Bestiateca:Enciclopedia de las cosas que nunca existieron

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Enciclopedia de las cosas que nunca existieron (Internet Archive) (PDF)

La Enciclopedia de las cosas que nunca existieron es un libro de divulgación mitológica de carácter infantil. Pese a contar con una extensa bibliografía, la redacción pretende mezclar realidad y mitología en múltiples ocasiones. Es, sin embargo, un punto de inicio muy interesante.

Introducción[editar]

Hay un mundo a la vuelta de la esquina de tu mente,
donde la realidad es un intruso y los sueños se hacen realidad...
Puedes escaparte hasta él a voluntad.
No necesitas contraseña secreta, varita mágica ni lámpara de Aladino; sólo hace falta imaginación y curiosidad por...

...las cosas que nunca existieron[r 1][editar]

Hay quienes se burlan de los sueños, y los consideran una pérdida de tiempo. Pero los sueños forman parte de nosotros, tanto como los latidos del corazón. La capacidad de soñar y de fantasear es un don precioso, porque expande una vida abriéndola a muchas otras, como un millar de capullos floreciendo en una rama. Los que pueden soñar deben compadecer a los que no son capaces de hacerlo, porque nunca conocerán la magia que permite pasar de la realidad al mundo de los sueños: ver a través de dimensiones desconocidas para nuestros cinco sentidos, como si se fueran descorriendo una serie de cortinas para revelar un apasionante mundo de colores, hazañas, grandes empresas y poderes. Todos los pueblos, en todas las épocas, han sabido lo importante que es soñar. A los sueños que han quedado registrados los llamamos mitos o cuentos de hadas. Forman parte del tesoro de nuestro mundo secreto y son capaces de transportarnos instantáneamente al Valhalla o al Olimpo. Nos explican todo lo que ansiamos saber y dan sustancia a la convicción instintiva de que hay otros mundos más allá del nuestro.

Los sueños, o la fantasía, son nuestro único escape de la realidad, hasta que llega el momento de atravesar la gran puerta que conduce al sueño definitivo. No obstante, existe sólo una leve frontera entre la realidad y la fantasia. Las fantasías del pasado son las realidades del presente. En 1903, H. G. Wells escribió un libro titulado Los primeros hombres en la Luna, y sus contemporáneos lo disfrutaron como un delirio fantástico. Pero muchas personas nacidas en 1903 tuvieron ocasión de contemplar hombres caminando sobre la luna. Indudablemente, veremos hacerse realidad otras muchas fantasías de Wells, y quizás el viaje por el tiempo llegue a ser tan sencillo como ahora es el viaje por el espacio.

Todo lo que ahora aceptamos como parte de nuestras vidas fue en otro tiempo una fantasía. Las mitologías de todos los pueblos[r 2] nos hablan de seres cósmicos que usaban los elementos como armas, y esa fantasía se hizo terrible realidad en la bomba atómica[r 3]. Los legendarios seres del pasado se desplazaban en carros sin caballos, hablaban entre sí de un extremo a otro del mundo, hacían que el fuego les obedeciera y curaban enfermedades con sus poderes mágicos. En la actualidad tenemos automóviles, radio, aviones, electricidad, rayos láser, medicinas[r 4] milagrosas y submarinos. Nuestros antepasados hubieran considerado todas estas cosas como fantasías[r 5]. Un científico puede deplorar la idea de que exista una conexión entre la ciencia y la fantasía, pero la fantasía siempre llega primero. Es el fruto de la imaginación, y sin imaginación no existiría la ciencia. Todo invento es el resultado de la fantasía[r 6].

Este libro pretende ayudarle a liberar sus propios poderes de fantasía: demostrarle que al atravesar esa tenue frontera se está siguiendo una honorable tradición. El lector debe recordar que el estudio de las cosas que nunca existieron no es, ni mucho menos, una ciencia exacta. Hay que usar la ilógica en lugar de la lógica, la ilusión en lugar de la percepción, la visión en lugar de la vista. Las historias e ilustraciones acerca de cosas que nunca existieron pueden ser a veces algo diferentes a otras que ya se han visto en otra parte, pero eso es porque los creadores del libro lo han usado como llave para liberar sus propias fantasías. Han empleado la palabra «Cosa» en su sentido más amplio —«cualquier posible objeto de pensamiento»— y han seguido los senderos de la fantasía a través de muchas extrañas y enmarañadas espesuras de la mitología, el folclore, la leyenda, la ficción y los cuentos de hadas. Si son contradictorios es porque la fantasía misma es una contradicción.

La teoría más extendida afirma que los primeros creadores de fantasías, en forma de mitos y leyendas, las emplearon para explicar todas las maravillas del Universo que no podían comprender. Pero, además del Cosmos que nos rodea, hay un Cosmos en nuestro interior, mucho más grande que cualquier cosa que podamos ver u oír con nuestros sentidos externos. Las imágenes exquisitas o terroríficas de nuestra imaginación, las voces y música de la mente, surgen de una inmensidad para la cual no tenemos nombre. El Cosmos dentro de nosotros contiene a todos los dioses y demonios inventados por la humanidad, con toda su creatividad mágica concentrada en místicas semillas en nuestros corazones y nuestras mentes. Y podemos utilizar sus poderes para obtener alegría y libertad o para difundir la devastación física o espiritual.

Pero podemos alberga la esperanza de llegar a comprender algo del inmenso Cosmos que tenemos dentro. Lo que llamamos fantasía es el primero paso hacia dicha comprensión, porque es la electricidad de la imaginación de donde brota el conocimiento. Y al profundizar en los mundos soñados por otras personas, ellas pueden ayudarnos a comprender.

Del cosmos[editar]

Nosotras, las potencias cósmicas, somos eternamente diferentes y, sin embargo, eternamente las mismas. Nuestros padres no cambian, pero adoptamos tantas formas que un hombre no podría decir todos sus nombres en el plazo de su vida. Existimos en las incontables estrellas del cielo, en cada ola del mar, en todo lo que hay encima o debajo de la tierra. El agua y el fuego, la tierra y el aire, nos contienen en sí mismos.

En el principio, creamos el Cosmos a partir del Caos[r 7]. Cuando no existía nada, surgimos de la nada y dividimos el Caos en sus innumerables elementos. Situamos los astros en sus órbitas y pusimos límites a los mares. Inventamos el Sol y encendimos la lámpara de la Luna.

Al principio sólo estaban el Padre Cielo y la Madre Tierra[r 8]. Cada pueblo[r 9] les da diferentes nombres, pero como seres cósmicos, eran siempre los mismos. Ellos crearon a toda la familia de dioses y, cuando hubieron construido sus residencias celestiales, tuvieron que combatir contra las fuerzas del mal, que podían también ser hijos de los Grandes Progenitores[r 10]. Libramos estas batallas en todos los rincones del mundo, desde Islandia a Nueva Zelanda[r 11], y cuando tuvimos tiempo creamos a la humanidad.

Los humanos poseéis todas las cualidades[r 12] que poseemos los dioses: valor, ambición, amor, avaricia, desesperación, nobleza, cobardía y demás. No tenéis que preguntaros por qué vuestras naturalezas son tan intrincadas como una mata de espino, donde se mezclan las flores con las espinas. Las habéis heredado de nosotros, los innumerables dioses, que aún intervenimos en vuestros destinos.

Vivimos dentro del corazón de un diamante y en la más ligera brisa que toca nuestro rostro. La mayoría de nosotros vivimos en los corazones humanos[r 13]. Si nos buscas, nos encontrarás ahí, pero no abras demasiado las puertas. Podrías dejar salir a Odín el Sabio o a Venus la Amante, o incluso a alguna manifestación nuestra, como el galante Rey Arturo, pero también residen en tu corazón Marte, el de los ojos de fuego, y el tenebroso Hades. Somos tú, y tú eres nosotros.

Tal vez resulte difícil creer en nosotros. Si es así, piensa en las palabras de uno de vuestros sabios[r 14], que dijo: «Si apuestas por los dioses y no existen, no pierdes nada; pero si apuestas contra ellos y existen, lo pierdes todo[r 15]».

Recuerda esto mientras lees nuestras historias.

Cosas del cosmos[editar]

Del suelo y del subsuelo[editar]

En otro tiempo, el mundo invisible que nos rodea estaba mucho más cerca de nosotros que ahora. En los días en que las campanas de las iglesias eran el sonido más fuerte que se oía en el campo, el viajero que atravesara las praderas en la quietud de un atardecer de verano era consciente de una magia que no puede seguir existiendo en artefactos como los videojuegos[r 16]. Los espíritus de la tierra y de los árboles se hacían presentes casi hasta la revelación y decían mensajes que resultan inaudibles a las mentes actuales, trastornadas por los despojos de la tecnología[r 17]. Es indudable que las hadas, pixies, gnomos y goblins vivían en los setos floridos; que una granja destartalada era la morada de una bruja y que había ojos acerchando en los agujeros de los árboles huecos. Todo el mundo lo sabía[r 18], como se sabía que el infierno está bajo el suelo de los cementerios y el cielo en lo alto del firmamento.

Y lo mismo sucede en todas las partes del mundo. Los bosques, selvas, montañas, desiertos y praderas tienen unas poblaciones misteriosas, que viven en una dimensión ligeramente diferente de la de los humanos y los demás animales. A veces atraviesan las barreras de la conciencia y se revelan a los humanos, con buenos o malos resultados. Las brujas y los hechiceros pueden conjurarlos para que aparezcan, y aconsejan a los humanos acerca de los encantamientos, ofrendas y comportamiento más adecuados para controlarlos o aplacarlos. Ejercen una importante influencia en los asuntos humanos porque ayudan a la gente que les agrada y atormentan a los que quebrantan sus implacables leyes.

Según una teoría moderna, los mitos y leyendas se inventaron tan sólo para explicar fenómenos naturales. Lo absurdo de esta creencia se ve demostrado por la enorme cantidad de información existente acerca de los seres que coexisten con nosotros sobre el suelo o que viven bajo nuestros pies. Es imposible creer que nadie hubiera podido inventar historias tan complicadas sólo para explicar cuestiones mundanas como el trueno y el relámpago, las tormentas y los terremotos[r 19]. El hecho es que nuestros antepasados, cuyas mentes estaban mucho menos confusas que las nuestras[r 20], eran capaces de ver, oír y describir todos los misterios de un mundo invisible para los ojos modernos.

En esta parte del libro se describe un gran número de estos seres, para que podamos reconocerlos y tal vez aprender a verlos por nosotros mismos[b 1].

Cosas del suelo y del subsuelo[editar]

Del País de las Maravillas[editar]

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Cosas del País de las Maravillas[editar]

De Magia, ciencia e invención[editar]

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Cosas de magia, ciencia e invención[editar]

Del agua, el cielo y el aire[editar]

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Cosas del agua, el cielo y el aire[editar]

De la noche[editar]

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Cosas de la noche[editar]

Bibliografía de la "Enciclopedia de las cosas que nunca existieron"[editar]

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Índice[editar]

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Referencias[editar]

Las Referencias aluden a las relaciones de un artículo con la "vida real".
  1. Nota del transcriptor sobre la introducción:

    Es un conjunto de falacias y falsedades colocadas para un público infantil y para venderte que las invenciones de una persona son dignas de ser compradas en forma de libro. La inspiración literaria no funciona así y claramente la función del sueño en los diferentes pueblos ha sido diferente y no siempre ha tenido la misma importancia. Igualmente, los mitos no son producto de los sueños sino que muchas veces son creaciones con intenciones políticas o de control social. Tampoco la muerte es un sueño, sino el final absoluto de una existencia orgánica. Es falso que las fantasías del pasado sean las realidades del presente. Muchas fantasías científicas han terminado por inspirar logros técnicos del presente pero ello no es extendible a todos los hallazgos, claramente. Esto no es burlarse de los sueños, en absoluto, es separar la fantasía de la realidad. La fantasía tiene características positivas por sí misma pero siempre que no esté mezclada con la realidad (aunque se podría puntualizar esto último). La fantasía que se mezcla sin control con la realidad son las mentiras y de ello nos advirtió Michael Ende en la Historia Interminable. La Nada avanza con las mentiras. La religión es una de esas grandes mentiras que devoran la realidad sin piedad y cuando la fantasía y los mitos ayudan a esa tarea, hay que señalarlo. La capacidad imaginativa es algo que va más allá de soñar, claramente, aunque sean significados complementarios. Al menos hay párrafos en los que se redimen de la anterior mezcla entre fantasía e irrealidad y ya admiten en el título que "nunca han existido". Disfruten de la Enciclopedia.

  2. En el original se utiliza "razas", pero sólo hay una raza humana.
  3. en realidad no tiene mucho que ver una cosa con la otra...
  4. En el original ponía "drogas", fruto de una mala traducción.
  5. Y bien que lo hubieran hecho puesto que fueron inventadas con esfuerzo y mediante procesos bastante complejos. Una cosa antes de ser inventada no existe. La escritura y la agricultura, ejemplos bastante frecuentes de invento inmediato dado por los dioses en la mitología son un ejemplo de procesos larguísimos en el tiempo.
  6. Nota del transcriptor: Ejemplo absoluto de falacia. Es tan enorme que no puedo menos que rebatirla punto por punto. Los científicos no deploran la fantasía en absoluto. Deploran las mentiras. La fantasía es la capacidad de realizar conexiones entre ideas aparentemente sin relación y eso lo usa un científico (teórico físico, por ejemplo) continuamente. Sin embargo, la ciencia no es un bloque monolítico, como a las personas anti-ciencia o que pintan una mala imagen de los científicos les gusta hacer creer. No existe una ciencia oficial y otra real. Hay cientos de miles, millones de personas dedicados a áreas muy diversas. Los científicos no son homogéneos tampoco en moral, ni en procedimientos y hay muchos autoproclamados científicos que no lo son. Hay farsantes, estafadores y calaña similar que se dedican a usar mentiras para engañar a la gente: homeópatas, astrólogos, acupuntores, etc. Lo que hace avanzar el progreso humano no es la fantasía, sino la razón, la capacidad de ordenar racionalmente conjuntos enormes de datos. Que para esa ordenación se utilice la imaginación, las conexiones poco evidentes, etc no implica que sin la fantasía como se entiende de manera moderna, como género literario no haya progreso. Hay mucha ciencia ficción que ha previsto innumerables avances, pero no siempre es así. Cuando un enunciado incluye la palabra todo: (todo invento es producto de la fantasía) es falso".
  7. Teogonía griega
  8. Teogonía egipcia, entre otras.
  9. En el original "raza".
  10. Titanomaquia, Gigantomaquia, etc.
  11. El ser humano tiene procesos de creación muy parecidos en todos lugares del mundo. Las historias inventadas sobre los dioses siguen patrones que se pueden estudiar en la etnología.
  12. "sic".
  13. Esto denota cierto especismo/egocentrismo humano.
  14. Pascal.
  15. Nota del transcriptor: Una nueva falta de respeto intelectual, a pesar de que esté enmarcado dentro de un contexto ficticio. Los argumentos en contra de la existencia de dioses van mucho más allá de una apuesta trucada: si apuestas por los dioses y no existen, claro que pierdes, puesto que hay muchas cosas que se dedican hacia las creencias denominadas dioses que son totalmente inútiles, puesto que como los dioses no existen es dirigirse a uno mismo. Así pues, si existieran los dioses y apuestas que no existen, no pasaría absolutamente nada puesto que que pasase algo significaría que esos dioses son de una mezquindad suprema. Argumentos en contra de la apuesta de Pascal (perma.cc).
  16. Ración de odio gratuito contra los videojuegos.
  17. Más tecnofobia.
  18. Cristianocentrismo.
  19. Esto último no es "cierto" sensu stricto pero sí que hay que hacer una aclaración: los mitos no sólo devienen de los fenómenos naturales sino también de las creencias irracionales y de los patrones encontrados en la naturaleza, así como de los sesgos sistemáticos humanos.
  20. Es decir, lo contrario, tenían mucha menos información y sí estaban más confusos.

Bibliografía[editar]

La Bibliografía se compone de recursos informativos que existen en la "vida real".
  1. Michael Page, Robert Ingpen (1988), Enciclopedia de las cosas que nunca existieron, pág. 52.

⚜️[editar]

Dussiano por asralore.png
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