Lírica:El fin, aquí y ahora

De Bestiario del Hypogripho
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Suspiraban las montañas al caer la noche,
frío tenebroso.

Susurraban las colinas al despertar el día,
calor funéreo.

El fin, aquí y ahora
y un secreto de pólvora;
antes del día del conocimiento,
en la quietud del tiempo,
los soñadores buscan
detrás de la lluvia del horizonte,
en la espera,
en los cielos enhebrados;
pero nunca aparecen las lunas en los arroyos.
después de las lluvias (de la muerte)
mirando hacia los guijarros del tiempo,
sólo sombras en las paredes,
sólo rastros de tinta en el cosmos.

Las estaciones pasan y las rocas no necesitan
sentir la armonía de las simas,
pues las olas de nieve permanecen,
mientras los mundos desaparecen.

Antes del día del entendimiento,
en la quietud de la sombra,
seiscientos armazones,
seiscientas cáscaras,
perfectas pero rotas,
construyen en la niebla del retorno,
pequeños caminos hacia su interior.

Fuera del mar, en la luz,
fuera del sol, en el suelo,
un asteroide de colores que dice,
"yo… y yo",
si lo entendiese no sería asteroide,
que dice:
"no… y no".

Desolación, cansancio.
pero nunca hierro[r 1];
el hierro con su cansada ignorancia
de podredumbre
de madera la mente mata.

Helio[r 2] aquí la clave oculta,
la generación de las particularidades,
en sus alas escondidas.

Picos y garras surcan el cielo,
quizás es tu pterosaurio perdido,
de plumas y hielo.

En un día aniquilado por la luz,
algo salvaje y monstruoso
bañándose en luz negra
que en la selva habita,
bañándose en luz plateada
que un grito aguarda.

Sus rojos y lustrosos ojos exudan miedo,
que se desborda en el suelo
y crepita en un soplo vacío.
Pero, con cuidado las láminas de su rostro cierro.

¿Porqué lucha contra los ciervos, cuando
el antianochecer aparece?

Pinchos, bolas, reptan,
planos en la distancia,
una serie de curvas rectas,
que conforman su talla.

¿Quizás envidia sus cornamentas,
su cabeza lisa?

Los dientes clava en la tierra,
tierra que es carne,
del planeta que aguarda.

Su despegue
a las hierbas no atemoriza,
ni a las azaleas engrandece.

La ciudad llora amargamente al ver,
en su cielo la terrible figura aparecer.

Cornalina y obsidiana,
piezas descascarilladas,
tumbas secas, cuencas vacías,
lápidas desenterradas.

Llora, lágrimas;
llora, cenizas de fuego,
ni la más poderosa de las tecnologías
en carne la ciudad tornaría.

Las varillas no son de cuarzo,
ni las fuerzas abatidas.
Este muro tendría que ir abajo
y la fisonomía invertida.

"¡Ya está!", —susurra beligerante—,
"éstas no son las alas de un pteranodonte,
la escala del tiempo errónea es,
lo hemos estado observando al revés".

Tiempo ha que fueron destruidos,
tiempo ha que fueron olvidados,
tiempo ha que fueron perdidos,
los templos de antaño.

Las civilizaciones en el mar hundidas,
los nombres olvidados,
la corona solar, en expansión,
sus dedos extiende con fruición.

Incluso pudo acariciar un día,
la superficie de la azul aguamarina.

"Volvamos a Enkidoquía,
aquí los análisis carecen de guía".

«Cierto es que en los cielos,
ya no vuelan golondrinas».

Ni golondrinas de acero podrán
ni naves de hierro lo harán
(salir de este fósforo de hielo)
cuando la fecha sea fijada,
cuando el cielo se vuelva,
el cielo se volverá,
se volverá violetas de sangre.

La piel de esta esfera,
(para entonces acuanegra),
mucho ha sobrevivido,
muchos embates ha soportado
y estaciones reído.

(su sabiduría permanece,
grabada en las rocas,
en las rocas en el aire reflejadas,
en las cuevas labradas)

«Transcribirlo haremos; entonces
¿no es tu pterosaurio perdido?»

Cazarlo conseguimos, atraparlo en una celda
de lapislázuli quizás la preferiera;
pero, no; de mágico légamo era.

Para desembocar en río de la tempestad,
nos desplazamos a esta roca desierta,
no, no era la Tierra.

Quizás un reflejo
de una realidad helada;
quizás una infinidad distorsionada.

En las rocas, del aire reflejadas,
en las cuevas labradas, una melodía se posaba:
¿quizás un pequeño mirlo que a la Ciudad Negra esperaba?

No, las ilusiones eran vanas,
ni las ruinas de ese mundo perdido,
allí correspondían, ni a ellos
la tarea les satisfacía.

Restaurar los sonidos de las esferas,
restaurar la armonía de los vientos,
y el color de los cielos, bajo una nueva luna.

Otras dos huyeron, otras dos se marcharon,
bajo la fría mirada del planeta.

Un punto de encuentro, en la infinidad del espacio,
un revoltijo de mareas cárnicas en descomposición,
salvajemente demolidas por la sinrazón.

Quizás un sueño de otro mundo,
a tu pterosaurio entretuviese.

Quizás sea mi propio sueño,
que a ti también te sueña.

Un susurro llega de los vientos,
un susurro que congela el fuego:
las montañas cayendo…

(¡Observa las montañas!
¡Obsérvalas caer!
Viento fatigado
y murmullos al amanecer
La velocidad ¿qué es?
Susurros de una montaña
a punto de caer.)

Y una melodía perdida, producto de un sueño encontrado,
una ilusión recreada…

Y aquí volvemos a las sombras:
Suspiraban las montañas al dormir en el día,
frío funéreo.

Susurraban las colinas al despertar la noche,
calor tenebroso.

El fin, aquí y ahora
.

Referencias[editar]

Las Referencias aluden a las relaciones de un artículo con la "vida real".
  1. El símbolo químico del hierro es "Fe".
  2. El símbolo químico del helio es "He".

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Dussiano por asralore.png
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