sus camaradas no era práctico seguir queriendo ser un cazaballero andante, ya que Unijan era el que armaba las tiendas, Renko el que remendaba las ropas, y Kabezán el que fungía de guía. Sin embargo, siguió siendo un buen cazador en los bosques circundantes, trayendo buenas y abundantes presas, y se decía que los Dioses de la Caza le ayudaban y lo visitaban en persona en su cabaña. Gya por su parte realizaba artesanías con los restos no comestibles de las bestias. Azabahur procuró ser un buen esposo ya que eso era lo único que le quedaba, y tuvo siete hijos e hijas a los que les enseñó las artes de la caza (excepto las que no sabía él mismo, que eran la mayoría, pero para eso contaba con ocasional "ayuda divina"). Contó muchas veces sus historias con los doce monstruos legendarios, que absolutamente nadie más en el pueblo creía. Una vez avanzado en edad y temiendo su destino después de la muerte, decidió ir en una última travesía para recuperar su alma; pero esa es otra historia...

Controversia[editar]

La ADM, Asociación de Defensa de los Monstruos (compuesta enteramente por humanos y algunos autodescritos "elfos") condenó fuertemente este mito debido a su contenido "especista y además sexista y machista", diciendo "los monstruos necesitan ser comprendidos y dejados en paz, no cazados y exterminados", apuntando a que muchas especies de monstruos estaban en peligro de extinción y otras tantas habían sido ya cazadas tanto que ya no existían ejemplares vivos. Las sociedades de cultura Rucal respondieron que esa crítica se trataba de una falta de respeto a sus tradiciones y discriminación hacia su pueblo; y que la leyenda contaba con amplios ejemplos de moralidad, fuerza, valor y otras cualidades ejemplares. Las críticas se acallaron luego de que el presidente de la ADM apareciera con una flecha atravesada de lado a lado de su abdomen.[n 4]

Interpretaciones[editar]

Mientras que sectores de la cultura Rucal fueron "civilizándose" e integrándose a la sociedad moderna, diversas interpretaciones surgieron del mito y su significado. Particularmente estas son debatidas en los ámbitos de la historia cultural y deología.

La controversia más importante es el por qué Azabahur fue expulsado de Toromille. Si bien el mito menciona dos motivos (su falta de alma y su compromiso con otra mujer), no queda claro cuál de los dos es el principal.

Los almistas sostienen que la falta de alma de Azabahur fue claramente el componente principal, el que fue mencionado por Tazabana primero como el motivo por el cual Azabahur no podía ser un dios, siendo su compromiso sólo un adicional. En esta interpretación, esta es una historia moral atacando a la poca importancia que muchos rucales daban a sus almas y a los pactos chamánicos.

Los comprometidistas, por su parte, disputan esta interpretación y traducción y apuntan a la subhistoria de Pazún Rukal, la cual tiene mucho mayor importancia que la subhistoria del alma en la generalidad del mito. Bajo su mirada, la moral de la historia tiene que ver con no tomar a la ligera el comportamiento y los compromisos con las mujeres, la fidelidad y el honor marital. Lo del alma sólamente está para explicar por qué Tazabana lo pudo expulsar con facilidad (la resistencia al poder divino depende de el alma en las historias clásicas), y la secuela es siglos posterior en composición.

Existe sin embargo una tercera postura, los narrativistas, que creen que ambas cosas no son más que "excusas" narrativas para devolver a alguien a la Tierra. En este esquema, la necesidad es que regrese alguno de los cazaballeros para contar o "narrar" lo sucedido, por lo tanto dando un origen mitológico al propio mito. Puesto que esto plantearía la menor importancia de la dimensión moral, los narrativistas son despreciados tanto por los almistas como por los comprometidistas, que tienen una disputa más "cordial" entre si.

Sin embargo, tras décadas de acalorados debates se perfila el surgimiento de una cuarta postura, los completistas, que argumentan que las tres interpretaciones no sólo son válidas sino esencialmente ciertas y no contradictorias entre sí.

No todas las secciones del mito son tan controversiales, sin embargo. Es casi universalmente acordado que la caracterización de la Bidra en la historia es una burla a las "culturas letradas", siendo sus más imposibles acertijos resueltos por rucales analfabetas. El argumento parece ser que la habilidad de leer y escribir está sobreestimada y que, como Uniján demostraría, no son necesarias para ser una persona inteligente, astuta y articulada. Se estima que el mito fue colocado en papel más de tres siglos después de que comenzó como tradición oral, y en cualquier caso no fueron los Rucales directamente quienes lo hicieron.

Por su parte, la sección sobre Zzxazxbovxc'xr es una burla a los Cultos de los Misterios; probablemente el culto de Zzxazxbovxc'xr existía previo al mito y esta sección fue añadida específicamente para contrarrestar la extensión de su influencia a ciertas personas de etnia Rucal. Este "antievangelismo" se lograría ridiculizando las exageradas descripciones de los supuestos Misterios, y mostrándolos como impotentes frente a la determinación de un Cazaballero experimentado. "Esencialmente, está diciendo 'mi cultura es mejor que tu misterio'", opina sobre esta dinámica Milton Jublánkar de la academia Pambridge, un investigador en Letras mitad-rucal; apuntando también que esta tradición de inventar mitos para ridiculizar a religiones competidoras podría ser vista como una especie de sanata inversa.

Notas[editar]

Las notas son tan ficticias como los contenidos.

  1. Hay discusiones sobre este pasaje. Si bien la mayoría de las leyendas tienen a la voz aguda diciendo estas líneas ya que la original no podría romper su palabra, si esta otra cabeza siempre miente demostraría que su presunción es vacía y la Bidra podía ser derrotada por medios tradicionales, y que sus amenazas eran falsas.
  2. Según una versión de este asalto, Unijan extendió sus cadenas para que queden envolviendo el hocico de Fenrirkong, Renkan lanzó un virote para atravesar los eslabones y trabarlos, y Cabezán dio su arco a Azabahur, quién corrió a través de las cadenas para pararse en la cabeza del monstruo y clavó una flecha a quemarropas directamente sobre el cráneo de Fenrirkong.
  3. Esto es probablemente un sentimiento sincero por una parte, ya que los Rucales tradicionalmente no ponían tanta atención al valor de su "alma" como a los hechos de su vida. Por otro lado, también es casi seguro que el resto de los Cazaballeros no querían que su líder se enterara de que en lugar de dar el alma de uno de ellos decidieron vender la suya por considerar su desgracia consecuencia de su propia e individual imprudencia. Esta temática se explora en la posterior Saga de las Almas.
  4. Curiosamente, la víctima sobrevivió y la flecha pudo ser extraida quirúrgicamente de su cuerpo. Se la puede ver en el museo de la ADM.