Bestiateca:Moa (Ferrer Lerín)

De Bestiario del Hypogripho
Antigua ilustración científica de un esqueleto de un moa y de un humano
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Este artículo tiene contenido que finge ocurrir en nuestro "mundo real", pero es de hecho ficticio.     Este artículo se compone de contenidos transcritos o recopilados por Francisco Ferrer Lerín.  Este artículo se compone de contenidos transcritos o recopilados por Jakeukalane.  Este artículo está ilustrado con imágenes de dominio público, ninguna otra persona, ningún autor adicional y nadie más.  Este artículo tiene bibliografía real que sustenta su contenido en todo o en parte.  Este artículo tiene una dificultad intraficcional mínima (magnitud 1). Debería resultar accesible para el público en general. 

Moas[editar]

Hará pocos siglos, unas aves gigantescas, las moas de los maoríes, vagaban por los llanos de Nueva Zelanda como lo hacen hoy las cebras y antílopes en las llanuras africanas; nadie en el mundo civilizado había oído hablar de este bípedo alado hasta que Darwin efectuara su viaje por Nueva Zelanda. Durante su estancia en las islas, Darwin estudió a fondo los motivos por los cuales numerosas especies de aves e insectos habían perdido la facultad de volar, y llegó a la conclusión de que la pérdida de las alas era una circunstancia favorable para la supervivencia en el medio insular, donde los fuertes y frecuentes vientos arrastrarían con más facilidad a los animales voladores. Entre los animales que viven actualmente en la Tierra, únicamente la jirafa y el elefante superarían en altura a las moas, que medían aproximadamente tres metros y medio y pesaban alrededor de trescientos kilos en sus especies más corpulentas. No debió resultar difícil para los hábiles navegantes polinesios la localización de las islas que más tarde se agruparían bajo el nombre de Nueva Zelanda. Los dominadores del Pacífico conocían muy bien la gran aureola de nubes que corona las islas altas y las hace visibles desde inmensas distancias. Hará unos mil años, cuando el primer grupo humano arribara a las islas[r 1], el espectáculo que se ofreció a sus ojos, un riquísimo manto vegetal y unas sorprendentes comunidades orníticas, presididas por las gigantescas y asequibles moas, debió resultar determinante para tomar la decisión de instalarse. Ellos fueron los que, en relativamente poco tiempo, acabaron con las moas, excepto algunas especies de pequeño tamaño del sur de las islas, habían desaparecido. Enfrentados a los primeros pobladores a los que vencieron y exterminaron, conservaron como trofeo de guerra las plumas y huesos de moa que los primeros pobladores colocaban en los enterramientos para acompañar a sus muertos. Fueron pues esos pueblos premaoríes los que convivieron con las gigantescas y herbívoras aves, diversificadas en más de treinta especies, algunas, las de gran tamaño (Dinornis giganteus, por ejemplo), con una capacidad de ingestión similar a la de un buey. Hoy se sabe que en Nueva Zelanda todas las aves actuales o de las que se tiene conocimiento histórico llegaron volando. Para las buenas voladoras, salvar dos mil kilómetros de distancia, no representa una proeza considerable pero resulta difícil comprender cómo pudieron hacerlo las especies con escas facultades para la locomoción aérea. Este hecho hizo pensar a los paleozoólogos que los antepasados de las aves ápteras pudieron haber emigrado a Nueva Zelanda gracias a un puente de tierra firme que debería haberse establecido después del Jurásico. Pero, en tal caso, por esta franja de terreno no sólo hubieran penetrado las aves, sino otros grupos de animales terrestres de los que no se conserva ningún ejemplar, resto ni huella en toda la geografía de las islas. La hipótesis pues, es que sólo aves voladoras pudieron invadir el territorio, donde encontraron vacíos los nichos ecológicos que usualmente son dominio de los mamíferos, adquirieron los hábitos terrestres y perdieron posteriormente la facultad de volar, que no resultaba ya adaptativa al no existir predadores[b 1]. Los maoríes dan también, en general, a las moas, los nombres de Tarepo y Movie y, según afirman, aún podrían existir, en remotos e inalterados enclaves, pequeñas poblaciones de dos especies: una gran moa de dos a tres metros de altura, señalada por vagos testimonios; y otra de tamaño de un pavo a la que llaman Roa-roa[r 2] y de la que se conocen indicios materiales como trozos de piel recubiertos de plumas con los que adornan los mantos ceremoniales. (Géneros Megalapterix o Anomalapterix?)[b 2].

Referencias[editar]

Las Referencias aluden a las relaciones de un artículo con la "vida real".
  1. Esta fecha obviamente no es veraz.
  2. En el original en francés moa-roa.

Bibliografía[editar]

La Bibliografía se compone de recursos informativos que existen en la "vida real".
  1. FAUN.: Enciclopedia Salvat de la Fauna, 11 tomos, Pamplona, Salvat S.A. de Ediciones, 1970-1973.
  2. RAYM.: Michel Raynal, La survivance du moa, Institut Virtuel de Cryptozoologie, 2000: La survivance du moa.

⚜️[editar]

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