Ensayos:El Revolucionario como paria

De Bestiario del Hypogripho
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Que la clase obrera es la más revolucionaria. O quizás, son los campesinos. ¿Tal vez los soldados? O, increíblemente, las "fuerzas de seguridad". Estos son los debates al interior de la izquierda dizquerevolucionaria, cegada por las eternas reelaboraciones del Marxismo más o menos ortodoxo.

Veremos aquí que todas son falsas, que todas ellas son erradas - que son incluso, mentirosas. Pero la necesidad de la revolución es mucho mayor -y no menor- de la que promulgan. Este es un viaje no solo al trasfondo de la revolución, sino de la consciencia de lo que significa ser un revolucionario. Pueden agarrarse fuerte o dejarse llevar; su opción.

Casos[editar]

Colocaremos tres personalidades revolucionarias como estudios principales de caso: Marx, un revolucionario teórico; Lenin, un revolucionario eminentemente práctico pero seguidor de la teoría base de otro; y mi mentor Mauricio Yattah, alguien que pretendía combinar ambos aspectos: Una teoría original de la sociedad y una aplicación pragmática bajo su propio mando político. Por último veremos de forma bonificada a Limonov, alguien que se pretende también líder intelectual y político, pero que corrompe o fusiona teorías incompatibles de otros. Creo que este es un buen espectro ideológico y biográfico para abordar la cuestión. De forma esclarecedora, ninguna de estas personas son obreros o campesinos, como tampoco lo eran tantos otros como Bakunin, Trotsky o Stalin. Finalmente, mencionaremos al Che Guevara, quin es marxista pero no sólo resulta contraejemplo del "revolucionario obrero" en la práctica sino también en la teoría.

El orígen de "la clase revolucionaria" y su equívoco[editar]

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La noción de "la clase" como unidad revolucionaria proviene de Marx, y por lo tanto su caso es imperativo de analizar. la ortodoxia marxista promulgaba que los obreros industriales son la punta de lanza de la revolución, debido a que son los más explotados por los patrones y una "clase nueva" que surge del mundo industrial. Estas son nociones claramente decimonónicas, pero han permeado y permanecen como parte del dogma izquierdista hasta hoy. La nueva modernidad sería la industrialización, y, expuestos a estas nuevas tecnologías y organizaciones del trabajo, parece "lógico" que la gran acumulación de los obreros urbanos pueda ser una fuerza que derroque al viejo orden.

Sin embargo, mientras todos estos fenómenos eran realmente "nuevos", estas personas no se trataban realmente de "obreros urbanos" ya que esta cultura no xistía como tal; sino que eran meramente "campesinos urbanizados". De ahí surgió el frecuentemente odiado - por los marxistas y otros revolucionarios modernistas- ludismo, que tomaba a la máquina misma como vector de opresión y por lo tanto no deseaba una "nueva modernidad" "gestionada por obreros" sino tan solo destruir la existente y regresar a un estado artesanal y rural (Trotsky y los leninistas, en cierto modo, le darían la razón a estos luditas, ya que demostraron y escribieron que el socialismo no quería reconfigurar o abolir el taylorismo sino reproducirlo e intensificarlo).

Pero el ludismo, argumentaré, demuestra algo más profundo respecto a la "revolucionaridad" de una clase social: El ser humano en manada es inherentemente conservador y además, poco creativo. Esto se manifestaría nuevamente en los movimientos obreros de fines del siglo XIX y hasta fines del veinte. El pedido común, incluso al que tuvieron que plegarse los enérgicos anarquistas, de "8 horas de trabajo por día" y "fines de semana" (cosa que ni hoy se cumple), los aumentos de sueldo... Marx tenía en cierto modo razón: Las demandas obreras son materiales. Pero no son subversivas, son meramente paliativas. Conquistas que coloca una ley y saca otras. Cosas que no desafían el control de la patronal, porque tal vez la masa teme más al control de su congénere que al de su superior. Las fábricas argentinas "recuperadas" que funcionan como cooperativas no lo hicieron por elección sino por abandono del patrón. Esos mismos movimientos hubieran preferido que el patrón se quedase y que siguiera administrando la producción, absorbiendo los costos y pagando sus sueldos. Los partidos de "izquierda" argentina demandan que las empresas "no se vayan" y que los burgueses se hagan cargo.

Ahora bien, ¿De dónde entonces el error de que la clase oprimida es revolucionaria? Los burgueses pudieron ser revolucionarios contra los monarcas, pero los burgueses no eran oprimidos sino otro estamento superior que los superó. Los monarcas también fueron "revolucionarios" contra la nobleza al extender su absolutismo. Y podríamos pensar que la clase financiera ha sido "revolucionaria" contra los burgueses al extender la transnacionalidad y el dominio del interés compuesto y la bolsa sobre la producción; esencialmente la administración indirecta de todas las grandes empresas. De hecho, si vamos a cosas como el NASDAQ podemos ver que individuos burgueses apenas tienen porciones de las grandes compañías; la vasta mayoría de ellas estan controladas por inmensos intereses financieros como Vanguard y Blackrock.

En conclusión del tema que nos interesa, sin embargo, es que la clase oprimida no ha sido la que organizó un nuevo orden sociopolítico. Después de todo, el Imperio Romano era hasta un 90% esclavos, pero no fue sucedido por una república de esclavos. Al contrario, los estamentos superiores son los que superan al orden viejo. La nueva organización en el "avance" de los modos de producción no es una liberación, sino la imposición de una opresión diferente, más extensa e intensa a su vez que más sofisticada. Incluso en el caso romano en el cual podríamos argumentar colapso y retroceso, los beneficiados fueron los caudillos de la nobleza militar bárbara, quienes constituyeron la base del nuevo sistema feudal europeo. Orden que a su vez *no* fue derrocado por su principal clase explotada: Los campesinos.

El error sin errores[editar]

Este error es tan grosero que parece extraño que haya ocurrido. Después de todo en las anteriores transformaciones siempre ha parecido claro que no era la mayor clase oprimida la que derrocaba a sus opresores para establecer a un nuevo orden. Desde el fin de la esclavitud antigua al feudalismo, del feudalismo al mercantilismo, y del mercantilismo al capitalismo, este no había sido el caso. ¿Por qué, entonces, el decir que sería así "el capitalismo al socialismo"?

Sin embargo, no debemos decir que Marx pensando que los obreros son revolucionarios fue un simple "Error", por más que fuese erróneo. En los Manuscritos económicos y filosóficos de 1844, Marx ensaya otra visión, su visión original, sobre lo que significa una revolución obrera. Pero antes, debemos abordar su visión completa de la realidad:

"Se ve, pues, cómo solamente en el estado social subjetivismo y objetivismo, espiritualismo y materialismo, actividad y pasividad, dejan de ser contrarios y pierden con ello su existencia como tales contrarios; se ve cómo la solución de las mismas oposiciones teóricas sólo es posible de modo práctico sólo es posible mediante la energía práctica del hombre y que, por ello, esta solución no es, en modo alguno, tarea exclusiva del conocimiento, sino una verdadera tarea vital que la Filosofía no pudo resolver precisamente porque la entendía únicamente como tarea teórica.

Se ve cómo la historia de la industria y la existencia, que se ha hecho objetiva, de la industria, son el libro abierto de las fuerzas humanas esenciales, la psicología humana abierta a los sentidos, que no había sido concebida hasta ahora en su conexión con la esencia del hombre, sino sólo en una relación externa de utilidad, porque, moviéndose dentro del extrañamiento, sólo se sabia captar como realidad de las fuerzas humanas esenciales."[b 1]

¡Ah, qué extrañas palabras de Marx! Hablar de "esencias" humanas y de subjetivismo y objetivismo como partes complementarias de un todo integral y no como esquemas de pensamiento opuestos e irreconciliables.

En el manuscrito final sobre el hegelianismo es que podemos hallar la clave:

"el naturalismo realizado, o humanismo, se distingue tanto del idealismo como del materialismo y es, al mismo tiempo, la verdad unificadora de ambos. Vemos, también, cómo sólo el naturalismo es capaz de comprender el acto de la historia universal."

El humanismo realizado de este Marx es entonces no puramente "materialismo" y de hecho se "distingue" del materialismo (sic) y lo "supera" (sic). ¿Qué significa esto para el comunismo y la revolución?

"El sentido místico que lleva al filósofo del pensar abstracto al contemplar es el aburrimiento, la nostalgia de un contenido.
(El hombre extrañado de si mismo es también el pensador extrañado de su esencia, es decir, de la esencia natural y humana. (...))"

Sabemos entonces que Marx ya era comunista, como especificaremos mejor en unos momentos. ¿Pero por qué era comunista? He aquí la gran diferencia con toda su obra posterior, su obra, podríamos decir, junto a Engels (quien vino de Stirner, como Marx vino de Hegel; ambos "idealistas"). Es comunista, debemos afirmar sin dudarlo en este momento, porque desea que el ser humano deje de estar extrañado de su esencia.

La pregunta del por qué es más relevante de lo que parece: Debemos tomar en cuenta que no se trata de un detalle. En la examinación "científica" de una aparente causalidad, resulta lógico pensar que al cambiar todas las premisas y el proceso, también cambiaría la conclusión. Las premisas que aquí presenta Marx son radicalmente diferentes de las del final de su vida. En primer lugar, el objetivo del comunismo no es una liberación material solamente sino finalmente subjetiva. En segundo lugar, el propósito de la revolución es explícitamente filosófico. El movimiento de la historia se presenta en términos de dialéctica hegeliana. Existe una "esencia humana" que será liberada a través de la síntesis de opuestos.

Al envejecer, Marx niega la existencia de esencias humanas, externaliza todo como meramente "formas de organizar" la producción y llama a esto una mera observación "científica" y "materialista". Claramente, ha descartado el otro lado de su tésis, aquello que lo hacía algo "integrado" y "superador" de la contradicción aparente entre materia y subjetividad.

A pesar de esto, la conclusión socioeconómica de estos dos modelos tan distintos de la realidad termina por ser la misma: La humanidad se alzará al comunismo con los medios de producción en común. Como leemos:

"el trabajo, la esencia subjetiva de la propiedad privada como exclusión de la propiedad, y el capital, el trabajo objetivo como exclusión del trabajo, son la propiedad privada como una relación desarrollada basta la contradicción y por ello una relación enérgica que impulsa a la disolución.

La superación del extrañamiento de si mismo sigue el mismo camino que éste. En primer lugar la propiedad privada es contemplada sólo en su aspecto objetivo, pero considerando el trabajo como su esencia. Su forma de existencia es por ello el capital que ha de ser superado «en cuanto tal» (Proudhon)."

Aquí vemos prefigurada la visión de Marx del capital como trabajo muerto, pero hay más:

"La primera superación positiva de la propiedad privada, el comunismo grosero, no es por tanto más que una forma de mostrarse la vileza de la propiedad privada que se quiere instaurar como comunidad positiva.

2º) El comunismo a) Aún de naturaleza política, democrática; b) Con su superación del Estado, pero al mismo tiempo aún con esencia incompleta y afectada por la propiedad privada, es decir, por la enajenación del hombre. En ambas formas el comunismo se conoce ya como reintegración o vuelta a sí del hombre, como superación del extrañamiento de si del hombre, pero como no ha captado todavía la esencia positiva de la propiedad privada, y memos aún ha comprendido la naturaleza humana de la necesidad, está aún prisionero e infectado por ella. Ha comprendido su concepto, pero aún no su esencia.

3º) El comunismo como superación positiva de la propiedad privada en cuanto autoextrañamiento del hombre, y por ello como apropiación real de la esencia humana por y para el hombre; por ello como retorno del hombre para sí en cuanto hombre social, es decir, humano; retorno pleno, consciente y efectuado dentro de toda la riqueza de la evolución humana hasta el presente. Este comunismo es, como completo naturalismo = humanismo, como completo humanismo = naturalismo; es la verdadera solución del conflicto entre el hombre y la naturaleza, entre el hombre y el hombre, la solución definitiva del litigio entre existencia y esencia, entre objetivación y autoafirmación, entre libertad y necesidad, entre individuo y género. Es el enigma resuelto de la historia y sabe que es la solución."

Es decir, hay al menos dos comunismos (si no tres); el "primero y segundo de los cuales Lenin corrompería (sin leer este manuscrito, puesto que no había sido aún publicado) al "socialismo" de Estado (aunque en la concepción marxista original, aparentemente ninguno de ellos tenía Estado, y así explícitamente). Este Marx no coloca a la industria por encima de la naturaleza, sino al Comunismo como la "solución" de las contradicciones de la historia misma, no como colocación e un término sobre otro sino como superación integradora de ambos.

Ahora bien, podríamos hablar mucho sobre esto, sin embargo, es más interesante para este escrito ver nuestro tema principal, es decir, qué significa esto para la determinación esencialista de las clases sociales como "actores" revolucionarios.

A pesar de que Marx cree fervientemente que el capitalismo será derrocado por los "obreros comunistas" (sic, no todos los obreros, sino aquellos ideológicamente movilizados), también curiosamente se queja del determinismo económico-sociológico:

"La sociedad, como aparece para los economistas, es la sociedad civil, en la que cada individuo es un conjunto de necesidades y sólo existe para el otro (XXXV), como el otro sólo existe para él, en la medida en que se convierten en medio el uno para el otro. El economista (del mismo modo que la política en sus Derechos del Hombre) reduce todo al hombre, es decir al individuo del que borra toda determinación para esquematizarlo como capitalista o como obrero."

¡A que esto no aplica a los que se creen los más fervientes y ortodoxos marxistas!

No resulta sencillamente que hay ciertas personas excepcionales que escapan de la clasificación ideológica de clase, sino que, en verdad, la clasificación de que una clase sobredetermina una ideología para todas sus instancias individuales de manifestación humana es de por si errónea. Los obreros pueden ser y son conservadores y aún reaccionarios... es posible que esta sea una mayoría absoluta en la historia, incluso -algo difícil de conseguir cuantificar estadísticamente-, pero tan solo el reconocer una hterogeneidad ideológica entre personas de condiciones económicas ampliamente equivalentes, ya demuestra que no existe tal cosa como una ideología inherentemente obrera y revolucionaria que surja de esa clase como efecto natural de su explotación económica. El solo hecho de que la mayoría de los ideólogos socialistas y comunistas hayan surgido de la pequeña burguesía y la intelligentsia deberían decirnos suficiente sobre esto.

Aunque Marx no admita tan abiertamente estos detalles (aunque sis dudas, sus complejos y enrevesados escritos estaban dirigidos a la intelectualidad burguesa y no al lector obrero), queda claro que lo desea no es el comunismo porque "los obreros son económicamente explotados"; sino porque busca una nueva etapa en el autoconocimiento de la humanidad y la naturaleza. Como deja entrever varias veces, los obreros son solo el "instrumento" por el que esta transformación toma parte, no el principio de la nueva sociedad ni el fin que se busca de beneficiarlos *en tanto obreros*. El propósito del comunismo no es glorificar a los trabajadores, sino anular la categoría de "trabajador".

Pero un momento, hay algo que dejamos inconcluso; Si Marx cambió completamente si esquema de la realidad social, de una subjetivo-objetivo a uno puramente "materalista", de creer en la esencial natural humana a ser antiesencialista, ¿Por qué el comunismo y la revolución se mantienen incolumnes? Todo ha cambiado: La interpretación de la realidad, de la naturaleza,dela filosofía, la metafísica y la cultura. Todo menos lo único que importa: El curso de acción.

Mi visión es que toda la "metafísica" y "ciencia" del marxismo como una "necesidad" obrera, como una "realidad" objetiva y "científica", no coincide para nada con la historia misma del desarrollo de la teoría. Si las conclusiones vienen primero y todos los demás "hechos sociales" y aún económicos y metafísicos mutan de acuerdo a esta conclusión y no viceversa... significa que la inmensa "teoría" marxista solo existe para dotar de legitimidad a su conclusión prefigurada, la necesidad del comunismo.

Por lo tanto el comunismo nunca fue la necesidad y conclusión "real" de las luchas obreras y campesinas (aún aunque haya podido surgir en relación a ellas), sino un objetivo impuesto por la intelectualidad líder, una organización ideológica estructurada de la realidad, que precede a la necesidad misma - la cual es csiempre lo inmediato de la supervivencia y la comodidad, no lo distante de un inmenso esquema que transforme todas las relaciones humanas y vitales.

La tésis de un revolucionario[editar]

Si la clase social de capitalista u obrero no es determinista respecto a la subjetividad humana, si "todo en el hombre no puede reducirse al hombre del que se borra toda determinación", ¿Cuales son estas otras determinaciones que están siendo borradas? Marx habla de la enajenación del trabajo pero no nos dice cómo eso puede determinar "otras" cosas que no sean ser capitalista u obrero.

Marx mismo sin embargo había prefigurado que ser obrero no es solamente ser esclavo en cuerpo sino en pensamiento:

"Todas las pasiones y toda actividad deben, pues, disolverse en la avaricia. El obrero sólo debe tener lo suficiente para querer vivir y sólo debe querer vivir para tener." "El placer queda subordinado al capital y el individuo que goza subordinado al que capitaliza, en tanto que antes sucedía lo contrario. La disminución de los intereses no es así un síntoma de la supresión del capital sino en la medida en que es un síntoma de su dominación plena, de su enajenación que se esta planificando"

Estas frases son esclarecedoras y mucho más iluminadas que los gruesos y oscuros volúmenes de los posmodernos como Foucault: El Placer no está subordinado a la "disciplina" ni surge "positivamente" de ella, sino que el placer es un placer subordinado, primeramente, al capital, y racionado y vedado a quienes no lo "Poseen" (aunque la verdad, como el mismo Marx argumenta, es que es el capital quien posee a los hombres y no al revés; inclusive en el caso de terratenientes y capitalistas... y aún más en el caso de los economistas y su propia subordinación abstracta, ideológica, al capital - algo que el Marx viejo tristemente volvería a reproducir).

Lo que Marx no puede ver en su propio escrito aunque está explícito es su propio deseo, su propio anhelo de un sistema que *no* esté construido en el capital (un anhelo que externaliza a los obreros:

"Hemos dicho antes que el hombre retorna a la caverna, etc., pero en una forma enajenada, hostil. El salvaje en su caverna (este elemento natural que se le ofrece espontáneamente para su goce y protección) no se siente extraño, o, mejor dicho, se siente tan a gusto como un pez en el agua. Pero la cueva del pobre es una vivienda hostil que «se resiste como una potencia extraña, que no se le entrega hasta que él no le entrega a ella su sangre y su sudor», que él no puede considerar como un hogar en donde, finalmente, pudiera decir: aquí estoy en casa, en donde él se encuentra más bien en una casa extraña, en la casa de otro que continuamente lo acecha y que lo expulsa si no paga el alquiler."

Pero Marx no es un simple y humilde obrero; entonces, sin supuestamente esta condición social, ¿Cómo puede saber esto?

He ahí la clave final en la que basaremos el resto del escrito, la de que el revolucionario mismo es un *excluido* de la sociedad, y es él el que siente toda la construcción social como ajena a su propia subjetividad.

El revolucionario es la antítesis del sistema porque acumula en él todos los agravios de la sociedad como algo que es *capaz de sentir* en carne propia, mientras que las clases genéricas como el obrero estan *insensibilizadas* a su propia miseria (como el mismo Mauricio Yattah constantemente denunciaba; no a estos individuos como tales, sino a la sociedad toda por someter a su población a esa condición) porque está sometido a "solo tener lo suficiente para vivir y solo vivir para tener". Esto es literalmente real y lo sigue siendo hoy en día como lo era en ese momento, con el sueño de la carrera, de la casa propia, del último iphone, de la nueva computadora y el nuevo videojuego, o en la "adquisición" (también capitalista aunque a veces se proponga lo contrario) de capital sexual, "simps" para las mujeres (producto de una "apariencia cuidada") y "atractividad" para los hombres (lo cual es una serie de "skills" pero también de posición de respetabilidad socioeconómica), etc. etc.

Si aceptamos que un obrero está enajenado de su propia producción y su propia vida (y, similarmente, un capitalista está enajenado de su capital en el sistema financiero), podemos muy fácilmente extenderlo a que está enajenado también de su propio enajenamiento y por lo tanto enajenado de su propia opresión y de su condición de oprimido. Estos pueblos e individuos oprimidos viven "Mal pero acostumbráu", como decía Inodoro Pereyra[b 2]. De hecho, Dostoyevski, en su relato basado en su propio exilio en un campo de trabajos forzados en Siberia, escribía: "El hombre es el animal que se acostumbra a todo. Así lo definiría."[b 3]. Ocurre entonces que los "oprimidos crónicos", como obreros y campesinos, al menos en tiempos de estabilidad económica y social se ven a sí mismos siempre desde dentro de la situación que representa su mal, o como decía Foucault, "como un pez no sabe que vive en el agua"; porque estas prácticas sociales les parecen eternas y universales, su opresión se vuelve invisible. Ahora bien, si la enajenación "simple" es la marca del obrero y del capitalista por igual, esa enajenación es solo dos caras de la misma moneda - el capitalista vive por lo que tiene y el obrero por lo que no tiene, pero ambos se signan por el deseo de poseer y adquirir.

Solo el revolucionario es entonces "negación de la negación": No solo niega lo que tiene, sino también niega lo que no tiene, y niega lo que "podría" o "quisiera" adquirir. El revolucionario lleva en su mente otro esquema, un esquema que considera superador de la situación antual no sólamente en nivel individual sino social y ontológico.

El proceso intrasubjetivo de formación de los revolucionarios[editar]

¿Cómo es que un revolucionario llega a serlo? Esto, por más que lo describa, permanecerá un misterio; sin embargo, tentativamente podemos decir que un revolucionario es tal persona cuyo deseo no cabe dentro del esquema dominante de lo que es posible desear en la sociedad. La aspiración del revolucionario subversivo es tan inmensa que resulta inasequible dentro de los esquemas presentes. No basta entonces con obtener "Una posición" dentro del sistema, porque la pocisión que desean no existe. Ellos desean una posición al mismo tiempo mayor y paralela, una posición en un sistema de su propia invención.

En esto podemos ver tanto a Marx, como a Lenin, como a Yattah. Marx es el organizador en su mente no solo de una nueva realidad social sino ontológico-filosófica, una realidad que no puede realizarse mientras el conocimiento de sí mismo del Ser en la Naturaleza, y de la Naturaleza misma del Ser, esté atrapado en la jaula de hierro del capital. Lenin es hermético en su psicología, pero por un lado la destrucci+on del zarismo es la compleción de la obra de su hermano mayor muerto; por otra, es su elevación a una postura con poder centralizado superior a la de un Zar, es el dominio "racional" de la humanidad por una entidad colectiva "inteligente" como el Partido, y es el avance de la Rusia "feudal y atrasada" a una rusia intelectual, industrial y electrificada. Pero para Mauricio es ambas cosas: Por el lado ontológico es el paso del "pienso luego existo" al "siento luego existo, pienso entonces soy", la liberación e la conciencia "atrapada" en la ilusión de la razón hacia la Consciencia Superior y el SOYMOS; pero por el lado político, la elevación de él y de su esquema de gobierno a una presidencia donde el ejecutivo es absoluto, la eliminación de la "mafia judicial", la despartidización de la política y el renacimiento de una cultura argentina geopolítica y económicamente independiente.

Podemos ver entonces que se trata en todos los casos de lugares, sea ontológicos, políticos o económicos, que se presentan inasequibles bajo el sistema actual. Los revolucionarios, aún los anarquistas, son "gobernantes del mundo" en el sentido que quieren reorganizar la existencia de tal manera que coincida con su subjetividad, en lugar de adaptarse ellos a obtener un lugar que coincida con lo que espera el mundo.

El enigma de la representación social positiva del revolucionario[editar]

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La propaganda soviética nos presenta con un puzzle visual: Gloria a los obreros. Gloria a los campesinos. Y a los soldados. Y a los científicos y astronautas (mitad soldado, mitad científico). Pero aparte de ellos y por sobre todos ellos, gloria a Lenin, inmortal de la URSS, aquel que no solo vivió sino qu "vive" y "vivirá". Pero en un sistema que debería analizar todo esto respecto a "las clases", ¿A qué clase pertenece Lenin? No es obrero. No es campesino ni tampoco es soldado. Y evidentemente ni siquiera es científico, al menos en el sentido soviético de la palabra ni en el sentido visual de sus blancos trajes entre experimentos, cohetes y máquinas. Claro, "todos", los científicos, los obreros, los campesinos, los soldados "son revolucionarios" (aunque tal vez a diferencia de la propaganda china, rara vez los vemos activamente haciendo la revolución... sino felices en su fábrica, en su campito, en su laboratorio, etc.) - Pero Lenin, el más revolucionario de todos, "no tiene clase". Es Sui Generis. No es obrero campesino etc. porque simplemente es Lenin. Y esto para mí es una confesión implicita. No es Lenin solamente, son todos los bolcheviques. Una clase "oculta" e invisible.

Los revolucionarios como excepcionales ocultos[editar]

Una "clase" que el mismo Lenin ayudó a crear, al decir que el Partido no podía simplemente admitir en su interior a simpatizantes campesinos u obreros, sino que su sola membresía sería de "revolucionarios profesionales" (sic), personas dispuestas a dar su vida por la revolución (y primeramente por el Partido, del cual serían dependientes y al cual deberían obedecer, claro). Un Revolucionario Profesional debía con frecuencia cortar los lazos de convivencia familiares, estar en la clandestinidad, ir a donde el Partido lo mande, realizar agitaciones peligrosas y acciones ilegales, aceptar ser *enviados* a fábricas para agitar a sus trabajadores contra la patronal y reclutar personas que sirvan a los fines del Partido - para nada un obrero o campesino promedio. Durante la revolución/golpe de Noviembre del 17, los bolcheviques apenas tenían 7000 miembros afiliados al Partido en todo el imperio ruso - pero fue suficiente, por ser personas completamente dedicadas que tenían en su cargo u órita otras tantas sin voz ni voto, mayormente contentas de solo recibir ordenes y no meterse en el debate político. Esta "revolucionaridad" del régimen era por lo tanto su propia contrarrevolución, la admisión latente de que algunas personas estaban para liderar y otras para seguir, algo que continuaría degradando la URSS, pero que al mismo tiempo la volvió posible en primer lugar. Le hicieron creer a los obreros y campesino que esa fue "su" revolución, sin embargo, en una medida no trivial, eso era una mentira - ya que los bolcheviques no eran obreros y campesinos, sino mayormente intelectuales de los estratos medios, perdidos, excluidos, fanáticos, y otros parias varios. Necesitaron de los ejércitos de obreros y campesinos, y de los soviets, pero los obreros mismos y campesinos de base no los lideraron y se prohibieron pronto los líderes no-bolcheviques; no eran, después de todo, suficientemente "revolucionarios". En una medida no trivial esto pudo ser cierto: Los obreros y los campesinos estaban muy preocupados por sus condiciones de vida inmediatas, su libertad inmediata, etc. mientras que los bolcheviques estaba preocupados en cosas más grandes como ganar la guerra civil, implementar medidas macroeconómicas generales, la revolución en Europa occidental (especialmente Alemania) y reformar el país. Es muy posible que los Bolcheviquees hayan sido la facción más "visionaria" de todas, más que los narodniks y los anarquistas posiblemente, ya que los designios de estos estaban más contenidos por lo inmediato, incapaces de sostener vastas organizaciones secretas centralizadas de accionar único y teoría férrea. La victoria de los bolcheviques en este sentido fue una victoria de la organización revolucionaria sobre el caos reformista o inmediatista, un orden que provenía en parte no trivial del deseo de la actualización de planes y visiones más vastas de las que otros se atrevían a imaginar e implementar.

Por supuesto, la visión bolchevique sería inevitablemente que la revolución no podía asignársele a fuerzas "por fuera" de la dinámica económica social. La característica de la idelogía de tapar a la realidad tangible nuevamente se manifiesta. Aunque fue una cantidad insignificante de personas ideologizadas y urbanizadas la que tomó el palacio de invierno en ese Octubre de 1917, y aún menos y más ideologizados y urbanizados los que tomaron la decisión... esta retroactivamente se convirtió en una revuelta simbólica de todos los obreros y los campesinos, de Rusia y más allá, del mundo entero. Es dudosa la utilidad de esta asignación para fomentar nuevas revoluciones, pero es indudable su utilidad para legitimar el gobierno - un gobierno, de nuevo, del que difícilmente participarían en igualdad de condiciones el conjunto de "obreros y campesinos".

La exclusión de los excluidos[editar]

Podemos decir que los revolucionarios incluso son "excluidos para los excluidos", son marginales para la marginalidad misma: Ellos no son parte de la pobreza extrema en el sentido tradicional de la palabra, han tenido una educación intelectual, se han familiarizado con el pensamiento abstracto y por lo general han podido viajar y transitar por ámbitos dispares que le dan una visión más amplia de la vida. Asimismo esta visión amplia, "interclasista", es más inconsistente porque no les da un sentido grupal de pertenencia social - Como dijo Marx, no se puede reducir a todo en una persona a si es capitalista o si es obrero. Hay personas que no son ninguna de los dos, y tampoco son precisamente lumpenproletariado. El revolucionario es una anomalía en que ha visto más allá de su rol como "individuo de una clase" y ha dedicado su vida a una "causa en sí", una causa que para él le es propia (incluso en los casos donde esta causa no es "original").

Por lo tanto, aunque se proclame obrera o campesina, la causa comunista, como toda causa auténticamente subversiva, no es ninguna de ambas cosas en primer término y de manera directa. Los derechistas tienen razón en llamar al comunismo (irónicamente desde la perspectiva del marx viejo, acuñador de la acepción actual del término), "ideología", es decir, no consciencia "directa" de la realidad sino reelaboración de la realidad. Toda consciencia compleja es sin embargo "ideológica" ya que la realidad desnuda es demasiado particularista y contextualmente sensible para ser descrita por una única y simple teoría general de lo social. El comunismo marxista es ideológico además porque no es puramente descriptivo, sino que, al igual que el anarquismo, es prescriptivo y prefigurativo.

Los obreros de forma directa, al igual que los campesinos, habrán nacido y crecido en esa condición y por lo tanto estarán sujetos a todos los aparatos ideológicos de la sociedad burguesa y capitalista, aparatos que reafirman su rol en el sistema o se dirigen a mutarlo de formas útiles para las transformaciones propias del sistema (por ejemplo hoy a ser "fullstack developer"; "emprendedor" o lo que sea). El revolucionario necesita una medida de inmunidad a estos mecanismo, medida que no le otorgará una existencia "Pura" de obrero ya que esta está cuidadosamente diseñada para invisibilizar su propia opresión. Por el contrario, sentir la opresión de obrero, y poder contrastarla con la "libertad" del bohemio burgués -como podrían haber hecho Marx o Bakunin, Kropotkin o Lenin- es lo que provée una perspectiva más amplia que permite identificar las distintas formas de opresión-. E inclusive, no solamnte la opresión del burgués frente al capitalista, sino también menos obviamente la opresión del burgués frente al obrero - como Engels que se veía "obligado" para mantener su apariencia de capitalista respetable a mantener en secreto su amorío con una obrera de su propia fábrica, y a anotar tristemente en cosas como "la familia, la propiedad privada y el Estado" que "solo los obreros" pueden darse el lujo de "casarse por amor" puesto que para la aristocracia y los capitalistas reinaba la apariencia y conveniencia.

Si el obrero recibe una opresión de obrero hasta insensibilizarse a ella y aceptarla, y el burgués una opresión de burgués hasta insensibilizarse a ella y aceptarla, y así sucesivamente con los lúmpenes, los esclavos, etc... Incluso el luddita no quiere "superar" su condición de obrero oprimido, sino que quiere regresar a una condición de opresión anterior como artesano o campesino; una opresión que conoce, con la que está familiarizado y en la que creció, a tal punto que puede parecerle, en contraste, libertad. El revolucionario excluido recibe alternadamente muchas opresiones anómalas e incoherentes y no puede insensibilizarse y acostumbrarse a ninguna de ellas; como no está acostumbrado a nada de lo que existe sino que todo ello le resulta alienante y ajeno, es el único con una motivación para generar un esquema social *nuevo* donde pueda realizar sus aspiraciones vedadas.

El ascenso de los revolucionarios, VS los reaccionarios golpistas[editar]

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Limonov, recientemente fallecido líder del ilegalizado Partido Nacional Bolchevique ruso, ha postulado una teoría superficialmente similar a ésta. Él ha comparado los revolucionarios comunistas y fascistas como si fueran lo mismo, en su condición, según él, de cuasi-lúmpenes o de bohemios. Seguramente se autoconsolaría de que como escritor o artista es lo mismo que Lenin o Mussolini (sic). Sin embargo, yo dio que hay una muy importante diferencia.

El simple fascista es poco más que un golpista militar. Él no busca derrocar al zarismo, sino convertirse en el nuevo zar por medios parainstitucionales. En este sentido se parecen más a ciertos ambiciosos generales blancos, que a los bolcheviques. Hay ciertas posiciones en nuestra sociedad que estan vedadas por medio tradicionales; un general "común" no puedo esperar heredar ser el próximo zar. pro mediante la actividad golpista, se atreve a aspirar a una situación que se le prohibe, sin que sin embargo desee alterar profundamente la sociedad. Su deseo es solo individual; no espera realizar ingeniería sobre el mundo, solo adquirir una posición jerárquica en él que no podría ocupar de otra manera. En la medida en la que a alguien no le interesa transformar ontológicamente el mundo social, sin embargo, no es un revolucionario. Mussolini estaba muy feliz de compartir el poder con reyes y papas; por el final de su vida cambió de programa económico al tiempo que se sometía a Hitler. En otras palabras, hizo gala de todo repugnante pragmatismo para aferrarse al poder, demostrando que sus aspiraciones no eran principios sino la autopreservación en el trono. En la medida en la que el fascismo reorganiza la sociedad, lo hace solo de una manera "mínima necesaria", como el propio Mises lo advirtió: Para que no pueda haber una transformación profunda y revolucionaria. El fascismo y más generalmente el autoritarismo reaccionario es la fiebre del cuerpo capitalista tratando de combatir la "Infección" que llevaría a la revolución.

Si creemos en la tésis del suicidio hitleriano, sin embargo, veremos que su autofanatismo y actitud de "todo o nada" difiere claramente de la de Mussolini. A pesar de que Hitler era claramente reaccionario, su deseo de una reingeniería a gran escala de la ideología social y una transformación duradera de la cultura germana, así como su aspecto mesiánico, lo vuelve psicográficamente bastante cercano a un "revolucionario" de la derecha; una característica no muy común. A pesar de esto, debe recordarse que todas las grandes aristocracias y burguesías alemanas fueron protegidas por el fascismo. Su militarismo era también limitado, solo cambiando a una mentalidad de "guerra total" cuando se volvía cada vez más claro que Alemania perdería el frente oriental contra la URSS, que utilizaba estrategias de guerra total desde prácticamente el principio: Muy poco, muy tarde; Hitler y los suyos no querían "perturbar" la vida cotidiana de sus en última instancia conformistas seguidores. Incluso si consideramos a Hitler o a Goebbels como revolucionarios en un sentido muy restringido de la palabra, esta calificación de "revolucionario de derecha" no se podría aplicar al dictador coriente como Videla o Pinochet, los cuales son meramente neoliberales-conservadores. Incluso figuras que autodenominaban una "revolución" como Onganía de la "Revolución Argentina" o antes Lonardi de la "Revolución Libertadora", claramente no son más que grises muñecos sin intención de cambiar nada y que de hecho desean preservar el statu quo.

El problema de Limonov es similar al de Mussolini, al de Hitler, y al de tantos otros: No conocen lo suficiente de la cuestión de la ontología social, pero peor aún -ya que el desconocimiento es remediable- en realidad poco les interesa. Se muestran como en parte "revolucionarios" en lo estético, pero no lo son en lo ético. Están y se ven por fuera de la clase, pero en sus casos, se incluyen dentro de "la nación", algo igualmente ficticio, dañino y nocivo, si no más todavía. Como tal, no pretenden transformar el mundo, sino "glorificar" a este imaginario nacional, y eso limita cuán lejos pueden llegar en la ontología.

Para ser revolucionario entonces no basta con querer el poder -y tampoco es necesario-, ni con ser un excluido - estas son consecuencias y causas, en todo caso. El ser excluido es la causa que permite ver y moverse más allá de los límites de lo socialmente aceptable. Quien quiere cambiar ontologías sociales, a su vez, para hacerlo requiere una medida de poder transformador -individual y/o colectivo-; El revolucionario es por antonomasia el que desea transformar el mundo. Si hay poder sin transformación, no hay revolución.

El revolucionario y la violencia[editar]

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Mucho se ha hablado por parte de los revolucionarios sobre cómo la revolución ejerce la violencia. Maximilien Robespierre, revolucionario liberal -no proletario ni socialista- fue quizás el primer apologista ético y estético de la violencia revolucionaria, algo en los cual muchos revolucionarios anteriores no habían podido tener el "lujo" de entrenarse:

"Si el resorte del gobierno popular en la paz es la virtud, el resorte del gobierno en revolución es a la vez la virtud y el terror: la virtud, sin la cual el terror es funesto; el terror sin el cual la virtud es impotente."

Él fue, y explícitamente así, el modelo de los leninistas en su decisividad al eliminar oponentes políticos (sustituyendo quizás, la excusa de la "virtud" con el "contenido de clase"). La modernidad es quizás el comienzo supremo de la estetización de la violencia sistemática, y del mismo modo los opresores y los revolucionarios hicieron gala de su habilidad literaria para "justificar" su poder.

El sistema tiene interés en visibilizar la violencia revolucionaria y su "terror", puesto que de esta manera infunde miedo al cambio social, mostrando una revolución como algo excepcionalmente "sangriento" frente a una "Normalidad"... normalidad que no importa si es o no éticamente igual o más sangrienta, sino que es "conocida". A los conformistas de las masas les alegrará poder evitar el tiempo de "crisis" donde todo es incertero. Una perpetua opresión "Moderada" y acostumbrada puede parecer un precio aceptable que pagar para el ciudadano promedio, siempre y cuando tal lento derramamiento de sangre y de sueños sea el símbolo de la "estabilidad" de su realidad.

Pero hay otra violencia menos visibilizada por el propio sistema, y es la violencia contra los revolucionarios disidentes. La violencia contra sectores sociales enteros suele ser moderada, sí; no es posible ni deseable matar a todos los obreros posibles. Después de todo, alguien tiene que trabajar. El monarca tampoco quería matar a todos sus burgueses. Ni la nobleza en el feudalismo a todas las casas reales; después de todo querían coronar a alguien. La represión "moderada" por lo tanto se trata de "enviar un mensaje" al sector social, un mensaje que los obligue a acomodarse a ciertas relaciones de fuerzas desfavorables para el receptor del escarmiento. Es un correctivo. Cuanto más absoluta es la autoridad del poder que lo aplica, más "moderado" es el correctivo. Por eso la posmodernidad no requiere grandes masacres, ya que posee un dominio mucho mayor. En esto el mismo Foucault tenía razón; cuanto más poderoso es el poder, menos obvio es el ejercicio de la disciplina. Pero eso no significa menos potente.

Sin embargo, en contraste, hay un sector social que no está incluido dentro de estas "placenteras" disquisiciones: Los revolucionarios. La existencia de los revolucionarios es una amenaza absoluta para cualquier sistema. Como descrito, es una amenaza ontológica, porque no quieren un lugar dentro de él, sino una transformación de su propia esencia. El revolucionario es el monstruo del estructuralismo, la aberración por fuera de las instituciones. Por lo tanto, en su persecución no hay charlatanería ni legalidad. Los "derechos humanos" no aplican al revolucionario porque es un "terrorista", un "subversivo"; la lucha contra él no se da en un juicio porque es una "guerra sucia", una guerra no formal y no declarada donde ni siquiera aplican las reglas de las guerras entre los Estados. El revolucionario es objetivo de servicios de inteligencia, contratistas privados, paramilitares paraestatales, e instituciones secundarias que actúan en la sombra. Pero no siempre esto significa que asesinar al revolucionario es lo más práctico. Esto minaría la apariencia de la infinita "bondad" del Estado, de la "moderación" del statu quo. Como la Stasi descubrió, lo mejor que se puede hacer contra un revolucionario es excluirlo socialmente, no darle la posibilidad de moverse; no dejar que se confederen, impedirles conectarse y avanzar. El nombre de los libros de inteligencia de contrainsurgencia en la modernidad tardía pueden reducirse a una palabra: Degradación. O aún mejor: Degeneración. Lo que desean es destruir las relaciones humanas entre revolucionarios y de tal manera impedir que se confederen de manera coherente. Las figuras más disidentes y prometedoras son las más atacadas. No es necesario destruirlos con una bala si se puede destruir su sanidad mental y su reputación. Esto era conocido en alemania oriental como Zersetzung, pero tal técnica se ha perfeccionado en occidente con el llamado "electronic harassment" y otros métodos.

La guerra del sistema contra sus sectores sociales estándar es limitada, sus objetivos son limitados y es una guerra de conquista. Pero la guerra contra los revolucionarios es una guerra donde el mismo sistema está en juego, por lo tanto, es una guerra de exterminio. Si bien el uso de la fuerza siempre está limitado por la expediencia y no por la ideología, la única consideración en la aplicación de la violencia contra los revolucionarios es cosmética. Esto se debe en que, a diferencia de las clases sociales que deben preservarse (tanto físicamente como en su estamentación), la destrucción de los revolucionarios (incluyendo su eliminación física) puede ser considerada como un bien absoluto para las instituciones y el Estado.

Por lo tanto, el revolucionario, antes de tener siquiera la capacidad de ejercer la violencia sistémica, es necesariamente su víctima. Pero cuando el revolucionario "captura" una medida de poder, debe ser ciertamente violento para mantenerlo, ya que todas las fuerzas de la reacción, aquellas a las que se les quiten sus privilegios e incluso quienes se consideraban amos de la ontología social, se convierten en actores no-convencionales contra el nuevo orden. Por eso resulta que la guerra social contra el revolucionario es una guerra contra la anomalía, la cual se presenta como "limitada"; pero la guerra de los revolucionarios contra la vieja sociedad, que tan solo *empieza* (y no termina, como en el fascismo o golpismo) en el derrocamiento del poder político, es mucho más amplia, puesto que es una guerra contra la misma normalidad.

Incluso si el revolucionario aspira a una captura "no-violenta" del poder, como Mauricio Yattah, el revolucionario deberá ejercer la violencia mientras esté en el poder. No sólo porque el poder es violento por naturaleza, sino porque incluso en una transición "pacífica" las fuerzas de la reacción se van a alzar violentamente contra cualquier reforma estructural o signo de nuevo orden. Cuando la presidencia es identificada como anómala, por ejemplo, las instituciones mismas se vuelven golpistas. Pero en cierto modo, de la misma manera que la institución tiene normalizada la violencia contra el revolucionario, el revolucionario también tiene normalizada esa violencia que le implican y la puede reflejar como violencia contra las instituciones. Psicológicamente, podemos pensar que los revolucionarios se regodean en cierta idea de venganza en contra de todos los agravios que sufrieron, de inversión no solo ontológica sino también individual de los roles del poder. Por eso, incluso en los aparentes pacifistas como Yattah y muchos otros, cuando se presagia el "mal" de la violencia casi inevitable como "una nueva guerra civil argentina" si no se lo escucha, en realidad se lo está esperando y alentando como una manifestación del caos y la anomalía que constituyen, justamente, situaciones extraordinarias y revolucionarias. Esto es inclusive, claro, cuando su advertencia es honesta y sincera, cuando su deseo por esta violencia no coincide con el anhelo de su espíritu por un mundo mejor. Si vamos al cinismo de la realpolitik, esto ocurre muchas veces en la política que cuando se "advierte" en contra de una violencia, en realidad se está allanando el terreno para que se realice - y esta dinámica, desprovista de su componente utópico e intrasubjetivo, también se utiliza en las instituciones conservadoras y la geopolítica tradicional, como las "advertencias" de la OTAN a Rusia respecto a Ucrania desde fines del 2021 y a inicios del 2022.

La guerrilla y la revolución[editar]

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Incluso podemos pensar el doble valor de la advertencia sobre los desarrollos violentos desde las guerrillas argentinas y la dictadura militar del 76, ya que muchos guerrilleros esperaban este desenmascaramiento del terrorismo de Estado para poder combator de forma más intensa y abierta cuando la careta de la democracia e institucionalidad se cayese. La guerrilla había advertido que venía un golpe derechista con el apoyo de EEUU, así que el hecho de que ocurra es un "te lo dije" que aumenta su capital político, aunque esto en última instancia fue de relevancia llimitada frente a las medidas extensivas e intensivas de desarticulación física (terrorismo de estado, pero supuestamente encubierto y no abierto y público; exactamente como se espera de un regimen reaccionario) que la nueva dictadura desplegaría.

En el aspecto estético y simbólico, la guerrilla parece deshacer la concepción marxista-leninista de la violencia como un asunto, digamos, puramente administrativo. Lenin ordenaba que se matara gente, pero él no tomaba un arma. Sus soldados y comisarios ejecutaban, aterrorizaban y destruían, pero él acariciaba un gatito, leía el periódico y tomaba el té. No caeremos en la trampa de decir que por esto Lenin era particularmente "hipócrita"; después de todo los gobernantes del mundo estarían con sus ostentosas cortesanas en sus lujosos palacios, y teniendo sus suntuosas fiestas mientras también mataban a millones. Lenin, en comparación, no solo era bastante humilde, sino que, como revolucionario, se hacía cargo de la estrategia de terror, estrategia que "demócratas" y "monarcas" continuamente aplicaban en todo el mundo sin nunca reconocerlo. El orden estándar se pinta como "antiterrorista", el orden revolucionario de transición *es* terrorista y a menudo se reconoce como tal. Pero, como prefiguramos, la apariencia cuidada de Lenin y su frialdad intelectual no serían el formato eterno de la violencia revolucionaria. Si esto ocurre en un ámbito imperial, todavía cuasi-decimonónico y europeo, los países colonizados y neocoloniales tendrían un formato de violencia mucho más explícito. Un formato donde sus líderes no serían ancianos menudos de traje y corbata escribiendo sus libritos, sino hombres -y mujeres- jovenes y fornidos con uniformes militares y al hombro un fusil.

Y se nos permite avanzar entonces al próximo punto, y este punto consiste en la examinación de la utilización de la violencia y de las escaladas de violencia como una estrategia revolucionaria consciente. Estrategia de la cual el Che Guevara es el exponente más notable. La concepción del Che sobre la revolución es solo parcialmente clasista, solo parcialmente materialista. En su porción más cruda, trata sobre el ejercicio desnudo de la violencia prerrevolucionaria como un modo de vida y política prefigurativa. El sujeto del Che es el inadaptado, el revolucionario, no el obrero. Él mismo lo admite así:

"Todos los inadaptados morirán maldiciendo el poder que han contribuído a crear con el propio sacrificio, a veces inmenso." (sin fuente confiable)
“...y sobre todo sean siempre capaces de sentir en lo mas hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo. Es la cualidad mas linda de un revolucionario.” 
“El odio como factor de lucha, el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones naturales del ser humano y lo convierte en una eficaz, violenta, selectiva y fría máquina de matar. Nuestros soldados tienen que ser así: un pueblo sin odio no puede triunfar sobre un enemigo brutal.”[b 4]

La clase, en las descripción guevarista del revolucionario, brilla por su ausencia (el Che mismo provenía de clase media acomodada). Son las emociones de una persona primera y principalmente las que lo convierten en uno. Estas frases demuestran la sentimentalización de la lucha comunista, su subjetivización, su re-romantización. Una romantización que parece hacer eco de palabras de los proto-guerrilleros anarquistas como Severino di Giovanni, aquellos que se verían reformulados en outfits maoistas, marxistas, etc. en los 60' y los 70' (incluso en lugares como EEUU con el Ejército Simbionés de Liberación, o en Japón con el Ejército Anti-Japonés Asiático Oriental, y por supuesto en Palestina). Los guerrilleros del mundo abandonaron la pretensión antigua de que el suyo se trataba de un movimiento de "los trabajadores por los trabajadores"; un movimiento del trabajo y de masas - reconocieron que se trataba de un movimiento de aquellos que poseían un sueño y estaban dispuestos a dejar la vida por ese sueño, o para citar de nuevo al Che, "en una revolución se triunfa o se muere"; este fue el eslógan de los guerrilleros: "Vencer o morir". Es claro que las ovejas de todas las clases no estaban dispuestas a adoptar esto como su máxima de vida. El guerrillero al colocar su propía vida al lado de la muerte, se erige a sí mismo también como capaz de repartir la muerte sobre otros; no de forma mezquina, arbitraria o tiránica, sino como una manifestación de su deber y su propósito. El guerrillero revolucionario pretende constituirse en un avatar de su ideal en el sentido hindú de la palabra, en un "soldado de las ideas" (sic) que las encarna como su expresión en el mundo.

"No hay que entender aquí la exterioridad como sensibilidad que se exterioriza, abierta a la luz y al hombre sensible. Esta exterioridad hay que tomarla aquí en el sentido de la enajenación, de una falta, de una imperfección que no debía ser. Pues lo verdadero es siempre la idea." (K. Marx, 1844)

El guerrillero puede decir que lucha por los trabajadores, por los campesinos, por los pueblos explotados, por las villas miseria, y un sinnúmero de etcéteras. Lo normal es que lo crea sinceramente, y en una medida puede tener razón. Pero en el fondo el guerrillero está luchando por un ideal que ha elegido adoptar como propio y como razón suficiente de su vida y de su potencial muerte. Y este ideal lo llevará a cabo a pesar y en frente de la indiferencia o aún ante la hostilidad de las vastas mayorías de obreros, campesinos y pueblos del planeta. La violencia guerrillera no es solo un instrumento enajenado como era el terror revolucionario, sino que se convierte en un modo de vida, un modo que puede comenzar en cualquier momento (ya que según el Che, las mismas actividades revolucionarias dan lugar a las condiciones revolucionarias) y que es susceptible de extenderse indefinidamente, como la guerrilla del ELN o las décadas de las FARC en Colombia y otros lugares. La eliminación y el juicio a los "enemigos de la revolución", como a Aramburu por parte de los Montoneros[b 5], debemos recordar, no requieren de una revolución previa... esto denota que los guerrilleros se consideran una sociedad paralela, sujeta a sus propias reglas e inmunes a las de aquella sociedad a la que están combatiendo. Uno puede cuestionar incluso en muchos casos, como el de Sendero Luminoso, hasta qué punto la guerrilla realmente busca la victoria como tal sobre las instituciones de la sociedad general; o si, por la paralelidad de su existencia, se conforma en cierta medida con ejercer su control sobre sus propios miembros. Sendero Luminoso, después de todo, tomó internamente las cárceles donde sus miembros eran confinados y se dedico, en lugar de liberarlas, de organizar la rutina y cultura carcelaria. La cárcel, de hecho, parecía un ámbito natural de organización, desprovisto de distraciones burguesas -al menos en ese momento-, y con posibilidades amplias de dedicación simbólica a "la idea".

Sea cual fuere el caso, el guerrillero como parte de su estructura no se considera sujeto a la sociedad general sino a la disciplina -con frecuencia mucho más intensa, pero también diferente- de su propia sub-sociedad. La sub-sociedad guerrillera, más que puramente existir para derrocar el orden establecido, primeramente ignora la legitimidad de éste y se declara independiente de sus mandatos; estableciendo a su vez los propios[b 6] (algo que hace falta recalcar que el Zersetzung intenta impedir, negar o desbaratar). Podríamos pensar esta dinámica guerrillera como una especie de secesionismo subjetivo. Este primer acto de negación sería un paso necesario en su esquema para luego realizar la "negación de la negación", es decir, la captura completa de las instituciones y la cultura en base a su propia bandera ideológica.

El carácter del guerrillero revolucionario pasa a ser así alguien que explícitamente se halla excluido de su sociedad y no solo debido a su enajenación, sino también de facto. Por eso se habla de que el guerrillero está "en la clandestinidad", así coma, duerma, trabaje y/o se bañe como cualquier otro. No es un individuo identificable para las fuerzas de seguridad, ha evadido los sistemas de control, es un elemento que funciona no solamente más allá de la ley (lo cual se podría decir de cualquier negocio en negro), sino activamente en contra de la ley y la institución que la promulga. El carácter del revolucionario es entonces totalmente desnudado con el guerrillero, que demuestra como su "expresión pura" que la revolución y el sistema: La expresión que denota que la revolución y la normalidad, y también, que la revolución y la "clase" en un sentido material y económico, son elementos contrapuestos. El obrero común o el campesino necesitan dar su identidad, someterse a la ley, vivir entre las normas de la sociedad; incribirse a las etapas de educación con su nombre y apellido, dar su dirección a sus jefes y un sinnúmero de etcéteras. Sin embargo el guerrillero no lo hace; en cualquier aspecto salvo el hacho de su motivación ideológica, es un criminal de carrera (aunque para el sistema, con frecuencia el adherir a su propia ideología equivale ya a una carrera de crímen); alguien sin identidad abierta, que viaja de incógnito, sin dirección real conocida, que utiliza identidades falsas, pseudónimos y otras formas de evitar el rastreo. El guerrillero acepta ser "no-persona" para la ley y las instituciones, reconociendo que no quieren "corregirlo" o "ayudarlo" sino destruirlo; que él y el sistema imperante son antónimos y antagonistas uno del otro y que donde uno existe el otro no puede permanecer en paz.

El revolucionario y la cuestión de lo social[editar]

El revolucionario es revolucionario, precisamente, porque quiere transformar su sociedad. Pero, ¿Quiere transformarla por un impulso propio, o "por los otros"? Dicho de otra manera, ¿es el revolucionario "un altruista", un ser sin ego, o hay algo más?

Parte de lo que hemos dicho parece pintar injustamente a los revolucionarios como personas preocupadas "solamente por sí mismas"; solo "por sus propios proyectos". Pero incluso en 1844 también podemos leer que Marx se compadece por las situaciones objetivas de los obreros.

"Esta enajenación se muestra parcialmente al producir el refinamiento de las necesidades y de sus medios de una parte, mientras produce bestial salvajismo, plena, brutal y abstracta simplicidad de las necesidades de la otra; o mejor, simplemente se hace renacer en un sentido opuesto. Incluso la necesidad del aire libre deja de ser en el obrero una necesidad; el hombre retorna a la caverna, envenenada ahora por la mefítica pestilencia de la civilización y que habita sólo en precario, como un poder ajeno que puede escapársele cualquier día, del que puede ser arrojado cualquier día si no paga (XV). Tiene que pagar por esta casa mortuoria."

Pero tal vez esto también conmovería al simple reformista, al hombre de caridad, al burgués de "buena consciencia". Lo que distingue al revolucionario de ellos no es la mera empatía, sino el ver los principios generales que operan detrás del oprobio, los principios sociales, los principios de la subjetividad universalizada dentro de un sistema. Como leemos:

"Todo lo tuyo tienes que hacerlo venal, es decir, útil. Si pregunto al economista. ¿obedezco a las leyes económicas si consigo dinero de la entrega, de la prostitución de mi cuerpo al placer ajeno? (Los obreros fabriles en Francia llaman a la prostitución de sus hijas y esposas la enésima hora de trabajo, lo cual es literalmente cierto.) ¿No actúo de modo económico al vender a mi amigo a los marroquíes? (y el tráfico de seres humanos como comercio de conscriptos, etc., tiene lugar en todos los países civilizados), el economista me contestará: no operas en contra de mis leyes, pero mira lo que dicen la señora Moral y la señora Religión; mi Moral y mi Religión económica no tienen nada que reprocharte."

Entonces Marx sabe que hay una "ley" económica que en realidad actúa como religión y como moral. Ante ella es que él contruye su otra moral, su moral alternativa, la moral comunista. Por eso es un oprobio sobre el oprobio buscar un "marxismo económico", una visión enteramente matematizable sobre la sociedad donde lo importante sea alguna clase de eficientismo y que el socialismo es la mera conclusión de "mayor eficiencia" o "mejor economía". No, no, y no. El socialismo como negación de la primacía del lucro es la antítesis de este pensamiento economicista. Pero veamos más allá: ¿Qué es lo que motiva entonces a Marx y a tantos otros revolucionarios, el mejorar la vida del obrero, o el cambiar las bases de la "religión" social?

Ellos entienden, de facto, que estas cosas son una y la misma, que no se puede mejorar realmente la vida de forma meramente numérica y gradualista puesto que hay un principio operante que la hace ser lo que es y cómo es. La transformación de los principios operantes es la única mejora permanente entonces,la única significativa y a largo plazo la única posible. La anulación de todas las conquistas obreras del siglo XX en la posmodernidad (accesibilidad de compra de vivienda, horas fijas limitadas, prestaciones sociales del trabajo, negociación colectiva y gremialización, etc. etc.) nos está mostrando esto de la forma difícil: Creímos que se podía "domar" al capitalismo y al mercado volviéndolos "buenos", haciendo que obedezcan los límites de la socialdemocracia, pero son ellos los que nos domaron y nos sometieron a una esclavitud hoy más completa, hoy más intensa y por lo tanto más invisible.

Al ocuparse la verdadera persona esencialmente revolucionaria de estos principios generales de la sociedad, supera en la medida de lo posible la dicotomía entre su conveniencia y la de los otros (Yattah podría decir que así soymos). El revolucionario es de esta manera a su vez egoista y altruista; egoísta porque quiere aplicar el nuevo esquema superior que sale de su genio, altruista porque no lo hace por un mero beneficio de estatus sino mediante la convicción de que es verdaderamente lo mejor para toda la sociedad y acaso la humanidad.

Nótese que estamos aquí hablando de las motivaciones revolucionarias y no de lo apropiado de esos ideales a una realidad dada. Es muy posible que un revolucionario sea tan altruista como podemos concebir, al menos externamente (es posible ser enteramente altruista en actos y sin embargo narcisista en subjetividad, considerándose uno a sí mismo un salvador de la humanidad o el planeta); eso no precluye que este mismo revolucionario esté absolutamente equivocado respecto a los potenciales efectos de sus ideales en el mundo. Marx mismo no imaginó que los países socialistas que recñlamarían su doctrina serían los que eran pobres y los coloniales, que la cantidad de obreros fabriles no era proporcional a la probabilidad de revolución, etc.

Las motivaciones de los revolucionarios para la mejoría cuantitativa de las condiciones socioeconómicas[editar]

A pesar de los muchos "peros" que hemos colocado, argumentablemente, al menos en el marxismo mejoró la calidad de vida. No comparemos a la URSS con los EEUU, el país más poderoso del planeta durante la guerra fría; comparémosla con países similarmente pobres a lo que era el Imperio Ruso, países también muchas veces con geografía inadecuada y diplomática y comercialmente aislados, y veremos que para la gente común el proceso revolucionario fue muy positivo. Comparemos el estatus de las personas de la China maoista con la India poscoloniales, muy similares en tamaño demográfico, y en sus historias de esplendor, coloniaje y saqueo. Veremos entonces con claridad que el modelo Chino sacó a su gente de la pobreza con inmensamente mayor efectividad que la economía análoga más sometida al mercado, un proceso que de alguna manera continúa demostrando sus diferencias hasta hoy.

Podemos de nuevo sin embargo en estos procesos ver una ambiguedad, quizás ambiguedad irresoluble en una medida no trivial, ambiguedad ontológica. Podemos preguntarnos en qué medida la mejora de la calidad de vida es un propósito de los regimenes del "socialismo real", en qué medida es un mero efecto secundario, un instrumento económico, y/o una forma de gobernabilidad. He aquí diversos argumentos cubriendo estos aspectos:

  • Es un instrumento económico
    Porque los Partidos Comunistas generalmente quieren industrializar rápidamente su nación y esto no se puede hacer con campesinos analfabetos empobrecidos y de mala salud. Se requiere mejorar la salud, la educación, y construir viviendas urbanas para obtener nuevos cuadros obreros, científicos e intelectuales. Esto, aunque puede ser objeto de propaganda, es una mera estrategia de administración. Una economía más fuerte aumenta el poder y prestigio del Partido dominante, y genera una base estructural más robusta bajo su control.
  • Es una estrategia de gobernabilidad
    Los Partidos dominantes saben que la gente es eminentemente conformista. Una gran motivación para apoyar las iniciativas revolucionarias socialistas por parte de la gente común es la promesa de una subsistencia asegurada. La salud y la educación, la vivienda sin ser echados o incluso pagar alquiler, la estabilidad laboral de por vida, son todos instrumentos con los cuales los individuos gobernantes se ganan el favor del pueblo para continuar con su gobierno. Esto se puede lograr incluso mientras en el plano subjetivo de la casta dominante haya desinterés o egoísmo, siempre y cuando la estructura aliente la consecución de las mencionadas políticas como un mecanismo autoperpetuante.
  • Es un deseo sincero
    Incluso en el caso de que un político individual es frío y calculador, y aún si este es el de mayor rango, como podría pensarse por ejemplo a Stalin, tal vez otros no lo sean. E incluso en el caso de una amplia serialidad de jerarcas muy fríos y calculadores, habrá toda una serie de funcionarios intermedios y burócratas que quizás sean mucho más susceptibles de creer literalmente la propaganda de "Servir al Pueblo"(sic [b 7]). Esto puede también tener que ver con el reemplazo de las vanguardias revolucionarias originales por miembros de "clases obreras y campesinas favorecidas" en la URSS. Kruschev provenía directamente de una familia campesina ucraniana y fue el que tuvo la idea de una "competencia pacífica" de nivel material de vida frente a los EEUU; una competencia que en realidad por más que fuese sincera no iba a poder ganar, por el inmenso botín del imperialismo que permitía al gobierno yanqui -como decía Mao- "sobornar" a los estadounidenses. Tal vez estas tendencias provinieran de que estos líderes no eran ya revolucionarios y no habían participado del movimiento original, por lo tanto, honestamente tendían a alinearse más naturalmente con el reformismo conformista de las masas.
  • Es una consecuencia de la ideología
    Aún si a los revolucionarios no les "importase" para nada la calidad de vida de la gente, esta puede mejorar simplemente a través de su aplicación de ciertos principios ideológicos más o menos inflexibles. Esto incluso expropiar a los capitalistas, terratenientes y burgueses, quitar las rentas, generar crecimiento industrial sostenido y reducir el rol de los mercados en la economía. Por supuesto, este es un arma de doble filo: Los sovjoz, por ejemplo, eran preferidos por los bolcheviques frente a los koljoz; las primeras eran granjas estatales y las segundas comunales. Para los bolcheviques, coincidiendo con su rol como "guardianes" del Estado, la propiedad estatal era un estadío superior frente a la propiedad comunal - y a pesar de que los campesinos parecían ser algo más felices y productivos en los koljoz, los sovjoz eran institucionalmente preferidos.

La ambigüedad ontológica irresoluble surge de que estas diversas opciones no son mutuamente contradictorias. La utilidad política o geoestratégica de ciertas medidas no debe ponerse en contraste necesario a la buena intención "humana" de quienes la aplican, y tampoco a su compromiso ideológico. Ni siquiera son enteramente contradictorias a un nivel puramente subjetivo, ya que las decisiones humanas son multicausales y no siempre completamente conscientes.

La actitud del revolucionario es vacilante; podemos ver que el Che profesa sinceramente su odio al imperialismo y la injusticia y le han sobrado las ocasiones en sus viajes de ver sus consecuencias con sus propios ojos. Sin embargo también llega un punto en sus escritos donde se trata de una venganza por sí mismo y donde la revolución no está ligada a mejorar las vidas de las personas que viven en un momento y un lugar específico. Podemos pensar que existe cierto latente desprecio del revolucionario a la persona común, algo que se ve no menos en el Che que en Yattah, en la medida en que esta simple persona no se hace cargo vitalmente de lo que debe hacer para liberar su vida y su sociedad (siendo estas distintas concepciones de en qué consiste ese deber y esta liberación). En el Che y sus más ardientes congéneres y seguidores, podemos ver que finalmente su impulso vital no se dirige a otra cosa si no a lograr la victoria contra el enemigo a toda costa, una victoria universal que el revolucionario individual coloca sobre sus hombros como su responsabilidad personalísima.

Conclusiones[editar]

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Así es que la exégesis de la identidad del revolucionario no se reduce a las condiciones materiales de una clase única. Estas condiciones provienen de una materialidad, pero esta materialidad es una decepción orgánica y generalizada con las estructuras que limitan la existencia social en un momento dado. El revolucionario -sea hombre, mujer, etc.- busca romper los límites que el esquema social de su sociedad le impone. Aspira a algo que no se le presenta como posible. Las ramificaciones de este trayecto son muchas, pero la clandestinidad guerrillera expresa su sumum: Una persona que es cazada a muerte, y que existe en un estado de guerra perpetua con el mundo que la vio nacer. La revolución, por lo tanto, no surge espontáneamente de una clase social por medio de mecanismos económicos colectivos. La revolución es la confederación de estas posibilidades vitales negadas, que surge desde personas excepcionales y anómalas que buscan un modo de vida y una satisfacción ontológica que les es vedada. Los revolucionarios usan el descontento social para sus propios propósitos, y como tales pueden movilizar los intereses de obreros, campesinos, pequeñoburgueses y otros tantos estamentos sociales. Hay que recordar que Mao proponía un "bloque de cuatro clases", las cuatro estrellas pequeñas en la bandera de la República Popular China; las primeras dos clases eran obreros y campesinos como tradicionalmente, pero las segundas dos eran la pequeñoburguesía y los capitalistas nacionales. Sin embargo, la estrella amarilla más grande y la que "lidera" a todas representa al Partido Comunista, distinto y separado de la "clase obrera" aún simbólicamente[b 8]. Esto demuestra, específicamente, que la revolución no tiene una base social unívoca y estable, excepto por los "inadaptados" condenados a realizarla o intentarla - o perecer en el intento, aunque, en el caso del Zersetzung institucional efectivamente aplicado, son mayormente sus sueños los que mueren.

El sinceramiento de la naturaleza de los revolucionarios debe servir para desenmascarar los sectores social-democráticos, social-imperialistas y nacionalistas que se hacen pasar por tales. La reacción golpista no es revolucionaria porque no tiene ontología diferenciada del sistema. El obrerismo, trotskismo partidario y demás no son revolucionarios porque creen en las instituciones actualmente existentes y se esfuerzan por verse "representados" en ellas. Y los marxianos deterministas economicistas no son revolucionarios porque creen que el desarrollo de la sociedad es un asunto puramente mecánico, contra lo cual Marx mismo como hemos visto se rebelaba. Quizás son estos los más perversos, porque niegan la posibilidad del acto y del conocimiento humano, reduciendo la sociedad a un automatismo el cual es imposible replantear y del cual no puede escaparse. La revolución que buscaba Marx o los comunistas, socialistas y anarquistas históricos en general por lo tanto no es un mero automatismo hueco sobre la inicua "inevitabilidad" de "mejorar el sistema productivo", sino, fundamentalmente, se trata de una transformación de la consciencia colectiva humana y de "la relación del hombre con el hombre" y con su cualidad misma de humanidad.[1]

En consecuencia, todo lo que es la revolución, en tanto ontología, implica un "escape hacia adelante", un replanteamiento radical de las bases no sólo económicas, sino institucionales y sociales. Conlleva en su semilla algo que transforma la concepción de la naturaleza humana y también de la naturaleza del mundo. Esta revolución proviene de la misma negación de las instituciones -en este caso las instituciones capitalistas/financistas- sobre las aspiraciones de la humanidad y aún de la naturaleza. La búsqueda de un estado superador de esta supresión y esa contradicción es la "subjetividad objetiva" prefigurativa-revolucionaria, una aspiración filosóficamente radical que el propio Marx planteaba; antes de ser abandonada por nuestros falsos "revolucionarios" de sillón en favor de las grises e inútiles apariencias lineares.

Bibliografía[editar]

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  1. Esto es algo que Mauricio Yattah deja mucho más en claro y no ambigua detrás de oscuras sentencias hegelianas, con su explícita promoción de una "re-evolución humana" que sea manifiestamente esencialmente distinta a todas las revoluciones tecnológicas, económics y políticas.