Ensayos:Que quemen mis libros

De Bestiario del Hypogripho
Un libro debe ganarse el honor de que se desee sistemáticamente quemarlo.

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"Unburnable edition" (by Margaret Atwood's marketing team). No tengo registro de que nadie haya querido quemarlo antes.

La imagen de la quema de libros como símbolo de la maldad absoluta está sobreexplotada.
Mucho más se recuerda el incendio de la biblioteca de Alejandría (una pequeña parte, copiada muchas veces, del acervo intelectual occidental) que la quema de todos los códices mayas por parte de Diego de Landa, los cuales habían sido confiscados de la totalidad de templos y sacerdotes conocidos. Pero en última instancia, ninguno de ambos es indicativo de algo que ocurra en la actualidad tal como se representa popularmente en la historia.
Es muy posible que, tal como sucede con los escritos occidentales, los códices mayas fueran variantes del mismo tema calendárico repetido una multitud de veces, necesitando cada templo una serie propia así como cada iglesia occidental tiene sus copias de los libros de la Biblia o de las "vidas de los Santos". Se considera que los tres códices mayas indudablemente auténticos que poseemos tienen muchos puntos en común. En cualquier caso, no parece probable que hoy sea deliberada la extinción del acervo informativo de una civilización entera por contener sus obras "solamente mentiras del diablo" (sic).
Farenheit 451 es la obra de referencia para la quema sistemática de libros en un contexto distópico, inspirada por los excesos de los nazis. Pero esta misma obra ha sido deliberadamente distorsionada y malinterpretada. Mientras nos queramos proteger de peligros imaginarios, estaremos ciegos a los reales; Diego de Landa invocaba un imaginario diablo susurrador que hubiese dictado a los mayas sus coloridos y amplios escritos pictóricos plegados. La verdad es que nada podía haber descifrado de ellos y que por miedo a lo desconocido fue que los destruyó. Ese desconocido es lo que nuestro marketinero entendimiento de la "quema de libros" como peligro a la cultura quiere ocultar. Otra vez buscamos una explicación facilista. Otra vez rehuimos a enfrentar algo de la realidad que no conocemos.

La misma novela de Farenheit ponía de relieve que no se trataba de la quema de libros, sino de otros temas más sutiles como la impermanencia de la memoria. Pero ¡Qué importa! Nuestro aparato cultural puede tomar lo multidimensional y volverlo plano. Recordemos que la "Granja Animal" de Orwell así como 1984 suelen ser lecturas anticomunistas obligada de curriculum[r 1] (como los marines de USA hacían leer "Tropas del Espacio"), pero no así Homenaje a Cataluña del mismo autor, donde simpatiza con el trotskismo y el anarquismo. Farenheit 451 no se lee, solo se "cita" en forma memética, como un atajo a "totalitarismo censor y quemador de libros", pero, ¿Quién conoce realmente sus contenidos?

Hemos logrado mucho más que con quemar libros de una manera mucho más simple: Podemos simplemente no leerlos. En una cultura de la mínima atención, incluso este brevísimo ensayo es "demasiado largo" para el 99% de la población. Recordemos que Twitter limita a 280 caracteres para "maximizar el engagement"... Instagram y TikTok no muestran videos de más de 30 segundos. El esquema de las publicidades de Youtube juzgan que 3 segundos son suficientes.

¡La cultura humana muere sin tener que quemar una sola página!
La biblioteca de Alejandría no pereció con un incendio. Fue quemada muchas veces, como muchas ciudades y bibliotecas; en estos episodios algunos textos se perderían y otros no, pero siempre se pueden sacar copias de otras ciudades o llenarse de textos nuevos según la era. La biblioteca, en verdad, cerró sus puertas por décadas y siglos de disminuciones de presupuesto y de interés. El mismo destino que están pasando y le aguarda a nuestras propias bibliotecas.

Apenas días antes de este ensayo, Margaret Atwood presentó con un lanzallamas en mano la "edición inquemable" de The Handmaid's Tale[r 2]. Sí, sus páginas, seguramente hechas de algún excepcionalmente contaminante polímero plástico, quizás sean resistentes a las llamas. Pero la distopía que presenta es tan irrealista -y funcional- como aquella que ahora tal edición finge prevenir.

Es difícil saber si la publicidad prefiere favorecer a lo carente de sustancia, o si lo carente de sustancia es lo que más se beneficia de ser publicitado. Después de todo, cuesta pensar en marcas más beneficiadas por la publicidad que McDonalds o Coca Cola. En cualquier caso, si algo es comercialmente popular, sugiero buscar análisis de la realidad en otro lado.

Si mis libros fueran quemados, sé que viviríamos por lo menos en una sociedad donde la lectura tiene poder. Y donde a los opresores les importa activamente suprimir la información y el conocimiento. Eso significa que los pueblos los buscan activamente en grandes proporciones. Es un contexto esperanzador. Pero la visión esta que tenemos se basa en datos fantasiosos y distorsiones históricas: Ni siquiera los nazis quemaban libros generalmente como acto de gobierno; si no principalmente, como instrumento de aumento de su popularidad durante el período en el que eran una disidencia en ascenso. Esa es la parte peligrosa. Sin embargo, si los "quemadores de libros" estuvieran ya en el poder, significa que ya lograron sus objetivos. Una sociedad plenamente nazificada puede controlar ya el acceso al conocimiento, cuáles fuentes son válidas y cuales inválidas, y decir que hacen un "fact checking" para impedir tésis contrahegemónicas. Un gobierno autoritario no tiene que destruir las fuentes del conocimiento porque puede controlar cuales de sus posibles argumentos y conclusiones son aceptables. Ese proyecto de limitar extremadamente el rango de aceptabilidad del discurso público ya se ha realizado y se sigue realizando hoy.

Sí, que quemen mis libros. En cenizas estarán en buena compañía.
Inmólenme también como brujo.
Todo uso radical de la fuerza pública no es solo una muestra de potencia sino también de vulnerabilidad.
En esto Foucault tenía razón: Cuanto más absoluto es un ejercicio de poder, más indirectos y ocultos por sutilezas son sus métodos.
Y vivimos sujetos a un poder casi absoluto; y por lo tanto, casi invisible.

A tal punto es tener que matar a un disidente público un fracaso para el sistema que Sócrates se declaró victorioso al tomar la cicuta - y la historia le daría la razón. Similarmente con Giordano Bruno. El triunfo del sistema no es ponerse abiertamente contra nosotros - es que la sociedad se ponga de su lado y ejecute su sentencia sin que el aparato deba aparentemente moverse. La autosupresión intrasubjetiva de la disidencia es la mayor victoria del poder puesto que aparentemente no cuesta nada ni perturba nada. La persecución del linchamiento de los disidentes por parte de turbas furiosas es una victoria moderada del poder. La necesidad de una sentencia de muerte por cargos de disidencia, su fracaso... y -como en el reinado de terror de la Revolución Francesa- un síntoma de la cercanía del golpe o la insurrección.

De manera similar, podríamos decir que la quema de un libro subversivo es parte de una probable victoria del libro sobre sus perseguidores, quienes se consideran en desventaja frente a sus ideas y tienen que recurrir a medidas desesperadas con altas chances de generar la reacción opuesta para siquiera tener una chance de suprimirlo. Si un libro puede ser ignorado con seguridad, posiblemente es mucho menos exitoso en desafiar al sistema que el censurado y el quemado. Y si un libro es continua y unilateralmente promovido desde la política hegemónica y/o por los capitales (como Granja Animal, 1984 o The Handmaid's Tale), no cabe duda de que no solo no combate al sistema sino que al fin y al cabo le es profundamente funcional.

Como decía Jiddu Krishnamurti, sin embargo, no es ninguna medida positiva de salud el estar adaptado a una sociedad profundamente enferma. Deberíamos aspirar a amenazarla - y por lo tanto, no a editar libros "inquemables" que a nadie le interesa quemar; sino a escribir libros dignos de ser quemados.

Referencias[editar]

Las Referencias aluden a las relaciones de un artículo con la "vida real".
  1. Fueron recomendadas específicamente por la CIA, la cual también comisionó la película propagandística de Animal Farm y se aseguró de que tuviera que ser vista obligatoriamente en clases de escuelas de EEUU y el reino británico (+"The cartoon that came from the cold").
  2. "Unburnable edition" - Existe la implicación desafortunada de que entonces, necesariamente, todos los demás libros son burnable editions, es decir quemables.

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