Relatos:Caos en la cocina

De Bestiario del Hypogripho
(Redirigido desde «Caos en la cocina»)

Este artículo forma parte de un ámbito ficcional propio que no es necesariamente compartido con otros contenidos del Bestiario.     Este artículo tiene elementos creados por Nefertaery2007. 

—¡Pero qué panda de idiotas! —decía Áyax, una mantis religiosa, mientras miraba a los cangrejos que trabajaban en su restaurante lunar "Le premieur".

Al sonreír, Áyax, no sólo inspiraba respeto sino que lograba crear terror en la atmósfera del restaurante. En aquel restaurante de lujo, había cangrejos, langostas e, incluso, verdaderos genios que salían de sus lámparas cuando los clientes —humanos, casi siempre— expresaban su deseo de degustar algún plato que los chefs no conocían ni sabían preparar de ninguna manera posible.

—¡El cliente ha pedido una cosa clara y no eso que tú has hecho! —le gritaba Áyax a Pamela, una de las langostas chef.
—No es mi culpa que pidan platos que ninguna de nosotras —dijo mirando al resto de langostas en la cocina—, ni ninguno de nuestros otros chefs —señalando a los genios y a los cangrejos— ha oído nunca.
—Verás, Pamela —dijo Áyax perdiendo la paciencia (hay que decir que no tenía mucha), los clientes buscan aquí un servicio de lujo y calidad y si ese humano te ha pedido una bolsa de plástico en su jugo pues tu lo haces y punto. No creo que ninguno de nuestros genios en sus respectivas lámparas (bastante caro costó adquirirlos como para que vaguearan) no sepa cómo prepararlo.

Pamela puso cara de disgusto, todo lo que pudo poner siendo una langosta adorable. Áyax se fue rápidamente de la cocina, bajó unos escalones y se dirigió a la mesa en la que se encontraba el humano que había pedido aquel singular y del todo extraño plato. Sin duda alguna, debían ser restrictivos con quienes entraban en "Le premieur" pero aquel humano llamado Jack Hower tenía buen porte y gran cantidad de dinero, eso sin hablar de que era el empresario más importante de una de la empresas que más langostas y cangrejos albergaba del mundo "Locustly".

—¿Viene ya mi comida o no? —dijo el humano mirando de reojo a Áyax.
—Señor, estoy haciendo todo lo posible porque los chefs ("malditos idiotas") comprendan en qué consiste el singular menú que usted quiere degustar —dijo Áyax sonriendo e inspirando terror.
—No, no. Se equivoca. No es un plato singular. Los humanos consumimos mucho ese plato —contrarrestaba el humano Jack Hower.

"Ya claro, ustedes y sus costumbres raras que no hay quien entienda" —pensaba Ayax—. Sí, señor lo sé —añadió—. Perdone mi ignorancia. Para compensar la espera que está padeciendo ¿puedo ofrecerle algo?
—Quiero algo, sí —dijo el humano mientras ojeaba la carta del restaurante.
—Pero que no sea desconocido e imposible —dijo Áyax en el tono más natural y sonriente posible. Desgraciadamente el humano se lo tomó como una ofensa y descargó una intensa mirada sobre Ayax; una mirada con significado.
—Qui... quiero de... decir —tartamudeaba Áyax—, que sus gustos son curiosos y diferentes. Ese es el motivo por el que son mejores.

La expresión en la cara del humano cambió rápidamente y Ayax sintió una punzada de dolor en su interior: odiaba la hipocresía, la falsedad y a los pelotas. Ser dueño de aquel gran restaurante le estaba convirtiendo justo en aquello que tanto detestaba y despreciaba.

—Bien, quiero calamares y langostas —dijo Jack Howes.
—¿Lan...langostas?
—Sí —dijo frunciendo el ceño—. ¿Qué problema hay ahora?
—Señor... aquí hay langostas y cangrejos que son los mejores chefs que hay en la órbita lunar y usted me pide que le... traiga unos cocinados. No creo que mis cocineros estén dispuestos a sacrificar a miembros de su especie para su degustación particular.

El humano puso de nuevo una cara mustia y fea —quizás fuera su única cara— y Áyax rápidamente añadió que haría lo posible por hablar con los cocineros.

—Rotundamente no —dijo Pamela—. ¿Es que ahora el dinero es más importante que los principios, Áyax?
—Vamos, Pam. Sabes que no es eso, simplemente en su cultura es normal comer miembros de tu especie, ¿que te cuesta coger unos bebés langostas y freírlos?

Sus chefs le miraban como si fuera un monstruo, encima Ayax comprobó que todavía no tenían el primer plato principal de bolsa de plástico en su jugo que Jack Howes había pedido. Qué desesperación. Áyax no había creado aquel magnífico restaurante de la nada, para conseguirlo había tenido que mover muchos hilos e incluso pedir un préstamo además de pagar los correspondientes derechos porque "Le premieur" estuviese en la Luna. Hubo muchas discusiones sobre dónde emplazar el restaurante porque la Luna estaba dividida a esas alturas en muchas parcelas, barrios, distritos y no era fácil encontrar un sitio aceptable.

—Pamela, el cliente se está impacientando —dijo Ayax mientras salía de la cocina e iba a abrir la compuerta a dos nuevos clientes.
—Bienvenidos a "Le premieur", si un plato es posible lo hacemos realidad. ¿Me permiten sus cascos espaciales?
—Yo si se lo permito, mi esposa no. Es que le gusta sentir claustrofobia.

Ayax puso las cejas de una manera extraña. Qué raros eran los humanos.

—Teníamos mesa hará cosa de un mes o dos. Llamé con tiempo —dijo el hombre mirando a su mujer—, sé que este es un restaurante solicitado.
—Sí, el señor acierta en su conocimiento. ¿Les acompaño a esa mesa? —dijo Áyax señalando un extremo con vistas—. Es de las más bonitas.
—Ah, esa que da a la Tierra. Nos da un poco de pena pero a la vez nos recuerda nuestro pasado. Vale.

Los humanos, debido a la creencia de que nunca agotarían los recursos naturales y energéticos que el planeta Tierra les había proporcionado, habían terminado con todo. Desde hacía ya unos siglos aquellos con suficiente dinero, habían podido participar en un programa de colonización en Marte. El problema es que los humanos no parecían aprender de sus errores y el planeta rojo estaba igual de asqueroso que la Tierra. Iban por el mismo camino.

—¿Qué van a tomar los señores?
—¿Qué nos recomienda? —dijo la mujer cuya voz se oía extraña con el casco espacial puesto.

"¿Por qué? ¿Por qué tenían que hacer esa pregunta?". Ayax les recomendaría sin duda comida que no fuese la propia de su gusto.

—Yo les recomendaría un entrante ligero y algo para compartir —dijo Ayax sonriendo. Sonriendo y de nuevo aterrorizando a los clientes.

—¡ÁYAAAAAX! —gritó alguien desde la cocina.
—Discúlpenme, me requieren en la cocina —dijo Ayax dirigiéndose hacia allí.

—Pamela, ¿qué te he dicho de gritar así? Los clientes se asustan cuando oyen esos gritos.
—No, Ayax. Los clientes se asustan cuando sonríes —dijo Bell (otra langosta chef) —. Por cierto, nosotros también. ¡Te hemos llamado porque ya tenemos listo el plato de la bolsa de plástico en su "jugo"!
—Ah, ¡por fin! —dijo Ayax emocionado—. ¿Cómo lo habéis conseguido?
—Es fácil —dijo Pamela—. Simplemente hemos cogido una bolsa normal (de cartón) y hemos hecho que parezca de plástico y luego hemos pensado entre todos que lo de "en su jugo" podría ser cualquier cosa, así que —dijo Pamela mirando picaronamente al resto—, la hemos aderezado al gusto.
—¿Y lo de las langostas bebés?
—Ayax, ninguno de nosotros va a cocinar langostas y menos bebés. Será mejor que se lo digas a ese estúpido humano.
—Ese estúpido humano —dijo Ayax, aumentando su enfado— es el que dirige una de las empresas de mayor prestigio en la Tierra y con múltiples filiales en la Luna, no podemos permitirnos tener problemas y menos con ese individuo.
—Pero Áyax si acabamos con él tendremos la posibilidad de acabar con el hombre genocida que ha matado a miles de los nuestros. Sabemos que siempre va a marisquerías.
Ayax les miró sobresaltado
—¿Qué queréis decir con "acabar con él"?
—Ah, ya lo descubrirás. Ben le está llevando el plato.

Áyax se quedó mirando a Ben (un Cangrejo) llevar el plato a Hower. A Jack Hower se le empezó a hinchar la cabeza al tomar el plato y emitió unos sonidos agudos y chirriantes hasta que explotó en mil cachos. Los humanos que acababan de entrar al restaurante gritaban asustados.

Estaba siendo una velada del todo perfecta. Áyax contempló, a la par con asco y curiosidad, como los restos de la cabeza de Jack Hower estaban esparcidos en parte sobre el plato de bolsa de plástico en su jugo y en parte por la silla y el suelo. Era admirable que, aquel humano tan hostil y pesado resultaba tener más cerebro del que nadie imaginaba. Ayax encargó a varios chefs (entre ellos Pam) que recogiesen aquel estropicio y que fuesen preparándose para dar una explicación convincente ante la desaparición de aquel dichoso humano cuando la policía lunar (Moonpolice) se acercara al restaurante. Los otros humanos, aquella extraña pareja, seguía gritando. Áyax no podía permitirse que hubiera testigos de lo ocurrido de manera que utilizó el desmemoren, un artilugio que había sido inventado hacía unos años y cuya utilidad básica era ejercer pérdidas de memoria en tiempos concretos sobre quién o qué se aplicara.

Había sido una noche difícil.

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