Lírica:6998 Espejos

De Bestiario del Hypogripho

Este artículo tiene elementos que forman parte del "Mundo Interior" de NimoStar.   Este artículo tiene contenido que finge ocurrir en nuestro "mundo real", pero es de hecho ficticio.     Este artículo tiene elementos originales creados por NimoStar. Click para ver todos los artículos de este autor.  Este artículo contiene elementos inspirados por un sueño o experiencia onírica. 

La santa inquisición me buscaba, pero yo no era más que una aguja de hortaliza, un vegetal. Eso no les impedía querer quemar mi carne y devorar mis entrañas. Los crudiveganos lo habían prohibido, porque eran tan puros y llenos de bondad y generosidad magnánima como la mismísima Virgen María.
Me aparecí frente a la magdalena. La devoré y mi cuerpo fue contaminado por sus químicos. Cosa curiosa los cuerpos, que se convierten de un elemento a otro; que consumen y son consumidos. Miré los ojos de la perra anciana, venida de otros contienentes y me dio ternura... pero ese cuerpo consumía otros cuerpos, estaba lleno de otros cuerpos, estaba HECHO de otros cuerpos, de células "propias" y "ajenas" convirtiéndose en una sóla cosa que sin embargo no era 100% sí misma. La perra anciana mascaba huesos y cráneos; a veces los huesos de otros perros, más ancianos aún, que ya habían sido devorados hace tiempos por su anciandad y por cuerpos carroñeros, bacteriales y fungales. Yo mismo seré devorado y me preguntaba cómo rayos escapar ese destino, si siquiera era posible escaparlo o si era acaso deseable. Pero no nos devoran después de la muerte, nos devoran también al irnos a dormir, y los ácaros de alimentan de nuestra piel y nuestros sueños... no son insectos, son menos que insectos, criaturas invisibles que pueblan nuestras camas y nuestras almohadas; tan invisibles como los mundos oníricos en los que transcurro mis días para esas personas que se la pasan malditamente despiertas. Despiertas, tan alertas, tan concentradas, tan-dentro-de-lo-que pasa como nuestros ácaros estan dentro de nuestras frazadas, como las bacterias conforman nuestra flora y fauna en los intestinos. La gente se alimenta de los sabores de realidades y esas realidades son falsas, son ilusorias, son cuerpos ajenos mascados entre sus dientes. Huesos devorando huesos y no lo saben, esqueletos avispados en el armario, lleno de polillas resplandecientes con el zumo inmoral de las ideas. Jugos de polvos tóxicos, falsificaciones químicas del hombre que imitan al azucar, al sueño, al hambre, a los ácaros y finalmente a nosotros mismos. Creen que el Robot es una especie de máquina de movimiento perpetuo, pero ya hace mucho que eso está en el lugar de las ficciones afantasiosas (es decir faltas de creatividad o fantasía). La máquina, el robot ese, nos devorará, parte por parte, hará un licuado y lo peor de todo es que él se corromperá con nosotros y no nosotros con él. Robots amantes, robots empresarios, robots amautas (que no es lo mismo), robots asesinos, robots serpientes que se enroscan a nuestro alrededor como constrictoras, y la gente... ¡Oh la gente! Tan despierta, tan metida en su propio despertar, tan concentrada en los recovecos de su oficina, mirando las cucarachas que se esconden en los hoyos, sin ver que ellos mismos son cucarachas escondiéndose en hoyos, colocadas en hoyos por otros, criaturas a exterminar que en cualquier momento pueden ser neutralizadas por armas químicas y biológicas que ahora mismo estan actuando sobre ellos.
Desperté. El sueño había sido agitado, pero esos ojos por todas partes, en la madera, en el cristal, en los reflejos centelleantes de los plásticos virtuales, de las revistas de productos de belleza, en el photoshop, en los nudos de los árboles de donde salían ramas que se clavaban en mis pupilas. Era intolerable, me hacían moverme en todas las direcciones y crecían y crecían acercándome a una bola de fuego idéntica al Sol pero que no lo era. Era una falsificación, un enorme fraude como todo lo demás; un calor de radiador y una gigantesca luz de reflector a través del espejo. Pero me negué: la inquisición no iba a poder quemarme tan fácilmente y mi carne vegetal de durmiente hace tiempo falsificada ya no está hecha de materiales orgánicos. De un puñetazo instintivo rompí el espejo, y sus fragmentos opacados se dispersaron a través del espacio exterior y el tiempo interior. Serían eventualmente fundidos por las Estrellas verdaderas; pero mientras, yo me fui caminando por el firmamento. Todavía quedaban 6997 espejos.

Serie de los Espejos[editar]

⚜️[editar]

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08/04/2016 5:57 a.m. desp.